viernes, 8 de junio de 2012

Eres perfecta para mí




La acunaba en sus brazos mientras leía en voz alta un capítulo de su libro favorito.
Antes de terminar el capítulo ya se había dormido. Sin duda, había sido un día duro para ella.
Dejó el libro sobre el sofá y la tomó en brazos.

A duras penas y tambaleándose la llevó, con sumo cuidado, al dormitorio. Al llegar, la tumbó con toda la delicadeza posible sobre la cama y la arropó con el mismo mimo con el que lo había hecho otras noches.
Y permaneció allí, junto a ella; sentado en el borde de la cama, contemplándola.

Él veía más allá de su rostro demacrado por el tiempo, del canoso cabello que caía cual velo sobre sus hombros. Seguía siendo la mujer que le enseñó el significado de amar y ser amado. Esa mujer que siempre le ha cuidado; que siempre ha estado con él, tanto en lo bueno como en lo malo.
Y aunque ese maldito mal haya conseguido que olvidara incluso su rostro, él siempre estaría a su lado. Mirándola como el primer día, amándola como siempre.

La mujer abrió los ojos y sonrió al verle. Parecía estar bien. Por un instante, sólo un instante, quiso creer que volvía a ser ella. Pero de sus labios salió esa desoladora pregunta: -¿Quién eres?
Él no pudo evitar que una lágrima se le escapase, acarició su pelo y la contestó justo antes de besarla: -Para mí, eres perfecta.

1 comentario:

  1. Este relato no es una historia original. Está basado en la historia real de todas aquellas personas que no sólo se dedican a cuidar de sus seres queridos, sino que les brindan el cariño y la pasión que siempre les han dado, sin que apenas nada cambiara.
    Con este relato no busco esa pequeña lágrima recorriendo los rostros de quienes lo lean, ni crear ese nudo en la garganta que a veces parece asfixiarnos. No, nada de eso.
    Lo único que busco con este relato es concienciar, a cuantos más mejor, de que se puede amar a la vez que cuidar. Una enfermedad no impide que exista el cariño.
    Por supuesto, también pretendo alabar el esfuerzo de todos aquellos que no se limitan sólo a cuidan a las personas a las que quieren.
    Además, desde aquí, quiero honrar la gran labor que hacen las enfermeras y enfermeros. De los cuales, siempre guardaré un recuerdo especial tras mis muchas visitas al hospital.

    El amor no cura enfermedades, pero las hace más llevaderas.

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