lunes, 21 de noviembre de 2016

Querida chica del abrigo rojo

Querida chica del abrigo rojo, hace dos días me crucé contigo. Era de noche. Una de esas noches sin luna en la que unas pocas estrellas luchaban por hacerse notar en el cielo de Madrid. Yo iba a casa de mi tía, no recuerdo muy bien a qué. Hacía el mismo trayecto que otras tantas veces. Iba por la calle del colegio y tú salías de una de esas estrechas callejuelas que hay entre los bloques, justo detrás de la plaza de la iglesia. En esta ocasión no llevaba puesto los cascos, no me apetecía escuchar música.
Querida chica del abrigo rojo, te escuché. Hablabas por el móvil con alguien, o quizá hacías con que hablabas. Vi cómo apretabas el bolso contra ti y me lanzabas una mirada fugaz mientras soltabas palabras malsonantes y rudas al viento, quizá con la intención de que las escuchara.
Querida chica del abrigo rojo, caminabas rápido, seguro que mucho más de lo que lo haces a plena luz del sol o yendo acompañada. Mirabas de un lado a otro, un tanto nerviosa. Impaciente.
Querida chica del abrigo rojo, te perdiste. Cruzaste la esquina y te perdí de vista. Pero no te he olvidado.

Querida chica del abrigo rojo. Sólo quiero que sepas que no tienes que hacerte la dura cuando te cruces conmigo. No tienes que hablar mal para tratar de intimidarme y que así no me acerque a ti con malas intenciones. No tienes que apretar el bolso contra tu costado porque no trataré de quitártelo. No tienes que vigilar cada uno de mis movimientos por el rabillo del ojo porque no te asaltaré al menor descuido. No tienes que aligerar el paso porque no iré tras de ti.
Querida chica del abrigo rojo. Lamento que por culpa de algunos impresentables tengas que recurrir a esas artimañas a la hora recorrer a solas las calles de cualquier ciudad o pueblo. Que no puedas sentirte cómoda o ir con cierta libertad y desasosiego.
Querida chica del abrigo rojo. Algún día podrás caminar a solas de noche sin miedo. Te lo prometo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario