lunes, 5 de diciembre de 2011

La oscuridad en la luz-1x05-Encuentro inesperado




A sus pies cayó un pedazo de pan. No se levantó del banco para cogerlo, tan sólo alargó su brazo. El niño se acercó a él tímidamente y Gabriel, sonriendo, alargó su brazo ofreciéndole el trozo de pan. El pequeño no dudó en cogerlo.

Había estado toda la tarde, como otras tantas en el último mes, sentado en aquel banco. Contemplando desde aquel privilegiado lugar todo lo que acontecía en el puerto. Gente paseando, tomando un helado, echando pan a los peces… Pero algo había llamado su atención sobremanera.
Cada tarde, dos hombres y una mujer paseaban por el puerto. Solían ir a media tarde, directamente a la terraza de la cafetería. Después paseaban durante cerca de hora y media por los muelles del puerto. Se acercaban a la cafetería para pedir un helado y daban una última vuelta viendo los barcos antes de irse.

Gabriel se percató de que Carlos apenas salía de su barco cuando aquellas tres personas paseaban por el puerto. Permanecía dentro de su barco, o en la cubierta, hasta que se marchaban. Al anochecer, salía unos minutos para ir al bar del puerto. Regresaba a su barco un par de horas después, tambaleándose, y ya no volvía a salir hasta el día siguiente.
Llevaba tanto tiempo observando toda aquella parafernalia que sabía bien cómo jugar sus cartas.

Comenzó a ir en su moto al puerto. Siempre aparcaba en el mismo lugar, bajo la atenta mirada de dos de las cinco cámaras del puerto. Al bajarse de la moto, saludaba al guarda de seguridad del aparcamiento para después caminar lentamente hasta el banco donde siempre se sentaba. Desde allí, Gabriel, podía ver con claridad todo lo que hacía Carlos.
Aquella tarde, Carlos parecía malhumorado. Estaba reparando algo, salía constantemente a por herramientas a la cubierta del barco. Aquellas tres personas estaban dando el último paseo cerca de su barco y eso le inquietaba. La claridad del día comenzaba a dar paso a la oscuridad de la noche y esas tres personas no tardarían en irse. Carlos los vio alejarse desde la cubierta del barco.

Gabriel se inclinó hacia delante para ver mejor lo que haría Carlos cuando, sin previo aviso, un hombre se dirigió al anciano súbitamente. Sin dirigirle ni una palabra saltó a la cubierta del barco y le propinó un puñetazo; Carlos cayó al suelo.
Antes de que aquel hombre le pudiera hacer algo más, algunas personas fueron rápidamente a separarlo. Los dos hombres se volvieron al sentir el alboroto y redujeron al hombre, mientras tanto, la mujer enseñó a todos los presentes una placa de policía y ayudó a Carlos a incorporarse. Esposaron al hombre para llevárselo de allí y este recriminó a Carlos haber abusado de su hija. Él no tardó en negarlo.

Los dos agentes se llevaron al agresor de allí y la mujer permaneció junto a Carlos, haciéndole algunas preguntas. Trató de convencerle para llevarle al hospital pero el anciano se negó a recibir cualquier asistencia médica y pidió que le dejaran solo.

Volvió la tranquilidad a aquel lugar. Gabriel permaneció allí, inmóvil, observando desde el banco todo lo que Carlos hacía. El anciano salió un par de veces del barco para asegurarse de que allí no quedaba ni un alma. Entró una última vez al barco para coger algo y salió apagando todas las luces. Como cada noche, se fue al bar.

Nada más irse, Gabriel se levantó del banco y caminó con paso ligero hasta el barco. Se cercioró, mirando a ambos lados, de que ninguna persona le viera saltar al barco.
Trató de abrir la puerta para entrar en los camarotes pero estaba cerrada. Carlos se había asegurado de mantener bien protegida su privacidad. Gabriel buscó por la cubierta del barco concienzudamente algo que le inculpara. Sólo encontró herramientas esparcidas por toda la cubierta, algunas cuerdas y restos de comida, nada más.
Volvió a su casa con la certeza de que Carlos guardaba más de un secreto en aquel barco, alguna prueba que lo culpara claramente de ser un pederasta y estaba más que decidido a encontrarla.

La tarde siguiente fue de nuevo al puerto. Aparcó la moto en el mismo lugar y, antes de entrar, saludó cordialmente y como cada tarde al guarda de seguridad. Caminó hacia el banco buscando con la mirada a los agentes de policía que cada tarde vigilaban de cerca a Carlos, pero no los vio. No estaban tomando café ni paseando por el puerto. A Gabriel no le resultó nada extraño.
Se sentó en el banco y vio desde allí como Carlos seguía reparando algo en el barco. Tras unas horas, salió a la cubierta y miró atentamente a su alrededor. Bajó del barco pero esta vez no fue al bar, salió del puerto.

Nada más salir, Gabriel volvió a ir a investigar al barco. De nuevo intentó entrar en los camarotes pero estaba la puerta cerrada. No dudó en forzarla para entrar.
Buscó a conciencia dentro del barco sin suerte alguna. Allí no había nada fuera de lo normal. Consternado, se sentó en el sofá frente a la mesa. Desde ahí miró a su alrededor, no encontró nada con lo que culpar a Carlos. Respiró hondo y se apoyó con ambas manos en el sofá para levantarse e irse.
Fue al apoyarse cuando crujió aquel asiento.

Gabriel comprobó que tan sólo crujía una parte de la banca. Buscó alguna hendidura o alguna forma de poder abrirlo y ver qué había en su interior. Entonces comprobó que sólo aquella parte estaba atornillada.
Salió rápidamente a la cubierta y buscó en la caja de herramientas un destornillador. Cogió uno largo con punta de estrella y volvió para tratar de abrirlo. Gabriel al fin encontró lo que tanto había buscado.

Escondido dentro de aquel banco había algunas fotografías de niñas semidesnudas y algo de ropa interior de mujer. Estaba revisando las fotografías cuando sintió pasos en la cubierta. Con toda la rapidez que pudo, guardó todo en el hueco del asiento y lo cerró. Entonces Carlos entró en el salón.

Permaneció en silencio y quieto, mirando a su alrededor. Gabriel se escondió bajo la mesa.

-¿Hay alguien aquí? –dijo mientras golpeaba con su bastón en el suelo.

No se escuchó nada. Tan sólo el crujir del barco al balancearse por el suave oleaje.
Carlos se quedó un instante allí, esperando en silencio a escuchar algo que le indicara donde podía estar el intruso. Muy lentamente caminó con el bastón en la mano al camarote principal. En ese instante, Gabriel aprovechó pasa escapar de allí lo más rápido posible.
Corrió por el muelle hasta salir del puerto. Esa noche volvió andando a su casa.

Pasaron algunos días hasta que Gabriel volvió a ir allí. Esa tarde fue a recoger su moto. Condujo hasta el anochecer por la ciudad, eso siempre le despejaba.
Volvió a su casa para cenar algo y después se sentó en el sofá. Permaneció en silencio, mirando el destornillador que cogió del barco de Carlos. Lo limpió cuidadosamente con un pañuelo de tela y lo dejó sobre la mesa. Se puso su chaqueta y sus guantes de cuero, y guardó el destornillador en uno de los bolsillos de su chaqueta.
Salió de casa y caminó hacia el puerto.

Fue despacio, serio. Esperó fuera, paseando por los aledaños al puerto. Después entró al bar. Tomaba una cerveza cuando Carlos entró. Pidió una botella de whiskey y un vaso. Se sentó en una mesa, solo, para beberse la botella. Una hora y media después, Carlos se acercó a la barra para pagar y salió del bar.
Gabriel se levantó y se puso sus guantes antes de salir tras él, guardando una distancia pero cada vez más cerca. El puerto estaba completamente solitario a aquella hora, Gabriel lo sabía bien.

Cada vez estaban más cerca del barco y, Gabriel, más cerca de Carlos. Metió su mano en el bolsillo y cogió el destornillador. Estaba seguro de hacerlo cuando una voz llamó su atención.

-¡Gabriel! –gritó Carmen desde el otro extremo del muelle.

Gabriel se giró sacando la mano del bolsillo. Carlos también se giró al escuchar la voz y, al ver a Gabriel tras él, caminó rápidamente hasta el barco. Gabriel se giró hacia el barco viendo como se marchaba su gran oportunidad de hacer justicia.
Carmen se acercó junto con una chica a él.

Continuará…


Obra original de Jesús Muga
30-Noviembre-2011 

2 comentarios:

  1. Pues parece que es un problema del equipo.

    Me encanta.

    Patry.

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  2. Gracias!! El capítulo de mañana será bastante intenso. Espero que te guste.

    Nos vemos, un beso!!

    Un saludo,
    Jesús Muga.

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