Se hace la luz sobre el escenario mostrando a algunos personajes danzando y cantando. El corazón se nos encoje y sentimos un nudo en la garganta. Miles de emociones nos asaltan logrando lágrimas y sonrisas a la vez. Un hermoso recuerdo de nuestra infancia nos golpea. Un verdadero viaje al pasado da comienzo mientras nos dejamos llevar por esa tan carismática primera canción y somos testigos de cómo el escenario se va llenando poco a poco de la más diversa fauna africana. Un verdadero espectáculo.
Los diferentes elementos de la escena se van sucediendo sin que apenas seamos conscientes de ello mientras comienzan a perfilarse los personajes principales a los que, por memoria, conocemos bastante bien.
Una historia ya conocida, contada de la misma forma que siempre pero con elementos clave que la dota de ese halo especial que sólo se da en el teatro.
Nos encontramos con la traición y la venganza en una historia que hace referencia a los diferentes tipos de gobierno y de escalas sociales. Una historia capaz de dejar un mensaje claro como la tolerancia y la desaprobación del racismo. Y lo asombroso es que lo ha hecho sirviéndose de un relato atractivo que cala bien en los niños..., y no tan niños. Se trata de una historia entretenida que trata algo vital para la mejora y bienestar de la sociedad.
Nos encontramos con una puesta en escena brillante. Vibramos con las espectaculares coreografías y los incesantes movimientos de los actores sobre las tablas. Nos transportamos con los ingeniosos decorados que, pese a su sencillez, consiguen que nos sintamos inmersos en la historia y en el lugar en el que se sitúa la acción. La caracterización de los actores está tan lograda que sólo vemos animales desfilar por el escenario. Los juegos de luces y sombras contribuyen a crear efectos impecables de una forma vistosa y efectiva.¿Y qué decir de las canciones, de la música en vivo o de los efectos sonoros creados mediante instrumentación? Sirven para narrar la historia, para crear emociones y, sobretodo, para nuestro deleite. Las voces se pierden entre los instrumentos en una fusión fantástica en la cuál tan sólo se percibe un todo.
Todo acompañado por una interpretación magistral de todo el elenco, desde los más pequeños hasta los mayores. Los actores saben transmitir toda la variedad de emociones y sensaciones que de forma constante se van dando a lo largo del espectáculo. Hacen las veces de alma e instrumentos, su aportación no se limita a dar vida a un personaje si no que van mucho más allá siendo una parte fundamental, el pilar sobre el que se asienta la producción.
El Rey León es uno de esos espectáculos capaces de acercar el teatro a un público más general. Es una historia que nos acompaña desde hace mucho tiempo y que se ve renovada como una obra excepcional.
Trata de enseñarnos y entretenernos a partes iguales y sin reparos, logrando que las emociones surjan por sí solas.
El musical de El Rey León es algo que se debería ver al menos una vez. Es una obra especial y conmovedora. Una auténtica delicia.


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