Algo que comienza siendo un juego, una broma, termina descubriendo una realidad que sacude la vida de una pareja de artistas, cuando un sentimiento interiorizado emerge a la luz transformando de forma inevitable la personalidad de Einar y la relación que éste tiene, no sólo con su pareja, sino con el mundo.
Hooper toma una historia real, basada en la novela homónima de David Ebershoff, y, quizá tratando de aportar belleza y sutilidad, le planta un velo que la vuelve un tanto distante de lo que quizá pudo ser una realidad más cruda y cruel. No ahonda en los verdaderos problemas que Einar debió afrontar hasta poder llegar a ser lo que en realidad sentía que era, sino que los muestra como una anécdota sin importancia que derivan hacia algo menos relevante. Nos presenta un producto que huye del tabú tratando de ser correcto en todo momento y esto hace que se obvie lo verdaderamente importante: la lucha de esas personas para que se las reconozcan como lo que son en verdad. En lo que sí acierta es en relatar, de una forma muy acertada, las fases por las que pasa alguien que descubre semejante cambio en su pareja y asiste a la muerte de la persona (o más bien personalidad) de quien ama. También queda presente, aunque se pase de puntillas sobre esto, el trato que la sociedad y los médicos de la época le daban a este asunto, diagnosticándolo como enfermedad mental y ofreciendo soluciones drásticas que no servían más que para minar la moral de estas personas.
Todo está muy bien estructurado a nivel de guión, siguiendo la evolución de forma natural con los evidentes (aunque escasos) altibajos en la relación entre Einar/Lily y Gerda. Tanto las acciones como los diálogos están medidos y poco o nada sobra en ellos. Se centran en contar la historia sin adornos innecesarios que tan sólo puedan alargar la historia sin aportar contenido útil a las tramas, las cuales se centran en la pareja sin alejarse de la misma, salvo por algún tonteo con terceros por parte de los protagonistas. Este drama amoroso se centra no sólo en el camino que recorre Einar hasta conseguir aceptarse a sí mismo, que lo acepten y su propio cambio de sexo físico, sino en el amor incondicional de una pareja que se demuestra pese a todos los inconvenientes que se les presentan. Y es que Gerda, pese a no estar muy conforme en dejar marchar a Einar en un principio, acepta su condición y le muestra más que su apoyo y ayuda: su amor incondicional en todo momento.
Las emociones y las sensaciones atraviesan la pantalla hasta tocarnos y conseguir que, salvando las distancias, podamos sentirnos identificados con los personajes. Los planos bien podrían ser el resultado del trabajo de Einar y Gerda. Los movimientos de cámara acompañan en todo momento a los personajes acompañando el ritmo con fluidez y estando en el sitio oportuno en el momento oportuno y no teniendo reparos a la hora de mostrarnos incluso los momentos más íntimos. La belleza de los planos es sólo igualable a lo que en ellos se representa: una puesta en escena medida sobre unos decorados y unas localizaciones que sirven como un fondo único e inigualable que aporta personalidad a cada momento. La evolución de Einar afecta a todo su entorno y esto ha sido más que bien retratado.
La banda sonora es sutil, delicada y elegante, acorde con todo lo que sucede en pantalla y al momento histórico en el que se ambienta la historia. Nunca trata de eclipsar la historia sino de acompañarla de una forma útil, siendo administrada en pequeñas pero adecuadas dosis.
Redmayne consigue que seamos testigos de la evolución de Einar, y pese a que sucede de una forma repentina, vemos el cambio tanto en su aspecto físico como en su propio carácter o en cómo actúa con los demás. El personaje toma el poder desde el comienzo. Un gran trabajo de Redmayne, que continúa consolidándose como uno de esos actorazos que huyen de las etiquetas y no temen interpretar papeles complejos que se alejan de lo común.
Por su parte, Alicia Vikander vence y convence. Se come con una interpretación vibrante y llena de matices a Redmayne al interpretar a una Gerda que sufre primero por perder al amor de su vida pero que lucha junto a él para que consiga su sueño. La evolución de su personaje, es evidente y queda muy muy bien retratada por esta magnífica actriz.
El resto de personajes se limita a entrar y salir, sin apenas aportar más que aire fresco a la trama principal, pues no intervienen y las tramas que podrían dar pie con ellos se consumen por la deslumbrante trama principal.
La chica danesa trata de arrojar luz sobre un tema que aún divide a una sociedad un tanto ignorante que huye de los tabús que ella misma se impone. Quizá no emplea todas las armas posibles para dar un golpe sobre la mesa y dar visibilidad y voz a todas aquellas personas que pasan por lo mismo, quizá le falte tensión y agresividad a la hora de relatar una realidad que sufren muchas personas, pero al menos se encarga de acercar al público general una historia muy necesaria en estos días que con su sutil belleza camelará a más de uno.
Pero no caigamos en el desatino de pensar que esta película se centra en el cambio de sexo de una persona. También defiende el amor incondicional, que pese a todos los inconveniente, se tiene una pareja que lucha por eludir los egoísmos para lograr los objetivos y sueños de uno de sus componentes.Muy buena en todos los apartados. Bella, pura poesía en movimiento. Todos aquellos que se atrevan a verla y dejarse atrapar por los encantos de Lili descubrirán una increíble y apasionante historia que los mantendrá pegados a la pantalla. Lo mejor es, sin lugar a dudas, ese momento descrito con suma delicadeza y respeto en el que Einar comienza a descubrir a Lili. Lo peor es que no se retrate la realidad con todas sus consecuencias, que esté tan falta de agresividad.




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