lunes, 25 de agosto de 2014

Lucy

Lucy es el comienzo y el fin. Una producción donde diversos matices conviven y los extremos se encuentran. Un puñetazo en la mesa al principio, seguida de una revolución inminente y un final incierto. Uno de esos retos intelectuales y morales para todos. Una historia compleja que nos hará reflexionar sobre nuestra propia existencia en todas las etapas y sobre nuestro potencial.

Luc Besson nos lleva de la mano de forma extraordinaria por una historia llena de giros donde diferentes circunstancias y mensajes tienen lugar. Ha logrado crear junto con Johansson un personaje que evoluciona a lo largo de la película y que consigue mantenerse en cada situación. De igual modo, ha sabido lidiar con una realización adecuada para transmitir dos géneros que aparecen juntos pero no revueltos.
Lucy comienza tratando el contrabando de drogas mediante mulas para continuar con un completo análisis sobre la evolución y las capacidades del ser humano. Un mezcla que funciona a las mil maravillas y a la que Besson ha sabido sacar partido. No cabe la menor duda de que bebe de forma indirecta de Sin límites de Neil Burger y de la más reciente Trascendence de Wally Pfister, pero bien cierto es que el realizador/guionista ha tenido más tino a la hora de representar estas hipótesis sobre el potencial del cerebro humano, y que no sólo se limita a mostrárnoslo mediante vistosos planos sino que profundiza en el tema con un buen argumento y una atractiva puesta en escena. Y no podemos olvidar los elaborados efectos especiales que contribuyen a crear el ambiente propicio para que no perdamos el interés en ningún momento.
Besson, con esta producción, nos hará pensar sobre si queremos llegar a ser o llegar a tener. Nos hará plantearnos cuestiones que creíamos olvidadas y nos retará. Consigue que razonemos sobre nosotros mismos mientras tratamos de digerir la película.

Y qué decir de una Johansson que recorre en 90 minutos todos los estados posibles. Ha sabido llevar la evolución de su personaje a lo largo de la trama de una forma elegante, sin lastrarla con el cartel de superheroína, ya que Lucy es mucho más que eso. De mano de Johansson vivimos los momentos más emotivos, tensos y alucinantes de toda la película. Y es que es indudable de que sobre ella cae todo el peso de este proyecto.
Por su parte, el mítico Choi Min-Sik se encarga de ser el villano perfecto y añadir ese punto de violencia y locura que la trama necesita, siendo Freeman el contrapunto necesario que da, con una interpretación a la altura, un equilibrio esencial a la película.

Luc Besson hace buen uso de sus artimañas y su juego de manos para regalarnos una película entretenida con un trasfondo que nos hará, cuanto menos, meditar. 


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