Esta producción en la que participa el omnipresente Guillermo del Toro, supuso el debut cinematográfico de un gran realizador de nuestro cine, Juan Antonio Bayona, que nos transporta de forma magistral a un viejo caserón, el cuál Laura junto con su marido, Carlos, tratará de transformar en una casa de acogida para menores con minusvalía. Un desafortunado acontecimiento llevará a Laura a descubrir el misterio que esconde el viejo caserón donde se crió.Con esta base, el guionista Sergio G. Sánchez y Bayona implantan en nosotros una sensación de terror que crece de forma paulatina en nuestro interior hasta explotar en una amalgama de sensaciones muy distantes unas de otras. Logra crear una sensación de angustia que se afianza en nuestros estómagos y eriza nuestra piel. Una sensación profunda de terror que nos mantiene inmóviles ante la pantalla y que al final sufre una metamorfosis en la cual lo tenebroso se vuelve bello para hacernos olvidar el sufrimiento psicológico al que hemos sido expuestos, y hacernos sentir así una emoción inmensa al disfrutar de un final impecable.
Este drama nos aterroriza mediante el empleo del terror psicológico y no mediante el susto fácil. Bayona ha sabido crear la atmósfera perfecta para que su historia cobre vida. El uso de lo cotidiano en su discurso le aporta ese punto con el que nos hace llegar una absoluta sensación de terror de la que no podemos escapar. El empleo de lo banal y carnal para llevarnos hacia un mundo paranormal ha sido un recurso magnífico. Los factores de los que se compone suponen el éxito inmediato en su cometido, que no es otro que hacer que el terror nazca en nuestro interior y madure hasta salir a la luz para hacernos sentir el puro miedo irracional que nos obligará a mirar a nuestra espalda en más de una ocasión. Los sustos puntuales son empleados con criterio y no se ha abusado en exceso de ello, lo que hace que no interfieran en la trama sino que la completen, y es entonces cuando pasan de ser un recurso a convertirse en casi un personaje más de la producción que sirve como guía. Hay ciertos momentos en los que el terror cobra mayor presencia, siendo estos momentos la bocanada necesaria para seguir manteniendo nuestro interés.
Consigue su propósito, sin lugar a dudas. La película nos muestra la historia de una madre coraje que lucha contra viento y marea hasta lograr su objetivo. Un gran ejemplo que lanza un mensaje positivo al final; un mensaje para aquellos que ven flaquear sus fuerzas cuando todo se le pone en contra. El Orfanato es una versión revisada, y casi mejorada, del clásico Peter Pan. La historia de un reencuentro con el pasado.
Bayona impone cátedra con esta producción que debería servir como espejo para el resto de cineastas a la hora de retratar el miedo puro.
La estética juega un papel importante siendo lo que nos envuelve para mantenernos inmersos en la historia. Gracias a una puesta en escena cuidada y a unos tiros de cámara sencillos pero muy bien llevados a cabo, la producción adquiere ese aura adecuada para transmitir todo lo que se propone. La realización es fiel al guión, y en la composición de los planos no sólo se ha tenido en cuenta la estética sino lo que pueden representar.
La ambientación y el maquillaje han sido cuidados al milímetros para lograr absoluta fidelidad a la hora de mostrar la historia y transportarnos al lugar en el que sitúa. Son pocos los efectos visuales pero esos pocos son bastante intensos aunque no llegan a interrumpir de forma estrepitosa en la producción.
La banda sonora es la que otorga al producto final un sentido único que va en una sola dirección, apuntala esos momentos de tensión en los que no nos moveremos de la butaca o del sillón. Es una autentica belleza que entra en perfecta comunión con lo que vemos.
Y si en algo destaca esta producción, es en los actores que ponen rostro a los personajes. Nos encontramos con una enorme Belén Rueda interpretando a Laura. Somos testigos de su deterioro físico y mental a lo largo de la película en lo que se supone uno de sus papeles más impresionantes. Belén es el alma de esta producción, que con una actuación difícil de olvidar en la que borda los cambios que sufre su personaje a lo largo de toda la película, consigue que sintamos una profunda empatía con ella.
Por otro lado tenemos a Fernando Cayo, que pone rostro a Carlos, un eterno secundario que pasa a tener un rol con mayor peso aunque eso no le evita permanece a la sombra de su compañera femenina. Soberbio en los silencios mayúsculo en sus apariciones. Él aporta el contrapunto que hace que la historia se mueva.
Al igual que la sorprendente irrupción de Geraldine Chaplin haciendo de Medium, que aporta en la producción una elegancia distintiva que sólo ella es capaz de tener.
Cabe destacar la interpretación de los pequeños, capaces de hacernos sentir emociones muy dispares. Sin la menos duda, la interpretación a nivel general de esta producción es magnífica. Cada uno afronta su rol con profesionalidad y logrando un gran resultado.
El orfanato es un auténtico drama que hará que se nos ponga la carne de gallina. Nos hará sentir el terror como nunca hasta ahora. Bayona realiza un trabajo espléndido al contarnos una historia tan compleja como viva. Una auténtica obra de arte que merece ser visionada al menos una vez.

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