lunes, 7 de septiembre de 2015

El cabo del miedo

Imprescindible remake de un clásico basado en la obra literaria The Executioners de John D. MacDonald. Una genialidad de Scorsese, que, sin despeinarse, logra sacar el máximo jugo a una historia centrada en uno de los recursos más trillados de la historia del cine: la venganza. Y es que la venganza es el pilar fundamental sobre el que se asienta la trama de este thriller, que consigue mantenernos en tensión durante sus dos horas de duración. Un tiempo quizá excesivo en el que Wesley Strick mediante un excelente guión y Scorsese con una dirección sublime se recrean demasiado en hacer sufrir a la familia Bowden. Pero si algo afecta en realidad a la fluidez de la producción son los excesivos, aunque geniales, diálogos que se mantienen a lo largo de la película y que en muchas ocasiones interrumpen el frenetismo con el que transcurren algunas secuencias. Cabe destacar el texto de De Niro, elocuente y elegante a partes iguales (no os perdáis el peculiar acento de De Niro en la VO).
Se trata de una producción con un continente atractivo pero no por ello falta de contenido. En ella se puede percibir una contundente crítica sobre el sistema judicial estadounidense y la corrupción que se extiende por él. Así como queda bien reflejada la imagen idealizada de una familia americana que se hunde por momentos. La brutalidad y la violencia, así como el contenido lascivo, se encuentran presentes en cada una de las secuencias. Algo que no deja indiferente a nadie y que mantiene nuestra atención en todo momento. Cada detalle de esas escenas ha sido cuidado con mimo para darles todo el realismo posible y evitar, así, que parte del mensaje se pierda o no se entienda. Por ello prima la exhibición ante la insinuación; lo explícito impera, aunque en ocasiones se decide por lo ambiguo, lo que hace que en ciertas partes, antagonista y protagonista intercambien roles hasta el punto de no saber quién es héroe y quién villano. Un juego del que se sirve hasta el final y con el que nos hace meditar sobre lo incorrecto o lo correcto de las acciones que llevan a cabo cada uno de los personajes y las consecuencias que éstas tienen sobre el resto.
Indudablemente, el éxito de esta versión de El Cabo del miedo no sólo tiene que ver con la cuidada puesta en escena, con la acertada caracterización de los actores o con las impresionantes localizaciones. Todo tiene que ver con el imponente trabajo de Scorsese y el elenco de actores, encabezado por un Robert De Niro que no sólo da el pego de exconvicto sino que nos deja boquiabiertos con una de esas interpretaciones que queda por siempre en la memoria. De Niro se nos presenta como un personaje duro, inquebrantable, pero que se mueve por un sentimiento poderoso: la venganza. Mientras que Nick Nolte trata de convencernos de que es un héroe en horas bajas cuyos problemas son tan grandes como su propio ego. Lewis, por su parte, se encarga de dar vida a la hija mimada y sobreprotegida que parece ser lo que no es. Asume el rol de lolita de instituto que le viene al pelo a la actriz por su aspecto físico aniñado. Y con menos brillo pero no con menos fuerza, Jessica Lange, que interpreta a una sufridora madre estadounidense, el perfecto estereotipo de esa mujer que permanece a la sombra de los éxitos de su marido. Pero no queda ahí, ya que los dos protagonistas del original, Robert Mitchum y Gregory Peck, tienen pequeños papeles en esta versión asumiendo roles diferentes a los del original. Un detalle que no pasa desapercibido y que es de agradecer, ya que, además, fue la última vez que vimos a Peck la gran pantalla. La dirección del reparto por parte de Scorsese logra que la sintonía entre los diferentes roles no sólo funcione sino que sirvan como el engranaje perfecto de esta producción, llevándola hacia el punto que él quiere.


La atmósfera creada, en la que la tensión y el suspense se reparten el protagonismo, se ve potenciada por una banda sonora instrumental creada por Elmer Bernstein que hace acto de presencia sólo en los momentos más oportunos. El silencio impera, si, como uno de esos silencios asfixiantes que cede toda importancia a los elaborados y realistas diálogos que se emplean para dar profundidad a la historia. Y es que son tan vitales, y lo actores estaban tan metidos en sus papeles, que una de las escenas más impactantes (la del encuentro entre Daniel Bowden y Max Cady en el teatro del instituto) es el resultado de la improvisación de uno de los mejores diálogos que tienen lugar en toda la producción y por el cuál llegamos a conocer mejor a dos personajes imprescindibles en la historia. Señal del compromiso del reparto con el proyecto y de su integración con la propia historia.

El cabo del miedo de Scorsese se ha convertido en un clásico, incluso más recordado que el original, por méritos propios. Una historia de venganza que contiene algo más y que se presenta de una forma directa pero sutil. Cuyo reparto, plagado de estrellas, está por encima de las expectativas consiguiendo unos personajes perfilados y bien diferenciados.
Ésta es una de esas producciones imprescindibles que jamás quedará relegada al olvido.

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