A veces duele escribir. Es como un dolor fino que se te agarra al estómago y te provoca nauseas. Algo punzante en el corazón que apenas te deja respirar. Aun así, comienzas a escribir, y sigues con un ritmo constante. No paras. Entonces, llega un momento en el que te das cuenta de que has escrito más de lo que pensabas y lo revisas en busca de alguna errata, fallos gramaticales o de ortografía. Y al leer, ese dolor se intensifica. Y es que cuando escribes sobre ciertos temas es inevitable sentir cada palabra, cada frase. Es imposible no ponerte en el lugar de quien sufre o incluso revivir algún acontecimiento atroz y dañino. No puedes escapar de esos sentimientos que provocan dolor y nauseas. En este caso ocurre sin más por el mero hecho de haber tenido lugar tal acontecimiento.
Hoy me ha asaltado en una de las redes sociales en las que me encuentro un artículo encabezado por la fotografía que corona este artículo. Un acontecimiento atroz, de esos que te hacen reflexionar sobre si la raza humana tiene salvación o se dirige por si sola a su propia destrucción. Una de esas imágenes que remueven las tripas y te crean un fuerte nudo en la garganta. En ella podemos ver a un niño pequeño ahogado en la playa, cerca de uno de los complejos turísticos principales de Turquía. Su barco se hundió cuando buscaba la ansiada libertad junto con sus padres, hermanos, vecinos. No lo logró, como otros muchos.
En los últimos días no dejan de llegarnos noticias sobre el éxodo de miles de refugiados sirios que buscan a la desesperada una opción mejor para ellos y sus hijos. De igual modo, somos testigos de cómo los países de Europa les tratan como si fueran la misma peste, como algo a evitar. No sólo se les están poniendo todas las barreras posibles para acceder a "nuestro paraíso" sino que están permitiendo que mueran de las formas más miserables.
Ahora, ante la movilización de la concienciada sociedad europea para evitar que más SERES HUMANOS inocentes sigan perdiendo la vida, los gobiernos de los diferentes países de la Comunidad Europea, encabezados por la autoproclamada líder Merkel, han decidido darles asilo en los diferentes países, pero con ciertas restricciones que todos no hemos tardado en criticar. Han marcado a fuego a los refugiados y se los han repartido como si fueran ganado. Pero siempre hay alguien que no está de acuerdo con el reparto, que no quiere su parte de la "mercancía". Porque si, para muchos líderes políticos estos SERES HUMANOS no parecen ser otra cosa que mercancía.
Incluso hay ciudadanos, ciudadanos de a pie, que están en contra de acoger a refugiados, sean sirios, congoleños o de "lapapota". Y lo cierto es que es indignante y preocupante comprobar cómo la frase de Plauto: "El hombre es un lobo para el hombre", tiene un verdadero significado.
Nos dirigimos hacia un punto sin retorno, hacia nuestra propia aniquilación. No sólo estamos destruyendo el lugar en el que vivimos, nos estamos matando entre nosotros. Y sólo cuando entendamos que nadie es más que nadie, que nadie tiene más derecho a vivir que nadie, que en el mundo no existen fronteras, sólo entonces podremos tener esperanza en la humanidad y podremos asegurar nuestra supervivencia. Sólo entonces podremos merecer vivir en este paraíso.
Pero no temáis, por suerte aún queda gente con alma que entiende que todos somos iguales, que todos somos SERES HUMANOS.

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