Siempre he defendido la participación de todo el equipo en el proceso de preproducción porque es un momento vital en el que muchas cosas pueden mejorar (o empeorar, claro).
En este caso, con este proyecto, Ya viene, la primera reunión ha servido para mejorar un guión que no terminaba de cuajar por no ahondar en temas muy importantes y que podían enriquecer la historia. El error, en este caso, viene de lejos. Cuando tanto mi compañero, David Díaz, como yo dimos por sentado que la historia era absurda, debía ser absurda, y que no teníamos que profundizar demasiado en cuestiones relevantes que daban un sentido real a un guión más bien fantástico, fantasioso. Un imposible.
Pero tras un primer encuentro con los actores. Una primera lectura de guión. Hemos comprendido que nuestro guión hacía aguas por todas partes. Se hundía, sin pena ni gloria, en un mar de sin sentido.
Juntos, todo el equipo, tanto el artístico como el técnico, hemos ido descubriendo una historia mucho más profunda, llena de matices que, a buen seguro, llegarán al público y le sorprenderá.
Un guión está vivo hasta el justo momento en el que se realiza. Cambia, se adapta. Todos, absolutamente todos, pueden aportar algo para conseguir una historia más rica, más viva.
Un guionista, o un realizador, que no permite que el guión cambie, que mejore, se limita a sí mismo y, a su vez, a la historia que pretende hacer llegar al público.
Por ello, aconsejo encarecidamente que se hagan muchas reuniones y que se tengan en cuenta la opinión de los demás a la hora de llevar a cabo una producción. Porque sólo así se puede mejorar.
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