miércoles, 19 de febrero de 2014

Paro en "Adiós, amor"

Lamento comunicar que debido a causas (que no problemas) personales se cancela temporalmente el proyecto "Adiós, amor".
Tendréis nuevas noticias cuando el proyecto se reinicie.
Gracias a todos por el interés.

Un saludo.

domingo, 16 de febrero de 2014

Vivir es fácil con los ojos cerrados

La última película de Trueba nos invita a vivir con los ojos bien abiertos. No sé cuanto hay de ficción y realidad en esta película que bien podríamos definir como una road movie con unas gotas de western, una pizca de drama y un buen chorreón de comedia, pero si algo queda claro es que es un canto a la superación ante los problemas, un grito de ayuda que es socorrido.

Trueba firma un guión bien estructurado que retrata de forma excelente a la sociedad española de los años 60, cuando una España más cultural e intelectual, más progresista, comienza a hacer frente a una España más conservadora y embrutecida. El guión mama de la historia de Juan Carrión, un profesor de inglés que enseñaba a sus alumnos mediante las canciones de los Beatles y que decidió ir a Almería, tras enterarse de que Lennon rodaba una película en este lugar, para que le ayudara a completar la letra de algunas de sus canciones que él mismo había transcrito. Aunque muchos elementos habrán sido incluidos para tener una historia más compleja y completa, la base es respetada en el guión, lo que hace que aún resulte más entrañable.
Los diálogos aportan dinamismo y chispa en los momentos en los que la acción es menos relevante. Son dinámicos y fluidos; originales y muy veraces. Cuando la trama se vuelve más densa, el diálogo es el contrapunto que le da ese toque cómico que resta algo de tensión, haciendo que durante toda la película se instaure ese aire de buen rollo. Y todo ello respetando, en todo momento, la ambientación.
Las acciones también juegan un papel importante para con el discurso audiovisual, afianzando el mensaje que trata de transmitir en todo momento la producción, y de igual manera, sirve como vía para mostrar la personalidad de los actores, el por qué de su comportamiento.

La estética general con la que se ha tratado a esta producción no podía estar más cuidada y ser más fiel. La fotografía, acompañada por el vestuario y maquillaje, y la ambientación de las localizaciones, transmite con fidelidad ese aspecto de una España sesentera. Los colores pasteles y a la vez vibrantes proporcionan una agradable sensación que armoniza con todo lo demás.
Tanto el vestuario como los decorados y los elementos empleados en la película, no desentonan en ningún momento con el ambiente histórico en el que se localiza la historia. Todo ha sido cuidado con esmero para que nos sintamos totalmente inversos en la película sin que nada nos haga perder el interés. No cabe duda de que está muy bien ambientada y que consigue trasladarnos a esa época pasada, a ese preciso momento.
En cuanto a la realización, no podría ser más aceptable. La composición de los planos es la adecuada, sin desentonar con el mensaje y acompañando, en todo momento, en forma de imágenes, lo que los personajes expresan. De igual forma, los tiros de cámara no se salen de lo normal en este tipo de películas, sin movimientos ni encuadres aberrantes o injustificados. Trueba no sobrepasa el límite de lo correcto, creando planos imposibles y demasiado barrocos, imposibles de digerir para los espectadores, y si hace que la película sea fluida y muy vistosa. Su realización y montaje es dinámico, y esto se agradece. Si bien es cierto que, tanto de guión como de realización, sobra una parte que habría quedado mejor (para mi gusto) si se hubiese representado de una forma más sutil. Se vuelve a caer en el error de mostrar en lugar de insinuar, que siempre queda mejor, y más en una película en la que reina el buen hacer. Creo que la parte de sexo, más o menos explícita, de la película se podría haber tratado de otra forma, encajándola mejor en el conjunto y no metiéndola con calzador en una historia, en la que además, no era necesaria. La tensión sexual se puede mostrar de muchas formas, incluso las escenas de sexo. Insinuar, dejar a la imaginación trabajar, es otra forma de realizar.

Las localizaciones hacen justicia a la historia pero quizá no a la provincia de Almería. Conociendo un poco la provincia, creo que se podría haber aprovechado mucho mejor el bellísimo entorno para las tomas. Haber localizado para las acciones lugares más emblemáticos y reconocibles. Los planos habrían quedado con un fondo inmejorable y las acciones, además de la historia, se habría enriquecido.

La banda sonora es significativa, con los Beatles siempre de fondo. Toda canción ha sido escogida a conciencia para potenciar esa inmersión temporal a la que nos somete la película. La música es una fiel compañera de cada secuencia en la que se ha empleado, y que sirve para potenciar lo que la acción o la realización transmite.
En esta película se ha logrado que la banda sonora y la imagen coincidan en un mismo punto, en la misma finalidad de transportarnos hacia una época pasada.

Por supuesto, y como no podría ser de otra manera, los actores en este caso hacen que la película sea aún más entrañable. Javier Cámara es el encargado de dar vida a Antonio, el profesor de inglés que decide viajar a Almería para conocer a Lennon. Aunque pueda parecer que su personaje no huye de nada, es todo lo contrario. Huye de una realidad que le atormenta. No va en busca de Lennon sino de sí mismo, de un cambio que lo obligue a emprender un nuevo rumbo. Va en busca de un sueño y se encuentra con un reto que debe superar.
Quizá no sea el mejor papel de Javier Cámara, pero sí es uno de los mejores. Hace que su personaje sea cercano, que sea querido, transmitiendo bondad e inocencia, pero también responsabilidad y razón. Javier ha creado un personaje con el que todos querríamos compartir viaje, alguien de quien se puede aprende y en quien se puede confiar. Ha demostrado, una vez más, que no es un actor encasillado y que puede afrontar cualquier papel con total confianza. Cámara es un actor de altura.

Belén, interpretado por Natalia de Molina, es una joven sin rumbo que parece escapar de algo. Quizá de una España opresora y de cotillas, de normas dictatoriales que crean obligaciones absurdas. De la moralidad que se escandaliza con facilidad. Ella, como los demás personajes, encuentra sus respuestas demasiado lejos de casa, y de todo, pero logra algo muy difícil en la sociedad de entonces, decidir por ella misma.
Natalia de Molina ha sabido interpretar ese misterio que envuelve a su personaje durante toda la producción. A pesar de ser una actriz con pocas tablas se ha enfundado a su personaje de forma magistral, sin mostrar flaqueza en ningún momento; asentada y con seriedad. De igual forma, a afrontado cada situación por la que pasa su personaje con naturalidad y sin sobreactuaciones o parafernalias que pudiera afectar de forma negativa al personaje.

Y el tercero en discordia en este tranquilo y revelador viaje es Juanjo, al que pone rostro y voz Francesc Colomer, un joven que en un momento de rebeldía decide abandonar el régimen dictatorial de su padre para encontrar un lugar en el que comenzar una nueva vida en la que él pueda decidir sobre sí mismo. A lo largo de todo el metraje comprobaremos cómo Juanjo madura y comprende que la vida es más complicada de lo que en un principio parece.
Francesc Colomer vuelve a la gran pantalla tras Pan Negro de Agustí Villaronga, y vuelve por todo lo alto, dando vida a un personaje completo que pasa por diversos estados de ánimo. Un personaje que crece con la película y al cuál él ha sabido guiar por ese peculiar camino por el que debe andar todo adolescente. Su juventud y su falta de experiencia se ven compensadas por su talento y esfuerzo en crear un personaje real y vivo, lleno de expresiones y de gestos.
Y anclado a Juanjo está su padre, un hombre con carácter conservador y padre de familia numerosa que lleva a rajatabla las normas de su casa. Jorge Sanz nos sorprende gratamente con un personaje en el que no parece encartar pero al que logra dar vida gracias a su talento y a su experiencia. Un actor mítico del cine español que ha creado un secundario que bien haría sombra a más de un protagonista. Sanz ha creado un personaje real, duro. Ha logrado su propósito, que no era otro que representar el rol de una época complicada.

Y como guinda de este pequeño pero lucido pastel, tenemos a Ramón Fontseré que interpreta a Ramón, el chamán que ayuda a cada uno de los protagonistas a encontrar su hueco en el mundo. Un hombre peculiar que vive con sus propios fantasmas y que se ha resignado a una vida tranquila en la que la felicidad se encuentra en las pequeñas cosas. Un hombre arisco pero correcto y leal. Un buen hombre, al fin y al cabo.
Fontseré hace bien su trabajo y demuestra su experiencia, volcándose con el personaje y consiguiendo que se convierta en un secundario imprescindible.
Otra secundaria reseñable es Ariadna Gil que pone rostro a la madre de Juanjo, el estereotipo perfecto de mujer y madre protectora y cuidadora de su familia en los años sesenta. De ese tipo de mujer que llevaba la casa y estaba en una lucha constante por mantener su familia unida, y Ariadna transmite todo esto en cada uno de sus apariciones en pantalla.

Si algo hay que reprochar es la mala actuación de algunos de los figurantes con texto. Bien se podrían haber esforzado en formarlos o haberlos dado mejores directrices antes de lanzarlos ante las cámaras a su suerte. Hay que cuidar la figuración para que el resultado final sea una película buena en todos los aspectos.

Vivir es fácil con los ojos cerrados lanza el mensaje de que todo se puede lograr si empujamos nuestros propios límites y creemos en nosotros mismo. Que con esfuerzo y dedicación podemos hacer nuestros sueños realidad.
También trata temas que aunque puedan parecer de otra época lejana, nos afectan hoy día. Mediante la realización, e incluso la interpretación de los actores, Trueba parece condenar el maltrato infantil, y también critica duramente que una mujer no pueda decidir sobre sí misma como en el tema del aborto. Al igual, retrata muy fielmente una sociedad esclava por unos ideales anticuados y maltratada por la autoridad. 
Trueba también nos muestra una Almería pobre y embrutecida. Quizá ha maltratado injustamente a una población basándose en prejuicios desmedidos, pero creo que ha retratado, con más o menos atino, a la sociedad almeriense de aquella época.
Si hay algo que reprocharle es la secuencia de sexo explícito gratuito con la que rompe el ritmo de la película. Creo que esta parte se podría haber obviado del guión o haberla realizado de otra forma. No es necesario mostrar para que el espectador comprenda que ocurre algo. A veces es mejor, y más barato, sugerir con sutileza que enseñar.  Hay que dejar algo para la imaginación.


Esta es una película llena de color que dejará a todo el que la vea con buenas sensaciones. En ciertos momentos puede resultar lenta, pero sus diálogos sofocan este problema muy satisfactoriamente. No es una película recomendable para todos los públicos, ya que puede resultar aburrida para esas personas que no comprendan este tipo de cine. Esta es una de esas películas que remueve conciencias con sus diálogos, que transmite mensajes con los acontecimientos por los que pasan sus personajes y que engancha con su realización.

Y recordad, hay que vivir con los ojos bien abiertos.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Kick-Ass

Kick-Ass o cómo tratar de parodiar el género de superhéroes y que el resultado sea una película de superhéroes más que aceptable.
Así se podría definir esta producción basada en el cómic de Mark Millar, cuyo guión ha sido escrito y dirigido por Matthew Vaughn. Y en realidad, así lo definiría mucha gente tras verla, pero yo creo que va mucho más allá de una simple parodia. Vaughn logra insuflar aire fresco a un género que comienza a estar trillado mediante una realización que respeta los encuadres de las viñetas de un cómic, una banda sonora bien escogida, unos efectos especiales dignos y un casting acertado que, con total seguridad, a más de uno dejará con la boca abierta.
Y es que Kick-Ass es realmente fiel, no sólo a la historia del cómic (salvando ciertos elementos), sino también al estilo.

La historia es en apariencia un verdadero despropósito, pero con el paso de los minutos descubrimos que es algo más que una historia absurda. Lanza un claro mensaje atemporal que logra calar en todo el mundo.
Dave (Aaron Johnson) es un estudiante de instituto al que le apasionan los cómics. Su vida es pura rutina hasta que un día decide convertirse en un superhéroe. Tras algunos desafortunados inconvenientes logra la deseada fama y en su patrullar rutinario se encuentra con otros dos superhéroes, Hit Girl (Chloe Moretz) y Big Daddy (Nicolas Cage), los cuales luchan contra la red del mafioso Frank D´Amico (Mark Strong). Al comprobar que no puede estar al nivel de ellos, decide dejarlo para continuar siendo un chico normal, hasta que aparece Bruma Roja (Christopher Mintz-Plasse) para despertar de nuevo su interés. Una serie de acontecimientos imprevistos pondrá a prueba las alianzas y habilidades de cada uno de ellos.

Sin duda es una historia de superación que deja claro desde el comienzo que cualquier persona puede ser aquello que se plantee. Es un canto a la superación personal envuelto en una historia entretenida y auténtica en el que se alzan valores como la amistad, la entrega y la exigencia personal, y la fidelidad. Sin olvidar también que nos invita a no confiar demasiado en aquellos que no se muestran transparentes desde el principio.
El guión es una buena adaptación del cómic aunque algunos detalles se han transformado considerablemente en referencia a la historia original, y la película es una magnífica adaptación del cómic gracias a la cuidada realización.

La fotografía, el uso de colores llamativos, los movimientos de cámara, la puesta en escena y los encuadres contribuyen a que la estética de la película sea lo más parecida a un cómic. Sin dejar a un lado las coreográficas peleas que mantienen Hit Girl y Big Daddy contra los numerosos enemigos que pueblan abundantemente los planos en cada escena de lucha. O la escenografía, en la que cada detalle se ha tenido en cuenta. Al igual que en el vestuario o las localizaciones, más que apropiadas para la ocasión.
Los efectos especiales son la guinda de esta producción. Sorprendentemente buenos y realistas. No esperaba ver tales efectos en esta película, en la cuál todo ha sido tratado con suma seriedad, y como no podía ser menos, los efectos especiales también.
Cada uno de los elementos que conforman el todo de este proyecto ha sido llevado a un mismo nivel para lograr esa sensación de cómic en movimiento de una forma digna, sin añadir parafernalia inapropiada o elementos que pudieran ocasionar un efecto contrario.

También hay que hacer mención especial a la banda sonora, la cuál ha sido escogida con buen criterio y cuya función no es otra que apuntalar las sensaciones que se transmiten con la realización y el guión en cada momento. Es la banda sonora que llevaría el cómic, la que más de uno escucharía en su cabeza al ojear el cómic de Kick-Ass. Para los amantes del cine más de una canción será reconocible de otras películas, ya que aparecen canciones usadas en películas como 28 días después o Sunshine, ambas de Danny Boyle.
Los efectos sonoros han sido bien integrados, por lo que no parecen para nada artificiales ni desentonan con la acción a la que se les vincula.

El excepcional reparto de Kick-Ass es lo que completa este proyecto. Aaron Johnson es el encargado de dar vida a Dave y a su alter ego, Kick-Ass. Es el actor perfecto para el papel. De apariencia tímida y débil, otorga al personaje el aspecto acertado de chico corriente que se enfunda en un "disfraz" de superhéroe. Y su interpretación, tanto cuando está en la piel de Dave o de Kick-Ass, es espléndida. Se adapta a cualquier rol sin problemas, transmitiendo esos matices que hacen las dos personalidades diferentes y, al mismo tiempo, manteniendo esa característica que los une.
Aunque pueda parecer que a Johnson le pese su juventud, quien siga la trayectoria de este actor sabrá que está más que preparado para afrontar papeles así, al cuál se le ha visto en diferentes tesituras, afrontando papeles de diferentes niveles con total seguridad. Johnson aporta al personaje ese halo místico al alcance de pocos que otorga una profunda conexión entre el espectador y el personaje.

Chloe Grace Moretz es quien interpreta a Hit Girl, que desde su primera aparición como heroína consigue dejar a todo el mundo con la boca abierta. Pese a su juventud, la actriz se enfunda un personaje complejo y logra salir airosa de toda situación. Si bien es cierto que su personaje en ciertos momentos parece demasiado previsible e irreal, es meramente por cuestiones de guión, ya que Moretz afronta cada escena con seriedad y profesionalidad, dotando a su personaje de rudeza y explosividad cuando es Hit Girl; y de dulzura cuando se quita la máscara.
Esta joven actriz ya demostró sus tablas en proyectos como Let me in de Matt Reeves, y una vez más deja claro con una actuación más que digna que tiene una proyección desmesurada en el mundo del cine. A buen seguro veremos en el futuro bastantes proyectos en los que participe.


Pero sin duda, el secundario de lujo de esta película es Nicolas Cage, que pone rostro a Big Daddy. Por todos es conocido su gusto por los cómics y cada vez es más visible por su participación en diferentes proyectos basados en este medio audiovisual. No hace falta decir lo que Nicolage Cage ha supuesto para la industria cinematográfica, su aparición es sinónimo de éxito en la mayoría de lo casos. Su dilatada carrera es el ejemplo de un actor completo y sin complejos capaz de asimilar cualquier rol con totales garantías de que mejorará al personaje, sea cual sea.
En este caso, Cage, anula todo prejuicio sobre que él pueda encargarse, o no, de interpretar a un superhéroe gracias a una actuación inmejorable. Realmente consigue crear un superhéroe serio que se mueve por un motivo justificado. Debo reconocer que fue una sorpresa verlo interpretar a Big Daddy, que con el paso de los minutos me agradó considerablemente.

Y el rol de villano corre a cargo de Mark Strong que se mete en la piel del mafioso Frank D´Amico. Desde el comienzo me pareció un Lex Luthor con menos clase y más cómico. Mark ha sabido mantener ese pulso firmemente para que su villano se mantuviese entre los dos extremos de una forma elegante.
Como aliado tiene a su hijo, interpretado por Christopher Mintz-Plasse, el cuál también se enfunda el traje de Bruma Roja. El personaje de Christopher es una herramienta y esto lo transmite de maravilla desde que se enfunda el traje. Hace que su personaje irradie ternura e inocencia en ciertos momentos y que sea odioso en otros tantos. Y al igual que Mark, lo consigue mediante una interpretación correcta aunque sin demasiada relevancia.

Cada actor logra su cometido en cada uno de sus papeles, resaltando las actuaciones de Aaron Johnson y de Chloe Grace Moretz, los cuales han dotado a sus personajes de una carisma difícil de conseguir. También hay que hacer mención de la actuación de Nicolas Cage, que agradará hasta a los más escépticos.

Kick-Ass puede parecer una película destinada a los fanáticos del mundo del cómic, pero creo que más bien es un drama disfrazado de cómic que trata de transmitir un mensaje positivo a todos el mundo. La realización apoya en todo momento el discurso del guión y la banda sonora es más que apta.
Además, es una de esas películas que gusta
a todos por el carisma de sus personajes, sus escenas de acción y lo que transmite desde el minuto uno.
Que los prejuicios no os impidan ver esta película.

domingo, 19 de enero de 2014

Una mirada en la oscuridad

En un principio era reacio a ver esta película, y puedo asegurar que, incluso ya casi al final de la misma, se me había pasado por la cabeza dejar de verla en varias ocasiones. Pero no podía hacerlo, tenía algo que me obligaba a terminar de verla. Sentía la imperiosa necesidad de descubrir el resultado final del puzzle tras unir todas las piezas.

Richard Linklater escribe y dirige esta adaptación de la novela homónima de Philip K. Dick, que nos traslada a un futuro (no parece muy lejano) en el cuál EEUU mantiene una incesante lucha, con interesantes y vanguardistas medios tecnológicos, contra una nueva droga que provoca una degeneración paulatina del cerebro y una adicción sin precedentes. La historia se centra en Fred, bien interpretado por Keanu Reeves, un policía con trastorno de personalidad encargado de hallar el origen de estas drogas, denominadas D (de dead. En los países castellanoparlantes se nombra como M de muerte). Fred debe lograr pruebas para atrapar a un grupo de narcotraficantes en el cual se encuentra su álter ego, Bob Arctor. Este "peligroso" grupo lo forman su pareja Donna (Winona Ryder), sus dos amigos James Barris (Robert Downey Jr.) y Luckman (Woody Harrelson), y el pirado de Freck (Rory Cochrane).

Ésta es una historia rara, llena de contradicciones e imposibles paralelismo que pueden hacer que la película no se entienda. Es una verdadera locura que el realizador ha sabido interpretar bien. Huelga decir que ha llevado a la perfección el universo de Dick, transmitiendo en todo momento la misma confusión que sienten sus personajes, la misma locura, trasladándonos a ese entramado conspiratorio en el que todos se ven envueltos y del cuál no podremos descubrir nada hasta el final. Y éste es, sin duda, el motivo por el cuál la película nos mantiene clavados frente a la pantalla, el no poder descifrar la verdad de todo hasta el mismo final. La curiosidad por descubrir de qué trata realmente todo este aparente desaguisado. Los descubrimientos al final de la película son bastante sorprendentes e inimaginables.
Pero todo esto, al igual que una ventaja, también puede suponer un inconveniente. Habrá a muchos que esta película les pueda resulta demasiado densa y aburrida al no encontrar explicación a ciertos acontecimientos. Esta es una de esas historias que nos invita a pensar, a involucrarnos con la misma para tratar de entender todo lo que ocurre.
Es interesante ver cómo, tanto el escritor como el guionista, tratan temas como lo dañino que son las drogas sobre el ser humano y sus consecuencias. Y de esto deja constancia, sobre todo, con el personaje de Cochrane ya en la primera secuencia. Creo que es un mensaje que se transmite durante toda la película y el cuál alcanza su máxima expresión en la última secuencia. Cuando Fred parece una marioneta en lugar de una persona.
De igual manera, la historia nos hacer ser conscientes de la fragilidad de la memoria, la consciencia y la identidad misma. Cualquiera o cualquier cosa nos puede hacer dudar de nuestro Yo hasta el punto de destruirnos. Es algo que debe hacernos, cuanto menos, recapacitar sobre la importancia de nuestra memoria y lo mucho que debemos cuidar y fortalecer nuestro cerebro.
También son importantes las conspiraciones entre el grupo de narcotraficantes, que nos muestran la capacidad de las personas para sobrevivir ante los demás. El que luchen anteponiendo su integridad personal a la del grupo en un "todo vale mientras yo salga airoso". Hay que hacer mención especial a las relaciones entre ellos, donde cada uno tiene su rol dentro del grupo.
Otra cosa a tener en cuenta es la privación de intimidad que sufren los personajes, expuestos constantemente a las miradas indiscretas de unos terceros que poco o nada tienen que ver con ellos. Se podría tomar como una crítica a la falta de libertad y el excesivo espionaje que llevan a cabo gobiernos, y hasta empresas, con los ciudadanos. Muy de moda últimamente...

Algo bueno de esta película es que hay detalles de la historia, pequeñas acciones que casi pasan desapercibidas, que son relevantes al final y que nos hacen decir eso de: "Claro, por eso hizo esto o lo otro". Por otra parte, el bombardeo de información es tal que puede llegar a costar asimilar ciertas cosas. Además, los diferentes saltos entre secuencias y paralelismo de la historia pueden llegar a confundir si no se está muy atento.

En lo referente a la realización, Linklater se ha servido de la técnica rotoscópica (rodar con personas reales cuya imagen se dibuja después) para añadir elementos de ciencia-ficción, como los trajes cambiantes, y para crear las alucinaciones que sufren los personajes por culpa de las drogas. Esta técnica le permite, además, acercarse a ese mundo de demencia y sin sentido de la novela de Dick. No olvidemos que es más fácil añadir elementos en la animación.
Los planos son estéticamente bonitos y bastante acertados. Además, el empleo de las cámaras de vigilancia para ciertos planos aporta dinamismo. Así como el suave vaivén de los dibujos, que apuntala la demencia que reina en toda la producción. Hay una parte en la que James Barris y Frek llevan a cabo una acción cotidiana, pero con cierta importancia en la historia, que podría haber sido eliminada y en lugar de eso, la han acelerado para no perjudicar la continuidad de la trama principal. Creo que es una técnica que se ha empleado bien.
La puesta en escena es simple aunque bien compuesta, dando sentido a lo que dice el guión. En cuanto a la escenografía, las localizaciones son verosímiles y los decorados son acordes a lo que acontece en cada uno de ellos.

La banda sonora es casi inexistente, apenas un par de piezas muy sutiles hacen acto de presencia a lo largo de toda la película en momentos puntuales. Realmente, la BSO aparece cuando se la necesita, en momentos de tensión o de reflexión para potenciar lo que se ve en pantalla. Apenas hay más que reseñar en este apartado. La música de esta película pasa inadvertida.

Me sorprendió de esta película el reparto, que aún estando dibujados no pierden ni un ápice de sus expresiones ni de su interpretación. Es bastante curioso ver en versiones animadas a Reeves o a Downey Jr.



Keanu Reeves se ve en la complicada tarea de interpretar dos personajes diferenciados, y contrarios, y al mismo tiempo, con la misma esencia. Su personaje pasa por varios estados y debe comportarse de forma diferente según el lugar en el que esté. Considero que Reeves ha salido airoso de esto y ha conseguido dar el toque necesario a su personaje, dándole verosimilitud a su texto.
No es que Reeves sea un gran actor, pero ha sabido darle ese punto de carisma a su personaje para crear un vínculo con el espectador. Siempre ha logrado que las producciones en las que ha participado sean un éxito.
Acompañándole, como peso pesado del reparto, está Robert Downey Jr. que da vida a uno de los amigos de Bob Arctor, James Barris. Robert siempre dona algo de sí mismo a sus personajes. Esa ironía y aires de superioridad que le vienen al pelo a su personaje. En este caso se convierte en el listo del grupo, sabiendo lo que tiene que hacer y de la forma que lo debe hacer. A caballo entre la lealtad y la corrupción.
Ha llegado a convertirse en un actor cotizado y con actuaciones como esta confirma su buen estado de forma delante de las cámaras. Es un actor con fuerza interpretativa, capaz de llenar toda la pantalla. En esta ocasión es un secundario de lujo que actúa como un protagonista. Muy fiel a su estilo.Otro actor conocido es Woody Harrelson, que hace del otro amigo de Arctor. Luckman tiene un rol muy definido dentro del grupo y no es otro que ser el bufón. Harrelson ha creado un personaje afectado por las drogas, de tal forma, que nos olvidamos del actor para centrarnos en el personaje. Ha sabido adaptarse a las exigencias de su personaje y lo ha dotado de una personalidad única sin caer demasiado en clichés. No podemos olvidar que Harrelson es un secundario de lujo y en esta producción actúa como tal.

Como compañero, de pasada, de todos ellos está  Freck, interpretado por Rory Cochrane. Freck es el personaje más afectado por las drogas, el que comienza a sufrir los verdaderos males de la misma. Cochrane interpreta con bastante acierto a un personaje breve pero intenso que aporta a la historia datos importantes sobre lo que sucede al consumir drogas. Es una herramienta útil.
Y por último, y no menos importante, la pareja de Arctor, Donna. Winona Ryder es la encargada de dar vida a este personaje. Una mujer que presenta muchos interrogantes y que aparece en momentos puntuales pero precisos. Winona hace una actuación aceptable, sin más. Es el toque de sensualidad de la película pero no actúa como gancho. Un personaje que se vuelve importante inesperadamente.

En verdad, todas las actuaciones no tienen mucho que destacar. Cada uno está en su sitio, sin asomar la cabeza demasiado. Sí es cierto que Downey Jr, logra destacar por una actuación al nivel que ya nos tiene acostumbrados. Los demás están en su línea.

De esta producción me quedo con el claro mensaje que ofrece. Por mucho que creamos, nunca controlamos lo que pasa a nuestro alrededor, y mucho menos las drogas. Como a Fred, si no se anda con cuidado podemos caer en un abismo del cual nos será imposible salir. La droga es como el fango en el que te hundes cada vez más y en el que cuanto más metido estás, menos posibilidades tienes de salir. Por ello hay que saber abandonar a tiempo y no autoconcienciarnos de que nosotros controlamos, por que no es así.


Como dije al principio esta película es rara, pero es rara a posta. Es de ese tipo de cine que no pueden ver todos los públicos porque nos presentan una historia un tanto compleja contada de una forma aún más compleja. Invita a pensar en el transcurso de la misma y los días posteriores tras haberla visto.
Es una producción con alma de cine independiente apta sólo para aquellos que no se aburran cuando las tramas parezcan incoherentes. Ese tipo de cine complejo que va más allá de contar una mera historia, que trata de llenar las conciencias de mensajes claros.
Es una película espesa y con mucho ruido de la que puede costar sacar algo en claro. Aún así puede resultar interesante por su atractiva estética y su reparto. Pero no es recomendable si se busca algo fácil de digerir.

sábado, 4 de enero de 2014

Una oferta que no podrás rechazar

Como bien reza el título de esta publicación, Stanley & De Marco nos ofrece una irrechazable y exquisita variedad de platos italianos servidos con una atención ejemplar y en un lugar más que acogedor.
Un genuino restaurante italiano que nos traslada a través de los sentidos a la misma Italia.

Todo comenzó la tarde del uno de enero del recién estrenado 2014, cuando mi pareja propuso que cenáramos fuera. Tras plantear varios lugares a los que ir, decidimos ir a un restaurante italiano en el que ella ya había estado y el cuál me vendió con un rotundo éxito.
Llegamos al sitio y pudimos aparcar sin problemas, algo muy importante y a tener en cuenta. No teníamos reserva y pensamos en la posibilidad de que no pudiéramos cenar, ya que en esta clase de sitios debes reservar mesa con bastante tiempo (es lo más recomendable). Aún así, entramos a probar suerte.

Ya, antes de entrar, la fachada deja entrever que es un restaurante que cuida la presencia y que no sólo
Nos recibe el bar que, gracias a su decoración, nos muestra una parte de lo que será el resto y ayuda a la comunión del comensal con el restaurante y su comida, que no sólo alimenta el gusto sino también la vista. Nada más entrar, todo esto se confirma.
Nos atiende un maître con buenos modales e inmejorable presencia que nos invita a pasar al comedor, aún sin tener reserva. Nada más pasar al comedor, separado del bar por un biombo colocado de forma estratégica, no pude evitar mirar a todas partes, y es en ese momento en el que empieza la cena.
El comedor es acogedor, quizá un tanto pequeño, por lo que es aconsejable reservar y no arriesgarse a ir para encontrarte sin mesa y con la consecuente espera. La decoración tiene pequeños detalles que la hacen única e interesante. Cada detalle está minuciosamente cuidado, desde los cuadros escogidos para decorar la pared hasta el jarrón con flores secas que hay sobre cada mesa. Todo sirve para que el comensal se sienta arropado por un mar de detalles que logran que todos los sentidos se centren en el único objetivo de disfrutar de una agradable velada.
Me llama la atención un segundo piso sobre la zona de la cocina. Poco después, mi pareja me explica que ahí es donde se sitúa el pianista para deleitar a los comensales con música en vivo. Según me han informado, la música en vivo sólo se da los fines de semana. A mi, la música en vivo en un restaurante siempre me ha parecido un plus impagable que mejora una cena, o una comida, de forma considerable.

Enseguida se acerca un camarero y nos deja un par de cartas sobre la mesa, la cuál me parece muy original. Antes de abrirla, esperaba platos innombrables y a un precio desorbitado. Nada más lejos de la realidad. Me encontré con una carta muy variada, tanto en pastas como en carnes y pescados o, como no podía ser de otra manera, pizzas. En la carta también se incluyen los postres.
Fue difícil escoger entre la cantidad de platos que había. En un principio pensé en una pizza. Vi una pasar por mi lado, no eran demasiado pequeñas.Una persona iría bien comida con una pizza de este restaurante. Pero pensé que era hora de probar algo diferente, por lo que pedí Spaghetti de Porto Bello. No recuerdo el nombre del plato que pidió mi pareja, pero sí recuerdo que estaba riquísimo. Era pasta con setas.
Tras pedir los platos, nos trajeron una botella de agua que habíamos pedido y un plato de queso fundido junto con unos picolines de pan para picar algo mientras esperábamos a que llegara la comida. Otro detalle a tener en cuenta que parece extenderse por los diferentes restaurantes de toda España.
La comida no tardó demasiado en llegar. Y como era de esperar, comí con la vista y el olfato antes de degustarlo. Los platos estaban bien presentados y en una vajilla más que adecuada. Estaba todo tan delicioso que me resistí a dejar nada en el plato.


La cena fue tranquila. El hilo musical estaba tan integrado con la decoración, la comida y el trato del personal, que apenas era perceptible. El ruido ambiental no era demasiado elevado, por lo que mantener una conversación a un nivel normal no fue misión imposible.
Los camareros intervienen lo justo y necesario, sin ser pesados ni crear situaciones incómodas. El espacio para comer es el adecuado para no sentirte invadido por otros comensales.
Por un momento, pensé en que todo saldría por un pico bastante interesante. Cuando todo en un restaurante es bueno, el precio también lo suele ser. Cuando el camarero nos trajo la dolorosa (factura), quedé aún más prendado de este restaurante. Habíamos comido hasta reventar y en un sitio bastante bueno por apenas 20 euros. Por supuesto, esto propició que saliera más que satisfecho del restaurante.

Stanley & de Marco ofrece una carta variada y de calidad a precios populares. Una pareja puede comer bien por menos de 25 euros o darse un buen banquete por no más de 40 euros. La atención de su personal junto con la acertada decoración, ofrecen al comensal un lugar único en el que disfrutar de una buena comida. Además, todo acompañado, los fines de semana, por música en vivo.
Cabe destacar, también, que disponen de servicio a domicilio, aunque para disfrutar de la experiencia completa, lo mejor es ir a degustar buena comida italiana al restaurante.
No he estado en muchos restaurantes italianos en la ciudad de Almería, pero estoy completamente seguro de que es uno de los mejores.
Éste es uno de esos sitios a los que vas una vez, y vuelves.

Stanley & De Marco está en Calle Benizalón, nº 2 Almería. Y el número de reserva es 950 238 141.

¡Bon appétit!





jueves, 5 de diciembre de 2013

Operación Carretilla

La Banda Municipal de Herrera del Duque se solidariza con los más necesitados. Estos excelentes músicos no sólo saben tocar bien, sino que además tienen un gran corazón.
El día 21 de Diciembre a las 10 de la mañana harán el pasacalles más solidario en la localidad de Herrera del Duque, con el cuál nos deleitarán a todos con su música a la par que recaudarán alimentos. Con sus instrumentos portarán carros en los que todo aquel que quiera podrá depositar los alimentos que done.

En los tiempos que corren, la solidaridad es esencial para la supervivencia de muchas familias. Y cada vez son más los proyectos solidarios que se llevan a cabo para ayudar a los más necesitados. Ésta es, sin duda, una idea más que acertada y, a buen seguro, recaudarán muchos alimentos.

Disfrutad de la música y donad.

martes, 3 de diciembre de 2013

Doña Brasa congelada

NOTA IMPORTANTE: NOS CONSTA QUE DOÑA BRASA HA CAMBIADO DE DIRECCIÓN POR LO QUE ES MUY PROBABLE QUE ESTA CRÍTICA QUEDE DESACTUALIZADA. TENGAN EN CUENTA AL LEERLA QUE LA OPINIÓN VERTIDA EN ESTA PUBLICACIÓN SE ESCRIBIÓ BAJO UNAS CIRCUNSTANCIAS QUE POSIBLEMENTE NO CORRESPONDAN CON LAS ACTUALES. 

Doña Brasa o cómo estafarte de forma elegante y con una gran sonrisa.
Éste bien podría ser el título de esta publicación/crítica/denuncia, pero es demasiado extenso. Hoy quiero hablaros de este restaurante, Doña Brasa, situado en Aguadulce, en la provincia de Almería, muy cerca del Hotel PortoMagno.


La semana pasada, más concretamente el jueves, mi pareja y yo decidimos salir a cenar. Los dos habíamos pensado que sería buena idea ir a explorar nuevos lugares, nuevos sabores, y no dudamos en hacerlo.
Tras meditarlo, brevemente, decidimos ir a Doña Brasa.
Ya en la puerta del establecimiento, indagamos un poco en la red en busca de opiniones acerca del susodicho restaurante, pero no encontramos ni una sola opinión, tan sólo un vídeo en el que unos jovencísimos dueños hablaban sobre su restaurante y la propia página web del restaurante, Doña Brasa. Aún viendo que no entraba mucha gente al local, nos dejamos llevar por su exótica propuesta y decidimos probar. Un buffet libre por 15€, bebida aparte, con 20 entrantes variados y 20 tipos de carne al estilo brasileño servidas en espadas, con diversos postres como punto final... Sonaba bastante bien.
En realidad, me parecía una ganga. He estado en otros restaurante que sirven este tipo de comida y la broma sale mucho más cara, pero es algo por lo que merece la pena pagar.
Bien, como ya he dicho, viendo lo que ofrecía y al precio que lo ofrecía, no pudimos evitar entrar para probar.

Atravesamos una pequeña terraza semicubierta, de esas que se estilan ahora para poder fumar, hasta llegar a la puerta del restaurante. Nada más entrar nos encontramos con una barra a la izquierda y unas mesas dispuestas en línea a la derecha. Sólo un par de mesas estaban ocupadas, mientras que tras la barra estaba el joven que salía en el vídeo, el dueño, con un atuendo digno de un gran barman. Un mostrador con vinos custodia la barra. Bueno, en verdad, todo el local está decorado con botellas de vino. Encontraréis botellas de vino en cada rincón, bien sea sobre una estantería, sobre un hueco o sobre un mueble. Será por vino...
Mientras me deleitaba con la cuidada decoración (esto lo digo en serio) me pude percatar de la carta de tapas. No era muy extensa ni muy variada, tampoco recuerdo que fueran tapas demasiado elaboradas. Quizá mini hamburguesas, las cuales les ha dado a todos los locales de tapas por hacer, chorizo y algo de pescado, pero poca cosa.

Sin previo aviso, nos asaltó una señorita para atendernos. No podía ser otra que la joven que salía en el vídeo, la dueña del restaurante, quién sabe si la misma Doña Brasa... Nos preguntó si sabíamos cómo iba el tema, a lo que le contestamos que queríamos probar el Buffet Libre de comida al estilo brasileño servido en espadas. Enseguida nos explicó en qué consistía. Básicamente lo que he explicado antes: 20 entrantes variados, 20 platos de carne al estilo brasileño servido en espada y diversos postres por 15€. La bebida no entraba en el precio, excepto de lunes a miércoles, aunque eso no era lo que decía en el vídeo... (en el cual, los propios dueños, decían que la bebida entraba de lunes a jueves, y era la noche del jueves por lo que la bebida debía entrar..., pero no entró)
Después de la explicación, pidió a uno de los camareros que preparara todo para el buffet. A mi aquello ya me empezó a sonar raro. ¿Preparar algo que se supone que ya debes tener preparado? Tras unos minutos, nos hicieron pasar a un gran salón, donde de nuevo el camarero nos explicó que podíamos repetir de entrantes tanto como quisiéramos y que cuando termináramos, se lo dijéramos para que empezara a traer la carne, de la cual también podríamos repetir tantas veces como quisiéramos. Todo pintaba bastante bien.
Nos acompañó hasta una de las mesas sobre la que había una botella de vino y unos platos bien dispuestos. Tras pedirle la bebida, nos dijo que debíamos usar el mismo plato para los entrantes, algo que de nuevo me extrañó, ya que en estos sitios, normalmente, hay montañas de platos limpios para ser usados cuando el comensal repite..., pero más sorprendido me dejó ver la "variedad" de entrantes que ofrece Doña Brasa.
Nos acercamos a una especie de expositor muy bien decorado pero con poco donde elegir. En la parte de abajo estaban los platos de los que se debía coger y sobre estos, en la parte de arriba, botes y más botes de diversas salsas. Comenzamos a pasar sobre los platos, la primera vuelta. Había algo de embutido, ensalada de pasta, algo parecido a trozos de carne en un líquido extraño y..., atención a esto, todos los ingredientes necesarios para una ensalada, en platos diferentes. Si a esto se referían con 20 entrantes variados, se han lucido porque, prácticamente, la mayoría de platos eran los ingredientes esenciales de una ensalada. No había ni rastro del anunciado sushi ni rollitos. Además, todos los entrantes tenían pinta de haber estado sobre aquel expositor demasiadas horas. Los embutidos estaban resecos, la ensalada de pasta estaba pasada y dudo que las verduras fueran frescas del todo.

Decepcionados, volvimos a la mesa con los platos llenos de embutido normal y corriente, del cual te puedes tupir en tu propia casa. La botella de vino había desaparecido y tan sólo quedaban sobre la mesa los platos y cubiertos para dos.
Comimos los entrantes pensando que la carne sería el punto fuerte, esa era al menos nuestra esperanza. Al acabar de comer, le pedimos al camarero, el cual no se movió de la puerta, atento a todos nuestros movimientos, que nos trajese la carne. Nos dijo que aún no estaba lista y que debíamos esperar un poco. Para que la espera no se hiciera demasiado agónica nos trajo dos cuencos llenos de plátano frito y patatas fritas, lo mejor de la noche. Casi nos comimos todo, teníamos hambre y la carne no llegaba. Pensamos que tardaban tanto por la preparación laboriosa que debe llevar, pero nada más lejos de la realidad. Estaban esperando porque la carne estaba congelada y debía descongelarse.
Al cabo de un buen rato, bastante, apareció el camarero con una bandeja de metal. Yo ya me temía lo peor. Aquello, de estilo brasileño tenía lo que yo de monje budista, que es nada. Al ponerla sobre la mesa y tras un amable: "Buen provecho", supe que aquello era todo. No es que nos sintiéramos decepcionados, es que nos sentíamos estafados. Y lo peor llegó al probar la carne...
Los 20 platos de carne al estilo brasileño servidos en espadas se limitaba a cuatro alitas de pollo con un extraño color amarillento, bastante pasadas y muy mal cortadas, dos trozos anchos de panceta que ni llegamos a probar, cuatro filetes de lomo demasiado finos y, por consiguiente, muy resecos, chorizo requemado por fuera y crudo por dentro, unas especies de salchichas alemanas que tenían un extraño sabor y unos trozos, como de filetes, de algo indescriptible. Mi pareja apostaba por ternera, yo por cordero. Pero había sido tantas veces congelado y descongelado que tenía un sabor de lo más extraño.
Nos dejamos casi todo en la bandeja porque aquello no es que tuviese una pinta demasiado apetitosa.  


Los postres fueron lo único positivo de la noche. Había más o menos variedad: los típicos flanes, pudin, natillas, helados... El pudin estaba bastante bueno.

En conclusión. Bajo mi punto de vista, Doña Brasa ofrece unos entrantes bastante pobres y demasiado típicos como para que puedan atraer a cualquier persona. Son entrantes que cualquiera puede comer en cualquier momento y en cualquier otro lugar. No me parecen algo interesante por lo que pagar y, además, no incluyen todos los platos que anuncian.
La carne lo empeora todo. Ver llegar al camarero con la bandeja dejará a más de uno con la boca abierta, tanto para bien como para mal. Seguro que a más para mal. No sé de dónde se saca esta gente que sirven la carne al estilo brasileño y en espadas, porque nada de eso es cierto. Pinchar la carne y asarla en una parrilla no es hacerlo al estilo brasileño y traerlo en bandeja no es servirlo en espada. Y lo peor no es eso, es que te sirvan carne congelada. ¿Eso es calidad? Yo diría que no.
En cuanto a los postres, no tengo demasiada queja. Son los postres típicos y cumplen.

Doña Brasa cuida su imagen pero no su cocina. Y, para mi, en un restaurante debe primar la buena cocina antes que una imagen, que además es engañosa. Un asador de carne que se precie no puede servir carne congelada ni productos de calidad dudosa. Todo esto, incluido a la publicidad engañosa, a los entrantes pobres y a una pillería digna del Lazarillo de Tormes, hace que nos queramos volver a pisar el restaurante Doña Brasa. Considero 15€ un precio excesivo para lo que ofrece.

Si ya nos advirtió el gato negro con el que nos cruzamos en la misma puerta del restaurante que no debíamos entrar...


Nota: Lo vertido en esta publicación es tan sólo la opinión sobre este restaurante tras haber sido cliente del mismo. Que cada uno saque sus conclusiones a la hora de ir a Doña Brasa.

martes, 26 de noviembre de 2013

Un alto en el camino

Debido a un pequeño problema, la producción de "Adiós, amor" tendrá un parón temporal.
Cuando nos encontrábamos en la fase final de la preproducción, la actriz que protagoniza el cortometraje, Andrea Murillo, ha sufrido un leve accidente, por lo que no podrá continuar, temporalmente, con los ensayos. Aún así, trataremos de continuar trabajando en otros aspectos del cortometraje como las piezas musicales que su personaje tocará o el vestuario, así como en el material importante de atrezzo que se empleará en el cortometraje.

En cuanto Andrea se recupere terminaremos la preproducción y comenzaremos con la producción de este proyecto, lo cual esperamos que sea lo antes posible.
Ahora lo importante es que Andrea se recupere lo mejor posible.

Un saludo a todos.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Un día cualquiera

Hay días en los que nos levantamos esperando que ocurra algo. Algo que nunca termina de llegar, y entonces, sentimos que no podemos continuar hasta encontrarlo, hasta lograr que ese algo suceda. Y dejamos de vivir la vida, nos sentamos, y limitamos nuestra existencia a ver cómo pasan los días.
No es que seamos infelices, es más, en muchas ocasiones nos invade un sentimiento de felicidad absoluta. Incluso, no vemos tan mal vivir con ese vacío que cada vez se hace más grande, que nos impide avanzar y, sobretodo, vivir con intensidad cada momento, haciendo lo que realmente nos gusta y queremos..., lo que necesitamos hacer. Somos capaces de encerrarnos en la constante espiral de la rutina con pasmosa facilidad, y entonces, nos dejamos arrastrar por una fuerte corriente de pesimismo que nos aleja de nuestras metas y de todo aquello que queremos.

Entonces llega un día en el que nos levantamos y, tras un largo silencio, comprendemos que sólo nosotros podemos hacer algo por nosotros, que nadie vendrá a darnos nada. Que debemos aferrarnos a esas pequeñas cosas que nos ofrece la vida para poder seguir adelante.
Algunos llegamos a entender, quizá demasiado tarde, que no podemos permitirnos dejar pasar los días sin más, que debemos aprovechar cada instante por ser único. Porque lo que pasa, no volverá.
Y es que es un error aferrarse a los errores, al pasado y a las oportunidades desaprovechadas. Debemos aprender a olvidar. No podremos avanzar si miramos hacia atrás.

A veces necesitamos un golpe, algo que nos devuelva a la realidad de una forma más o menos inmediata. Algunos dan con ese golpe; otros se pasan la vida buscándolo. Y cometemos el error cuando dejamos de buscar ese golpe, ya que, con toda probabilidad, suponga el fin de nuestra existencia.

Tenemos que demostrarnos cada día que estamos vivos para evitar estar muertos. Levantarnos sabiendo que haremos algo importante y que somos necesarios para la existencia de otros.
En definitiva, debemos vivir y buscar un motivo por el qué hacerlo.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Allí, en las salinas

Un sol de justicia caía sobre el asolado descampado. No había ni una sombra bajo la que refugiarse. La playa, aún lejana, se percibía al final del camino como un oasis. En el horizonte se abrazaban cielo y mar, logrando que no se supiera con certeza dónde empezaba uno y dónde terminaba el otro. El poco pasto seco que sobrevivía allí relucía bajo el sol como el mismo oro, mecido con suavidad por la fresca brisa que en contadas ocasiones regalaba el mar.
Hacía bastante tiempo, demasiado, que Carlos no se dejaba caer por allí. Recorría el largo camino hacia la playa como tiempo atrás lo hiciera junto a su padre. Una oleada de recuerdos le sacudió con tanta violencia que apenas le permitió contener las lágrimas. Miró a un lado y a otro buscando algo que jamás encontraría, pues aquel lugar había sido abandonado a su suerte.
Aquellas salinas, rebosantes de vida hacía ya tantos años, ya no eran más que un testigo mudo de la historia de todos aquellos que, como su padre, pasaron sus días trabajando bajo el sol. Un cementerio de historias, una tierra yerma que ya no albergaría vida nunca más.

Carlos caminó junto a las albuferas que quedaban al lado de la carretera, sin quitar ojo a Tiro, su perro, que le acompañaba en todos sus paseos.
La poca sal que quedaba acumulada en las balsas brillaba bajo el sol como lo hace un espejo. Algunos de aquellos pequeños cristales creaban caprichosas formas sobre la arena. Era una de esas cosas que le asombraban de pequeño de aquel lugar, esas pequeñas obras de arte que creaba la propia naturaleza.
Se grababan sus pasos en la tierra al avanzar hacia la playa. El suelo allí siempre estaba un tanto húmedo. La solitaria playa se extendía a ambos lados hasta donde la vista podía alcanzar. Tomó la dirección que le llevaría a casa.

Fue con parsimonia por el camino que hacía de frontera entre la playa y las balsas donde se trabajaba la sal. En la distancia avistó una caña de pescar clavada en la arena. No muy lejos se encontraba el dueño, sentado frente al mar en una de esas tumbonas de plástico. Tan sólo llevaba puesto un pantalón. Sólo cuando se aproximó a él, pudo comprobar que tenía el aspecto de un verdadero naufrago. Tenía el pelo mal cortado y una espesa barba blanca que se enredaba sobre su cuello. En su piel, curtida por el tiempo, se apreciaban algunas cicatrices. Tiro le ladraba en la distancia mientras Carlos se acercaba cada vez más al solitario pescador. ¿Qué haría allí en medio de tanta soledad? Al llegar a su lado, tan sólo pudo guardar silencio y contemplar el mar. Un profundo sentimiento de paz le invadió.

-¿Quieres probar? –le preguntó de repente el pescador.
-¿Cómo dice?
-¿Qué si quieres lanzar la caña? –insistió, algo malhumorado.
-Ah…, no. No soy demasiado mañoso en eso.
-Los jóvenes de ahora no sois mañosos en nada –se levantó de su asiento y tomó la caña-. Si tuvierais que comer lo que cazarais o pescarais, seguro que seríais más habilidosos. ¡Hombres de provecho! ¡Eso es lo que seríais! -Con un brusco movimiento, inclinó todo su cuerpo hacia delante, lanzando el anzuelo a una distancia considerable. Mientras tanto, Carlos le miraba asombrado, a la par que le escuchaba con suma atención-. Yo me he hecho a mí mismo. Aquí, en estas salinas –continuó, clavando la caña en la arena-. Llevo aquí toda una vida. Demasiado –murmuró.
-¿Usted trabajó aquí? –preguntó Carlos con cierto reparo.
-Y he vivido aquí. Justo ahí –alzó su brazo señalando un lugar vacío al lado del camino. El joven no supo qué decir al ver que allí no quedaban restos de nada-. No. No busques. No hallarás nada más que una tierra yerma. Aquí ya no queda lugar ni para la vida. Todo se fue con la sal.
-Mi padre también trabajó aquí. Y su padre.
-Mucha gente trabajó aquí. Muchas generaciones han comido de lo que les daba la sal, hasta que llegaron esas hienas con sus apuestos trajes y sus buenas palabritas a llevarse nuestro pan, nuestra vida –enfurecía por momentos. Acompañaba cada palabra con violentos ademanes y, cada vez, alzaba más la voz-. Algunos luchamos hasta el final mientras que otros se vendieron como mercancía. Gente miserable a la que sólo le importaba su bienestar. Mal rayo los parta.

Carlos comprendió, tras escucharle, que no debía decir nada más. A aquel hombre no le quedaban más que sus quejas y sus recuerdos, y estaba seguro de que sus palabras sólo lograrían hundirlo y enojarlo aún más. A su familia, sin duda, le fue mejor que a él.

-Bueno, debo marcharme, se hace tarde –se excusó antes de silbar para llamar a Tiro-. Espero que piquen mucho, señor.

Se dirigió hacia el camino sin esperar una respuesta del pescador. Se oía el constante ladrido de Tiro por la solitaria playa. Carlos volvió a silbar para llamar la atención del perro, pero no sirvió de nada. Seguía ladrando con cierta desesperación cerca de una de las balsas.
Al salir al camino, el joven lo volvió a intentar, obteniendo el mismo incesante ladrido como respuesta. No le quedaba otra que ir hacia donde estaba el perro para llevárselo, y fue al llegar allí cuando comprobó que ladraba a algo que había dentro de la balsa. No sabía de qué se trataba, pero algo, en el fondo, se movía con lentitud. Como emergiendo de la espesa masa que había formado la mezcla del agua, la arena y la sal.
Se inclinó un poco más sobre la balsa, tratando de ver mejor lo que había dentro. Frunció el ceño cuando creyó ver una bota, pero no podía ser. No sería nada más que basura. Al retroceder para irse, vio de nuevo cómo algo se movía.
Su imaginación le debía estar jugando una mala pasada, debía ser eso. Dentro de aquella balsa no podía haber una persona. Era imposible. Se acercó una vez más. Estaba asustado y un tanto alterado. Quería gritar, necesitaba hacerlo. Un fuerte sentimiento de angustia le presionaba el pecho. Se acercó demasiado al borde de la balsa. Le falló un pie y por muy poco no calló dentro. La arena del borde estaba suelta, por lo que tuvo que dar un paso atrás para afianzarse. Y entonces, lo vio claro. No era más que una bota suelta. Allí no había más que basura.

Respiró. Se sentía aliviado. Incluso dejó escapar una carcajada. Se rió de sí mismo, de su propia estupidez y de lo ingenuo que había llegado a ser al pensar que allí podría haber alguien. Seguía escuchando los ladridos de Tiro. –Calma, Tiro. No es nada- dijo para calmar al perro manteniendo la sonrisa en su rostro.
Al girarse lo vio. Un escalofrío le atravesó como un rayo, desde la cabeza hasta los pies. Sintió un frío punzante en la nuca. Cuando trató de salir de allí, alguien se le acercó de forma súbita. Se quedó quieto, contemplando, algo asustado, la figura recortada sobre el horizonte. Lo poco que el sol le permitía ver.
Sin duda, estaba acorralado. Podía sentir cada respiración, cómo el silencio que gobernaba en las salinas le aplastaba. No podía gritar aunque quisiese, no podía hacer nada más que esperar a que ocurrirse algo. ¿Qué quería aquel hombre de él? Y sin previo aviso se abalanzó sobre Carlos, empujándolo a la balsa.

Se hundía en el fango y no podía hacer nada por evitarlo. Trató de agarrarse a cualquier cosa, incluso intentó gritar, pero se sentía ahogado. Cada uno de sus movimientos le hundía más en el fango.
En su agonía, lanzó uno de sus brazos hacía un lado y dio con algo alargado. Tiró con todas sus fuerzas, pensó que esa era su salvación. Una rama, un trozo de madera, una goma, algo que le ayudara a salir de allí. Tiró con tal fuerza que arrancó algo, y fue al mirar de qué se trataba cuando lo comprendió todo. Quien lo había arrojado se acercó al borde y fue entonces cuando pudo verle el rostro. Todo encajaba al fin y se dejó hundir, contemplando su figura frente a él. Sabiendo, al fin, el motivo por el cual el pescador estaba allí, en mitad de toda aquella soledad.