domingo, 9 de noviembre de 2014

Yo, Frankenstein

Nos encontramos ante un intento por actualizar la grandiosa obra de Mary Shelley dándole un nuevo sentido. Un error que resulta bastante vistoso pero que carece del espíritu que atesora la obra original u otras producciones basadas en el mítico monstruo del visionario Doctor Frankenstein.

Y es que Kevin Grevioux no ha conseguido con su guión, inspirado en su propia novela gráfica, transmitir el profundo mensaje que siempre ha acompañado a esta historia: el inalcanzable sueño del ser humano por crear vida, por lograr resucitar a los muertos y la consecución de la vida eterna. Un dilema moral que invita a reflexionar y al cual se le puede sacar un jugo bastante interesante, pero que en este caso queda relegado por la siempre vigente e inevitable lucha entre el bien y el mal en el que un ser se encuentra en medio siendo la clave para ambos bandos por alcanzar la victoria. ¿No os suena? Si, lo cierto es que este concepto está bastante trillado. Algo que ya explotó Stuart Beattie como co-guionista en la fantástica Underworld y que ha tratado de repetir sin el mismo éxito con su Frankenstein particular.
Se queda estancado en una historia previsible y sin más texto que el ordinario para este tipo de producciones. No ha sabido ir más allá respetando todo aquello que la obra original trata con verdadero atino. No es más que otra historia vacía sobre el bien y el mal, carente de sentido y que podría haber protagonizado cualquier ser.

Aún así, lo cierto es que se ha logrado una estética acorde al tema a la cual acompaña unos efectos especiales bastante interesantes y vistosos. Quizá esta sea la única parte positiva de la producción. Una estética fiel al cómic en algunas tomas pero caótica en otras muchas que no hace si no entorpecer la creación de un clima apropiado para la historia. Una banda sonora ruidosa que no sirve nada más que para aportar caos al conjunto pone la guinda a este desastre audiovisual hecho de retales, tal y como su protagonista, al cuál pone rostro un inexpresivo Aaron Eckhart.
Cabe la posibilidad de que encontremos un Frankenstein bastante alejado de la realidad a la que estamos acostumbrados. Un lastre que a los incondicionales de este monstruo les parecerá una auténtica aberración. Ya que la caracterización de Eckhart se limita a unas simples heridas cosidas de aquella manera que corren su piel, además de que queda claro desde el principio que no nos encontramos ante un ser hecho de retales al que le cuesta moverse sino que se trata de un superhombre capaz de todo.
También recupera Beattie a Bill Nighy para darle el papel de malvado supremo en el que encaja a la perfección, quizá ya rodado por su rol en Underworld. Nighy nos regala la mejor interpretación de esta producción.

Mala película y peor Frankenstein. Una verdadera abominación que huye de una buena historia con un mensaje increíble para centrarse en una película de acción sobrenatural al uso a la que tan acostumbrados estamos, en la que sólo se trata la constante lucha entre el bien y el mal con el objetivo de salvar o destruir a la humanidad. Sólo al principio y al final encontramos unas ligeras pinceladas de lo que podría haber sido esta producción: Una película que, sin dejarse llevar por la corriente de la acción, tratara de forma íntima el dilema al que se enfrenta el monstruo de Frankenstein al encontrarse en un mundo en el que quizá no tiene cabida. Algo que, por desgracia, tendremos que esperar para ver en una nueva actualización de este mítico personaje y la cual esperemos que llegue.
Entretenida en ciertas partes, bochornosa en otras, muy aburrida en general. Disfrutarás de los efectos especiales y de ciertos planos muy al estilo de una novela gráfica. Eso si, si no te duermes antes...

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