lunes, 14 de noviembre de 2011

La oscurdad en la luz-1x02-Llamada perdida




Dejó sonar el teléfono móvil, ni si quiera comprobó quién le llamaba. Iba por el paseo marítimo, desde el puerto deportivo. Sus pasos eran largos y su caminar apresurado. El teléfono sonó de nuevo.

No tardó en llegar a la cafetería. Carmen, una vieja amiga, esperaba en la terraza. Tenía el teléfono móvil en una mano mientras que jugueteaba con los dedos de la otra entre los rizos de su larga melena castaña.
No tardó en levantarse al ver a Gabriel llegar. Le dio un beso en la mejilla.

-¿Dónde tienes el móvil? Te he llamado hace un momento –dijo Carmen mientras se sentaba.
-Ya, no te lo he cogido porque venía de camino –contestó Gabriel que, antes de sentarse, llamó la atención del camarero.
-Y, ¿de dónde vienes?
-De la redacción –no tardó Gabriel en contestar.
-¿Hoy?
-¡Sí, hoy! –sentenció groseramente.

Un silencio incómodo se hizo entre los dos jóvenes. Carmen tragó saliva y respiró hondo. Gabriel bajó la mirada en gesto de negación. Sabía que Carmen no merecía ese trato.

-Perdona, no quería…
-No, perdona tú –Gabriel no la dejó continuar-. Aun…, aun estoy tratando de asimilarlo todo, de acostumbrarme a esto y llevo unos días un tanto…, estresantes. Es agotador. Ya sabes, por ahora me toca cubrir lo peor.

Carmen sonrió y alargó su mano hasta ponerla sobre la de Gabriel. Él también sonrió y la miró a los ojos. Durante un instante puede que encontrara la paz en aquellos grandes ojos verdosos.
Al llegar el camarero, Carmen retiró la mano y se acomodó en el butacón de mimbre. Ella pidió un café solo con hielo; él, un bombón batido. No tardaron en servírselos.

-¿Qué tal te va en el hospital?
-Bien. La verdad es que esperaba que se me hiciese más cuesta arriba pero todo lo contrario –contestó Carmen mientras movía enérgicamente el café con la cucharilla-. Y tú, ¿no tienes ningún nuevo chisme que contarme?
-De momento nada nuevo. –Tras una pausa- ¿Sabes algo del hombre que se lanzó desde el Cerro de San Cristóbal?
-No llegó al hospital. Tú cubriste la noticia, ¿no?
-Si –contestó Gabriel-. Por lo poco que nos dijo la policía el hombre se lanzó desde lo alto del cerro. Un intento de suicidio.
-Es muy raro. No sé con qué intención lo hizo pero ese es el peor lugar para intentar suicidarse así.
-Nos dijeron que tenía un fuerte golpe en la cabeza –continuó Gabriel.
-Si, esa fue la causa de la muerte. Se pudo golpear con alguna mala piedra al caer. Aun así, creo que alguien lo pudo empujar.
-No creo –dijo tajantemente Gabriel-. Yo creo que el hombre se acercó demasiado al muro, resbaló y cayó por el barranco golpeándose la cabeza.

De nuevo se hizo el silencio. Carmen echó el café en la copa con hielo. Lo echó poco a poco, observando cómo se derretía el hielo. Después, volvió a moverlo con la cucharilla.
Gabriel raspaba con la pajita el chocolate del borde de la copa y tomaba un poco del dulce bombón batido.

-Conocí a una chica –dijo Carmen mientras metía la cucharilla en el vaso vacío-. Es muy simpática.
-Me alegro –contestó él tras un silencio.
-La he hablado de ti.

Gabriel guardó un largo silencio. Ni si quiera miró a Carmen, tan sólo se limitó a mover su bombón batido con la pajita.

-Vamos. Deberías pasar página. Hace ya…
-Haga el tiempo que haga –de nuevo, Gabriel, cortó la conversación de forma brusca-. Te agradezco que trates de ayudarme pero…, ahora mismo no es el momento.

Antes de que ella pudiera rebatirle nada llegaron Laura y José, otros dos viejos amigos de Gabriel. Se levantaron para saludar y todos se sentaron alrededor de la mesa. Pidieron algo para tomar.
Hablaron largo y tendido. Laura y José les contaron que habían comprando un pequeño piso en el centro de la ciudad. Tras contarlo, guardaron silencio repentinamente. Todos miraron a Gabriel, que contemplaba la espuma yacer sobre el culo de la copa. Esperaban quizá una reacción de él, algún gesto que contara algo, pero él sólo se limitó a sonreír.
Todos supieron que estaba bien, hacía ya tiempo de aquel desgraciado accidente y las heridas ya estaban sanando.

Pronto llegó el resto. Gabriel se levantó para saludar a todos, uno por uno. Hacía tiempo que no coincidían todos en la ciudad. Acercaron un par de mesas más y todos se sentaron. Conversaron durante horas sobre cómo les iba en sus vidas.
Gabriel se inundó de toda esa felicidad y olvidó todo por un momento. Sus amigos alabaron su labor como periodista pero él le restó importancia. Para él no era más que un trabajo que se le daba bien por pura vocación.

El teléfono de Gabriel volvió a sonar mientras conversaba con algunos de sus amigos. Lo sacó rápidamente del bolsillo de su pantalón, descolgó y se lo llevó a la oreja sin mirar quien era. Se disculpó con un gesto por cortar la conversación antes de hablar.

-Dígame.
-Sé lo que haces –dijo una voz ronca.
-¿Cómo dice? –preguntó inmediatamente Gabriel frunciendo el ceño.

La llamada se cortó. Gabriel, extrañado, miró la pantalla de su teléfono para ver el número del teléfono desde el que le habían llamado. Pero para su sorpresa no había número. Habían hecho la llamada con número oculto.
Gabriel guardó de nuevo el teléfono. Se mantuvo en silencio, con un serio gesto de preocupación mientras el resto de sus amigos continuaban con la conversación.
Carmen se percató de que algo no iba bien.

-¿Quién te ha llamado, Gabriel?
-No, nadie. Se habían equivocado y han colgado –contestó él.

Seguía pensando, pero no sabía quién podía haber llamado. Aquellas palabras machacaban su conciencia. Él era muy cuidadoso, ¿quién iba a saber nada? Sacó de nuevo el móvil y miró las últimas llamadas recibidas. Se sorprendió al ver que las seis últimas eran de un número privado.
Se levantó súbitamente de la silla, guardando el teléfono en el bolsillo, y puso sobre la mesa un billete de 10 euros.

-Lo siento chicos, pero me tengo que ir –dijo despidiéndose de todos.
-¿Tan pronto? Vamos, espera un poco. Que ahora estamos en lo mejor –le dijo uno de sus amigos.
-No puedo tío, tengo que ir urgentemente a la redacción –respondió enseguida-. Otro día echamos otro rato, me lo he pasado bien.
-Gabriel, otro día no olvides traerme mi libro. Que hace ya tiempo que lo tienes –le dijo Laura.
-Sí, descuida. No sé muy bien donde lo tengo, lo tengo que buscar, pero te prometo que te lo devolveré pronto.

Gabriel se despidió de todos y se marchó.

Sus pasos eran largos, tenía prisa. No tardó en llegar al puerto deportivo. Paseo durante unas horas por los muelles del puerto y allí lo vio. Sin duda era él. Estaba sentado en el muelle, cerca de su barco. Lo observó durante un rato y, justo antes de que anocheciera, se marchó.

Días más tarde Gabriel volvió al puerto. Estaba comiendo en el restaurante. Había pedido que lo pusieran en la mesa más cercana a las ventanas que daban al puerto. Después de comer salió al balcón, se apoyó sobre la barandilla y le volvió a ver. El anciano llevaba a una niña de su mano; señalaba con el bastón su barco. Mientras tanto, los padres de la niña se despedían desde la terraza. Tomarían café mientras que la niña veía el barco.
Gabriel observó la escena desde lo alto del balcón. Sin duda alguna, era Carlos.

Continuará…



Obra original de Jesús Muga
14-Noviembre-2011 

lunes, 7 de noviembre de 2011

La oscuridad en la luz-1x01-Las dos caras


Parque Nicolás Salmerón - Almería


Su caminar era lento y sinuoso. Ya llegaba al fin su paseo diario.

Bajó por La Rambla hacia el Parque de Nicolás Salmerón. Portaba un viejo libro en sus manos, ni si quiera lo había abierto. Caminó por el parque buscando el cobijo de los árboles más viejos, sus pasos lo llevaron casi hasta la rotonda de la fuente de los peces.
Allí había un gran árbol. Su espesa copa apenas dejaba pasar la luz mortecina de la tarde, y sus raíces, gruesas y alargadas, dibujaban a su antojo sobre el suelo diversas formas.

Se sentó en el banco más cercano al árbol, puso el libro sobre sus piernas y contempló en silencio, taciturno, la portada. Pocos minutos después un anciano se sentó en el mismo banco, al otro extremo. El joven parecía no haber notado la presencia del anciano, continuaba ensimismado mirando la portada del libro en total silencio.
El anciano le miró sonriendo. No dijo nada, tan sólo observo guardando el mismo silencio. No tardó en apartar sus ojos del chico para mirar lo que acontecía a su alrededor.
Entonces, el joven le observó con disimulo.

El anciano tenía entre sus manos un bastón de madera. Deslizaba su pulgar por el relieve de la empuñadura, una impresionante talla de la cabeza de un águila, y movía de forma nerviosa la pierna izquierda. Tenía el pelo canoso y un espeso bigote, no era muy alto a pesar de su corpulencia.

Justo antes de que el anciano se girase hacia él, volvió súbitamente la vista al libro. El anciano sonrió nuevamente.

-Me gusta venir aquí por la vida que hay –dijo el anciano.

El joven ni se inmutó ante las palabras del anciano. Continuaba mirando el libro, ignorando a propósito todo lo demás.

-Míralos, tan inocentes –continuó el anciano-, sin preocupación alguna. Sin temor a los golpes o placeres que les depararán sus vidas. Cómo me gustaría volver a ser un crio, volver a esa inocencia y despreocupación. Eso sí, sin saber nada de lo que sé, claro –explicó el anciano riéndose-. Por cierto, me llamo Carlos García.

Carlos tendió la mano al joven, pero éste le ignoró una vez más. Tras retirarle la mano reflejando en su rostro la indignación por tal descortesía, el anciano se pasó la mano por la boca y volvió la vista al frente.

-Perdone mi intromisión, no era mi intención molestarle –espetó tajante Carlos-. Pero déjeme decirle algo –mirando de nuevo al joven-. La concentración no aparta a la educación.

Y tras decir esas últimas palabras se inclinó hacia delante apoyando ambas manos sobre el bastón.
No dijeron nada durante un instante. El chico seguía prestando toda su atención a aquel libro mientras que el anciano no apartaba la vista de una niña pequeña.  El joven se percató de lo que estaba ocurriendo, de la expresión que mantenía Carlos en su rostro. En aquel momento sintió más curiosidad por el anciano y aumento su deseo de conocerle.

-Me llamo Gabriel –dijo el joven ante la sorpresa de Carlos.

De nuevo se hizo el silencio. El anciano parecía ser quien le ignorara a él, pero no tardó mucho en volver a acomodarse en el banco y girarse hacia Gabriel.
Se miraron a los ojos manteniendo el gesto serio y una tensión asfixiante. Carlos tomó aire, no pudo evitar fijarse en la novela que sostenía Gabriel sobre sus manos.

-Buena novela. La leí hace años y me pareció una gran historia.
-Aun no la he leído, nunca he abierto este libro –contestó Gabriel.

No esperaba tal respuesta. Le era extraño haberle visto tan absorto en aquella novela y que, a pesar de todo, no la haya leído.

-Aun así, sé más o menos de que trata –explicó Gabriel al ver la cara de asombro de Carlos.
-¿Y por qué aun no lo has leído?
-No quiero llevarme una decepción –contestó tajante Gabriel.

El anciano asintió con la cabeza. No entendía que el chico llevara un libro que probablemente jamás abriría. Aun así, decidió no indagar más.

-Creo que todas las personas tienen dos caras, dos identidades –comenzó a explicar Gabriel-. Una es la visible, la que debemos mostrar al mundo, la correcta ante la sociedad. Lo que debemos ser. La otra es nuestra naturaleza real, la animal. Esa que se comporta mediante el instinto, la necesidad. Esa que debemos ocultar porque moral y socialmente no es la correcta. De eso creo que trata el libro.

Carlos permaneció atónito. No esperaba tal respuesta del joven. Parecía conocer a fondo la historia de aquella novela a pesar de no haberla leído nunca.

-¿Cómo…, cómo puede ser que conozcas tanto de la novela sin haberla leído? –preguntó Carlos con curiosidad.
-Esta historia está más que trillada –explicó Gabriel-. Cada día me cruzo con personas que no son lo que parecen.
-Bueno, todas las personas tienen algo que ocultar.
-Todas no –dijo tajantemente Gabriel.

En el rostro del joven se dibujó una media sonrisa. Carlos se había quedado sin palabras, no sabía que contestar a las palabras de Gabriel.

-Todos tenemos dos caras –dijo Carlos un tanto nervioso.
-Todos tenemos dos caras, pero no cosas que ocultar -aseveró Gabriel.

Carlos frunció el ceño mientras que Gabriel sonreía. Lentamente el joven dirigió su mirada hacia la niña que Carlos miró con tanta atención. El anciano siguió su mirada hasta la niña y rápidamente se giró hacia Gabriel.
Había empalidecido y tragaba saliva, parecía no tener palabras para explicarse.

-No sé en qué estás pensando, pero no es lo que crees –dijo Carlos inmediatamente.
-Todos tenemos algo que ocultar –espetó Gabriel.

Aun sonriendo, Gabriel se levantó del banco y se marchó sin decir nada más.
El viento silbaba entre las copas de los viejos árboles, no tardaría en anochecer y ya todos se despedían del día, preparándose para recibir a la noche. El anciano seguía allí, con aquel libro entre las manos. Gabriel lo había dejado allí, en el banco. Puede que olvidado, puede que a propósito.

Continuará…


Obra original de Jesús Muga
07-Noviembre-2011 




martes, 30 de agosto de 2011

Desde el sofá



Hay tanta mierda aquí que no sé si estoy esnifando coca o el polvo acumulado sobre la mesa.

Llevo en este sofá horas y no tengo intención alguna de moverme de aquí.
Desde aquí me alcanza lo suficiente la vista como para ver a la chica que me gusta darse el lote con el más inepto de todos los que hay aquí. Creo que también puedo ver a mi amigo intentar comerle la oreja a una rubia, venida nada menos que desde Alemania, y a un par de críos liándose un porro de maría.

Todo a mi alrededor se mueve, está vivo, y aun así yo parezco estar muerto. Cada mañana me prometo a mí mismo dejar esta mierda; el problema está en que pocas horas después estoy untando la nariz en este maldito polvo blanco, ya sea en el mugriento lavabo de una ruidosa discoteca, sobre una mesa como ésta o un espejo en el que apenas puedo ver mi reflejo.
Mi vida ha pasado de largo, ha pasado de mí y, lo peor, es que apenas me he dado cuenta.

Todos se divierten, ríen, conversan…, y yo. Yo sigo aquí, en el sofá. Contando los segundos que pasan hasta el momento en el que cierre los ojos por última vez. Luchando para no dejar de respirar.

Me hace gracia cuando oigo a alguien hacer planes de futuro. Yo no miro más allá de la raya que me meta porque puede ser lo último que vea antes de desplomarme y partirme la crisma contra el suelo.
Mi juego con la muerte está durando ya demasiado y a uno de los dos le tocará perder pronto. No temo ser yo.

Y aquí sigo. Luchando por mantenerme vivo. Por no dejar caer la cabeza hacia atrás. Viendo como mi vida se apaga, desde el sofá.

Obra original de Jesús Muga.
26-Agosto-2011

jueves, 4 de agosto de 2011

Mejoras en La Vereda


Tras comprobar, con alegría, el éxito que está teniendo La Vereda hemos decidido hacer algunas mejoras que a continuación explicamos

Hemos decidido separar las entradas por secciones para hacer el blog más accesible y facilitar así a los lectores la busqueda de entradas. Ahora las entradas están organizadas por temas. Se pueden encontrar todas las entradas en la pestaña Inicio, donde además se irán añadiendo las nuevas entradas por orden de publicación. Las nuevas entradas también se añadirán a su correspondiente sección.
Se añade una opción más para buscar y releer vuestras entradas favoritas de una forma más rápida y accesible.

Otra mejora es el traductor. Traduce al inglés, francés, alemán, italiano, portugués o ruso el contenido del blog. Realiza la traducción por secciones teniendo que clikcar en una flecha para que traduzca otro sector.
Sabemos que es precario y no muy cómodo, pero por ahora es lo mejor que hemos encontrado. Trataremos de mejorarlo.

Este proyecto empezó como una prueba que, a día de hoy, podemos decir que hemos superado ya que está teniendo más éxito del que esperábamos. Desde que comenzara, allá por Junio del 2009, hasta hoy hemos tenido casi 2000 visitas. Son muchas teniendo en cuenta el escaso número de entradas en este tiempo.
Por supuesto esto es algo que va a cambiar.

La Vereda evoluciona y crece a medida que pasa el tiempo. Se da cada paso buscando la comodidad y la interactividad del lector con La Vereda. Cada vez habrá más secciones que acogeran entradas más detalladas y mejor elaboradas. Habrá noticias sobre lo que acontece en nuestro entorno haciéndolas llegar a todos de la forma más rigurosa posible.

Quería recalcar, antes de acabar, la incorporación a La Vereda de Beatriz López. Estoy completamente seguro de que su aportación a La Vereda será más que excelente. Ya podemos leer una de sus primeras publicaciones: No sólo Escherichia Coli toca los pepinos.
También quería agradecer a Beatriz su apoyo y ayuda en todo este tiempo para hacer posible este proyecto.

Gracias por compartir este paseo por la vereda con nosotros.
Staff de La Vereda de la puerta de atrás.

viernes, 15 de julio de 2011

La II Época del Destape

Aviso: Esta entrada contiene imágenes de alto contenido sexual.

Hace algunas semanas vi un par de películas españolas (sí, a veces veo cine español). No eran otras que Balada triste de trompeta de Alex de la Iglesia y Primos de Daniel Sánchez Arévalo. Dos películas muy diferentes, siendo la primera un drama y la segunda un intento de comedia, pero ambas con algo en común…, el sexo.


En las dos películas, en Balada triste de trompeta más que en Primos,  el sexo se trata de una forma tan gratuita que incluso asquea.
En la de Alex de la Iglesia podemos ver como Sergio (Antonio de la Torre) mantiene relaciones sexuales sadomasoquistas con Natalia (Carolina Bang). En esta película no es ya sólo el acto, cuya única justificación sería la de usarse para mostrar la personalidad posesiva de Sergio y la sumisa de Natalia, sino la forma de mostrarse. En ningún momento se ve el miembro ni las formas de Antonio de la Torre, sin embargo si se ven las formas, los pechos e incluso algo más de Carolina Bang.
Además, como ya he dicho, el personaje de De la Torre sodomiza e incluso maltrata al personaje de Carolina. Un tema muy serio que se debe tratar con delicadeza ya que no se sabe a manos de quién podría llegar la película. Aun así, éste no es el tema a tratar.

Está claro que en el cine español nos gusta enseñar más desnudos de la mujer que del hombre (tendencia que está cambiando en los últimos años). Una actitud, para mí, totalmente machista que trata de llamar a ese público voyeur a acudir al cine.
Porque seamos sinceros, hay quien si no ve unas tetas o una mujer desnuda en una película española se siente como defraudado. Y como claro ejemplo de esto que digo está el segundo film nombrado arriba. 

Inma Cuesta en Primos

No voy a entrar en el argumento de Primos, ni en si está bien o mal realizada, pero tengo claro que, ya en el final del ¾ de la película, sobra que Inma Cuesta enseñe sus encantos haciendo topless en la playa. Y digo que sobra porque no tiene justificación ni por argumento, ni por hechos del personaje o externos a su acción, ni por motivo estético del plano o de la secuencia. Incluso en anteriores secuencias se da la misma situación y lleva la parte superior del bikini puesta. No tiene justificación de ningún tipo. Inma Cuesta sólo enseña su pecho por lo que todos conocemos como “exigencias del guión” (algo así como: “lo haces porque lo digo yo y punto”).
Claramente esta secuencia se podría haber rodado sin necesidad de que la actriz mostrara el pecho, con la parte superior del bikini puesta, pero claro, no tendría el mismo impacto que el ver el prominente pecho de la actriz valenciana.

Además en esta película hay otras situaciones vinculadas al sexo, como cuando Diego y Martina deciden practicar sexo por el mero hecho de estar durmiendo en la misma cama y se aburren. O el momento en el que Julián va a ver a Clara al burdel para comprobar si es prostituta y éste no deja de pedirle sexo.

Antes de continuar con el tema principal de esta entrada quiero aclarar algo. Tanto Balada triste de trompeta como Primos son dos películas que hay que ver. No tengo nada en contra de ellas, todo lo contrario.
La primera tiene una fotografía impresionante acompañada por un repertorio de actores de calidad y la segunda tiene unos gags cómicos bastante buenos y es entretenida.

Volviendo al tema. En el cine español el sexo siempre ha estado muy presente. Si no de forma explícita de forma alusiva. Las películas españolas siempre han tenido una alta carga sexual y se ha esperado esa escena de sexo, que tarde o temprano llega, siendo más  o menos explícita.

Paz Vega y Daniel Freire
Y es que siempre permanecerá en mi memoria la primera vez que vi Lucía y el sexo de Julio Medem y esa secuencia en la que Paz Vega y Daniel Freire, desnudos, se rebozan en arena mientras se masturban en la playa; o cuando Paz Vega y Tristán Ulloa se hacen fotos mientras mantienen relaciones sexuales. Lucía y el sexo es una gran historia que gira en torno al sexo, lo integra de tal forma que bien podría parecer un personaje más, no hay más que ver el título.
La verdad es que Paz nunca ha tenido problemas en desnudarse y mostrar su cuerpo. En Carmen de Vicente Aranda volvió a dar buena fe de ello.

Otra película que he podido visionar en varias ocasiones y que me encanta por la alta carga sexual y emotiva es La estanquera de Vallecas de Eloy de la Iglesia. Y digo de alta carga sexual por el tejemaneje que se traen desde el inicio del secuestro hasta el final Maribel Verdú y José Luis Manzano. Y ya que estamos, para mi es emotiva por el cariño que cogen ambas secuestradas a sus secuestradores, con los que llegan incluso a bailar.

Jamón Jamón
Como estos hay otros muchos ejemplos. Juana la Loca, también de Vicente Aranda; El corazón del guerrero de Daniel Monzón; Jamón Jamón de Bigas Luna; La pasión Turca de Vicente Aranda…Y lo dejo aquí porque la lista es bastante amplia.

Pero debo recordar que no sólo del cine español vive el sexo. Hay gran variedad en el cine internacional. Más o menos explícito, más o menos real, pero ahí está. Acompañando a la historia, formando parte de ella como algo natural, o no.

Hay una película, la cual me recomendaron su visionado, en la que el sexo se trata con total naturalidad siendo, prácticamente, uno de los ejes de la historia. No es otra que Ken Park de Larry Clark. Cuenta la historia de cinco jóvenes que mal viven en un ambiente extremo donde las escenas de sexo, drogadicción, asesinatos y problemas familiares está a la orden del día. Las escenas de sexo en esta película son tan explícitas que parecen reales, como el momento en el que uno de los jóvenes le hace un cunnilingus a una mujer madura y casada. O una de las secuencias finales en la que dos chicos mantienen relaciones sexuales con una chica.

Vale que la mayoría no sepa de qué película se trata pero también hay películas de grandes estudios de Hollywood (o de grandes estudios europeos) bastante tórridas.

Ken Park
No podemos dejar sin mención a Eyes Wide Shut protagonizada por la pareja de éxito, en la época, Tom Cruise y Nicole Kidman y dirigida por el gran Stanley Kubrick (esta fue su última obra, por cierto). Cómo olvidar esas secuencias en las que la cámara hace un travelling desvelando las orgías que tienen lugar en esa imponente mansión, o a Kidman desnuda ante el espejo en su dormitorio.

Otro clásico que no podría dejarme en el tintero es el cruce de piernas de Sharon Stone en Instinto Básico dirigida por Paul Verhoeven. Explícitamente no muestra nada pero es una situación con una alta carga sexual.
Lie with Me
Otra no muy conocida que muestra sexo explícito es Lie with Me del realizador Clément Virgo, protagonizada por unos Lauren Lee Smith y Eric Balfour muy entregados con su papel. Trata sobre una chica con problemas familiares que se refugia en el sexo con desconocidos para escapar de sus problemas. Hasta que un día se enamora de uno de los desconocidos. El sexo y los desnudos integrales están a la orden del día en esta película.
Tampoco me voy a exceder en esta lista porque es bastante larga y mi intención es tan sólo mostrar algunos ejemplos.

El sexo y las relaciones sexuales no se han tratado de la misma forma en el cine. Tenemos el claro ejemplo de Habitación en Roma de Julio Medem en la que Elena Anaya y Natasha Yarovenko mantienen relaciones sexuales (durante el 90 por ciento de la película) de una forma distinta a las que mantiene Santiago Segura en la saga Torrente con las distintas mujeres que pasan por su vida; siendo en el primer ejemplo un sexo más erótico y en el segundo algo más visceral y casposo.

Yo, como realizador, apuesto más por un sexo natural en pantalla. No veo nada natural que una pareja esté haciendo el amor en su casa arropados hasta la cabeza y prácticamente vestidos. Al igual que no veo natural que el hombre vaya medio vestido y la mujer desnuda por completo.
El sexo no se debe ver como un tabú, como algo que tengamos que alejar de la sociedad. No es sólo un acto de reproducción, carnal y visceral, sino una muestra más de amor hacia la persona con la que compartes todo. Y en el cine se debe mostrar como tal, sin velos ni censuras
Pero también considero que no hay que mostrar sexo de forma gratuita. No hay que convertir una película de género o convencional en una película pornográfica. El sexo o los desnudos se deben mostrar cuando sean necesarios, bien por la acción, por argumento, por propia personalidad del personaje..., pero no porque sea algo vistoso y llamativo.

Es cierto, que en el cine, se debe expresar el sexo de diferente manera según la circunstancia. Porque no se debe mostrar de igual manera una relación sexual de un hombre con una prostituta en la parte trasera de un vehículo que la de una pareja en su primera vez. Puede que haya circunstancias externas similares pero no de los sentimientos de los personajes.
Y en esto juega un papel importante la actitud y el aporte que un actor le pueda dar a su personaje. Si un actor se autocensura en lo que a escenas de sexo o desnudo se refiere, censura y mata parte del personaje al que interpreta. Además de que rompe con esa naturalidad que el realizador quiera darle a su obra.
También es cierto, que hay realizadores que se sobreexceden al mostrar escenas de sexo y esto lleva a sobrecarga, innecesariamente, la película.

Pajares Y Esteso
Hace tiempo leí una crítica en la que decía que ésta es la continuación de la I Época del Destape. Yo considero que es una muy distinta a la que iniciaron Pajares y Esteso tras la desaparición de la censura franquista. Ésta es sin duda la II Época del Destape.

Al levantarse la censura tuvo lugar un atiborro de cine con escenas subidas de tono porque el público lo solicitaba. Es como si mantienes a un niño durante dos años sin comer golosinas y un día le das vía libre. Pues el niño se hincha a comer golosinas.
Los realizadores sentían la necesidad y el deseo de poder contar lo que deseaban y, de la forma que deseaban, por todos esos años en los que habían sentido el poder de la tijera en sus metrajes, en los que ni tan si quiera se podían mostrar los muslos de una mujer.

Hoy en día, el sexo en el cine se usa de forma natural y sin reparos. No por necesidad de despojarse de las cadenas de la censura, sino por gusto de mostrar. En algunas películas el sexo es exagerado y sin necesidad; siendo en otras una parte tan importante sin la que se entendería el resto. También se usa el sexo como herramienta para dar a conocer la personalidad o actitud de un personaje para con otros.

Para acabar, les recuerdo el primer desnudo integral de una mujer en el cine español. María José Cantudo mostró su cuerpo desnudo a través de un espejo en La Trastienda de Jorge Grau. El Felpudo de la Cantudo está aún muy presente y se nombra en las escuelas de cine.

La Trastienda


sábado, 14 de mayo de 2011

El miedo sigue ahí!!

Osama Bin Laden

La muerte de Bin Laden ha sido recibida por todo el mundo como algo esperanzador. Como si el fin de todos los males llegara junto con la bala que mató al terrorista. Pero seamos sinceros, el terrorismo no termina con la muerte de Bin Laden. Tan sólo hemos acabado con un eslabón de la larga cadena que es el terrorismo.

No dudo de que la "Operación Gerónimo" (nombre en clave para la captura/asesinato de Bin Laden) haya tenido éxito. Pero lo cierto es que aun no han salido a la luz unas pruebas aclaratorias de que el terrorista ha muerto. Es más, dicen haberse deshecho del cuerpo pero, ¿cómo sabemos que esto es cierto?
Algunos no creen que hayan matado de un disparo en la cabeza a Bin Laden y hayan echado su cuerpo al mar. Suena a complot, a estratagema del equipo de gobierno de Obama para ganarse puntos en las próximas elecciones.
Aun así yo creo en Obama y confío, a pesar de las imágenes falsas del cuerpo de Bin Laden, que este terrorista está criando malvas (o corales). Considero que no deben enseñar imágenes del cuerpo en señal de respeto a la familia y amigos de Bin Laden. Esto no debe hacerse para saciar a los morbosos medios de comunicación y espectadores. Y por supuesto, lo veo como estrategia para no calentar aun más a sus radicales seguidores.

Está claro que la muerte de un terrorista, ya sea líder o no, no mata el terrorismo sino que puede aumentarlo. Ya nos están llegando las voces de los seguidores de Bin Laden que claman justicia y, lo peor, venganza por la muerte de su líder. Incluso han comenzado ya los primeros ataques. No seria raro que en los próximos meses y, en una fecha señalada, hubiese un atentado, ya sea en EEUU o en algún país aliado.
Es más, se ha encontrado información sobre nuevos ataques terroristas que estaban previstos bajo el mando de Bin Laden. Por suerte la "Operación Gerónimo" no sólo sirvió para deshacerse de Bin Laden. En su casa había todo tipo de información sobre nuevos atentados. Un nuevo 11S estaba previsto para este año. 
Esperemos que no haya más atentados en una larga temporada.

Escribo esto porque aun queda en mi retina la imagen de la caída de Husein, ese afamado dictador que guardaba bajo la cama las peores armas de destrucción masiva. Según Bush, la derrota de este dictador/terrorista sería un duro golpe para el terrorismo pero no fue así. Los ataques continuaron, en una supuesta "misión de paz" que devolvería la paz a Irak. Hoy día aun sigue el conflicto... Las que si debieron desaparecer fueron las armas de destrucción masiva, ya que no se ha vuelto a saber nada de aquello...

En fin. Bin Laden está muerto y se ha dado un paso importante en la lucha contra el terrorismo. Pero nadie debería alegrarse de la muerte de un hombre, nadie debe celebrar la muerte de alguien. Sí veo bien que se celebre una victoria sobre el terrorismo, que se celebre la venganza por tantas vidas inocentes que ese hombre se llevó. Pero nada más.

De todas formas, creo que Bin Laden ha conseguido lo que quería y no se trataba de matar a cuanta más gente mejor o de hacer todo el daño posible. Bin Laden ha conseguido que todos vivamos con miedo, que todos los países estén en alerta máxima contra terroristas, que todos los ciudadanos de todos los países vivamos con el temor de que algún día nos toque a nosotros.

Yo me quedo con algo que pidió Bin Laden en su testamento: "Que mis hijos no sigan mis pasos"

Esperemos que, algún día no muy lejano, el terrorismo sea un tema del pasado.

sábado, 19 de marzo de 2011

¿La velocidad importa?

Marcador de consumo de mi coche (Dacia Sandero)

Hoy vengo a escribir de un tema que ha sido más que tratado y comentado en los últimos días. De algo que ha sido la comidilla de todos en el café; de algo criticado hasta la saciedad. Una polémica medida para resolver un gran problema.
Pero no vengo a escribir para arrojar más oscuridad al asunto, no vengo a enturbiar el agua ni a clamar contra la medida. Vengo a escribir sobre mi experiencia, a tratar el tema desde el punto de vista más objetivo tras haberlo vivido en mis propias carnes..., o en mi depósito. Y como muchos habréis deducido vengo a tratar la nueva norma impuesta por el gobierno para ahorrar energía y petróleo. La que desde el 7 de marzo de 2011 (que deberemos acatar durante los próximos 4 meses si no hay novedad) está vigente. No superar los 110 km/h en autopistas y autovías.

El día 5 de marzo fui a Madrid desde Herrera del Duque (Badajoz) con mi novia para visitar a mis tíos. El viaje se compone de un tramo de carretera nacional (N-502), en un estado lamentable y con curvas peligrosas, y el resto autopista por la A5. El coche en el que viajamos fue el mío, un Dacia Sandero 1.2 75CV 16V (un buen coche por cierto).

Pues bien, ese día aun no estaba la norma vigente por lo que fui como siempre por la autopista, sin sobrepasar la velocidad de 130 km/h. (sí, como todos solemos hacer). Pues yo, dicho por mi novia, soy muy maniático con eso de controlar el consumo y cada cierto tiempo lo compruebo gracias al ordenador de abordo del que dispone mi coche y la media era de 6.4, cuando apretaba un poco el coche subía a 6.6, lo normal. Debo destacar antes de nada que apenas pillamos retención, ni camiones y que fuimos durante todo el camino a una velocidad uniforme y constante. Sí es cierto, que como siempre, pasando Navalcarnero y en la salida/entrada de Móstoles el tráfico era mucho más denso que en el resto de la autopista.

Salimos de Herrera del Duque más o menos a las once menos cuarto de la mañana, y llegamos a Madrid a la una de la tarde. El viaje duró dos horas y cuarto aproximadamente. No está nada mal. Como ya he dicho, el viaje fue de corrido y sin incidencias ni retenciones.
Tras pasar un fin de semana de tranquilidad y sosiego en Madrid, quien lo diría, y estar con mis tíos, llevé el lunes a mi novia a la estación para que volviese a Almería. Yo emprendí el viaje de vuelta por la tarde con dicha norma de velocidad en rigor.

Salí de Madrid el día 7 de marzo a las seis en punto. Justo antes de salir a la autopista ya se veía la acumulación de coches. Yo pensé en que era causado por la nueva norma; la acumulación de coches que normalmente hay más los añadidos por la limitación de velocidad. Creía que tardaría bastante en salir de Madrid, pero nada más lejos de la realidad. El tráfico iba a una velocidad homogénea, como siempre, sin frenazos ni acelerones. Salí de Madrid de la misma forma que lo había echo siempre, sin retenciones ni atascos. Durante todo el camino llevé una velocidad de 110 - 115 km/h tanto en carretera como en autopista.
Mi sorpresón llegó cuando, antes de tomar la salida 106 de la A5 dirección Talavera de la Reina, miré el consumo y ví que era de tan sólo 5.3. Lo miré varias veces pensando que podría estar mal pero al ver que la barra del indicador de consumo apenas había bajado me di cuenta de que aquello era cierto. Durante todo el camino el consumo se mantuvo en esa cifra, bajó un par de veces a 5.2. Repito que no supere los 115 km/h, mi velocidad en el viaje de vuelta fue homogénea y el viaje transcurrió tal y como el de ida, sin incidencias, atascos o retenciones.

Ahora viene la mejor parte, salí de Madrid a las seis en punto de la tarde y llegué a la puerta de mi casa (lo sé por la llamada de rigor a mi novia) a eso de las ocho y veinte de la tarde. Si los cálculos no fallan son exactamente dos horas y veinte minutos.

Tanto el viaje de ida como el de vuelta fueron prácticamente similares en todo, tiempo, condición de la carretera, tráfico y velocidad. Se me hizo de noche en la vuelta pero no repercute para nada.

Ésta es la conclusión de mi viaje:
Conduciendo a 10 kilómetros menos por hora el consumo baja bastante y el tiempo de viaje es casi el mismo, a diferencia de unos minutos. Sí es cierto que la sensación de velocidad disminuye considerablemente y que, conductores que antes viajaban a más de 150 km/h, ahora van a velocidades inferiores por lo que parece que hay más tráfico. Por lo demás todo sigue igual, se tarda casi lo mismo y gastas menos, por lo que creo que la norma cumple su cometido.

Como antes he dicho, escribo esto para haceros llegar mi experiencia como conductor. Para aclarar lo que muchos otros ensucian sin haber cogido el coche, basándose tan sólo en estadísticas y en comentarios de otros, que tampoco han probado nada. La norma funciona, y sinceramente, si hace que ahorre un cuarto del deposito, debería haber más normas "estúpidas" como esta.
¿Qué tardas más? Sí, unos minutos. Claro está, si antes circulabas a más de 150 km/h y ahora vas a 110 km/h pues la diferencia en tiempo será muy notable. Pero si respetas normalmente las normas, apenas notarás diferencia.
Y, por cierto, a todos aquellos que decían que era una norma creada para recaudar, debo decir que yo superé los 110 km/h en más de una ocasión (no fui a más de 115 km/h) y a día de hoy no me ha llegado multa. Es más, puedo asegurar (lo leí ayer en 20minutos) que hasta hace poco no han cambiado los límites en los radares fijos y que se multará al superar los 116 km/h con sanción económica de 100 euros.

Espero que mi experiencia les haya servido para informarse y, sobre todo, para tener algo creíble en lo que basar o comprobar sus propias teorías. Ésta es mi historia y ahora pueden creerla o no, pero invito a todo aquel que no lo crea a hacer la prueba y comprobar sus consumos.

Nos leemos.

domingo, 16 de enero de 2011

Menos es más...


Hace ya varios días pude visionar la magnífica obra Buried (Enterrado) dirigida por Rodrigo Cortés e interpretada por un enorme Ryan Reynolds.

La historia, aparentemente simple, nos lleva al secuestro de Paul Conroy (Ryan Reynolds), padre de familia estadounidense que trabaja como contratista civil en Irak. Sin motivo aparente el protagonista se despierta enterrado vivo en un viejo ataúd de madera con tan sólo un teléfono móvil y un mechero como compañeros. El teléfono se convierte en su único aliado para poder escapar, siempre y cuando la precaria cobertura y la escasa batería se lo permitan en un tiempo límite antes de que el oxigeno se termine.
Sin duda una magnífica obra del cine español que levantó expectación entre los asistentes al Sundance 2010.

Tanto la crítica como el público, en un principio reacio, han acogido este film como una de las obras que quedará grabada en la memoria del cine, tanto por lo arriesgado de "enterrar" y crear ese ambiente claustrofóbico en todas las salas de cine mundiales como por su crítica hacia el sistema de protección de rehenes de los Estado Unidos de América.

Paul Conroy
Todo comienza con una oscuridad total, solamente los rótulos (muy al estilo Hitchcock) y la profunda respiración de Reynolds nos hacen saber que ha comenzado la película. Pronto nos llega el sonido de un zippo y se hace la luz, iluminando el rostro de Reynolds y el interior de la caja donde se halla.
Toda la acción transcurre en ese recio ataúd, alrededor del único personaje visible en toda la cinta, Paul Conroy, encarnado por un sobresaliente Ryan Reynolds que fue el valiente actor que asumió un papel ante las negativas de otros actores. Papel en el que puedo asegurar que sufrió, ya que no sólo tuvo que soportar ser el pilar fundamental de la película bordando una actuación con cada suspiro, cada llanto o cada grito, sino que tuvo que aguantar daños físicos y psiquicos por estar tantas horas actuando en las distintas replicas del ataúd.

No debemos olvidar que los actores son humanos ante todo y, que al igual que cualquier mortal, sienten y padecen. Muchos actores asumen el papel que interpretan, no sólo de forma interpretativa, sino que dejan su personalidad a un lado para asumir la del personaje que interpretan. Bajo mi punto de vista, esto es lo mejor que puede hacer el actor por el personaje al que da vida, asumir la personalidad, y en muchos casos el físico, de aquel al que interpretan.
Y justamente esto hace Reynolds, sintiendo y representando los miedos, la angustia y los sentimientos de un hombre que es enterrado vivo, haciendo que cada segundo sea una agonía que contagia a cada espectador de la sala. Con una actuación sublime, nos olvidamos del actor para centrarnos en la historia de Paul Conroy, en el sufrimiento que experimenta este personaje a lo largo de toda la obra.

Conroy despierta
Según declaraciones del propio realizador, Rodrígo Cortés, el actor volvió a Estado Unidos con la espalda completamente arañada por el continuo roce con la madera de la caja, con los dedos achicharrados por mantener durante tanto tiempo el zippo encendido, con algún mechón menos de pelo y, con varios cortes y rozaduras por los movimientos que hizo en el interior de la caja. Pero más que el destrozo físico, fue el mental, ya que Reynolds pasó por el calvario de un temor universal como es ser enterrado vivo. En poco tiempo debió desarrollar varias emociones extremas que atienden a la situación en la que se encontraba el personaje.

Ryan Reynolds ha demostrado definitivamente que no es una fachada sin vida, una imagen bonita para copar revistas o vallas publicitarias. Con esta actuación ha dado un certero golpe en la mesa mostrando sus cualidades interpretativas, que bien puede valer no sólo una nominación al Oscar sino la adquisición del mismo.


Debemos tener en cuenta que tras el trabajo visible del actor se encuentran las manos del realizador.
Debió ser complicado para Rodrigo Cortés plantear el guión de Chris Sparling en una sola localización ya que el espacio es minúsculo para poder maniobrar y crear efectos visuales, para dar un sentido usando movimientos o tipos de planos con la cámara. Dicho espacio limita de igual manera las herramientas y la misma actuación, ya que los límites los tienes a tan sólo tres centímetros. Grabar en este espacio tan limitado acarrea otras dificultades como el de dar un sentido del tiempo, del espacio, o el de oxigenar al propio espectador, ya que para cualquier espectador resulta inquietante compartir la agónica situación de Paul Conroy durante 94 minutos sin cambiar de localización, sin salir en momento alguno de la propia caja.

Durante el rodaje se usaron 7 cajas con diferentes sistemas para facilitar movimientos de cámara como travellings, panorámicas de 360 grados sobre Reynolds, planos de perfil del actor... De igual manera para transmitir sensaciones, como cuando la cámara asciende en un travelling y las paredes de la caja parecen infinitas, hundiendo aun más a Conroy en su desesperada carrera por salir.
Crear esa sensación de agobio y asfixia, esos planos tan complejos, tan sólo podía ser posible con la ayuda de esos ataúdes mecanizados.

Al grabar en una sola localización Cortés contó con una ventaja, que os aseguro en pocos rodajes de ficción se tiene, como es rodar cronológicamente (esto, para quienes no lo sepan, es rodar de principio a fin según el guión literario, según van pasando las acciones). Esto seria impensable, sobre todo para los productores, en cualquier otra producción ya que encarece considerablemente el trabajo final.
Tanto el equipo técnico como el artístico de Buried debió agradecer rodar de esta forma, pues facilitarían tanto el dramatismo ascendente de la actuación de Reynolds como el trabajo de los cámaras, de iluminación, sonido y demás técnicos.

El único inconveniente surge en temas de raccord (más conocidos como gazapos), ya que los planos para montar pertenecen al mismo actor, a las mismas acciones y a los mismo objetos. No hay otro actor en el que apoyarse o alguna otra acción a la que recurrir si algún movimiento o alguna acción no monta con naturalidad. Por ello quiero destacar el trabajo del realizador, del script y del propio actor por salvaguardar los raccords y apoyarse en planos recurso cuando fuera necesario.
Dificultades del rodaje
Esta es una labor muy a tener en cuenta, ya que si durante el rodaje se pasa por alto, a la hora de montar el producto final puedes tener un enorme problema. Además debo recalcar que se rodó durante tan sólo 17 días por lo que tanto la labor del Ayudante de Realización (sí, está en mayúsculas) como la del realizador debió ser tan agónica como el sufrimiento de Paul Conroy, ya que en un tiempo justo y medido debieron hacer todas las tomas y planos que fueran únicamente necesarios para montar posteriormente el producto final, sin tomar planos masters (son planos más generales y planos secuencia sobre los que se montan otros planos).

El tema de la iluminación está muy bien tratado en esta película. Normalmente en el cine existe una falsa oscuridad, que permite ver al espectador lo que el protagonista no ve; mientras todo permanece para el personaje en una oscuridad absoluta el espectador debe ver que ocurre en esa oscuridad ya que en el peor de los casos, esto podría traer como consecuencia que el espectador perdiera interés por no poder ver absolutamente nada de lo que ocurre. Cortés utiliza esta técnica en su beneficio, ya que si Conroy no ve y permanece en una oscuridad absoluta, el espectador tampoco verá, creando un ambiente de incomodidad y curiosidad, consiguiendo que el espectador permanezca atento, curioso ante lo que pueda acontecer. Creando una conexión entre el protagonista y el espectador en el que ambos descubren al mismo tiempo lo que ocurre.

Iluminación
Esto también añade un problema, ya que para captar esas imágenes tan oscuras hay que tener el diafragma en su posición más extrema trabajando con una profundidad de campo muy estrecha y esto ocasiona que se trabaje al límite entre lo nítido y lo borroso, algo de lo que, si no se sabe como beneficiarse, es mejor no utilizar.
Las luces se usan de forma práctica, utilizando elementos en imagen para iluminar como el zippo, el móvil, una bengala o una linterna, cada luz refuerza además las emociones en el momento. Este modo de iluminar contribuye a dar realismo, ya que se iluminan las zonas a las que se alumbra quedando las demás en total negrura.

La inquietante respiración de Ryan Reynolds acompañada del rechinar de la madera, de sus propios gritos, del llanto, o de la música del teléfono móvil para mí son suficiente banda sonora para este film.

Esta película contiene todos los elementos de cualquier película grabada en diferentes localizaciones, con cientos de personajes y con miles de efectos. Y lo mejor es que se basa en un miedo universal para crear metáforas que nos ocurren a todos en la vida cotidiana (¿Quién no ha llamado a una compañía para solucionar algo y le han mantenido a la espera cambiándole de departamentos hasta llegar al punto inicial?). De igual manera contiene escenas de acción, de terror, de angustia, de liberación, de condena, o de esperanza.

El teléfono móvil juega un papel importante en este film, ya que es el nexo de unión entre el ataúd y el exterior. Gracias a ello podremos conocer más sobre la vida de Paul Conroy, el motivo por el que está enterrado, como tratan de ayudarlo, de igual manera podremos conocer a otros muchos personajes imaginando incluso sus físicos. Este elemento es tan importante en la historia como el ataúd o el propio protagonista.
Conroy usando el teléfono
Esta película es una opera prima del cine español demostrando que hay algo más a parte de Torrente o Jamón Jamón, que podemos hacer cine en España comparable al de Hollywood, y que las nuevas generaciones vienen pidiendo paso, con nuevas ideas y sin miedo a arriesgarse.
Sin duda alguna ha sido una fuerte apuesta de Rodrigo Cortés que ha conseguido, no sólo la bendición de la crítica sino de los críticos más importantes, el propio público. Arriesgó y ganó sacando lo mejor de un guión que tenía sus propias lagunas, y como pudo se disimuló en el film, y de un actor que se ha consagrado con una actuación digna de Oscar.

Está claro que si esta película no recibe su merecido Oscar es por la metedura de pata del guionista, que pidió por carta a uno de los miembros del jurado que tuvieran en cuenta esta película. Esperemos que esa desafortunada acción no lleve consecuencia y el jurado tenga en cuenta la calidad del proyecto.
La utilización de una localización, de tan pocos elementos y efectos, de tan pocos actores (en pantalla), del poco tiempo de rodaje, del "poco" presupuesto que se han utilizado para la realización de la película me recuerda eso de.. Menos es más...
Recomiendo su visionado y como nota, cuatro estrellas y media de cinco.



Pd: Por cierto, el título de esta entrada no tiene nada que ver con la brevedad de la misma. He querido hacer un análisis completo de esta película.