jueves, 17 de noviembre de 2016

Detrás de "Adiós, amor"

El poso que deja el paso del tiempo, así como la distancia tomada desde entonces, me permiten tratar este tema con la sinceridad y el realismo necesarios para reflejar y transmitir mis sensaciones al respecto.

Hace tiempo, bastante, comencé a escribir un guión titulado "Adiós, amor". La idea era crear un personaje y enmarcarlo en un contexto apropiado para visibilizar y explotar el talento, tanto en la interpretación como en el ámbito musical, de mi prima Andrea Murillo, a la que considero una persona con un potencial extraordinario bruto. Del mismo modo, con este guión, pretendía hacer una crítica sobre un tema siempre en el candelero.
Todo marchaba según lo previsto. A mi prima le gustó el guión y lo que representaba, mi tía Patro Casasola (su madre) nos cedió una vez más su casa para localizar allí la historia y grabar. Incluso llegamos a hacer unos primeros ensayos; trabajamos juntos el personaje. Tenía ya el guión técnico listo. Sólo, únicamente, nos quedaba grabarlo. Pero las cosas del destino, los cambios de rumbo que parecen llevarnos hacia el lugar al que debemos ir, hicieron que regresara a Madrid y que el proyecto entrara en un modo de hibernación a la espera de ser rescatado en un momento más apropiado.
Ya estando en Madrid me embarqué en el que sería mi primer proyecto audiovisual junto con David Díaz tras mi vuelta a la gran ciudad. Fue en ese momento en el que conocí a la actriz Belén Jurado. No sólo pude percibir su potencial artístico sino que vi en ella al personaje de la historia que debía relatarse en "Adiós, amor". No le hablé del proyecto, tan sólo reescribí el guión casi por completo (a excepción de la primera secuencia, que se mantiene exactamente igual desde la primera versión) y, una vez hecho esto, le hablé sobre el guión. Nada más leerlo le entusiasmó la idea y ya desde el comienzo se mostró interesada y colaborativa en todo momento. No era para menos, ya que el personaje estaba inspirado en ella.
Debo reconocer que, desde el comienzo, tenía pensado dirigirlo yo mismo. Tenía claro los tipos de planos, los movimientos de cámara, los efectos, cómo quería representarlo en pantalla. La historia que había escrito se había formado en imágenes en mi cabeza de una forma clara y concisa. Pero, tras leer el guión varias veces, comprendí que yo no debía contar esa historia con imágenes. No. Debía ser alguien ajeno a mí quien le diera su propio significado y le aportara esa sensibilidad, esa fuerza y contundencia que quizá yo no le podría dar. Entonces conocí a Nuria Ferrer, una creadora audiovisual con la que comencé a trabajar en un par de proyectos interesantes y a la que pude ver en acción en más de una ocasión antes de decidirme a dar el paso definitivo.
Vi la habilidad de Nuria con la cámara. Su creatividad a la hora de componer planos, su agilidad y perspicacia al crear, tanto en la acción propia de grabar como en la edición. Incluso había dirigido ya y tenía cierta experiencia. Y lo más importante, tenía las ganas y el ímpetu de alguien que sabe que aún le queda mucho por hacer, por descubrir. Y percibí con claridad su ilusión por volver a dirigir. Comprendí que debía ser ella; que ella le podría dar un total sentido al guión.
No recuerdo muy bien cuándo se lo propuse, pero sí recuerdo que aceptó de inmediato mi petición. No tardamos demasiado en ponernos manos a la obra. Me pidió que yo fuera su ayudante de dirección y acepté sin vacilar. La preproducción fue breve e intensa, conseguimos juntar un equipo humano técnico y artístico extraordinario que se volcó desde el primer instante para que la producción de este proyecto fuera todo un éxito. Y, salvando algunos inconvenientes propios del oficio, todo salió a pedir de boca. Todo marchó según lo previsto y sin inconvenientes reseñables.

Alguien me preguntó antes de la fase de producción si estaba seguro de ceder semejante historia a otra persona para que la dirigiera. Si sería capaz de aceptar órdenes sin involucrarme demasiado en la creación cinematográfica del guión. Le contesté que sería difícil pero que era lo mejor para la historia, que quería que fuera así. No podía ser de otra manera. Ya estaba decidido y aceptaba de buen agrado todas las consecuencias.
De todas formas, debo confesar que Nuria desde el comienzo mostró una visión muy igual a la mía sobre cómo debía realizarse el cortometraje y sobre qué sentido había que dar al mismo. Esto facilitó mucho las cosas, aunque reconozco que en algunos momentos me entrometí demasiado, más de lo que debiera, a causa de mi naturaleza y de la del propio proyecto. Nuria y yo coincidíamos en las claves, y eso me hizo comprender que había tomado la decisión apropiada.

Estoy convencido de que el resultado final será un producto de calidad que llamará la atención y logrará el propósito con el que se creó. Removerá conciencias y dará visibilidad a un problema que la sociedad sufre y el propio sistema permite.
En cuanto a lo que esta experiencia ha supuesto para mí... Fue grato ver cómo algo que he escrito cobra vida en las manos de otra persona, cómo le da su propio sentido sumando a lo que ya existe y complementándolo de una forma excepcional. Una experiencia única que será algo que me encantará repetir en un futuro.
De igual forma, quiero aprovechar estas líneas para agradecer a todo el equipo humano técnico y artístico su implicación en este proyecto y su gran labor para lograr un resultado final digno y de calidad. Y en especial a Nuria por aceptar mi petición y dar vida a mis palabras. De igual modo, agradecer a David su implicación y todo lo que hizo por facilitarnos el trabajo.

Espero que pronto todos puedan disfrutar de este cortometraje. Les aseguro que no dejará indiferente a nadie.

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