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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Asador Donostiarra

Me recomendaron este sitio y las pocas dudas que podía tener sobre él se esfumaron al entrar en su página web oficial: Asador Donostiarra. Un sitio web completo e intuitivo en el que podremos encontrar desde una completa galería donde ver el interior del restaurante hasta un menú que nos ayudará a confeccionar nuestra propia carta y hacer la reserva, así como los vinos de los que se compone su bodega. Si, todo muy práctico y preparado para velar por nuestra completa satisfacción desde el momento en el que decidimos acudir a este restaurante.
Esto sirve como anticipo a lo que encontraremos en el sitio físico.

El Asador Donostiarra se encuentra en una zona bastante bien conectada con el transporte público de Madrid. Además, para quienes decidan ir en su vehículo personal, dispone de un aparcamiento propio. La parada de Metro Tetuán es la mejor opción si vamos en metro ya que el restaurante se sitúa en una calle cercana: Calle de la Infanta Mercedes, en el número 79. El aparcamiento no está demasiado lejos y parece estar bien señalada su situación (tomé la opción de ir en Metro, por eso no puedo profundizar en este aspecto).
Nada más llegar nos encontramos con un sitio bastante peculiar por fuera. Pequeños jardines frente a la fachada, unos carteles negros maltratados por el tiempo, una fachada de piedra en la que se dibujan ventanas redondas (muy al estilo de la casa de los hobbits de El señor de los anillos). Cada uno de los detalles trata de trasladarnos a otro lugar, alejados del bullicio de la ciudad. Y, por muy extraño que suene, por momentos lo consigue.

Ya al entrar somos conscientes de la cuidada atención al público que ofrece el servicio en este restaurante. Apenas esperamos unos segundos hasta que lo que parece ser el jefe de sala nos asalta para ofrecernos toda su ayuda y atención. Algo muy de agradecer, ya que el tiempo es oro.
Pasamos tras el señor a nuestra mesa y enseguida nos ofrece algo para beber, que acompaña con unos aperitivos cortesía de la casa y la carta.
El interior del restaurante es lo que se espera: un asador. Toda la decoración es rústica, tanto en la construcción como en los objetos que decoran el lugar. Las paredes están cubiertas, por completo, con fotografías de personajes ilustres que han pisado el restaurante así como futbolistas, políticos, artistas y demás... Algo que da caché al sitio.

El entorno invita a comer e indica, además, el estatus y la categoría del restaurante.
Comenzamos con chistorra y unas banderillas de anchoas con guindillas bastante agradables, regado todo con cerveza, claro. Y, pese a que tenemos la carta ya cerrada (cosa que no tardamos en comunicar y que ellos no tardan en solventar), ojeamos la carta para comprobar la gran variedad de platos que ofrece este asador, siendo, por pura lógica, los platos de carne los que más abundan.
Mientras damos buena cuenta de los aperitivos, uno de los camareros se acerca para preguntarnos por el tipo de vino que queremos. Rioja, le contesto, y apenas unos segundos después aparece con una botella que nos muestra pero que no llega a servir al comprobar que aún no habíamos terminado las cervezas. Todo un detalle a tener en cuenta.
Tras descorchar la botella y dejarla sobre la mesa nos enuncia las opciones del plato principal de nuestra carta personalizada para que escojamos. Yo escojo un entrecot a la tabla y mi pareja Merluza rellena de txangurro. Y justo al irse el camarero comienzan a llegar los entrantes: un paté casero de oca acompañado de vinagre balsámico que está de lujo (lo recomiendo encarecidamente), un plato de jamón ibérico bastante generoso y una ensalada de langostinos con bacalao confitado que sabe a gloria. Al terminar las cervezas, una de las camareras se acercó y nos sirvió vino enseguida. Este es uno de esos gestos que marcan la diferencia, que le dan clase al lugar y que logran que te sientas cuidado.

El plato principal no tardó en llegar nada más acabar con los entrantes. Primero el pescado; luego la carne.
Debo reconocer que pese a no ser muy de pescados, pude probar la merluza y estaba bastante buena. La salsa, el relleno. Todo servía como gran acompañante a la merluza sin llegar a quitarle protagonismo. Un plato jugoso y lleno de sabor. Para los amantes del pescado es, sin lugar a dudas, la mejor opción.
Sólo un instante después llegó la carne. Que venía con instrucciones y todo. Primero trajeron el entrecot a medio hacer y bien sazonado. Cortado en tiras de un grosor adecuado. Luego trajeron un plato caliente, como de cerámica. La camarera tomó con dos cucharas un trozo de la grasa del entrecot (dejado de forma estratégica en el plato) para frotarlo contra el plato de cerámica al que después echó algunos trozos de carne para que se terminaran de hacer. Es un verdadero lujo poder hacerte la carne a tu gusto.
Debo reconocer que el entrecot estaba muy tierno y bastante jugoso. Y el que pudiera darle el punto que quisiera o mantenerlo caliente es lo mejor del plato. Por supuesto, el servicio se preocupa en que siempre haya un plato caliente sobre la mesa en el que terminar de hacer la carne. Están muy pendientes de esto.

Antes de los postres trajeron un par de copas de sorbete de limón. Algo para limpiar el paladar y poder disfrutar mejor de los sabores dulces.
Acompañando una botella de orujo y otra de limoncello, llega el primer postre: tejas y una porción de tarta de queso. Este es un postre casero que está delicioso. La tarta de queso está firme y consistente pero cremosa a la vez. Y las tejas están crujientes y con un toque afrutado.
Para finalizar el postre trajeron dos bolas de helado.
Fue al retirar los platos cuando una camarera nos preguntó por si queríamos café o algo más. yo pedí un té verde y creo que mi pareja se decantó por un café. Una pequeña caja de bombones, regalo de la casa, fue la guinda a un menú y una comida para recordar.

Qué más decir de este lugar. Cuidan todo detalle y siempre están pendientes del cliente. No demoran en traer comandas ni en retirar platos vacíos pero aún así no sientes presión ni prisa a la hora de ser atendido, te dejan espacio y tiempo para comer con tranquilidad (nosotros estuvimos tres horas). Los camareros son atentos y serviciales.
El lugar es llamativo por fuera y acogedor por dentro. Todo está limpio y ordenado, y aunque dispone de mucho personal nunca llega a dar sensación de agobio o caos. El espacio entre mesas es el adecuado aunque en algunas partes pueda pecar de extrema cercanía entre mesas.
Tanto por el sitio como por la comida percibimos que no será demasiado barato, pero lo cierto es que tampoco es demasiado caro ( a ver, no es un sitio al que uno va todos los días pero al que puede ir de vez en cuando para darse un capricho). El precio, dependiendo de lo que escojamos, bien sean menús cerrados o platos independientes, puede variar entre los cuarenta a ochenta euros por comensal.

Para todos aquellos que quieran dar una sorpresa a su pareja o a algún familiar llevándolos a comer, o cenar, platos de una elaboración cuidada y bastante buenos a un restaurante de lujo, excepcional, frecuentado por famosos, deportistas y políticos, este es su sitio. Puede parecer un poco caro, pero en verdad merece mucho la pena y apenas sales del restaurante ya estás planeando cuando volver.
El Asador Donostiarra es un capricho que te puedes dar.

sábado, 4 de enero de 2014

Una oferta que no podrás rechazar

Como bien reza el título de esta publicación, Stanley & De Marco nos ofrece una irrechazable y exquisita variedad de platos italianos servidos con una atención ejemplar y en un lugar más que acogedor.
Un genuino restaurante italiano que nos traslada a través de los sentidos a la misma Italia.

Todo comenzó la tarde del uno de enero del recién estrenado 2014, cuando mi pareja propuso que cenáramos fuera. Tras plantear varios lugares a los que ir, decidimos ir a un restaurante italiano en el que ella ya había estado y el cuál me vendió con un rotundo éxito.
Llegamos al sitio y pudimos aparcar sin problemas, algo muy importante y a tener en cuenta. No teníamos reserva y pensamos en la posibilidad de que no pudiéramos cenar, ya que en esta clase de sitios debes reservar mesa con bastante tiempo (es lo más recomendable). Aún así, entramos a probar suerte.

Ya, antes de entrar, la fachada deja entrever que es un restaurante que cuida la presencia y que no sólo
Nos recibe el bar que, gracias a su decoración, nos muestra una parte de lo que será el resto y ayuda a la comunión del comensal con el restaurante y su comida, que no sólo alimenta el gusto sino también la vista. Nada más entrar, todo esto se confirma.
Nos atiende un maître con buenos modales e inmejorable presencia que nos invita a pasar al comedor, aún sin tener reserva. Nada más pasar al comedor, separado del bar por un biombo colocado de forma estratégica, no pude evitar mirar a todas partes, y es en ese momento en el que empieza la cena.
El comedor es acogedor, quizá un tanto pequeño, por lo que es aconsejable reservar y no arriesgarse a ir para encontrarte sin mesa y con la consecuente espera. La decoración tiene pequeños detalles que la hacen única e interesante. Cada detalle está minuciosamente cuidado, desde los cuadros escogidos para decorar la pared hasta el jarrón con flores secas que hay sobre cada mesa. Todo sirve para que el comensal se sienta arropado por un mar de detalles que logran que todos los sentidos se centren en el único objetivo de disfrutar de una agradable velada.
Me llama la atención un segundo piso sobre la zona de la cocina. Poco después, mi pareja me explica que ahí es donde se sitúa el pianista para deleitar a los comensales con música en vivo. Según me han informado, la música en vivo sólo se da los fines de semana. A mi, la música en vivo en un restaurante siempre me ha parecido un plus impagable que mejora una cena, o una comida, de forma considerable.

Enseguida se acerca un camarero y nos deja un par de cartas sobre la mesa, la cuál me parece muy original. Antes de abrirla, esperaba platos innombrables y a un precio desorbitado. Nada más lejos de la realidad. Me encontré con una carta muy variada, tanto en pastas como en carnes y pescados o, como no podía ser de otra manera, pizzas. En la carta también se incluyen los postres.
Fue difícil escoger entre la cantidad de platos que había. En un principio pensé en una pizza. Vi una pasar por mi lado, no eran demasiado pequeñas.Una persona iría bien comida con una pizza de este restaurante. Pero pensé que era hora de probar algo diferente, por lo que pedí Spaghetti de Porto Bello. No recuerdo el nombre del plato que pidió mi pareja, pero sí recuerdo que estaba riquísimo. Era pasta con setas.
Tras pedir los platos, nos trajeron una botella de agua que habíamos pedido y un plato de queso fundido junto con unos picolines de pan para picar algo mientras esperábamos a que llegara la comida. Otro detalle a tener en cuenta que parece extenderse por los diferentes restaurantes de toda España.
La comida no tardó demasiado en llegar. Y como era de esperar, comí con la vista y el olfato antes de degustarlo. Los platos estaban bien presentados y en una vajilla más que adecuada. Estaba todo tan delicioso que me resistí a dejar nada en el plato.


La cena fue tranquila. El hilo musical estaba tan integrado con la decoración, la comida y el trato del personal, que apenas era perceptible. El ruido ambiental no era demasiado elevado, por lo que mantener una conversación a un nivel normal no fue misión imposible.
Los camareros intervienen lo justo y necesario, sin ser pesados ni crear situaciones incómodas. El espacio para comer es el adecuado para no sentirte invadido por otros comensales.
Por un momento, pensé en que todo saldría por un pico bastante interesante. Cuando todo en un restaurante es bueno, el precio también lo suele ser. Cuando el camarero nos trajo la dolorosa (factura), quedé aún más prendado de este restaurante. Habíamos comido hasta reventar y en un sitio bastante bueno por apenas 20 euros. Por supuesto, esto propició que saliera más que satisfecho del restaurante.

Stanley & de Marco ofrece una carta variada y de calidad a precios populares. Una pareja puede comer bien por menos de 25 euros o darse un buen banquete por no más de 40 euros. La atención de su personal junto con la acertada decoración, ofrecen al comensal un lugar único en el que disfrutar de una buena comida. Además, todo acompañado, los fines de semana, por música en vivo.
Cabe destacar, también, que disponen de servicio a domicilio, aunque para disfrutar de la experiencia completa, lo mejor es ir a degustar buena comida italiana al restaurante.
No he estado en muchos restaurantes italianos en la ciudad de Almería, pero estoy completamente seguro de que es uno de los mejores.
Éste es uno de esos sitios a los que vas una vez, y vuelves.

Stanley & De Marco está en Calle Benizalón, nº 2 Almería. Y el número de reserva es 950 238 141.

¡Bon appétit!





martes, 3 de diciembre de 2013

Doña Brasa congelada

NOTA IMPORTANTE: NOS CONSTA QUE DOÑA BRASA HA CAMBIADO DE DIRECCIÓN POR LO QUE ES MUY PROBABLE QUE ESTA CRÍTICA QUEDE DESACTUALIZADA. TENGAN EN CUENTA AL LEERLA QUE LA OPINIÓN VERTIDA EN ESTA PUBLICACIÓN SE ESCRIBIÓ BAJO UNAS CIRCUNSTANCIAS QUE POSIBLEMENTE NO CORRESPONDAN CON LAS ACTUALES. 

Doña Brasa o cómo estafarte de forma elegante y con una gran sonrisa.
Éste bien podría ser el título de esta publicación/crítica/denuncia, pero es demasiado extenso. Hoy quiero hablaros de este restaurante, Doña Brasa, situado en Aguadulce, en la provincia de Almería, muy cerca del Hotel PortoMagno.


La semana pasada, más concretamente el jueves, mi pareja y yo decidimos salir a cenar. Los dos habíamos pensado que sería buena idea ir a explorar nuevos lugares, nuevos sabores, y no dudamos en hacerlo.
Tras meditarlo, brevemente, decidimos ir a Doña Brasa.
Ya en la puerta del establecimiento, indagamos un poco en la red en busca de opiniones acerca del susodicho restaurante, pero no encontramos ni una sola opinión, tan sólo un vídeo en el que unos jovencísimos dueños hablaban sobre su restaurante y la propia página web del restaurante, Doña Brasa. Aún viendo que no entraba mucha gente al local, nos dejamos llevar por su exótica propuesta y decidimos probar. Un buffet libre por 15€, bebida aparte, con 20 entrantes variados y 20 tipos de carne al estilo brasileño servidas en espadas, con diversos postres como punto final... Sonaba bastante bien.
En realidad, me parecía una ganga. He estado en otros restaurante que sirven este tipo de comida y la broma sale mucho más cara, pero es algo por lo que merece la pena pagar.
Bien, como ya he dicho, viendo lo que ofrecía y al precio que lo ofrecía, no pudimos evitar entrar para probar.

Atravesamos una pequeña terraza semicubierta, de esas que se estilan ahora para poder fumar, hasta llegar a la puerta del restaurante. Nada más entrar nos encontramos con una barra a la izquierda y unas mesas dispuestas en línea a la derecha. Sólo un par de mesas estaban ocupadas, mientras que tras la barra estaba el joven que salía en el vídeo, el dueño, con un atuendo digno de un gran barman. Un mostrador con vinos custodia la barra. Bueno, en verdad, todo el local está decorado con botellas de vino. Encontraréis botellas de vino en cada rincón, bien sea sobre una estantería, sobre un hueco o sobre un mueble. Será por vino...
Mientras me deleitaba con la cuidada decoración (esto lo digo en serio) me pude percatar de la carta de tapas. No era muy extensa ni muy variada, tampoco recuerdo que fueran tapas demasiado elaboradas. Quizá mini hamburguesas, las cuales les ha dado a todos los locales de tapas por hacer, chorizo y algo de pescado, pero poca cosa.

Sin previo aviso, nos asaltó una señorita para atendernos. No podía ser otra que la joven que salía en el vídeo, la dueña del restaurante, quién sabe si la misma Doña Brasa... Nos preguntó si sabíamos cómo iba el tema, a lo que le contestamos que queríamos probar el Buffet Libre de comida al estilo brasileño servido en espadas. Enseguida nos explicó en qué consistía. Básicamente lo que he explicado antes: 20 entrantes variados, 20 platos de carne al estilo brasileño servido en espada y diversos postres por 15€. La bebida no entraba en el precio, excepto de lunes a miércoles, aunque eso no era lo que decía en el vídeo... (en el cual, los propios dueños, decían que la bebida entraba de lunes a jueves, y era la noche del jueves por lo que la bebida debía entrar..., pero no entró)
Después de la explicación, pidió a uno de los camareros que preparara todo para el buffet. A mi aquello ya me empezó a sonar raro. ¿Preparar algo que se supone que ya debes tener preparado? Tras unos minutos, nos hicieron pasar a un gran salón, donde de nuevo el camarero nos explicó que podíamos repetir de entrantes tanto como quisiéramos y que cuando termináramos, se lo dijéramos para que empezara a traer la carne, de la cual también podríamos repetir tantas veces como quisiéramos. Todo pintaba bastante bien.
Nos acompañó hasta una de las mesas sobre la que había una botella de vino y unos platos bien dispuestos. Tras pedirle la bebida, nos dijo que debíamos usar el mismo plato para los entrantes, algo que de nuevo me extrañó, ya que en estos sitios, normalmente, hay montañas de platos limpios para ser usados cuando el comensal repite..., pero más sorprendido me dejó ver la "variedad" de entrantes que ofrece Doña Brasa.
Nos acercamos a una especie de expositor muy bien decorado pero con poco donde elegir. En la parte de abajo estaban los platos de los que se debía coger y sobre estos, en la parte de arriba, botes y más botes de diversas salsas. Comenzamos a pasar sobre los platos, la primera vuelta. Había algo de embutido, ensalada de pasta, algo parecido a trozos de carne en un líquido extraño y..., atención a esto, todos los ingredientes necesarios para una ensalada, en platos diferentes. Si a esto se referían con 20 entrantes variados, se han lucido porque, prácticamente, la mayoría de platos eran los ingredientes esenciales de una ensalada. No había ni rastro del anunciado sushi ni rollitos. Además, todos los entrantes tenían pinta de haber estado sobre aquel expositor demasiadas horas. Los embutidos estaban resecos, la ensalada de pasta estaba pasada y dudo que las verduras fueran frescas del todo.

Decepcionados, volvimos a la mesa con los platos llenos de embutido normal y corriente, del cual te puedes tupir en tu propia casa. La botella de vino había desaparecido y tan sólo quedaban sobre la mesa los platos y cubiertos para dos.
Comimos los entrantes pensando que la carne sería el punto fuerte, esa era al menos nuestra esperanza. Al acabar de comer, le pedimos al camarero, el cual no se movió de la puerta, atento a todos nuestros movimientos, que nos trajese la carne. Nos dijo que aún no estaba lista y que debíamos esperar un poco. Para que la espera no se hiciera demasiado agónica nos trajo dos cuencos llenos de plátano frito y patatas fritas, lo mejor de la noche. Casi nos comimos todo, teníamos hambre y la carne no llegaba. Pensamos que tardaban tanto por la preparación laboriosa que debe llevar, pero nada más lejos de la realidad. Estaban esperando porque la carne estaba congelada y debía descongelarse.
Al cabo de un buen rato, bastante, apareció el camarero con una bandeja de metal. Yo ya me temía lo peor. Aquello, de estilo brasileño tenía lo que yo de monje budista, que es nada. Al ponerla sobre la mesa y tras un amable: "Buen provecho", supe que aquello era todo. No es que nos sintiéramos decepcionados, es que nos sentíamos estafados. Y lo peor llegó al probar la carne...
Los 20 platos de carne al estilo brasileño servidos en espadas se limitaba a cuatro alitas de pollo con un extraño color amarillento, bastante pasadas y muy mal cortadas, dos trozos anchos de panceta que ni llegamos a probar, cuatro filetes de lomo demasiado finos y, por consiguiente, muy resecos, chorizo requemado por fuera y crudo por dentro, unas especies de salchichas alemanas que tenían un extraño sabor y unos trozos, como de filetes, de algo indescriptible. Mi pareja apostaba por ternera, yo por cordero. Pero había sido tantas veces congelado y descongelado que tenía un sabor de lo más extraño.
Nos dejamos casi todo en la bandeja porque aquello no es que tuviese una pinta demasiado apetitosa.  


Los postres fueron lo único positivo de la noche. Había más o menos variedad: los típicos flanes, pudin, natillas, helados... El pudin estaba bastante bueno.

En conclusión. Bajo mi punto de vista, Doña Brasa ofrece unos entrantes bastante pobres y demasiado típicos como para que puedan atraer a cualquier persona. Son entrantes que cualquiera puede comer en cualquier momento y en cualquier otro lugar. No me parecen algo interesante por lo que pagar y, además, no incluyen todos los platos que anuncian.
La carne lo empeora todo. Ver llegar al camarero con la bandeja dejará a más de uno con la boca abierta, tanto para bien como para mal. Seguro que a más para mal. No sé de dónde se saca esta gente que sirven la carne al estilo brasileño y en espadas, porque nada de eso es cierto. Pinchar la carne y asarla en una parrilla no es hacerlo al estilo brasileño y traerlo en bandeja no es servirlo en espada. Y lo peor no es eso, es que te sirvan carne congelada. ¿Eso es calidad? Yo diría que no.
En cuanto a los postres, no tengo demasiada queja. Son los postres típicos y cumplen.

Doña Brasa cuida su imagen pero no su cocina. Y, para mi, en un restaurante debe primar la buena cocina antes que una imagen, que además es engañosa. Un asador de carne que se precie no puede servir carne congelada ni productos de calidad dudosa. Todo esto, incluido a la publicidad engañosa, a los entrantes pobres y a una pillería digna del Lazarillo de Tormes, hace que nos queramos volver a pisar el restaurante Doña Brasa. Considero 15€ un precio excesivo para lo que ofrece.

Si ya nos advirtió el gato negro con el que nos cruzamos en la misma puerta del restaurante que no debíamos entrar...


Nota: Lo vertido en esta publicación es tan sólo la opinión sobre este restaurante tras haber sido cliente del mismo. Que cada uno saque sus conclusiones a la hora de ir a Doña Brasa.

viernes, 20 de agosto de 2010

Una noche de San Juan...

Deseo inaugurar oficialmente este blog escribiendo sobre un viaje, más bien sobre una ciudad, la cual considero mi hogar desde mi primera visita. "La ciudad donde el sol pasa el invierno", "El espejo del mar", "Mar de plástico" o "El Hollywood Europeo" son las frases que mejor definen a Almería, que cautivó todos mis sentidos desde la primera vez que la pisé.

Aun recuerdo con total claridad el viaje y mi estancia allí. Fui para unas fiestas de San Juan, aunque puedo decir que ese no era el motivo real de mi visita, el motivo no era otro que ver a una chica que hoy día es mi novia, Beatriz.

Fui acompañado por un buen amigo, y recorrimos un largo viaje desde Madrid hasta Almería en autobús. Parecía que no llegaríamos nunca a nuestro destino. Siempre recordaré del viaje las imponentes vistas de Despeñaperros, era la primera vez que pasaba por allí y aquello me impresionó. El correr por las laderas de la montaña las cuchillas de piedra, aquellos acantilados mortales...
Cada provincia por la que pasamos tenía su particularidad: Jaén con sus sierras plagadas de olivos; Granada y su Sierra Nevada de fondo. Siempre que paso a los pies de esta sierra, no puedo evitar el mirarla, blanca impoluta durante casi todo el año.




A-308 - De Granada a Almería


Pasámos del fresco y la nieve de Sierra Nevada, al calor y el desierto de Tabernas en un instante fugaz. Era la primera vez que pasaba al lado de un desierto, y no tardé en imaginar cómo rodaron en ese desierto, entre esas montañas de tierra, producciones cinematográficas que han quedado grabadas en la historia del cine como obras maestras.

Tras cerca de ocho horas en autobús al fin llegamos a nuestro destino. Entramos en la ciudad y no pude contener mi curiosidad. Me levanté y fui hasta la estación contemplando todo lo que ocurría a nuestro paso. En la estación nos esperaba Bea, mi novia, que nos sirvió de guia (hoy dia de igual manera que el primero) en aquella primera visita a esta ciudad. Fuimos al hotel a descansar y a organizarnos, y no tardamos en salir para investigar el terreno que nos rodeaba. Nos hospedamos en un hostal de Aguadulce, a unos 15 minutos de Almería capital. Una zona tranquila y de buen baño.

San Juan -Playa almeriense
En la noche de San Juan, las hogueras hicieron de la noche el día. Toda la playa ardía en una sola hoguera tiñendo el cielo y el agua de tonos anaranjados. El fuego quemaba los deseos de todas las personas allí presentes mientras que el agua, con cada ola, alejaba sus males. Una noche mágica sin duda.
La pasamos con el grupo de amigos de Bea, los cuales me hicieron sentir como uno más y no tardé en considerarles como amigos propios. Al rozar el amanecer cada uno volvió a su casa, despidiendose de la luna y el mar hasta el próximo año. Mi amigo y yo volvimos al hotel. Dormí pensando en lo que me acontecería al día siguiente.

En los siguientes días visité Almería. He de decir, que llegué con prejuicios sobre la ciudad y la provincia. Como muchos, pensaba que Almería sería todo un desierto, que estaría medio despoblado y que allí no habría más que arena, dunas y oasis..., desde que aquel prejuicio se desmoronó...no he vuelto a tener prejuicios de nada.
Aquello no sólo no era un desierto, sino que vi una ciudad viva a la vez que tranquila. Una gran ciudad que crece por momentos y a pasos agigantados. Bien comunicada por las tres vías principales: tierra, cielo y mar. Tiene tres grandes puertos; pasa sobre la ciudad una autovia que la une con toda España; y el aeropuerto, construido en los años 60, destinado a cubrir la demanda de los viajes de los equipos técnicos y artísticos que rodaban sus producciones en la provincia de Almería.
Además de tener buenas infraestructuras como hospitales, centros comerciales, comunicación urbana decente, todo tipo de bancos y cajas, museos..., todo lo necesario e imprescindible en una gran ciudad.

Parque Nicolás Salmerón
A la entrada de Almería desde Aguadulce está uno de los mayores pulmones de Almería, el Parque de Nicolás Salmerón. Un parque con frondosos árboles y fuentes que invita al reposo.
Atravesando la ciudad está el paseo de la rambla, que llega desde la parte alta hasta prácticamente la orilla del mar. Tambien con zonas ajardinadas, fuentes y zonas de recreo para los niños. A ambos lados de esta rambla y del Paseo, al igual que en otras muchas calles, hay quioscos que guardan un particular secreto en la historia de la ciudad...

Bajo dichos quioscos hay unas entradas a unos túneles bajo tierra que servían de guarida a los ciudadanos de la ciudad ante los bombardeos en la Guerra Civil. Han habilitado un tramo de estos refugios para la visita al público, lo cual recomiendo para saber algo más sobre lo ocurrido a esta ciudad en aquel momento y porque impresiona ver detalles como los del quirófano, las despensas o los contrafuertes para debilitar la onda expansiva de las bombas. La obra pertenece al arquitecto almeriense Guillermo Langle.

Rambla de Almería

Y custodiando la ciudad, la majestuosa Alcazaba.



Alcazaba - Parte alta
Una fortaleza árabe dividida en tres zonas, la zona donde se refugiaban los ciudadanos en caso de asedio, la zona de palacios árabes donde se encontraban los baños, el zoco y las viviendas, y por último, y en lo más alto de la fortaleza, el palacio cristiano. Un terremoto dejó en ruinas la zona de los palacios árabes, pero aun así se conserva todo en buen estado, además las reformas permiten al público la entrada a nuevas zonas. No es que la visita a esta obra sea recomendable, sino que debería ser obligatoria. Esta obra árabe es una de las de mayor antigüedad e importancia en Andalucía. Su entrada para ciudadanos de la UE es gratuita.

Recorrimos las calles del casco antiguo, viendo las casas señoriales de siglos pasados. Paseando entre aquellas largas y angostas calles, en las que si alzas los brazos casi podrías tocar ambos lados de la calle. En el casco antiguo está la conocida "Calle de las tiendas", donde tanto viejos como nuevos comercios y servicios nos acompañan durante todo el paseo.

Portón Catedral de Almería
Entramos en una plaza donde las palmeras parecen rozar el sol mientras protegen como soldados la entrada principal a la Catedral. Una imponente obra, robusta por fuera a la vez que delicada por dentro. Su estilo es el paso entre el gótico tardio y el renacentista, añadiendole a posteriori rasgos del barroco y del neoclásico. Su exterior asombra a todo viandante y su interior enamora a todos los que la descubren.
La ciudad está plagada de iglesias, conventos e incluso en algunas iglesias, aun quedan restos de antiguas mezquitas.

Continuando el paseo por las calles almerienses vemos variadas obras arquitectónicas: bien contruidas siglos atrás o de nueva construcción, pero aun así de gran importancia para la ciudad. Son tales el teatro Cervantes o el teatro Apolo, dos de los más importantes de la ciudad. El mercado central (recien restaurado), el ayuntamiento, la estación antigua de ferrocarril del siglo XIX. Y de igual importancia son los palacetes y casa señoriales, como la Casa de las Mariposas o el Palacio de los marqueses de Torrealta.

Cable Inglés
Nace en la estación y muere en el mar el famoso cargadero de mineral "El Alquife", más bien conocido como Cable Inglés. Una estructura de hierro finalizada en 1904 en la cual se usaron nuevos materiales bajo las enseñanzas del famoso Gustave Eiffel. Esta obra se conserva hoy día en perfecto estado y a ambos lados quedan dos calas, aptas para el baño. En 1998 fue declarado Bien de Interés Cultural de Andalucía. Está proyectado que en los proximos años sea restaurado para la creación en su interior de una sala de exposiciones, un restaurante, un complejo de ocio y en la parte superior, la creación de un mirador.


Sé que dejo en el tintero muchas obras arquitectónicas de alta importancia en esta ciudad, pero invito a todos a que visiten la ciudad y que las descubran, que se dejen invadir por la historia que mana de cada una de ellas haciendoles parte de Almería.

Tras ver todo aquello bajamos a la playa. Todo aquel que piense que las playas almerienses son las peores de Andalucía...les aseguro que se equivocan. NO han visitado playas como la de "El Zapillo" o "Los muertos", playas de arena fina y agua clara.
Además, y soy claro defensor de esto, no todas las playas son como las de las postales. La realidad muchas veces dicta lejos de lo que una postal enseña. Aun así no es mi tarea esta vez la de criticar otros lugares.

Playa de los Muertos


Aquel viaje se me antojó corto, por lo que mi amigo se volvió a Madrid y yo retrasé mi llegada a casa casi una semana. Puedo decir con toda certeza que Almería es un destino bueno, bonito y barato.

Visité en otras ocasiones, ya son varias las que he ido, El cortijo de los Frailes. Lugar de rodaje de muchas películas y donde ocurrio la historia en la que se basa la novela Bodas de Sangre de García Lorca.
Las minas de Rodalquilar, unas minas abandonadas de oro, contruida en la etapa minera de Almería.
 
Arrecife de las Sirenas
El parque natural de Cabo de Gata, el único parque que ocupa tanto zona terrestre como marina. Ahí vimos las salinas, donde hay diversas especies animales conviviendo, y la joya de la corona...El Arrecife de las Sirenas, son unas chimeneas volcánicas a los pies de un acantilado, en el mar, donde se criaban focas monje. De ahí su nombre, ya que al ver los marineros las colas de estos simpáticos animales, los confundían con sirenas reales.
Ese mismo día visitamos "La playa de los muertos". Una playa virgen de aguas cristalinas, situada cerca de Carboneras y rodeada de piedra volcánica. Es llamada así por el violento oleaje y remolinos en sus aguas, a parte una leyenda cuenta que allí naufragaron varios barcos pirata al intentar llegar a las costas almerienses.
Lo primero que vimos antes de todo esto, fue La isleta del moro. Un pequeño pueblo de arraigada costumbre marinera. Pescadores la mayoría, tienen sus casa adaptadas y sus barcos dispuestos para este oficio. A parte de la vistosidad del pueblo, decir que la playa es preciosa. De arena fina y blanca, y aguas calmadas y transparentes. Al fondo y desde un mirador, se pueden ver dos volcanes (inactivos). Es muy recomendable su visita.


Volcanes



Parque Oasys
Durante mi estancia allí, en una Semana Santa, fuimos a ver el Minihollywood, ahora llamado Parque Oasys. Su visita por todos es casi obligatoria. Está en el desierto de Tabernas, y fue construido como escenario de películas tan famosas como "La muerte tenía un precio" del afamado cineasta Sergio Leone.
El parque está formado por tres grandes zonas. La primera es el poblado, que nos ofrece el decorado original donde se rodaba en los años 60. Con bares, zonas de recreo, museo del cine, restaurantes y venta de souvernirs. Hay varios espectáculos a lo largo de la jornada, imaginaos sobre que tema... La segunda parte es la zona de piscinas, donde podremos refrescarnos del sofocante calor del desierto. Y la tercera y más llamativa es un parque zoológico donde varias especies animales conviven. En esta zona hay tambien restaurantes y un servicio de transporte por la reserva, aparte de un museo y una zona donde podremos viajar por los desiertos más importantes del mundo. El precio oscila entre los 15 y 20 euros por persona, pero no se antoja caro viendo todos los servicios que ofrecen.

En la zona hay otros decorados que hoy día se siguen usando para pequeñas producciones, o para largometrajes como "800 balas" de Alex de la Iglesia.

Hace poco visitamos el Aqurium de Roquetas de Mar. Por algo menos de 15 euros, podremos ver más de 300 especies animales, dar de comer a algunos peces como los KOI-KOI, ver como alimentan a los tiburones e incluso tocar estrellas, erizos y pepinos de mar. Lo mejor sin duda llega al final, donde en una gran pecera nos esperan mantasrraya las cuales se acercan a nosotros para recibir caricias. El Aquarium recorre el ciclo del agua llevándonos por los diferentes ecosistemas marinos. Otros servicios que ofrece el acuario son cafetería y tienda de regalos.

En cada viaje, mi novia y yo, planeamos una ruta distinta para conocer más esta provincia que tanta diversidad ofrece. Almería no es sólo desierto, sol y calor. Es mucho más, y yo os invito a todos a que la conozcais.

Y con estas palabras finalizo este post. Seguiré comentando todo lo que pueda sobre esta gran ciudad y lo que la rodea. Espero no haberles abrumado con tal cantidad de palabras y que me acompañen en cada viaje por esta tierra.

Un saludo y hasta el siguiente post.

PD: No soy almeriense de nacimiento, aunque sí de adopción.
PD1: La mayoría de las fotografías no hacen justicia a la realidad.