domingo, 22 de mayo de 2016

La pirámide

Ha recibido malas críticas, sí, lo sé, y no entiendo demasiado bien el motivo por el cuál se la echa a la hoguera sin más. Es posible que quizá sea porque se esperaba más de esta producción en todos los aspectos o porque no está a la altura de este tipo de cine sino más bien a un paso entre la Serie B y un cine de producción menor. Pero lo cierto es que La Pirámide consigue lo que se propone: entretener, sin más. Sí, dejando a un lado las fugaces enseñanzas sobre la cultura y deidades del antiguo Egipto por las que pasa de puntillas, el interesante contexto histórico que se deja atrás al pasar por la estrecha entrada a la pirámide o cualquier tipo de moraleja final de una enseñanza que brilla por su ausencia... esta película resulta entretenida.

Unos documentalistas deciden seguir al interior de una pirámide recién descubierta, y que se encuentra enterrada bajo tierras egipcias, a un arqueólogo y su hija. Una vez dentro, se pierden en el laberíntico entramado y sufren las inclemencias de las trampas de su interior, cuando descubren que hay algo más que les acecha.
El comienzo es prometedor, pero poco a poco su intención se diluye en cada giro, con el roce de la piedra viva del interior de la pirámide, dejándonos una esencia simple y lineal, pues no hay evolución de ningún tipo ni en los personajes ni en la trama. Tanto diálogos como acciones son esenciales, limitándose a mostrar la incansable búsqueda de una salida que se antoja lejana e inexistente ya desde el comienzo. Tan sólo en momentos puntuales dados por acciones dramáticas vemos un atisbo de sentimiento por parte de los personajes, el resto es sucede por pura inercia de la acción que se desarrolla frenética e imparable, pues ni tan si quiera las trabas que tratan de parar el avance de los aventureros son originales ni presentan mayor dificultad para ellos que huir o evitarlas.
Ya al final, podemos comprender que sólo las personas de buen corazón pueden aspirar a una vida más allá de la muerte. Una teoría que pasa casi desapercibida y que no queda reforzada en ningún momento por las acciones ni los diálogos. Una pena que no se profundice en este concepto para dar complejidad a la historia y enriquecer la trama.


Todo está retratado a modo de falso documental, con movimientos inestables y bruscos de cámara, planos imprecisos y faltos en belleza, con demasiado movimiento interno y la fluidez necesaria en los momentos puntuales para aportar agilidad a la película y transmitir tensión. Este método pierde toda su efectividad cuando aparece una tercera cámara que nos saca de la vista subjetiva de la joven arqueóloga y del cámara, pese a que trata de mantener una estética semejante para no romper la linealidad.
Si algo cabe destacar es la acertada iluminación que vuelve más realistas los entornos y contribuye a crear una atmósfera apropiada para el género y para el argumento. Por su parte, las localizaciones, aunque repetitivas y poco originales, con pocos detalles a destacar, nos hacen sentir inmersos en las entrañas de una pirámide y le dan cierta veracidad a la historia.
La banda sonora es inexistente, concediéndole todo el protagonismo sonoro a los ruidos y los insulsos diálogos que se suceden en cada secuencia.

Ninguna interpretación es destacable. Todas se mantienen en el mismo nivel, el cual se acerca más a una producción de cine menor que de una película de alto presupuesto. Los actores no han ahondado suficiente en las emociones de sus personajes y eso es algo que queda vigente en pantalla. Se dejan llevar por las acciones y sus emociones varían de forma intermitente.

Hay que tener claro que esta película no ofrece nada más allá del entretenimiento que plantea. Cada uno de los componentes deja que desear por separado mientras que el conjunto de ellos conforma un producto consumible pero poco más.
El guión se centra en un argumento previsible y bastante trillado en este género, no ofrece nada sorprendente ni novedoso. Aunque la representación de cierto mito puede resultar interesante y el comienzo pinta bastante bien, a mitad comienza a flojear y no vuelve a subir el nivel hasta casi el final. Es una trama falta de ritmo en la cuál los momentos de climax parecen salvar los muebles pese a mostrar cierta irregularidad. Respecto a la realización, todo está retransmitido a caballo entre dos estilos que no hacen más que aturdirnos y hacer que desconectemos de la historia en más de una ocasión. Las localizaciones son coherentes y aportan ese grado de realismo a la historia mientras que los efectos especiales retratan de forma impecable a seres mitológicos. La actuación se ve mermada, muy probablemente por la poca profundidad que demuestran los personajes y la carencia de emociones, por lo que apenas transmiten sensaciones.
Es una de esas películas que cumplen pero defraudan, de las que esperas algo más en general. Un auténtico retrato de lo que supone un descubrimiento de tal envergadura que termina siendo un reflejo borroso que se dirige sin rumbo hacia ninguna parte, cuyo final deja indiferente. No nos mantienen en tensión ni el terror que plantea nos persigue después de haberla visto, tan sólo algunos sustos puntuales pueden hacernos saltar de la silla.
Lo mejor es el comienzo, sin lugar a dudas, y la escalonada aparición de ese ser mítico que acecha a los protagonistas. Lo peor es que se diluye y pierde fuerza en la parte crítica dejándose arrastrar por una irremediable corriente de los tópicos típicos que destrozan toda originalidad que se haya podido implementar.


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