La Banda Municipal de Herrera del Duque se solidariza con los más necesitados. Estos excelentes músicos no sólo saben tocar bien, sino que además tienen un gran corazón.
El día 21 de Diciembre a las 10 de la mañana harán el pasacalles más solidario en la localidad de Herrera del Duque, con el cuál nos deleitarán a todos con su música a la par que recaudarán alimentos. Con sus instrumentos portarán carros en los que todo aquel que quiera podrá depositar los alimentos que done.
En los tiempos que corren, la solidaridad es esencial para la supervivencia de muchas familias. Y cada vez son más los proyectos solidarios que se llevan a cabo para ayudar a los más necesitados. Ésta es, sin duda, una idea más que acertada y, a buen seguro, recaudarán muchos alimentos.
Disfrutad de la música y donad.
jueves, 5 de diciembre de 2013
martes, 3 de diciembre de 2013
Doña Brasa congelada
NOTA IMPORTANTE: NOS CONSTA QUE DOÑA BRASA HA CAMBIADO DE DIRECCIÓN POR LO QUE ES MUY PROBABLE QUE ESTA CRÍTICA QUEDE DESACTUALIZADA. TENGAN EN CUENTA AL LEERLA QUE LA OPINIÓN VERTIDA EN ESTA PUBLICACIÓN SE ESCRIBIÓ BAJO UNAS CIRCUNSTANCIAS QUE POSIBLEMENTE NO CORRESPONDAN CON LAS ACTUALES.
Doña Brasa o cómo estafarte de forma elegante y con una gran sonrisa.
Éste bien podría ser el título de esta publicación/crítica/denuncia, pero es demasiado extenso. Hoy quiero hablaros de este restaurante, Doña Brasa, situado en Aguadulce, en la provincia de Almería, muy cerca del Hotel PortoMagno.
La semana pasada, más concretamente el jueves, mi pareja y yo decidimos salir a cenar. Los dos habíamos pensado que sería buena idea ir a explorar nuevos lugares, nuevos sabores, y no dudamos en hacerlo.
Tras meditarlo, brevemente, decidimos ir a Doña Brasa.
Ya en la puerta del establecimiento, indagamos un poco en la red en busca de opiniones acerca del susodicho restaurante, pero no encontramos ni una sola opinión, tan sólo un vídeo en el que unos jovencísimos dueños hablaban sobre su restaurante y la propia página web del restaurante, Doña Brasa. Aún viendo que no entraba mucha gente al local, nos dejamos llevar por su exótica propuesta y decidimos probar. Un buffet libre por 15€, bebida aparte, con 20 entrantes variados y 20 tipos de carne al estilo brasileño servidas en espadas, con diversos postres como punto final... Sonaba bastante bien.
En realidad, me parecía una ganga. He estado en otros restaurante que sirven este tipo de comida y la broma sale mucho más cara, pero es algo por lo que merece la pena pagar.
Bien, como ya he dicho, viendo lo que ofrecía y al precio que lo ofrecía, no pudimos evitar entrar para probar.
Atravesamos una pequeña terraza semicubierta, de esas que se estilan ahora para poder fumar, hasta llegar a la puerta del restaurante. Nada más entrar nos encontramos con una barra a la izquierda y unas mesas dispuestas en línea a la derecha. Sólo un par de mesas estaban ocupadas, mientras que tras la barra estaba el joven que salía en el vídeo, el dueño, con un atuendo digno de un gran barman. Un mostrador con vinos custodia la barra. Bueno, en verdad, todo el local está decorado con botellas de vino. Encontraréis botellas de vino en cada rincón, bien sea sobre una estantería, sobre un hueco o sobre un mueble. Será por vino...
Mientras me deleitaba con la cuidada decoración (esto lo digo en serio) me pude percatar de la carta de tapas. No era muy extensa ni muy variada, tampoco recuerdo que fueran tapas demasiado elaboradas. Quizá mini hamburguesas, las cuales les ha dado a todos los locales de tapas por hacer, chorizo y algo de pescado, pero poca cosa.
Sin previo aviso, nos asaltó una señorita para atendernos. No podía ser otra que la joven que salía en el vídeo, la dueña del restaurante, quién sabe si la misma Doña Brasa... Nos preguntó si sabíamos cómo iba el tema, a lo que le contestamos que queríamos probar el Buffet Libre de comida al estilo brasileño servido en espadas. Enseguida nos explicó en qué consistía. Básicamente lo que he explicado antes: 20 entrantes variados, 20 platos de carne al estilo brasileño servido en espada y diversos postres por 15€. La bebida no entraba en el precio, excepto de lunes a miércoles, aunque eso no era lo que decía en el vídeo... (en el cual, los propios dueños, decían que la bebida entraba de lunes a jueves, y era la noche del jueves por lo que la bebida debía entrar..., pero no entró)
Después de la explicación, pidió a uno de los camareros que preparara todo para el buffet. A mi aquello ya me empezó a sonar raro. ¿Preparar algo que se supone que ya debes tener preparado? Tras unos minutos, nos hicieron pasar a un gran salón, donde de nuevo el camarero nos explicó que podíamos repetir de entrantes tanto como quisiéramos y que cuando termináramos, se lo dijéramos para que empezara a traer la carne, de la cual también podríamos repetir tantas veces como quisiéramos. Todo pintaba bastante bien.
Nos acompañó hasta una de las mesas sobre la que había una botella de vino y unos platos bien dispuestos. Tras pedirle la bebida, nos dijo que debíamos usar el mismo plato para los entrantes, algo que de nuevo me extrañó, ya que en estos sitios, normalmente, hay montañas de platos limpios para ser usados cuando el comensal repite..., pero más sorprendido me dejó ver la "variedad" de entrantes que ofrece Doña Brasa.
Nos acercamos a una especie de expositor muy bien decorado pero con poco donde elegir. En la parte de abajo estaban los platos de los que se debía coger y sobre estos, en la parte de arriba, botes y más botes de diversas salsas. Comenzamos a pasar sobre los platos, la primera vuelta. Había algo de embutido, ensalada de pasta, algo parecido a trozos de carne en un líquido extraño y..., atención a esto, todos los ingredientes necesarios para una ensalada, en platos diferentes. Si a esto se referían con 20 entrantes variados, se han lucido porque, prácticamente, la mayoría de platos eran los ingredientes esenciales de una ensalada. No había ni rastro del anunciado sushi ni rollitos. Además, todos los entrantes tenían pinta de haber estado sobre aquel expositor demasiadas horas. Los embutidos estaban resecos, la ensalada de pasta estaba pasada y dudo que las verduras fueran frescas del todo.
Decepcionados, volvimos a la mesa con los platos llenos de embutido normal y corriente, del cual te puedes tupir en tu propia casa. La botella de vino había desaparecido y tan sólo quedaban sobre la mesa los platos y cubiertos para dos.
Comimos los entrantes pensando que la carne sería el punto fuerte, esa era al menos nuestra esperanza. Al acabar de comer, le pedimos al camarero, el cual no se movió de la puerta, atento a todos nuestros movimientos, que nos trajese la carne. Nos dijo que aún no estaba lista y que debíamos esperar un poco. Para que la espera no se hiciera demasiado agónica nos trajo dos cuencos llenos de plátano frito y patatas fritas, lo mejor de la noche. Casi nos comimos todo, teníamos hambre y la carne no llegaba. Pensamos que tardaban tanto por la preparación laboriosa que debe llevar, pero nada más lejos de la realidad. Estaban esperando porque la carne estaba congelada y debía descongelarse.
Al cabo de un buen rato, bastante, apareció el camarero con una bandeja de metal. Yo ya me temía lo peor. Aquello, de estilo brasileño tenía lo que yo de monje budista, que es nada. Al ponerla sobre la mesa y tras un amable: "Buen provecho", supe que aquello era todo. No es que nos sintiéramos decepcionados, es que nos sentíamos estafados. Y lo peor llegó al probar la carne...
Los 20 platos de carne al estilo brasileño servidos en espadas se limitaba a cuatro alitas de pollo con un extraño color amarillento, bastante pasadas y muy mal cortadas, dos trozos anchos de panceta que ni llegamos a probar, cuatro filetes de lomo demasiado finos y, por consiguiente, muy resecos, chorizo requemado por fuera y crudo por dentro, unas especies de salchichas alemanas que tenían un extraño sabor y unos trozos, como de filetes, de algo indescriptible. Mi pareja apostaba por ternera, yo por cordero. Pero había sido tantas veces congelado y descongelado que tenía un sabor de lo más extraño.
Nos dejamos casi todo en la bandeja porque aquello no es que tuviese una pinta demasiado apetitosa.
Los postres fueron lo único positivo de la noche. Había más o menos variedad: los típicos flanes, pudin, natillas, helados... El pudin estaba bastante bueno.
En conclusión. Bajo mi punto de vista, Doña Brasa ofrece unos entrantes bastante pobres y demasiado típicos como para que puedan atraer a cualquier persona. Son entrantes que cualquiera puede comer en cualquier momento y en cualquier otro lugar. No me parecen algo interesante por lo que pagar y, además, no incluyen todos los platos que anuncian.
La carne lo empeora todo. Ver llegar al camarero con la bandeja dejará a más de uno con la boca abierta, tanto para bien como para mal. Seguro que a más para mal. No sé de dónde se saca esta gente que sirven la carne al estilo brasileño y en espadas, porque nada de eso es cierto. Pinchar la carne y asarla en una parrilla no es hacerlo al estilo brasileño y traerlo en bandeja no es servirlo en espada. Y lo peor no es eso, es que te sirvan carne congelada. ¿Eso es calidad? Yo diría que no.
En cuanto a los postres, no tengo demasiada queja. Son los postres típicos y cumplen.
Doña Brasa cuida su imagen pero no su cocina. Y, para mi, en un restaurante debe primar la buena cocina antes que una imagen, que además es engañosa. Un asador de carne que se precie no puede servir carne congelada ni productos de calidad dudosa. Todo esto, incluido a la publicidad engañosa, a los entrantes pobres y a una pillería digna del Lazarillo de Tormes, hace que nos queramos volver a pisar el restaurante Doña Brasa. Considero 15€ un precio excesivo para lo que ofrece.
Si ya nos advirtió el gato negro con el que nos cruzamos en la misma puerta del restaurante que no debíamos entrar...
Nota: Lo vertido en esta publicación es tan sólo la opinión sobre este restaurante tras haber sido cliente del mismo. Que cada uno saque sus conclusiones a la hora de ir a Doña Brasa.
Doña Brasa o cómo estafarte de forma elegante y con una gran sonrisa.
Éste bien podría ser el título de esta publicación/crítica/denuncia, pero es demasiado extenso. Hoy quiero hablaros de este restaurante, Doña Brasa, situado en Aguadulce, en la provincia de Almería, muy cerca del Hotel PortoMagno.
La semana pasada, más concretamente el jueves, mi pareja y yo decidimos salir a cenar. Los dos habíamos pensado que sería buena idea ir a explorar nuevos lugares, nuevos sabores, y no dudamos en hacerlo.
Tras meditarlo, brevemente, decidimos ir a Doña Brasa.
Ya en la puerta del establecimiento, indagamos un poco en la red en busca de opiniones acerca del susodicho restaurante, pero no encontramos ni una sola opinión, tan sólo un vídeo en el que unos jovencísimos dueños hablaban sobre su restaurante y la propia página web del restaurante, Doña Brasa. Aún viendo que no entraba mucha gente al local, nos dejamos llevar por su exótica propuesta y decidimos probar. Un buffet libre por 15€, bebida aparte, con 20 entrantes variados y 20 tipos de carne al estilo brasileño servidas en espadas, con diversos postres como punto final... Sonaba bastante bien.
En realidad, me parecía una ganga. He estado en otros restaurante que sirven este tipo de comida y la broma sale mucho más cara, pero es algo por lo que merece la pena pagar.
Bien, como ya he dicho, viendo lo que ofrecía y al precio que lo ofrecía, no pudimos evitar entrar para probar.
Atravesamos una pequeña terraza semicubierta, de esas que se estilan ahora para poder fumar, hasta llegar a la puerta del restaurante. Nada más entrar nos encontramos con una barra a la izquierda y unas mesas dispuestas en línea a la derecha. Sólo un par de mesas estaban ocupadas, mientras que tras la barra estaba el joven que salía en el vídeo, el dueño, con un atuendo digno de un gran barman. Un mostrador con vinos custodia la barra. Bueno, en verdad, todo el local está decorado con botellas de vino. Encontraréis botellas de vino en cada rincón, bien sea sobre una estantería, sobre un hueco o sobre un mueble. Será por vino...
Mientras me deleitaba con la cuidada decoración (esto lo digo en serio) me pude percatar de la carta de tapas. No era muy extensa ni muy variada, tampoco recuerdo que fueran tapas demasiado elaboradas. Quizá mini hamburguesas, las cuales les ha dado a todos los locales de tapas por hacer, chorizo y algo de pescado, pero poca cosa.
Sin previo aviso, nos asaltó una señorita para atendernos. No podía ser otra que la joven que salía en el vídeo, la dueña del restaurante, quién sabe si la misma Doña Brasa... Nos preguntó si sabíamos cómo iba el tema, a lo que le contestamos que queríamos probar el Buffet Libre de comida al estilo brasileño servido en espadas. Enseguida nos explicó en qué consistía. Básicamente lo que he explicado antes: 20 entrantes variados, 20 platos de carne al estilo brasileño servido en espada y diversos postres por 15€. La bebida no entraba en el precio, excepto de lunes a miércoles, aunque eso no era lo que decía en el vídeo... (en el cual, los propios dueños, decían que la bebida entraba de lunes a jueves, y era la noche del jueves por lo que la bebida debía entrar..., pero no entró)
Después de la explicación, pidió a uno de los camareros que preparara todo para el buffet. A mi aquello ya me empezó a sonar raro. ¿Preparar algo que se supone que ya debes tener preparado? Tras unos minutos, nos hicieron pasar a un gran salón, donde de nuevo el camarero nos explicó que podíamos repetir de entrantes tanto como quisiéramos y que cuando termináramos, se lo dijéramos para que empezara a traer la carne, de la cual también podríamos repetir tantas veces como quisiéramos. Todo pintaba bastante bien.Nos acompañó hasta una de las mesas sobre la que había una botella de vino y unos platos bien dispuestos. Tras pedirle la bebida, nos dijo que debíamos usar el mismo plato para los entrantes, algo que de nuevo me extrañó, ya que en estos sitios, normalmente, hay montañas de platos limpios para ser usados cuando el comensal repite..., pero más sorprendido me dejó ver la "variedad" de entrantes que ofrece Doña Brasa.
Nos acercamos a una especie de expositor muy bien decorado pero con poco donde elegir. En la parte de abajo estaban los platos de los que se debía coger y sobre estos, en la parte de arriba, botes y más botes de diversas salsas. Comenzamos a pasar sobre los platos, la primera vuelta. Había algo de embutido, ensalada de pasta, algo parecido a trozos de carne en un líquido extraño y..., atención a esto, todos los ingredientes necesarios para una ensalada, en platos diferentes. Si a esto se referían con 20 entrantes variados, se han lucido porque, prácticamente, la mayoría de platos eran los ingredientes esenciales de una ensalada. No había ni rastro del anunciado sushi ni rollitos. Además, todos los entrantes tenían pinta de haber estado sobre aquel expositor demasiadas horas. Los embutidos estaban resecos, la ensalada de pasta estaba pasada y dudo que las verduras fueran frescas del todo.
Decepcionados, volvimos a la mesa con los platos llenos de embutido normal y corriente, del cual te puedes tupir en tu propia casa. La botella de vino había desaparecido y tan sólo quedaban sobre la mesa los platos y cubiertos para dos.
Comimos los entrantes pensando que la carne sería el punto fuerte, esa era al menos nuestra esperanza. Al acabar de comer, le pedimos al camarero, el cual no se movió de la puerta, atento a todos nuestros movimientos, que nos trajese la carne. Nos dijo que aún no estaba lista y que debíamos esperar un poco. Para que la espera no se hiciera demasiado agónica nos trajo dos cuencos llenos de plátano frito y patatas fritas, lo mejor de la noche. Casi nos comimos todo, teníamos hambre y la carne no llegaba. Pensamos que tardaban tanto por la preparación laboriosa que debe llevar, pero nada más lejos de la realidad. Estaban esperando porque la carne estaba congelada y debía descongelarse.
Al cabo de un buen rato, bastante, apareció el camarero con una bandeja de metal. Yo ya me temía lo peor. Aquello, de estilo brasileño tenía lo que yo de monje budista, que es nada. Al ponerla sobre la mesa y tras un amable: "Buen provecho", supe que aquello era todo. No es que nos sintiéramos decepcionados, es que nos sentíamos estafados. Y lo peor llegó al probar la carne...
Los 20 platos de carne al estilo brasileño servidos en espadas se limitaba a cuatro alitas de pollo con un extraño color amarillento, bastante pasadas y muy mal cortadas, dos trozos anchos de panceta que ni llegamos a probar, cuatro filetes de lomo demasiado finos y, por consiguiente, muy resecos, chorizo requemado por fuera y crudo por dentro, unas especies de salchichas alemanas que tenían un extraño sabor y unos trozos, como de filetes, de algo indescriptible. Mi pareja apostaba por ternera, yo por cordero. Pero había sido tantas veces congelado y descongelado que tenía un sabor de lo más extraño.
Nos dejamos casi todo en la bandeja porque aquello no es que tuviese una pinta demasiado apetitosa.
Los postres fueron lo único positivo de la noche. Había más o menos variedad: los típicos flanes, pudin, natillas, helados... El pudin estaba bastante bueno.
En conclusión. Bajo mi punto de vista, Doña Brasa ofrece unos entrantes bastante pobres y demasiado típicos como para que puedan atraer a cualquier persona. Son entrantes que cualquiera puede comer en cualquier momento y en cualquier otro lugar. No me parecen algo interesante por lo que pagar y, además, no incluyen todos los platos que anuncian.
La carne lo empeora todo. Ver llegar al camarero con la bandeja dejará a más de uno con la boca abierta, tanto para bien como para mal. Seguro que a más para mal. No sé de dónde se saca esta gente que sirven la carne al estilo brasileño y en espadas, porque nada de eso es cierto. Pinchar la carne y asarla en una parrilla no es hacerlo al estilo brasileño y traerlo en bandeja no es servirlo en espada. Y lo peor no es eso, es que te sirvan carne congelada. ¿Eso es calidad? Yo diría que no.
En cuanto a los postres, no tengo demasiada queja. Son los postres típicos y cumplen.
Doña Brasa cuida su imagen pero no su cocina. Y, para mi, en un restaurante debe primar la buena cocina antes que una imagen, que además es engañosa. Un asador de carne que se precie no puede servir carne congelada ni productos de calidad dudosa. Todo esto, incluido a la publicidad engañosa, a los entrantes pobres y a una pillería digna del Lazarillo de Tormes, hace que nos queramos volver a pisar el restaurante Doña Brasa. Considero 15€ un precio excesivo para lo que ofrece.
Si ya nos advirtió el gato negro con el que nos cruzamos en la misma puerta del restaurante que no debíamos entrar...
Nota: Lo vertido en esta publicación es tan sólo la opinión sobre este restaurante tras haber sido cliente del mismo. Que cada uno saque sus conclusiones a la hora de ir a Doña Brasa.
martes, 26 de noviembre de 2013
Un alto en el camino
Debido a un pequeño problema, la producción de "Adiós, amor" tendrá un parón temporal.
Cuando nos encontrábamos en la fase final de la preproducción, la actriz que protagoniza el cortometraje, Andrea Murillo, ha sufrido un leve accidente, por lo que no podrá continuar, temporalmente, con los ensayos. Aún así, trataremos de continuar trabajando en otros aspectos del cortometraje como las piezas musicales que su personaje tocará o el vestuario, así como en el material importante de atrezzo que se empleará en el cortometraje.
En cuanto Andrea se recupere terminaremos la preproducción y comenzaremos con la producción de este proyecto, lo cual esperamos que sea lo antes posible.
Ahora lo importante es que Andrea se recupere lo mejor posible.
Un saludo a todos.
Cuando nos encontrábamos en la fase final de la preproducción, la actriz que protagoniza el cortometraje, Andrea Murillo, ha sufrido un leve accidente, por lo que no podrá continuar, temporalmente, con los ensayos. Aún así, trataremos de continuar trabajando en otros aspectos del cortometraje como las piezas musicales que su personaje tocará o el vestuario, así como en el material importante de atrezzo que se empleará en el cortometraje.
En cuanto Andrea se recupere terminaremos la preproducción y comenzaremos con la producción de este proyecto, lo cual esperamos que sea lo antes posible.
Ahora lo importante es que Andrea se recupere lo mejor posible.
Un saludo a todos.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
Un día cualquiera
Hay días en los que nos levantamos esperando que ocurra algo. Algo que nunca termina de llegar, y entonces, sentimos que no podemos continuar hasta encontrarlo, hasta lograr que ese algo suceda. Y dejamos de vivir la vida, nos sentamos, y limitamos nuestra existencia a ver cómo pasan los días.
No es que seamos infelices, es más, en muchas ocasiones nos invade un sentimiento de felicidad absoluta. Incluso, no vemos tan mal vivir con ese vacío que cada vez se hace más grande, que nos impide avanzar y, sobretodo, vivir con intensidad cada momento, haciendo lo que realmente nos gusta y queremos..., lo que necesitamos hacer. Somos capaces de encerrarnos en la constante espiral de la rutina con pasmosa facilidad, y entonces, nos dejamos arrastrar por una fuerte corriente de pesimismo que nos aleja de nuestras metas y de todo aquello que queremos.
Entonces llega un día en el que nos levantamos y, tras un largo silencio, comprendemos que sólo nosotros podemos hacer algo por nosotros, que nadie vendrá a darnos nada. Que debemos aferrarnos a esas pequeñas cosas que nos ofrece la vida para poder seguir adelante.
Algunos llegamos a entender, quizá demasiado tarde, que no podemos permitirnos dejar pasar los días sin más, que debemos aprovechar cada instante por ser único. Porque lo que pasa, no volverá.
Y es que es un error aferrarse a los errores, al pasado y a las oportunidades desaprovechadas. Debemos aprender a olvidar. No podremos avanzar si miramos hacia atrás.
A veces necesitamos un golpe, algo que nos devuelva a la realidad de una forma más o menos inmediata. Algunos dan con ese golpe; otros se pasan la vida buscándolo. Y cometemos el error cuando dejamos de buscar ese golpe, ya que, con toda probabilidad, suponga el fin de nuestra existencia.
Tenemos que demostrarnos cada día que estamos vivos para evitar estar muertos. Levantarnos sabiendo que haremos algo importante y que somos necesarios para la existencia de otros.
En definitiva, debemos vivir y buscar un motivo por el qué hacerlo.
No es que seamos infelices, es más, en muchas ocasiones nos invade un sentimiento de felicidad absoluta. Incluso, no vemos tan mal vivir con ese vacío que cada vez se hace más grande, que nos impide avanzar y, sobretodo, vivir con intensidad cada momento, haciendo lo que realmente nos gusta y queremos..., lo que necesitamos hacer. Somos capaces de encerrarnos en la constante espiral de la rutina con pasmosa facilidad, y entonces, nos dejamos arrastrar por una fuerte corriente de pesimismo que nos aleja de nuestras metas y de todo aquello que queremos.
Entonces llega un día en el que nos levantamos y, tras un largo silencio, comprendemos que sólo nosotros podemos hacer algo por nosotros, que nadie vendrá a darnos nada. Que debemos aferrarnos a esas pequeñas cosas que nos ofrece la vida para poder seguir adelante.
Algunos llegamos a entender, quizá demasiado tarde, que no podemos permitirnos dejar pasar los días sin más, que debemos aprovechar cada instante por ser único. Porque lo que pasa, no volverá.
Y es que es un error aferrarse a los errores, al pasado y a las oportunidades desaprovechadas. Debemos aprender a olvidar. No podremos avanzar si miramos hacia atrás.
A veces necesitamos un golpe, algo que nos devuelva a la realidad de una forma más o menos inmediata. Algunos dan con ese golpe; otros se pasan la vida buscándolo. Y cometemos el error cuando dejamos de buscar ese golpe, ya que, con toda probabilidad, suponga el fin de nuestra existencia.
Tenemos que demostrarnos cada día que estamos vivos para evitar estar muertos. Levantarnos sabiendo que haremos algo importante y que somos necesarios para la existencia de otros.
En definitiva, debemos vivir y buscar un motivo por el qué hacerlo.
sábado, 2 de noviembre de 2013
Allí, en las salinas
Un sol de justicia caía sobre el asolado
descampado. No había ni una sombra bajo la que refugiarse. La playa, aún
lejana, se percibía al final del camino como un oasis. En el horizonte se
abrazaban cielo y mar, logrando que no se supiera con certeza dónde empezaba
uno y dónde terminaba el otro. El poco pasto seco que sobrevivía allí relucía
bajo el sol como el mismo oro, mecido con suavidad por la fresca brisa que en
contadas ocasiones regalaba el mar.
Hacía bastante tiempo, demasiado, que
Carlos no se dejaba caer por allí. Recorría el largo camino hacia la playa como
tiempo atrás lo hiciera junto a su padre. Una oleada de recuerdos le sacudió
con tanta violencia que apenas le permitió contener las lágrimas. Miró a un lado
y a otro buscando algo que jamás encontraría, pues aquel lugar había sido
abandonado a su suerte.
Aquellas salinas, rebosantes de vida
hacía ya tantos años, ya no eran más que un testigo mudo de la historia de
todos aquellos que, como su padre, pasaron sus días trabajando bajo el sol. Un
cementerio de historias, una tierra yerma que ya no albergaría vida nunca más.
Carlos caminó junto a las albuferas que
quedaban al lado de la carretera, sin quitar ojo a Tiro, su perro, que le
acompañaba en todos sus paseos.
La poca sal que quedaba acumulada en las
balsas brillaba bajo el sol como lo hace un espejo. Algunos de aquellos
pequeños cristales creaban caprichosas formas sobre la arena. Era una de esas
cosas que le asombraban de pequeño de aquel lugar, esas pequeñas obras de arte
que creaba la propia naturaleza.
Se grababan sus pasos en la tierra al
avanzar hacia la playa. El suelo allí siempre estaba un tanto húmedo. La
solitaria playa se extendía a ambos lados hasta donde la vista podía alcanzar. Tomó
la dirección que le llevaría a casa.
Fue con parsimonia por el camino que
hacía de frontera entre la playa y las balsas donde se trabajaba la sal. En la
distancia avistó una caña de pescar clavada en la arena. No muy lejos se
encontraba el dueño, sentado frente al mar en una de esas tumbonas de plástico.
Tan sólo llevaba puesto un pantalón. Sólo cuando se aproximó a él, pudo
comprobar que tenía el aspecto de un verdadero naufrago. Tenía el pelo mal
cortado y una espesa barba blanca que se enredaba sobre su cuello. En su piel,
curtida por el tiempo, se apreciaban algunas cicatrices. Tiro le ladraba en la
distancia mientras Carlos se acercaba cada vez más al solitario pescador. ¿Qué
haría allí en medio de tanta soledad? Al llegar a su lado, tan sólo pudo
guardar silencio y contemplar el mar. Un profundo sentimiento de paz le
invadió.
-¿Quieres probar? –le preguntó de repente el pescador.
-¿Cómo dice?
-¿Qué si quieres lanzar la caña? –insistió, algo malhumorado.
-Ah…, no. No soy demasiado mañoso en eso.
-¿Quieres probar? –le preguntó de repente el pescador.
-¿Cómo dice?
-¿Qué si quieres lanzar la caña? –insistió, algo malhumorado.
-Ah…, no. No soy demasiado mañoso en eso.
-Los jóvenes de ahora no sois mañosos en
nada –se levantó de su asiento y tomó la caña-. Si tuvierais que comer lo que
cazarais o pescarais, seguro que seríais más habilidosos. ¡Hombres de provecho!
¡Eso es lo que seríais! -Con un brusco movimiento, inclinó todo su cuerpo hacia
delante, lanzando el anzuelo a una distancia considerable. Mientras tanto,
Carlos le miraba asombrado, a la par que le escuchaba con suma atención-. Yo me
he hecho a mí mismo. Aquí, en estas salinas –continuó, clavando la caña en la
arena-. Llevo aquí toda una vida. Demasiado –murmuró.
-¿Usted trabajó aquí? –preguntó Carlos con cierto reparo.
-Y he vivido aquí. Justo ahí –alzó su brazo señalando un lugar vacío al lado del camino. El joven no supo qué decir al ver que allí no quedaban restos de nada-. No. No busques. No hallarás nada más que una tierra yerma. Aquí ya no queda lugar ni para la vida. Todo se fue con la sal.
-¿Usted trabajó aquí? –preguntó Carlos con cierto reparo.
-Y he vivido aquí. Justo ahí –alzó su brazo señalando un lugar vacío al lado del camino. El joven no supo qué decir al ver que allí no quedaban restos de nada-. No. No busques. No hallarás nada más que una tierra yerma. Aquí ya no queda lugar ni para la vida. Todo se fue con la sal.
-Mi padre también trabajó aquí. Y su
padre.
-Mucha gente trabajó aquí. Muchas
generaciones han comido de lo que les daba la sal, hasta que llegaron esas
hienas con sus apuestos trajes y sus buenas palabritas a llevarse nuestro pan,
nuestra vida –enfurecía por momentos. Acompañaba cada palabra con violentos ademanes
y, cada vez, alzaba más la voz-. Algunos luchamos hasta el final mientras que
otros se vendieron como mercancía. Gente miserable a la que sólo le importaba
su bienestar. Mal rayo los parta.
Carlos comprendió, tras escucharle, que
no debía decir nada más. A aquel hombre no le quedaban más que sus quejas y sus
recuerdos, y estaba seguro de que sus palabras sólo lograrían hundirlo y
enojarlo aún más. A su familia, sin duda, le fue mejor que a él.
-Bueno, debo marcharme, se hace tarde –se
excusó antes de silbar para llamar a Tiro-. Espero que piquen mucho, señor.
Se dirigió hacia el camino sin esperar
una respuesta del pescador. Se oía el constante ladrido de Tiro por la
solitaria playa. Carlos volvió a silbar para llamar la atención del perro, pero
no sirvió de nada. Seguía ladrando con cierta desesperación cerca de una de las
balsas.
Al salir al camino, el joven lo volvió a intentar, obteniendo el mismo incesante ladrido como respuesta. No le quedaba otra que ir hacia donde estaba el perro para llevárselo, y fue al llegar allí cuando comprobó que ladraba a algo que había dentro de la balsa. No sabía de qué se trataba, pero algo, en el fondo, se movía con lentitud. Como emergiendo de la espesa masa que había formado la mezcla del agua, la arena y la sal.
Se inclinó un poco más sobre la balsa, tratando de ver mejor lo que había dentro. Frunció el ceño cuando creyó ver una bota, pero no podía ser. No sería nada más que basura. Al retroceder para irse, vio de nuevo cómo algo se movía.
Al salir al camino, el joven lo volvió a intentar, obteniendo el mismo incesante ladrido como respuesta. No le quedaba otra que ir hacia donde estaba el perro para llevárselo, y fue al llegar allí cuando comprobó que ladraba a algo que había dentro de la balsa. No sabía de qué se trataba, pero algo, en el fondo, se movía con lentitud. Como emergiendo de la espesa masa que había formado la mezcla del agua, la arena y la sal.
Se inclinó un poco más sobre la balsa, tratando de ver mejor lo que había dentro. Frunció el ceño cuando creyó ver una bota, pero no podía ser. No sería nada más que basura. Al retroceder para irse, vio de nuevo cómo algo se movía.
Su imaginación le debía estar jugando una
mala pasada, debía ser eso. Dentro de aquella balsa no podía haber una persona.
Era imposible. Se acercó una vez más. Estaba asustado y un tanto alterado. Quería
gritar, necesitaba hacerlo. Un fuerte sentimiento de angustia le presionaba el
pecho. Se acercó demasiado al borde de la balsa. Le falló un pie y por muy poco
no calló dentro. La arena del borde estaba suelta, por lo que tuvo que dar un
paso atrás para afianzarse. Y entonces, lo vio claro. No era más que una bota
suelta. Allí no había más que basura.
Respiró. Se sentía aliviado. Incluso dejó
escapar una carcajada. Se rió de sí mismo, de su propia estupidez y de lo
ingenuo que había llegado a ser al pensar que allí podría haber alguien. Seguía
escuchando los ladridos de Tiro. –Calma, Tiro. No es nada- dijo para calmar al
perro manteniendo la sonrisa en su rostro.
Al girarse lo vio. Un escalofrío le
atravesó como un rayo, desde la cabeza hasta los pies. Sintió un frío punzante
en la nuca. Cuando trató de salir de allí, alguien se le acercó de forma
súbita. Se quedó quieto, contemplando, algo asustado, la figura recortada sobre
el horizonte. Lo poco que el sol le permitía ver.
Sin duda, estaba acorralado. Podía sentir cada respiración, cómo el silencio que gobernaba en las salinas le aplastaba. No podía gritar aunque quisiese, no podía hacer nada más que esperar a que ocurrirse algo. ¿Qué quería aquel hombre de él? Y sin previo aviso se abalanzó sobre Carlos, empujándolo a la balsa.
Se hundía en el fango y no podía hacer nada por evitarlo. Trató de agarrarse a cualquier cosa, incluso intentó gritar, pero se sentía ahogado. Cada uno de sus movimientos le hundía más en el fango.
En su agonía, lanzó uno de sus brazos hacía un
lado y dio con algo alargado. Tiró con todas sus fuerzas, pensó que esa era su
salvación. Una rama, un trozo de madera, una goma, algo que le ayudara a salir
de allí. Tiró con tal fuerza que arrancó algo, y fue al mirar de qué se trataba
cuando lo comprendió todo. Quien lo había arrojado se acercó al borde y fue
entonces cuando pudo verle el rostro. Todo encajaba al fin y se dejó hundir,
contemplando su figura frente a él. Sabiendo, al fin, el motivo por el cual el
pescador estaba allí, en mitad de toda aquella soledad.Sin duda, estaba acorralado. Podía sentir cada respiración, cómo el silencio que gobernaba en las salinas le aplastaba. No podía gritar aunque quisiese, no podía hacer nada más que esperar a que ocurrirse algo. ¿Qué quería aquel hombre de él? Y sin previo aviso se abalanzó sobre Carlos, empujándolo a la balsa.
Se hundía en el fango y no podía hacer nada por evitarlo. Trató de agarrarse a cualquier cosa, incluso intentó gritar, pero se sentía ahogado. Cada uno de sus movimientos le hundía más en el fango.
jueves, 31 de octubre de 2013
Puerto de Roquetas de Mar
Recién sacado de Premiere os traigo un nuevo vídeo que he realizado y editado yo mismo. Se trata de un breve recorrido por el puerto de Roquetas de Mar (Almería). Este verano decidí hacer unas pruebas de cámara en el susodicho puerto y realizar un pequeño montaje musical con algunas de las piezas.
Tras haber rebuscado una banda sonora acertada para las imágenes, y haber recibido un par de recomendaciones, opté por usar J'y suis jamais allé de Yann Tiersen. La cual a muchos os sonará por ser parte de la flamante BSO de Amelie.
Como ya he dicho, el vídeo es breve (a penas un minuto), tan sólo he incluido en la edición aquellas partes que me parecían más interesantes y que podían aportar un sentido, o una continuidad, al conjunto en general. Son algunos planos generales del puerto, otros planos generales de las embarcaciones, algunas panorámicas y un par de planos detalle. Además he incluido planos en los que hago uso del desenfoque. Escogí la canción de Yann Tiersen para lograr que el montaje fuera rápido y un tanto frenético, y por la perfecta comunión que hace con las imágenes. La considero la música adecuada para este vídeo.
Tras haber rebuscado una banda sonora acertada para las imágenes, y haber recibido un par de recomendaciones, opté por usar J'y suis jamais allé de Yann Tiersen. La cual a muchos os sonará por ser parte de la flamante BSO de Amelie.
Como ya he dicho, el vídeo es breve (a penas un minuto), tan sólo he incluido en la edición aquellas partes que me parecían más interesantes y que podían aportar un sentido, o una continuidad, al conjunto en general. Son algunos planos generales del puerto, otros planos generales de las embarcaciones, algunas panorámicas y un par de planos detalle. Además he incluido planos en los que hago uso del desenfoque. Escogí la canción de Yann Tiersen para lograr que el montaje fuera rápido y un tanto frenético, y por la perfecta comunión que hace con las imágenes. La considero la música adecuada para este vídeo.
Sin más, espero que disfrutéis del vídeo.
jueves, 24 de octubre de 2013
Éxodo
Hoy os traigo el relato corto con el que he participado en la Primera Edición Internacional de Microrelatos de Prisa Radio. El ganador ha sido José Ignacio Ceberio con el microrelato "Salidas de emergencia" Aquí tenéis toda la información: Primera Edición Internacional de Microrelatos de Prisa Radio.
Y éste es el microrelato con el que yo he participado, que lleva por títutlo: "Éxodo".
Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión. Miraba por la ventanilla cómo se alejaba cada vez más todo cuanto amaba. En realidad, no quería marcharse, pero no podía seguir aferrado a una idea que le consumía cada vez más. Había decidido dar el paso para comenzar a construir los cimientos sobre los que se asentaría su vida y no daría marcha atrás, por mucho que le pesase.
Respiró hondo, y se hundió un poco más en su asiento. No esperaba que le llegaran tan pronto los recuerdos, y con ellos, las lágrimas. Sin duda, no se marchaba, lo echaban.
Y éste es el microrelato con el que yo he participado, que lleva por títutlo: "Éxodo".
Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión. Miraba por la ventanilla cómo se alejaba cada vez más todo cuanto amaba. En realidad, no quería marcharse, pero no podía seguir aferrado a una idea que le consumía cada vez más. Había decidido dar el paso para comenzar a construir los cimientos sobre los que se asentaría su vida y no daría marcha atrás, por mucho que le pesase.
Respiró hondo, y se hundió un poco más en su asiento. No esperaba que le llegaran tan pronto los recuerdos, y con ellos, las lágrimas. Sin duda, no se marchaba, lo echaban.
miércoles, 16 de octubre de 2013
Segundo ensayo de "Adiós, amor"
Y hoy ha tenido lugar la segunda sesión de ensayos del cortometraje "Adiós, amor". Tras el parón de una semana, necesario por los retoques llevados a cabo sobre el guión, tanto Andrea como yo nos hemos puesto a trabajar de nuevo en la preproducción del proyecto.Se han añadido al guión dos secuencias nuevas al final, logrando que la historia cobre más sentido y aportando, mediante pequeños detalles, más profundidad a la misma. Además de un cambio de vestuario y un exterior bastante interesante.
Tras haber leído el guión varias veces, incluso haber comenzado los ensayos, aún sentía que a la historia le faltaba algo para que le resultara atractiva al espectador, así como para que se entendiera correctamente. Al no tener diálogo hay que basarse en detalles para hacerse entender y algunos de esos detalles, faltaban. Gracias a estos retoques en el guión, ahora la historia será mucho más fácil de comprender e incluso más cercana al espectador por lo que llegará con más facilidad a más personas. Todos entenderán de qué se trata y no será algo tan abstracto.
En cuanto al ensayo, de nuevo nos ha servido para encajar las acciones en las localizaciones y poder visualizar de mejor manera los tiros de cámara y los planos a usar para cada momento.
Andrea sigue en el buen camino, aunque hay ciertas cosas que poco a poco vamos corrigiendo. Sigue tratando de ser el personaje y no una imitación de éste. Con cada ensayo perfecciona aún más sus movimientos y gestos, y cada vez está más involucrada, por lo que gracias a esto, estará más que preparada para afrontar el día de grabación cuando llegue. Con cada reunión sigo pensado que es la candidata perfecta para el papel. Andrea es toda una profesional.Mañana tendremos el tercer ensayo, en el cual continuaremos con los ensayos de algunas secuencias, seguiremos trabajando también en la realización y buscaremos la pieza adecuada que Andrea tocará en una de las secuencias.
Poco a poco, este proyecto, va tomando forma y afianzándose. Mañana seguiremos trabajando para que todo continúe yendo bien.
Pronto tendréis más noticias sobre "Adiós, amor".
domingo, 13 de octubre de 2013
Y otra vez, Madrid
Una vez más me encuentro en Madrid. Esa ciudad ruidosa, asfixiante, grandiosa y viva que siempre logra atraparme. Y es que lo que yo tengo con esta ciudad es una relación amor/odio en toda regla.
Siempre me ha gustado (y me gustará) venir, eso no lo voy a negar. Incluso, en su momento, me pareció una gran opción para echar raíces y establecer aquí mi vida. Pero durante el tiempo que sufrí, tanto sus bondades como sus problemas, se me quitaron las ganas.
Aún así, cuando voy llegando a la ciudad y percibo su silueta recortada en el horizonte, me recorre por el cuerpo una sensación de felicidad y satisfacción muy parecida a la sensación que tiene un niño la mañana de navidad, sabiendo que va a ser colmado por los ansiados regalos. Yo también espero que Madrid me regale algo, a su modo, claro está.
Al recorrer el camino que me lleva hacia el barrio de mis tíos, hacia su casa, mi casa; me invaden los recuerdos de cuando aquí vivía. De cuando hacía ese mismo trayecto al volver del pueblo, o con el autobús de vuelta a casa tras una tarde de apasionantes clases en el mítico IORTV.
Puedo recordar a la perfección la primera vez que vine aquí para comenzar una nueva etapa, con la maleta cargada de ilusión y ganas por comerme el mundo. Recuerdo cuando me despedí de mi familia en el pueblo y de cómo se me encogió el corazón en el momento en el que comprendí que era una despedida de verdad. También recuerdo cómo mis tíos me acogieron y me ayudaron, siempre, en todo momento. Por ello les estoy muy agradecidos y siempre lo estaré. Y es por eso mismo que ocupan un lugar especial en mi corazón y siempre lo ocuparán, porque para mi, en aquella época que ya parece lejana, se comportaron como unos verdaderos padres. Enseñándome y ayudándome a crecer, en una nueva etapa donde necesitaba de todo y apenas podía aportar nada. Ellos siempre serán mi papastro y mi mamastra, como les llamaba (y llamo) con todo el cariño del mundo.
De igual forma, no podré olvidar mi primer viaje en metro o en autobús, donde siempre permanecía alerta hasta el momento en el que la rutina logra rebajar tensiones. Ahora recuerdo, riéndome , la angustia que sentía cuando me perdía y la satisfacción, al encontrar el camino adecuado.
¿Y el primer día de clase? Mucha gente nueva, demasiada. Pero allí encontré a un grupo de personas insuperable: diverso, amable, completo. Muchos de ellos dejaron una huella en mi que hoy día persiste. Nunca olvidaré lo que en aquel ruinoso y viejo edificio, más parecido a un antiguo psiquiátrico que a un instituto de RTVE, viví con toda aquella gente.
Los días pasaban y cada vez me sentía más cómodo en la ciudad. Más madrileño. Y entonces la conocí a ella. Y Madrid me dio una nueva alegría. Con ella pasé aquí momentos únicos y especiales, y aún hoy los sigo pasando cuando venimos de visita. Ella fue lo mejor que me dio la vida en esa nueva etapa, que me dio Madrid.
Podría contar miles y miles de anécdotas de mi historia con Madrid, pero, con toda seguridad, os aburriría.
Esta ciudad siempre está viva, nunca duerme. Siempre me ha parecido un tanto peligrosa pero..., ¿dónde está el peligro? Donde está el cuerpo. De igual modo, me parece una ciudad ruidosa y caótica. En ciertas ocasiones, fría y deshumanizada. Pero también es mucho más. La ciudad de las oportunidades, donde puedes encontrar todo cuanto necesites. Un lugar donde puedes ver y vivir cosas increíbles que en otros sitios sería imposible. Madrid es de ese tipo de ciudades que te lo puede dar todo, pero también arrebatártelo. Es una ciudad que atrapa y enamora, del mismo modo que ofende creando tan sólo odio. Madrid no deja indiferente a nadie.
Hoy, al salir a la terraza de la casa de mis tíos, he sentido caer sobre mi rostro una brisa familiar. Los aspersores estaban encendidos, haciendo que el ambiente se cargara con ese olor tan reconocible a tierra y plantas mojadas. Todo esto, unido a las difusas luces de la calle, han logrado que me deje llevar por los sentimientos que ya me invadieron una vez, hace mucho tiempo.
Y es que pese a todo lo que he vivido aquí, bueno y malo, sólo dejo que los buenos recuerdos me atraviesen. Y puedo decir, bien alto, que la etapa que viví en Madrid, en esta ciudad vibrante, ha sido hasta ahora una de las mejores de mi vida. Siempre guardaré un buen recuerdo de mi Madrid. Ésta siempre será mi casa.
Siempre que pueda regresaré, y todos deberían hacerlo. Pasearé por la ciudad, que a buen seguro tiene más de una sorpresa y una alegría guardada para mi. Viviré nuevas situaciones y me dejaré llevar por el momento. Me permitiré ser arrastrado por las corrientes de sus calles hacia emociones indescriptibles. Escucharé atento todo cuanto me tenga que decir y veré todo aquello que me quiera enseñar.
Y cuando me despida, no diré adiós, sino hasta siempre.
Siempre me ha gustado (y me gustará) venir, eso no lo voy a negar. Incluso, en su momento, me pareció una gran opción para echar raíces y establecer aquí mi vida. Pero durante el tiempo que sufrí, tanto sus bondades como sus problemas, se me quitaron las ganas.
Aún así, cuando voy llegando a la ciudad y percibo su silueta recortada en el horizonte, me recorre por el cuerpo una sensación de felicidad y satisfacción muy parecida a la sensación que tiene un niño la mañana de navidad, sabiendo que va a ser colmado por los ansiados regalos. Yo también espero que Madrid me regale algo, a su modo, claro está.
Al recorrer el camino que me lleva hacia el barrio de mis tíos, hacia su casa, mi casa; me invaden los recuerdos de cuando aquí vivía. De cuando hacía ese mismo trayecto al volver del pueblo, o con el autobús de vuelta a casa tras una tarde de apasionantes clases en el mítico IORTV.
Puedo recordar a la perfección la primera vez que vine aquí para comenzar una nueva etapa, con la maleta cargada de ilusión y ganas por comerme el mundo. Recuerdo cuando me despedí de mi familia en el pueblo y de cómo se me encogió el corazón en el momento en el que comprendí que era una despedida de verdad. También recuerdo cómo mis tíos me acogieron y me ayudaron, siempre, en todo momento. Por ello les estoy muy agradecidos y siempre lo estaré. Y es por eso mismo que ocupan un lugar especial en mi corazón y siempre lo ocuparán, porque para mi, en aquella época que ya parece lejana, se comportaron como unos verdaderos padres. Enseñándome y ayudándome a crecer, en una nueva etapa donde necesitaba de todo y apenas podía aportar nada. Ellos siempre serán mi papastro y mi mamastra, como les llamaba (y llamo) con todo el cariño del mundo.
De igual forma, no podré olvidar mi primer viaje en metro o en autobús, donde siempre permanecía alerta hasta el momento en el que la rutina logra rebajar tensiones. Ahora recuerdo, riéndome , la angustia que sentía cuando me perdía y la satisfacción, al encontrar el camino adecuado.
¿Y el primer día de clase? Mucha gente nueva, demasiada. Pero allí encontré a un grupo de personas insuperable: diverso, amable, completo. Muchos de ellos dejaron una huella en mi que hoy día persiste. Nunca olvidaré lo que en aquel ruinoso y viejo edificio, más parecido a un antiguo psiquiátrico que a un instituto de RTVE, viví con toda aquella gente.
Los días pasaban y cada vez me sentía más cómodo en la ciudad. Más madrileño. Y entonces la conocí a ella. Y Madrid me dio una nueva alegría. Con ella pasé aquí momentos únicos y especiales, y aún hoy los sigo pasando cuando venimos de visita. Ella fue lo mejor que me dio la vida en esa nueva etapa, que me dio Madrid.
Podría contar miles y miles de anécdotas de mi historia con Madrid, pero, con toda seguridad, os aburriría.
Esta ciudad siempre está viva, nunca duerme. Siempre me ha parecido un tanto peligrosa pero..., ¿dónde está el peligro? Donde está el cuerpo. De igual modo, me parece una ciudad ruidosa y caótica. En ciertas ocasiones, fría y deshumanizada. Pero también es mucho más. La ciudad de las oportunidades, donde puedes encontrar todo cuanto necesites. Un lugar donde puedes ver y vivir cosas increíbles que en otros sitios sería imposible. Madrid es de ese tipo de ciudades que te lo puede dar todo, pero también arrebatártelo. Es una ciudad que atrapa y enamora, del mismo modo que ofende creando tan sólo odio. Madrid no deja indiferente a nadie.
Hoy, al salir a la terraza de la casa de mis tíos, he sentido caer sobre mi rostro una brisa familiar. Los aspersores estaban encendidos, haciendo que el ambiente se cargara con ese olor tan reconocible a tierra y plantas mojadas. Todo esto, unido a las difusas luces de la calle, han logrado que me deje llevar por los sentimientos que ya me invadieron una vez, hace mucho tiempo.
Y es que pese a todo lo que he vivido aquí, bueno y malo, sólo dejo que los buenos recuerdos me atraviesen. Y puedo decir, bien alto, que la etapa que viví en Madrid, en esta ciudad vibrante, ha sido hasta ahora una de las mejores de mi vida. Siempre guardaré un buen recuerdo de mi Madrid. Ésta siempre será mi casa.
Siempre que pueda regresaré, y todos deberían hacerlo. Pasearé por la ciudad, que a buen seguro tiene más de una sorpresa y una alegría guardada para mi. Viviré nuevas situaciones y me dejaré llevar por el momento. Me permitiré ser arrastrado por las corrientes de sus calles hacia emociones indescriptibles. Escucharé atento todo cuanto me tenga que decir y veré todo aquello que me quiera enseñar.
Y cuando me despida, no diré adiós, sino hasta siempre.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Primer ensayo de "Adiós, amor"
Hoy ha tenido lugar el primer ensayo del cortometraje "Adiós, amor". Tanto la actriz, Andrea Murillo, como yo, el realizador, hemos decidido ensayar las secuencias cronológicamente para evitar confusiones y que se rompa la linealidad del argumento y de las emociones por las que pasa el personaje. Tratamos de conseguir la mayor naturalidad posible, en actuación y en realización, y puesto que ambos somos noveles, nos lo tomamos con calma y con la mayor profesionalidad posible para que el resultado final sea algo perfecto (o al menos lo más perfecto posible).
En esta primera toma de contacto, nos hemos encargado de ensayar la primera secuencia. Algo sencillo para comenzar a coger ritmo. Puedo asegurar que he quedado gratamente sorprendido por la buena actuación de Andrea. Ha sabido interpretar aquello que le he pedido con total inmediatez, tratando de ser el personaje y no de aparentar ser el personaje. Siempre he considerado a Andrea una chica capaz y con aptitudes, que conseguirá todo aquello que se proponga hacer, no por saber hacerlo sino por poner empeño y esforzarse en hacerlo correctamente. Con cada ensayo irá aportando cada vez más al personaje hasta dar con el punto exacto, aunque cabe destacar que hoy ha dado un paso importante y está más cerca que lejos de encontrar lo que el personaje necesita de ella.En cuanto a realización, puedo asegurar que también se ha avanzado bastante en cuanto a escenografía, puesta en escena, tiros de cámara, ajuste de planos y demás. Han nacido nuevos planos que darán más sentido al conjunto y, además, aportarán belleza. Gracias al ensayo de hoy han surgido nuevas ideas sobre la colocación de la cámara y más variedad de planos.
Estoy muy satisfecho con este ensayo en todos los aspectos y creo que estamos dando con la tecla en todos los campos. Si nada lo impide, pronto se llevará a cabo el segundo ensayo, en el cual nos centraremos en la segunda secuencia y en terminar de pulir la primera secuencia.Sin duda, esto huele bastante bien.
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