miércoles, 4 de septiembre de 2013

Prohibido cerrarse puertas

Hace unas semanas comencé a escribir un artículo en el que explicaba los motivos sobre la finalización de unos de mis proyectos este año, pero, tras leerla varias veces, he decido no publicarla.
Dicho artículo enturbiaría la imagen de algunas personas y entidades, y, probablemente, me cerraría alguna puerta por la que algún día quisiera poder pasar. Ese es el principal motivo por el cual he decidido no publicar el artículo y, a su vez, el hecho que da pie a esta nueva entrada y a una nueva sección.

He podido tratar este tema con otras persona y algunas me han recomendado que publique la entrada y otras me han aconsejado que no lo haga. Una parte de mi, quizá cegada por la ira y el odio, me pide que lo haga, pero, la otra parte, una más fría y calculadora, no consiente que lo haga.
En realidad, pensándolo bien, no publicar ese artículo es lo mejor que puedo hacer, por ese tema de no cerrarme puertas. Y es que, el ser humano, como ser que actúa de una forma irracional en muchas ocasiones, tiende a cerrarse puertas y a echarse tierra encima con una naturalidad casi innata. No pensamos, en muchas de nuestras decisiones, los efectos que pueden conllevar nuestras acciones. No llegamos a caer en la cuenta de que en muchos casos, por tratar de dañar a alguien de una forma directa y, con toda probabilidad, torpemente, lo único que conseguimos es un efecto contrato o de rebote que hace que nosotros salgamos perjudicados.
Meditando sobre ese dicho popular: "No hay mayor desprecio que no hacer aprecio", considero que tiene mucha razón, pero, como he escrito antes, muchos no pensamos en actuar así y, anulando la razón, actuamos inconscientemente, inmolándonos en el intento de arañar algo. Por ello es mejor hacer algo con la mente fría y tras haber pensado en todas las opciones. Y en ese momento es cuando me viene otro dicho a la cabeza: "La venganza es un plato que se sirve frío".

Yo he decidido no vengarme sino aprovecharme. Si, aprovecharme. Tomaré de esas personas y de esas entidades todo cuanto necesite, y cuando quieran algo de mi, no obtendrán nada más que la indiferencia. 
¿Acaso no es la mejor forma de actuar con personas que hacen lo propio con el resto de personas? Darles su propia medicina se llama. Es, sin duda, una de las mejores estrategias para no cerrarse puertas.
Así que, sigan así, pues ya llegará el momento en el que ajustemos cuentas. Y como el artículo va de dichos populares: "Quien ríe el último, ríe mejor".


Cambiado el tercio y haciendo mención a lo que he escrito en el primer párrafo. Este artículo sirve de entrada para otros muchos, que vendrán, de la misma índole. En esta sección planeo publicar mis pensamientos, bien sean sobre algo que sólo me ataña a mi o sobre un tema que pueda afectar a más personas.
Espero que todo cuanto se publique aquí pueda ser de vuestro interés. Y si sirve de ayuda a alguien, mejor aun.

Un saludo a todos.


PD: Aquel que quiera pensar mal, que lo haga, pero que no se entienda este artículo como una amenaza.
De igual modo, añado, quien se sienta ofendido es porque algo de culpa, tiene.






miércoles, 14 de agosto de 2013

Pedir permiso antes que pedir perdón

Hoy, nada más ver mi muro Facebook, me encuentro con una decepcionante sorpresa: La carta de una joven periodista que fue acosada y humillada, junto a su padre, por un grupo de energúmenos en la plaza de toros de Herrera del Duque por tener un gesto con un torero que, tales energúmenos, no entendieron (Periodista humillada por la afición de Herrera del Duque).
Comenzando por esto, nunca he logrado entender por qué una persona debe increpar a otra por hacer algo totalmente lícito y sano. Y menos aun si es una persona ignorante que no comprende lo que está pasando a su alrededor y tan sólo se limita a gritar lo que la muchedumbre grita. Cual ovejas, estas personas sin cultura ni moral, son capaces de seguir al rebaño hasta un barranco y despecharse sin tratar de cuestionarse nada. Sin llegar a preguntarse, como siempre ocurre, si pueden estar hiriendo a otra persona.
Sinceramente, esta actitud me provoca vergüenza ajena y asco hacia nuestra sociedad. Debemos ser más tolerantes y mirar dos veces antes de lanzar la piedra. Tratemos de ser conscientes y pensar en que esa persona podría ser alguien cercano a nosotros, y que por supuesto, no nos gustaría que fuera tratada así. Pero ante todo, debemos pensar que es un semejante al que estamos dañando y que es muy probable que no merezca tal trato.

A tal carta, la cual creo que todo herrereño debería leer para saber cómo se nos puede llegar a ver desde fuera, le llega la contestación del alcalde de Herrera del Duque, Don Saturnino Alcázar. El alcalde, ante todo, pide disculpas a la joven y le ruega que no se lleve una imagen, equivocada, de las gentes de Herrera. Lo cual es lógico. También trata de hacer de abogado de causas perdidas, explicando un gesto que tuvo el respetable con el torero en cuestión.
En primer lugar, defiendo lo que dice el alcalde. Un grupo de personas, si así se les puede llamar, maleducadas y salvajes no representa, ni mucho menos, a todos los habitantes de Herrera del Duque. No puede, por que es imposible. En esa plaza, esa tarde, había gente de muchos pueblos de la zona e incluso de poblaciones más lejanas. Ciertamente la inmensa mayoría serían herrereños, pero estoy bien seguro de que muchos de los que maltrataron a esta joven y a su padre, no son de Herrera ni viven en Herrera. Por lo que no se puede generalizar, ya que esta chica incluye en el mismo saco a personas que no tienen nada que ver con esas otras, ensuciando la imagen de todo un pueblo y sus habitantes.
Por otro lado, el alcalde podría haber evitado tener que pedir disculpas si antes, mientras ocurría este desafortunado hecho, las autoridades hubiesen actuado para poner orden, evitando así, que este grupo de personajes haya atentado contra la libertad de expresión de esta periodista, contra su mismo honor. Y es que esto se puede considerar maltrato y vejación. Acoso en toda regla.

En parte hablo un poco a ciegas, pero tras leer la carta y haber preguntado a algunas de las personas que fueron testigo de este mal gesto, debo reconocer que la joven lo debió pasar mal y que su carta está totalmente justificada.
Decirle a esta joven que, como bien apunta el alcalde en su carta, no todos los herrereños somos así. En Herrera hay de todo, como en botica, pero abunda la gente buena y hospitalaria. De igual modo, la invito a que vuelva y se relacione con las gentes de este pueblo para sacar una conclusión más cercana a la realidad. Añadir que me produce repugnancia este tipo de acciones y que deberían ser condenadas y denunciadas por todos. No podemos permitir que en la sociedad actual pasen cosas como estas, seamos personas civilizadas y cabales. Seamos, ante todo, tolerantes.

Al alcalde sólo puedo decir que ha actuado bien después de que sucediera todo, pero habría actuado mejor evitando que sucediera. Y si, se podría haber evitado. Todos lo sabemos. Siempre he oído que se debe sanar la herida antes de hacérsela. ¿Cómo? Procurando no hacerse la herida.

En fin, esperemos que este tipo de actos no se vuelvan a dar y que el alcalde de turno no tenga que volver a contestar a cartas semejantes. Nadie quiere que se dañe su imagen y eso, sólo nosotros mismo podemos conseguirlo.

domingo, 11 de agosto de 2013

Trabajo sucio

-Tiene que ser algo rápido -se lavaba las manos mientras Enrique se aseguraba de que no había nadie más en todo el aseo-. Esperaremos a que lleguen al puesto de embutidos para hacerlo, tal y como habíamos planeado.
-Yo me encargaré de todo.
-Recuerda que nos jugamos mucho –dijo volviéndose hacia él-. Si no lo ves del todo claro, no intervengas.
-Descuide –le contestó Enrique.
-El guardaespaldas nos dará vía libre llegado el momento.
-Ya está aquí –dijo, irrumpiendo en el aseo un hombre con traje negro.

Los tres se apresuraron en salir de allí y se dirigieron rápidamente hacia la puerta del gran pabellón. Enrique se rezagó a propósito, debía mantener una distancia prudencial con el resto.
El Presidente llegó acompañado de todo un séquito de cámaras y reporteros, además de sus incondicionales seguidores y su personal de confianza, que le acompañaba siempre en cada viaje. Cortaron la cinta, inaugurando así la feria, y, tras brindar con cava, entraron al pabellón. Enrique les seguía de cerca, sin perder detalle de cada uno de sus movimientos. Se había percatado de que El Presidente siempre actuaba bajo un mismo patrón: llegaba al puesto, saludaba a los trabajadores, hablaba brevemente con ellos, se hacía una fotografía, se despedía y tras remolonear un instante frente al puesto, se marchaba al siguiente. Era una visita breve en la que ocurrían demasiadas cosas. Enrique sabía que debía aprovecharse de ese pequeño instante de caos en el que todo parecía valer, en el que se rompían las barreras de lo políticamente correcto y se anulaba, inconscientemente, cualquier tipo de protocolo.

Francisco, quien había contratado a Enrique para llevar a cabo el plan, paseaba junto al Presidente alardeando de todo lo que había hecho para que la feria fuese de las mejores de la provincia. Iban de puesto en puesto como una abeja va de flor en flor. No alcanzaban a imaginar lo que allí tendría lugar.
Apenas les quedaban unos metros para llegar al puesto del charcutero. Enrique estaba más que preparado. Esperaba pacientemente la señal, el momento preciso para hacer su trabajo. Él se tenía que encargar del trabajo sucio, ese trabajo que nadie quiere hacer, y por supuesto, nunca le había temblado el pulso a la hora de hacerlo.
El Presidente llegó junto con Francisco al puesto del charcutero. Ambos saludaron a los dos trabajadores que allí había y comenzaron a charlar. Enrique se acercó a ellos con disimulo. Estaba atento a los movimientos que hacían el presidente y su guardaespaldas. Esperaba al instante en el que se hicieran la fotografía para intervenir, ese era el justo momento en el que podía pasar de todo y, mejor aún, se podía sospechar de todos.

El joven fotógrafo de un periódico local llegó para encargarse de hacer la fotografía de El Presidente y el organizador de la feria junto con los trabajadores del puesto. Todos, incluso algunas personas que pasaban por allí, se colocaron para la fotografía. Enrique no perdió la oportunidad de acercarse al Presidente. Por su altura se colocó detrás y, mientras todos se organizaban para no perder sitio en la foto, él fue buscando una posición más cercana a su objetivo.
Ya estaban todos dispuestos. El fotógrafo se preparó para hacer su trabajo. Enrique sabía que aquel era el momento para hacerlo. Sacó un guante del bolsillo de su chaqueta y se lo puso rápidamente. En ocasiones como ésta, sólo utilizaba un guante, así le era más fácil deshacerse de él después.
Con total cautela, procurando no ser visto, tomó el cuchillo que había sobre la mesa y con el cual, los trabajadores del puesto de charcutería, cortaban el embutido. Cuando el fotógrafo pidió que todos se juntaran un poco más, él hizo lo propio, siendo,  prácticamente, una prolongación del Presidente.
Le clavaría el cuchillo por la espalda, bajo las costillas, directo al corazón. Lo había hecho más veces y era un método que funcionaba. El Presidente caería fulminado al suelo, sin tiempo a más que morir en ese preciso instante. Aprovechando la confusión del momento, saldría de allí. Se quitaría el guante, dándole la vuelta, y lo guardaría de nuevo en el bolsillo de su chaqueta. Iría al baño a lavarse, a hacer tiempo hasta que el cuerpo sin vida del Presidente estuviese rodeado por curiosos. Entonces saldría del baño y se iría de allí. Un plan perfecto.

Enrique esperaba, impaciente, a que se disparara el flash de la cámara para hacerlo. Así no se reflejaría en la fotografía algo que le pudiera perjudicar. Pero entonces, el joven que había a su lado, rodeó con su brazo al Presidente.
Se había complicado todo de forma repentina, por lo que decidió esperar. No haría nada hasta que lo viese claro, tal y como le habían pedido. Francisco y él se miraron. Enrique negó con la cabeza al ver cómo sonreía. Quizás pensaba que el plan marchaba según lo previsto, que el deseado desenlace de todo aquello estaba a punto de llegar. Pero Enrique enseguida le hizo entender que no era así.
Apenas había realizado el fotógrafo su labor, Francisco se apresuró en pedirle que hiciera otra fotografía. El joven que rodeaba al Presidente con su brazo ya se había movido y todo su costado había quedado al descubierto. Enrique empuñaba el cuchillo con firmeza. Esta vez era él quien rodeaba al Presidente con su brazo.

La cegadora luz del flash se disparó iluminándolo todo. Fue algo fugaz, ocurrió demasiado rápido. Su instinto intervino en sus planes sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. Le había hundido el cuchillo en el costado al Presidente, más a causa de una reacción que de una acción.
Sacó el cuchillo y lo tiró al suelo. Salió de allí antes de que se desplomara entre el gentío. Le temblaban las manos. Había hecho trabajos como este en muchas ocasiones, pero esta vez era diferente. Presentía que algo no había salido bien, por eso necesitaba salir de allí.
No tardó en quitarse el guante. Como había planeado, le dio la vuelta y lo guardó en el bolsillo de su chaqueta. Sabía que podían señalarlo como uno de los responsables si lo veían por allí, por lo que decidió ir al aseo. Ese era el primer lugar en el que se le había ocurrido refugiarse.

Entró, yendo desesperadamente hacia uno de los lavamanos. Trataba de limpiar la poca sangre que le había salpicado, mientras escuchaba el alboroto que se había montado en la sala de exposiciones. Los chillidos y gemidos acompañaban al sonido de las sirenas. Todo se complicaba. Debía salir de allí cuanto antes, pronto comenzarían a buscar al culpable.
Se frotaba las manos a conciencia. Ya estaban limpias, pero no lo suficiente para él. Se sobresaltó al escuchar abrirse la puerta del aseo. Pudo notar cómo toda la sangre del cuerpo le caía a los pies y respiró aliviado al ver que se trataba de Francisco.

-Buen trabajo –comenzó a aplaudir nada más verlo-. Veo que era cierto lo que decían sobre ti.

No dijo nada. Se limitó a mirarlo y volvió de nuevo a lavarse las manos. Francisco sonreía, no podía ocultar su satisfacción. Todo había salido según lo previsto, y aunque no hubiese salido, él tendría las manos limpias. Esperó pacientemente a que Enrique se aseara. Cuando terminó, estaba impecable. Como si nada hubiese ocurrido, como si él no hubiese tenido nada que ver con todo aquello. Era la otra parte de su trabajo: hacer todo lo posible para pasar inadvertido, y siempre lo conseguía.
Francisco sacó un sobre del bolsillo interior de su chaqueta y se lo entregó. Enrique no esperó a abrirlo, dentro estaban sus honorarios por el trabajo hecho. Lo contó varias veces antes de volverlo a meter en el sobre.

-Aquí no está todo el dinero que acordamos.
-¿No? –se mofó de él-. ¡Ah!, es cierto. Se me olvidó decirte que las condiciones de nuestro trato habían cambiado. Acepta el dinero y lárgate de aquí –le explicó antes de dirigirse hacia la puerta.
-Ese no era el trato. Págueme mi dinero, el que acordamos –sentenció Enrique.
-Y si no lo hago, ¿qué harás? –le replicó volviéndose hacia él-. ¿Matarme? –añadió tras una sonora carcajada.

Enrique dio un paso hacia él sin decir nada más. Se sentía humillado y no permitiría que alguien como él le trata así. Había hecho su trabajo y no quería más que recibir el dinero que habían acordado. Francisco retrocedió al ver que se le echaba encima.

-Da un paso más, sólo un paso más y estás perdido –le amenazó-. Si no salgo de aquí en… -miró su reloj-, aproximadamente tres minutos…
-¿Qué? –le interrumpió-. ¿Qué piensa hacer? ¿Delatarme? ¿Matarme? Usted sabe la reputación que tengo, lo que soy capaz de hacer. Podría matarle aquí mismo, ahora mismo y le seguro que nadie se enteraría. Sabe bien lo que hago, pero no quien soy –le explicó acercándose más a él.

Francisco permaneció atónico al ver cómo se le hundían los ojos, cómo empalidecía su piel y se le marcaban los huesos. Casi podía ver a través de él.
Enrique le asió con sus huesudas manos por el cuello y apretó lentamente. Francisco podía sentir cómo se le escapaba la vida. Con una rapidez y una facilidad inhumanas, Enrique lo mataba suavemente.

Con el poco aliento que le quedaba, Francisco sólo pudo preguntar: -¿Quién demonios eres tú?- Y él, observando su demacrado rostro en los ojos apagados de Francisco contestó: -La Parca.

domingo, 4 de agosto de 2013

La purga: La noche de las bestias

Reconozco que esperaba más de esta película, y de hecho, puedo decir que me defraudó en parte al terminar de visionarla. Pero, tras meditar y replantearme lo que verdaderamente ofrece, creo que tiene una parte positiva por la cual merece la pena ser vista.

Escrita y realizada en 2013 por James DeMonaco, e interpretada por Ethan Hawke y Lena Headey, como cabezas de cartel, La Purga presenta un futuro incierto en el cual la delincuencia toma protagonismo en el día a día de las ciudades de los Estado Unidos. Con las cárceles atestadas y la imposibilidad de combatir a los delincuentes, el Gobierno crea "La purga" que consiste en permitir cualquier actividad criminal, incluso el asesinato, durante una noche al año.
La historia se centra en una familia acomodada que tendrá que hacer frente ante una difícil elección: ser presa o cazador.
Sin duda, es una historia interesante, con un poderoso texto y un subtexto que logra hacernos meditar sobre ciertos aspectos de nuestra sociedad. Aunque en algunos puntos pueda recordar a La habitación del pánico de David Fincher, es sólo un mero espejismo. Esta película tiene alma propia y un claro mensaje para el espectador.

DeMonaco ha tratado bien esta clase de thriller, con el cual siempre hay que tener cierto cuidado y mimo a la hora de realizar o de hacer la puesta en escena para evitar que la película se vuelva demasiado pesada o agobiante.
Prácticamente toda la película tiene lugar dentro de la casa de la familia Sandin pero esto se hace más llevadero para el espectador gracias a la puesta en escena y a las posiciones de cámara.
El constante movimiento de los que permanecen dentro de la casa, en todo momento nos hacen creer que el espacio por el que se mueven, la casa en este caso, es mayor de lo que realmente es, evitando así un sentimiento de agobio y encerramiento. Además, el hecho de que se muevan varios personajes por los pasillos de la casa, al mismo tiempo o por separado, apuntala este recurso.
Otro de los métodos que ha usado DeMonaco en su favor es la oscuridad, bien insertada en la producción por el guión. Gracias a esto, el espectador no puede apreciar la dimensión de las estancias, aunque si bien es cierto que se puede volver contraproducente, ya que no tener referencias, o apenas ver lo que ocurre en pantalla, puede ocasionar agobio o desinterés en el espectador al no ver claramente lo que ocurre ni dónde ocurre. Por lo tanto hay que usar siempre la oscuridad o penumbra con sumo cuidado para lograr lo que realmente se quiere y no lo contrario.
La posición de las cámaras también ayuda, y es que el tener una visión del exterior a través de las cámaras de seguridad, mediante el bien empleado uso de una óptica angular y la colocación en picado de la cámara, oxigenan tanto a los personajes como a los espectadores. Es una ventana al exterior que además informa a ambos de todo lo que ocurre.

El trabajo del realizador ha sido correcto, acompañando, y afianzando, mediante técnicas audiovisuales lo que narra el guión y la buena puesta en escena. Aunque no llega a contagiar de manera absoluta al espectador de la tensión que sufren los protagonistas. No logra transmitir esa angustia como bien lo hizo Buried de Rodrigo Cortés y esto, bajo mi punto de vista, es debido a la falta de intensidad tanto en el guión como en la realización del mismo.
Y es que el guión, en algunos momentos, se torna previsible, y algunas acciones demasiado forzadas. Quizá se deba a que este tipo de thriller va estando más que trillado y habría que innovar en ciertas cosas. Aun así, vuelvo a alabar todos los temas tratados en esta producción.

La falta de banda sonora en muchos puntos claves de la película hacen que aumente la tensión ya que, en muchas ocasiones, la mejor banda sonora son los sonidos directos o la propia voz de los actores cuando hablan sobre algo relevante. En esta producción se da el caso.
Por ello, creo que la banda sonora ha sido empleada cuando era necesario, sin abusar de este recurso utilizándolo gratuitamente, sino cuando realmente puede aportar algo. Los silencios también están muy presentes y, además de ser un reflejo de lo que sienten los personajes en determinados momentos, ayudan a reforzar la trabajada ambientación que se da en cada secuencia.

En lo que a efectos especiales se refiere, hay los justos y precisos. Esta producción no destaca por estar saturada de efectos especiales sin sentido. Todos los efectos están justificados por guión y son bastante realistas.
Al que espere que el morbo sea el protagonista, decirle que este no es de ese tipo de películas donde la sangre y las vísceras decoran todo el escenario. No se emplean tales técnicas para implantar temor y horror al espectador, sino más bien la psicología. El uso de un terror universal, como es el que unos extraños entren a tu casa invadiendo tu intimidad y causando sufrimiento a tu familia, y que está muy presente en nuestros días.

Hay quien puede pensar que el protagonismo de esta historia recae sobre James Sandin, pero esto no es del todo cierto. El protagonismo está bien repartido entre los cuatro miembros de la familia Sandin, ya que son ellos quienes deben enfretarse al antagonista de una forma directa. Aunque también es cierto que sobre el personaje que más peso recae es James Sandin.

James Sandin, interpretado por Ethan Hawke, es un afortunado hombre de negocios y padre de una familia acomodada. Parece ser la típica persona que tiene todo bajo control, hasta que la noche de La Purga todos sus planes se desmoronan, obligándole a escoger entre dos opciones que le suponen un dilema moral.
Ethan Hawke es un actor polivalente, puede encarnar a la perfección a un personaje en una producción independiente o ser el protagonista de una gran producción de Hollywood. Es, sin duda, un actor con una gran trayectoria. Ha trabajado en películas que han sido un verdadero éxito, pero, como otros tantos actores, no ha logrado ese estatus de superactor del que todos hablan y al que todos quieren tener en sus producciones. Aun así, es una apuesta seguro para cualquier papel.
En algunos momentos de esta película parece inexpresivo, no logra transmitir al espectador lo que siente ni por lo que está pasando su personaje. Pero a nivel general su actuación es correcta, como siempre, y consigue transmitir el complejo dilema al que se debe enfrentar su personaje.

Otro de los rostros conocidos es Lena Headey, que interpreta a Mary Sandin, la mujer de James. Este personaje actúa como acompañante del protagonista, sin decisiones propias ni un carácter demasiado marcado, hasta prácticamente el final de la película, cuando retoma el control sobre sí misma y actúa acatando el rol de su marido.
Esta actriz ha sabido adaptarse a su personaje, añadiéndole pequeños detalles que ya mostrado cuando encarna a Cersei Lannister en Juego de Tronos. En esta producción muestra un rostro más amable, el de una ama de casa popular en su comunidad y una madre moderna, protectora de sus hijos. Lena interpreta este rol con naturalidad, sin llegar a resultar demasiado exagerada en su actuación ni tratando de destacar entre el resto de personajes.


Los hijos de esta pareja, interpretados por Max Burkholder y Adelaide Kane, no son más que meras herramientas que contribuyen a encender la mecha de los problemas a los que se debe enfrentar la familia Sandin. Son niños malcriados que han recibido todo cuanto han querido sin dar nada a cambio y a los que se les ha confiado demasiadas responsabilidades.
Adelaide encarna a Zoey Sandin, una adolescente problemática y egocentrista que sólo atiende a sus necesidades. Mientras que Max, se encarga del papel de Charlie Sandin, un niño creativo pero encerrado en sí mismo, al cual su bondad le juega una mala pasada.
Dos personajes que intervienen directamente en todos los procesos, desde la creación del problema hasta prácticamente la resolución.
Aunque en algunas situaciones su interpretación se ve forzada y demasiado exagerada, logran adaptarse a la historia y al resto de personajes. Algunos de sus actos no son los comunes en jóvenes de esa edad, pero el espectador lo asimila por localizarse la historia en un espacio temporal diferente al que vivimos actualmente.

Otro de los personajes clave en esta historia es la asustadiza presa, Edwin Hodge, el motivo por el cual los Sandin se enfrentan a diversos dilemas y problemas. Edwin interpreta a un hombre asustado al que persigue un grupo de jóvenes que quiere ejercer su derecho a la Purga, y que se presenta en casa de los Sandin, golpeándoles con la cruda realidad que se vive en las calles durante la noche de la Purga. Él es el germen que se clava en la conciencia de esta familia y que les hace meditar profundamente sobre si verdaderamente es justa la Purga.
La interpretación a cago de este actor es correcta, no sobreactúa ni se muestra demasiado artificial ante cada una de las situaciones que debe vivir.

Rhys Wakefield es el antagonista de la película. Se mete en la piel del líder del grupo que persigue al hombre que busca cobijo en la casa de los Sandin. Un joven de familia adinerada que busca diversión, mediante el asesinato, en la noche de la Purga. Un caprichoso que tiene todo en su mano para vencer. Sin escrúpulos y sin moral, una verdadera bestia que logra transmitir terror mediante sus gestos y sus palabras, tanto al espectador como al resto de personajes.
Rhys hace una buena interpretación, quizá demasiado exagerada en algunas secuencias, pero a su vez es entendible como una parte más de la curiosa personalidad de su personaje. Se siente seguro y nos ofrece un villano memorable, aunque con demasiados clichés. Sin duda, es un pilar fundamental de esta producción.

De esta película, cabe destacar el controvertido tema que trata. Es una especie de advertencia, una visión sobre el rumbo que está tomando nuestra sociedad, en la que cada vez está más presente la violencia y el maltrato, en la que muchos crímenes quedan impunes, en la que a muchos presos se les concede un indulto injusto. Una sociedad abocada a la autodestrucción.
¿Sería la purga una solución contra el crimen o lograría un efecto contrario? ¿Seria moralmente correcto? ¿Hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar por proteger nuestra vida y la de nuestros seres queridos? Y es más..., ¿seríamos capaces de asesinar a otra persona y no sentirnos culpables? Estos son los dilemas que nos presenta esta producción.
Un buen mensaje, un buen fondo, maltratado por un guión lleno de clichés. Una buena idea desaprovechada, eso es lo que es esta producción. Un producto con muy buena pinta pero que al abrirlo, huele a lo de siempre. Creo que el realizador se ha tropezado con su propio guión, ahogando todo lo bueno que había en él. Ha querido transmitir demasiadas cosas, algunas con más fortuna que otras, y esto resulta asfixiante para el producto final.



Lo que le ocurre a James Sandin es una metáfora de los errores que comente tanto en su vida personal como en la profesional. El cambio de rol, ya al final de la película, de Mary Sandin simboliza la victoria de lo correcto, por muy duro que sea conseguirlo.
Otro detalle a tener en cuenta es el de las máscaras con las que tapan los asesinos sus rostros para evitar ser reconocidos. Y es que aunque sea algo permitido, e incluso esté bien mirado por toda la sociedad, un asesino siempre será mal mirado incluso por sus semejantes.
Algo que también llama la atención es la protección de los políticos ante la Purga, los cuales pueden vivir tranquilos ya que no serán juzgados por el pueblo. Esto es algo similar a lo que pasa en la actualidad, los políticos están libre de todos los crímenes que cometen. Se protegen entre ellos con leyes que ellos mismo crean. Un reflejo de al sociedad actual y de lo que puede llegar a ser.

Esta producción se presentaba como algo interesante, una opción a tener en cuenta a la hora de ir al cine. Pero tras verla sólo se puede sentir decepción. A pesar de que hay factores que le son favorables, los clichés, y una realización regular, terminan ahogado a esta producción, convirtiéndola en una más de las muchas que hay de este tipo.
Logra, a medias, lo que se propone. El mensaje que transmite no es suficiente para que sea buena.

domingo, 28 de julio de 2013

"A través de mi mirada"

Ayer se inauguró en el Palacio de la Cultura de Herrera del Duque la exposición de fotografía "A través de mi mirada". Una muestra de parte de la gran colección de la fotógrafa Semuan.

En esta exposición nos deleitaremos con una amplia variedad de fotografías tomadas en diversos lugares como Portugal, Italia, París o, como no podía ser de otra manera, La Siberia extremeña.
La colección incluye desde fotografías de hermosos paisajes hasta detalles de un instante, de un lugar. Y es que Semuan nos trae una fotografía íntima, privada. Nos muestra el entorno que nos rodea de una forma especial y única, tal y como ella lo ve y lo siente.
Considero que ha sabido captar el momento justo para conseguir así unas piezas únicas y bellas, ha hecho inmortales aquellos instantes que lo merecían. De igual manera, ha sabido tomar la parte precisa del todo para lograr imágenes irrepetibles, perfectas.
La composición y el fotomontaje no podrían ser más acertados ni más naturales, consiguiendo que nos traslademos a esos lugares, pudiendo sentir las texturas o incluso el olor que los invade.
Lo colores vivos, llamativos, son otra característica más de esta exposición, que sin duda, colman los sentidos. Además, el detalle en algunas piezas llega a ser asombroso, y el uso del desenfoque está muy presente, el cual ha sido empleado a la perfección, dotando a las fotografías de profundidad y carácter.

Esta exposición es sin duda una muestra extraordinaria de una amplia colección, que nos deja con ganas de más. Son fotografías muy logradas y que, a buen seguro, a cada uno le despertará un sentimiento diferente. Son piezas con encanto que logran transmitir al espectador sensaciones y sentimientos.

Personalmente, recomiendo a todo apasionado de la fotografía, o del mundo que nos rodea, que visite esta exposición de fotografía, la cual estará en el Palacio de la Cultura de Herrera del Duque hasta el cuatro de Agosto. 
Y, en caso de que no podáis visitarla o queráis ver más piezas de esta magnífica fotógrafa, podréis disfrutar de su obra en su página web: http://www.fotosemuan.com/, donde además podréis conocer más sobre Semuan.

No perdáis la oportunidad de deleitaros con fotografías únicas y verdaderamente hermosas.

domingo, 14 de julio de 2013

Retrato de un escritor


Llevaba horas frente a la máquina de escribir. Desde que se la regalaron, siempre le había gustado escribir en esa máquina. Le inspiraba, decía, el olor de la tinta y los sonidos metálicos que se producían cuando pulsaba cada tecla. El chirriar del carro cada vez que pasaba a la siguiente línea. El cambiar la hoja, revisándola antes de ponerla en el montón, era todo un ritual para él. Desde luego, nada que ver con escribir en un ordenador, donde todo es más artificial. Donde no puedes sentir el tacto del papel, ni descubrir por ti mismo, tus propios errores. Sólo un escritor puede sentir su obra si la palpa, si consigue clavar cada letra sobre el papel. Y, según él, eso sólo es posible cuando se escribe con máquina o a mano.
Sujetaba con la punta de los dedos lo poco que del cigarro le quedaba. Hacía tan sólo un instante que había dejado de escribir para inundar sus sentidos con la puesta de sol. No pudo evitar recordar cómo se fue, cómo se marchó llevándoselo todo. Dejándole vacío. Su inspiración lo había abandonado a pesar de que él continuara llenando folios de letras, de historias; pues no había hecho otra cosa desde que la vio marchar, salvo escribir.
La madera de la silla crujió cuando se echó hacia delante. Realmente el crespúsculo era hipnótico. Él se sintió cautivado por el momento. Hacía ya algún tiempo que había dispuesto todo para poder escribir en la terraza del ático donde vivía, y así, poder disfrutar de fugaces momentos como ese. La luz se repartía por el cielo caprichosamente, dotándolo de unos colores fantásticos, casi imposibles. Tomó la botella de brandi y dio un buen trago. Le servía para descongestionar las palabras que se amontonaba en su cabeza, así le era más fácil plasmarlas sobre el papel.
Al soltar la botella, todo se iluminó. La luna traía consigo algo más que la noche. Puso las manos sobre la máquina y, sin hacer nada más, las apartó. Las primeras tímidas gotas de lluvia comenzaron a caer. Liberó la hoja con la que estaba cargada la máquina y la depositó en el montón, con el resto de hojas llenas de palabras. Respiró hondo y se echó sobre el respaldo de la silla, dejando caer su cabeza hacia atrás. Siempre le había gustado sentir la lluvia en su rostro. Esa frescura que sólo proporciona la naturaleza. Sentía que podía absorber todo el conocimiento y la fuerza que traía la lluvia.
Las palabras se diluían en el papel mojado, que se deshacía sobre la mesa. Pero no le importaba que se destruyesen esas historias, que dejasen de existir. No le importaba lo más mínimo tener que escribirlas de nuevo. Lo haría, las escribiría de nuevo. No con esas mismas palabras, ni de la misma forma. Serían historias nuevas, pero las escribiría, pues es su trabajo: escribir. Es su pasión. Es su vida.
Y aun cuando él no esté, su obra le sobrevivirá, perdurando a lo largo del tiempo. Recordando su nombre y, quizás, quién un día fue.

Jesús Muga

sábado, 6 de julio de 2013

El último vagón del tren

Bajé todo lo rápido que pude por las escaleras mecánicas. El tren estaba cerrando sus puertas pero llegué justo a tiempo para colarme por una de ellas antes de que se cerrara.
Al entrar en el vagón me paré un instante sujetándome en la barra central, recuperé un poco el aliento y caminé tratando de no perder el equilibrio hasta el último vagón del tren.
Al llegar a mi destino ese vagón sería el más cercano a la puerta de salida y no tenía tiempo que perder.

Había pocas personas en ese vagón y tan sólo la robotizada voz que comunicaba la próxima estación rompía el silencio.
Me quedé de pie, como de costumbre, apoyado en un hueco cercano a la puerta. Frente a mí había una pareja joven y un hombre trajeado ocupando los tres asientos, los miré un instante antes de evadirme escuchando la música de mi MP3.

No quedaba mucho para la próxima estación, cuando la chica se levantó y se puso frente a la puerta, disponiéndose para salir. Se colocó unos auriculares enormes y se retocó el pelo mirando su reflejo en el cristal de la puerta.
Al mirar el asiento vacío me percaté de que se dejaba olvidada una mochila negra. Enseguida le advertí sobre ello, justo antes de que las puertas se abriesen, pero la joven negó con la cabeza que fuera suya.
Entonces pregunté al hombre trajeado y al otro chico sobre la mochila, y no tardaron en decirme que ya estaba allí cuando entraron al vagón. Las demás personas que viajaban en el vagón no se pronunciaron al respecto.

En aquel preciso momento me vino el fatídico recuerdo del atentado ocurrido años atrás en el tren. Creo que todos los que estaban allí pensaron lo mismo que yo.
Un sudor frío me recorría las sienes. No podía evitar mover la pierna con cierto nerviosismo. Miré a ambos lados, tratando de encontrar a alguien que supiera qué hacer en aquella situación pero, más allá de nuestro vagón, ni si quiera se habían percatado de tal asunto.
Apenas quedaban un par de paradas para llegar a una de las estaciones más transitadas de esa línea. Algunos pasajeros se cambiaron de vagón esperando a poder bajarse cuanto antes del tren. Yo permanecí allí, inmóvil, frente a aquellas otras dos personas, contemplando en silencio la mochila. Imaginando qué podría albergar dentro.

El tren se paró en la estación de Casa de Campo, las puertas se abrieron bruscamente y un gran número de personas entró en el vagón. Nadie mostró interés por la mochila tirada en el suelo. Todo parecía tan usualmente normal que por un instante quise olvidar  lo que pudiese haber dentro de la mochila.
Tanto el hombre trajeado como el otro chico se bajaron del tren en Batán. No hicieron nada, tan sólo yo era consciente de que la mochila podría suponer un peligro y el intercambiador de Príncipe Pío cada vez estaba más cerca.
Aunque notaba la adrenalina bullir en mi interior, no podía mover ni un solo músculo de mi cuerpo, y mucho menos podía apartar la vista de la mochila. Pensé en todas las opciones, en todo lo que podría hacer cuando llegara el momento. Incluso pensé en marcharme sin más, tal y como había hecho el resto. Pero no, yo no podría hacer eso. La culpa me devoraría si pasara algo y yo no hubiese hecho por evitarlo…, al menos, intentarlo.

La robótica voz femenina resonó en el concurrido vagón. Muchos se apostaron frente a las puertas esperando a poder salir. A pesar de ser la estación en la que debía bajarme, permanecí en el mismo sitio, frente a la mochila.
Por un momento me quedé solo en el vagón. Tan sólo yo y aquella misteriosa mochila estábamos allí, pude verme tomando la mochila y saliendo del vagón. Depositándola en una de las papeleras y avisando a un guardia de seguridad antes de que saliese de la estación. Dejando así atrás todas mis preocupaciones. Poco después me vi mirando la mochila, inmóvil y en la absoluta soledad. Saliendo del vagón sin la mochila, permitiendo que el miedo se apoderara de mí como de tantos otros.
Había demasiadas opciones pero tenía claro que, hiciera lo que hiciese, debía hacerlo solo.

Sentí que la inercia me empujaba con fuerza hacía delante. El tren llegaba a la estación. La voz anunció la parada de Príncipe Pío y de nuevo, un cúmulo de sentimientos me aprisionaban con fuerza. Estaba completamente ido, fuera de mí, envuelto en un mar de dudas. ¿Qué era lo correcto? ¿Qué debía hacer?
Y de mi ostracismo me sacó la chispeante voz de una niña. No pude evitar dirigir la mirada hacia ella. Estaba a mi lado, de la mano de su madre, preparada para salir del vagón. Ella también me miró y en su rostro se dibujó una sonrisa. Yo también sonreí, quizá por inercia, quizá por cortesía. No sé a qué se debió, pero ver el rostro sonriente de aquella niña me colmó de paz. Ahora sabía lo que debía hacer.

Justo antes de que parara el tren, tomé la mochila con decisión y me acerqué a la puerta. Apenas se abrieron las puertas, salí de allí y me dirigí, con la mochila en la mano, a uno de los guardias de seguridad del Metro que había deambulando por la estación. Le di la mochila explicándole lo ocurrido. Tras comunicárselo por radio a sus compañeros, me agradeció que me ocupara de algo así y no lo dejara pasar. Después se marchó con la mochila.

Tras aquello salí de la estación y continué mi camino hacia el Instituto Oficial de Radio y Televisión. Mientras viajaba de nuevo en el metro, esta vez en otra línea, pensé en lo ocurrido y me sentí satisfecho. Nunca supe lo que había en la mochila, no tuve el valor suficiente para abrirla y ver por mí mismo de qué se trataba. Probablemente sólo fuera una mochila de las muchas que se extravían en el Metro, eso nunca lo sabré. Pero siempre recordaré que hice lo correcto, como cualquier ciudadano debería hacer ante una situación similar. 

Jesús Muga

miércoles, 15 de mayo de 2013

Un día para el joven

Traigo buenas noticias para los jóvenes de Herrera del Duque. ¡El Día del Joven se acerca! Y consigo trae un montón de actividades hechas por y para jóvenes.

Tanto el Ayuntamiento de Herrera del Duque como dinamizadores y colaboradores del Espacio para la Creación Joven, así como la Asociación Juvenil de Músicos de la Siberia han organizado todo un día de diversas actividades de las que podrán disfrutar los jóvenes, y no tan jóvenes, en la localidad.
El día escogido es el 25 de Mayo y prácticamente todas las actividades se desarrollarán en el Palacio de la Cultura y sus inmediaciones.

La jornada comienza a las 12:00 h con Talleres Juveniles en la plaza del Palacio de la Cultura. Ya por la tarde, a partir de las 16:30 h, la Banda Municipal de Música llevará la fiesta y su música por las calles de Herrera con el Pasacalles. A las 17:30 h tendrá lugar en la Plaza de Toros el Gran Prix, al cual habrá que inscribirse previamente en el Espacio para la Creación Joven de Herrera, abonando 6€. Esta actividad es sólo para mayores de 18 años. Más tarde, a las 19:30 h, Oscar Romero impartirá un Taller de Producción Musical en el auditorio del Palacio de la Cultura.
Dará paso a la noche Sergio Fernández "El Monaguillo" con sus monólogos, a las 21:30 h.

Y a partir de las 22:30 h..., el plato fuerte del Día del Joven: FESTIVAL DE MÚSICA!!!
Los grupos encargados de animar la noche herrereña son:

-Strong Wolf.
-Descalzas.

-Fogo.
-Mi último tren.

El festival se realizará en el auditorio del Palacio de la Cultura, donde también se harán talleres de Danza Africana y de Tatuajes de Henna.

Y para los quieran continuar la fiesta...

-Concierto Manduka en Disco Bar T.A.C.
-El violinista, Juan Muver, en la Cabaña del Tucán.
-Y fiesta: "Aquellos maravillosos años..." en La Baraka.

Todo desde las 23:30 h de la noche.

Para más información, acudan al Espacio para la Creación Joven de Herrera del Duque.

El Día del Joven es una celebración importante, ya que celebramos la perpetuidad de la humanidad. El futuro que nos precederá. Recordad que la juventud es la que mueve el mundo.

Si no quieres perderte un día de fiesta lleno de actividades, no faltes el día 25 de Mayo a Herrera del Duque.

¡¡¡Nos vemos allí!!!

domingo, 12 de mayo de 2013

Confesiones a media noche


Como cada noche, asomaba por la ventana lo poco que dejaba de él el día. Sin sonrisa, sin alegría. Sus ojos, tristes y cansados, buscaban en mí algo más que un reflejo, pero no le podía ayudar. No podía silenciar su llanto, ni calmar su dolor. Sólo podía ver cómo se consumía cada noche, como también hacía yo.

Dos almas abandonadas, olvidadas. Eso éramos. No quedaría de nosotros ni el más mínimo recuerdo, pero nos daba igual. Noche tras noche nos mirábamos, él me contaba sus penas, una y otra vez, yo sólo permanecía a su lado.
A veces me tomaba las manos, como si no quisiera dejarme escapar, y me juraba lo que jamás podría cumplir.

Una noche salió, entusiasmado. Me decía que sabía lo que debía hacer para poder estar junto a mí. Yo negué. Tenía la certeza de que no podía ser. No sólo acabaría consigo mismo, sino conmigo también.
La lujuria le cegó, enloqueció. Se subió, tembloroso, sobre el borde de la ventana y, levantando los brazos, me confesó amor eterno. Fue doloroso tener que negarlo pero debía evitar, así, que se hiciera daño.
Triste y desolado no pudo impedir el llanto. Me pidió, sonriendo, que ese fuera de él, mi último recuerdo. Pensaba que todo había acabado cuando se escapó de entre mis dedos, cayendo al vacío.

Lloré su pérdida incontables noches, y lo busqué otras tantas para darle el lugar que se merecía, junto a mí, en el firmamento. Desde entonces, siempre que surge la oportunidad, nos fundimos en el cielo.





Jesús Muga

martes, 7 de mayo de 2013

Creando unos cimientos

Mucho ha llovido, y de verdad, desde que publicara el último artículo, Retrasos y avances, comentando los proyectos que abordaría a corto y medio plazo. Y de igual manera, en todo este lapso de tiempo, mucho ha cambiado mi vida y la forma de afrontarla. Al igual que, lógicamente, han cambiado mis proyectos.

Como en mi etapa en Madrid, he aprendido aquí, en Almería, alguna clase de cosas que sólo aprendes cuando las afrontas solo. Ese tipo de lecciones que aprendes a base de experiencias, bien sean malas o buenas, y que consiguen cambiar tu forma de interpretar las cosas, que te hacen mejor.
Puede que sea tarde, lo más probable es que así sea, para cambiar algunas cosas que he hecho mal a lo largo de estos últimos años y si tengo algo claro es que de nada sirve ya arrepentirse. Sin duda, de eso es algo que también se aprende, de los errores.
Y ahora, una vez asimilado todo, una vez que he recapacitado, que he llegado a comprender; sólo puedo seguir adelante, procurando no caer en los mismo errores, llevando a la práctica todo aquello que he aprendido en esta nueva etapa.

Ha habido cambios en mi vida, no sólo en mi o para mi sino para las personas que me rodean también. Sé que no es fácil para nadie, para mi tampoco, pero para aprender hay que vivir y sólo viviendo, se aprende. Por ello, siempre he pensado que de todo, más de lo malo que de lo bueno, se aprende.
Quiero aprovechar estas líneas para dar las gracias a todos los que me están apoyando, en especial a mi familia, a mi pareja y a sus padres, y que siguen ahí a pesar de todo. Para mi, ese apoyo, no sólo en lo profesional sino en lo personal, es muy importante y me anima para afrontar el día a día con ganas y fuerza.
Como ya he dicho, para mi también ha resultado difícil este cambio, pero no estéis tristes por mi, sino todo lo contrario, porque yo estoy bien y feliz por estar consiguiendo una de mis metas.
También quiero dar las gracias a todos mis amigos en Almería, en especial a Consoli y Rafa, y a su familia, y al último fichaje en mi círculo de amistades y que ya se ha convertido en un gran amigo para mi, Victor. Sin vosotros aquí, estaría aun más perdido. Gracias, de verdad.
Aun me queda un largo camino por recorrer, muchas cosas por vivir y mucho que aprender. Y espero que todos, me acompañéis siempre.

Ahora parece que se atisba un rayo de luz entre tantas nubes. La paciencia y la perseverancia durante todo este tiempo parece que comienzan a dar frutos. Además, estoy comenzando nuevos proyectos y reanudando algunos viejos.
Espero poder daros pronto noticias nuevas sobre los proyectos que tengo abiertos. De momento, sólo avanzaré que "La oscuridad en la luz" volverá a este blog en primicia dentro de muy poco con una nueva temporada.

Sin más que decir, hasta la próxima publicación.

Caminemos juntos por esta vereda,
que bien es llamada vida.