lunes, 19 de diciembre de 2011

La oscuridad en la luz-1x07-De cerca




Se alejó un poco de la muchedumbre, que expectante, comenzaba a irse hacia el puerto. Cogió su teléfono móvil y, sin más, lo descolgó llevándoselo a la oreja.

-¿Dónde estás? –dijo una bronca voz desde el otro lado.
-¿Sí? ¿Quién es?
-Soy Juan Pérez, el redactor jefe del periódico. ¿Dónde estás?
-Amm –guardó silencio y miró a su alrededor-. Estoy en la puerta de un bar, cerca del puerto.
-Bien, entonces… ¿sabes algo de lo que ha pasado en el puerto?
-La verdad es que no. Hemos oído sirenas y la gente se está yendo hacia allí. De momento no sé nada más –contestó Gabriel.
-¿Podrías…?
-En un momento estaré allí, no se preocupe –le interrumpió.
-Gracias muchacho, sabía que podía contar contigo.

Colgó rápidamente el teléfono y se acercó a las dos chicas para decirlas que tenía que ir al puerto. Sin perder tiempo corrió hacia allí. Ya habían llegado los policías y la muchedumbre se agolpaba a la entrada del puerto. Gabriel se hizo paso hasta llegar a la cinta con la que la policía limitaba el acceso.
Ni su bien usada palabrería ni su don de gentes fueron suficientes para que le permitieran entrar y todo estaba demasiado vigilado como para poder colarse.

Mientras buscaba una forma de poder entrar, Carmen dio con él y consiguió llegar hasta donde estaba Gabriel.

-¿No has conseguido entrar? –preguntó la mujer llamando su atención.
-No, aun no –contestó Gabriel-. Hay policías por todas partes y creo que sólo permiten la entrada a los sanitarios.
-Entonces no hay problema –dijo Carmen sonriendo.

Se echó hacia delante y llamó la atención a uno de los policías, que no tardó en acercarse a ellos.

-Buenas noches agente. Verá, soy enfermera y…
-Ya han venido los sanitarios –interrumpió el policía a Carmen-, no tiene por qué preocuparse. Aun así, muchas gracias –se giró para irse.
-No, espere –llamó de nuevo la atención del policía-. Mi deber y el de mi compañero -dijo poniendo su mano sobre el hombro de Gabriel- es el de ofrecer apoyo al equipo sanitario en situaciones como esta. Es nuestro deber ayudar en todo lo posible.

El policía dudó por un instante en dejarles pasar. Gabriel miró con atención buscando a su viejo amigo, el Inspector Nicolás Ramírez, pero no consiguió verle por allí.
Finalmente, el policía les permitió pasar. Carmen le preguntó por el herido y enseguida le indicó dónde se encontraba. Gabriel caminó tras ella, siguiéndola hacia el barco de Carlos. Él sabía bien lo que encontrarían allí.

Carmen llegó antes que él. Al ver la atroz escena se llevó la mano a la boca. Gabriel la miró mientras seguía avanzando hacia ella; hierático, sin emoción o sentimiento alguno marcado en su rostro.
Antes de que la joven pudiera reaccionar, uno de los sanitarios se dirigió hacia ella.
-Perdone, usted no puede estar aquí. ¿Quién le ha permitido pasar?
-Soy enfermera –contestó eclipsada por la ensangrentada escena.

Carmen permaneció en silencio, de pie, con los ojos bien abiertos y clavados en el cuerpo sin vida de Carlos. Observando atentamente como el forense examinaba de forma exhaustiva el cuerpo.
Al llegar a su lado, Gabriel, miró un instante el cuerpo. Había un olor extraño en aquel lugar. Una rara mezcla entre el salitre del mar y la sangre repartida por la cubierta del barco. Se percató de que el cuerpo estaba prácticamente de la misma forma en la que él lo dejó caer sobre el suelo. El forense seguía examinando el cuerpo cuando Gabriel se dirigió al sanitario.

-Nos ha permitido la entrada uno de los policías –dijo Gabriel excusándose-. Hola, soy Gabriel, del Diario Al-Bayyana –le dio un apretón de manos al presentarse- y ella es Carmen, enfermera. Venía por si podía ayudar, pero creo que llegamos un poco tarde –añadió dirigiendo su mirada al cuerpo.
-Me temo que por muy pronto que hubiésemos llegado no hubiésemos podido hacer nada por él –contestó el médico-. A falta de lo que diga el forense, y según mi criterio, este hombre murió en el acto.
-Y está usted en lo cierto –añadió el forense uniéndose a la conversación-. El sujeto debió morir en el acto a causa del traumatismo en la nuca ocasionado por un objeto punzante.
-¿Ha encontrado algo más en el cuerpo? –preguntó el médico.
-No, ni signos de violencia ni de resistencia.
-Bien, pues creo que mi trabajo ha terminado aquí. Es hora de marcharse. Si me disculpan, buenas noches –se despidió el sanitario.
-Entonces, ¿el cuerpo está limpio? –preguntó Carmen al forense.
-Completamente limpio, aunque parezca extraño. El asesino sabía bien lo que hacía. Le ensartó de forma limpia el objeto que usara para atacarlo, debió ser bastante rápido y cuidadoso.
-¿Cree usted que la víctima podía conocer al presunto asesino? –preguntó de nuevo.
-Le conociese o no, le atacó por la espalda y por sorpresa. Además, ya he dicho que el que lo haya asesinado sabía bien lo que hacía. El golpe fue más que contundente y directo. Debía tener bien planeado todo. Sin duda, el que lo ha hecho quería quitarse de en medio a la víctima.
-¿Ha hablado ya con el Inspector Ramírez? –preguntó Gabriel mientras apuntaba lo que el forense decía en su libretilla.
-Aun no, pero creo que no tardaré en hacerlo. Disculpen –contestó avanzando unos pasos al ver al inspector.

El Inspector Ramírez se dirigía hacia el forense mientras que Carmen y Gabriel fueron rápidamente a ver más de cerca el cuerpo. Gabriel aprovechó para tomar algunas fotos con la cámara de su teléfono móvil. Después, dejó a Carmen viendo el cuerpo y él se dirigió hacia el inspector y el forense.

-Pero, ¿qué demonios haces tú aquí? –le preguntó nada más ver a Gabriel.
-Me temo que lo mismo que tú, trabajar.

Antes de que nadie pudiera decir nada más, un policía salió del interior del barco con un destornillador dentro de una bolsa de plástico y fue con ella hacia el inspector.

-Señor, hemos encontrado esto –dijo el policía nada más llegar dándole la bolsa.
-¿Este puede haber sido el arma del crimen? –preguntó el inspector al forense mientras examinaba lo que había en la bolsa.
-Sin duda, puede ser –contestó el forense asintiendo con la cabeza.
-Señor, hemos encontrado algo más. Debe venir a ver esto.

Sin mediar palabra; el inspector, el forense y el policía fueron al interior del barco. Mientras tanto Gabriel llamó la atención de Carmen y, juntos, se fueron hacia la salida del puerto. Sus pasos eran ligeros. Gabriel sabía que no podían estar más tiempo allí.
Justo antes de salir, su teléfono móvil volvió a sonar.

-Ya tengo material suficiente para el artículo de mañana –contestó sin mirar quien le llamaba.
-Has sido tú otra vez, lo sé –afirmó la voz grave-. No te creas superior al resto, cuando menos lo esperes estarás donde mereces.

Gabriel, visiblemente molesto, colgó inmediatamente. Estaban a punto de salir del puerto cuando el Inspector Ramírez llamó su atención. Corría hacia la pareja y Gabriel no tuvo más opción que esperarle.

-No puedes irte –dijo el inspector nada más alcanzarlos.
-¿Hay algún problema, Nicolás? –preguntó enseguida Gabriel.
-No –contestó el inspector-, pero tienes que venir a comisaría conmigo. Tengo que hacerte algunas preguntas.
-¿Por qué? ¿Acaso soy sospechoso? –ironizó Gabriel.
-Te han visto en el bar y en el puerto esta noche, unas horas antes de que se descubriese el cuerpo. Será sólo un momento, pero necesito que vengas conmigo.

La expresión cambió en su semblante. Se escuchaba el silbido del viento. Gabriel estaba paralizado, sin palabras. Su rostro delataba su preocupación. El corazón parecía salírsele del pecho. Respiró hondo y tras despedirse de Carmen, se marchó con el Inspector Ramírez hacia su coche.

Unos minutos después, en el puerto no quedaba un alma.

Continuará…


Obra original de Jesús Muga
14-Diciembre-2011 

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