lunes, 2 de marzo de 2015

Madres e hijas

Un drama coral cargando de sensaciones y sentimientos en el que vemos la evolución de varias tramas que confluyen en un final común. Madres e hijas se basa en esa relación tan carnal y profunda, en ese vínculo único que se inicia desde el nacimiento hasta la muerte, en esa ley no escrita en la que madre e hija permanecen unidas por toda la eternidad a pesar de ser dos personas diferentes.
Cada trama trata de reflejar diferentes estereotipos de relaciones madre e hija, y, por muy distante que cada una esté del resto, éstas forman parte de un único tapiz que ha sido tejido de forma excepcional aunque en algunos momentos caiga en ciertos tópicos. Las relaciones entre los diferentes personajes puede tacharse de paternalista al mismo tiempo que de salvadoras, ya que la mayoría comienza su evolución después de haber conocido a alguien que supone un punto de inflexión en sus vidas.
Madres e hijas es un auténtico melodrama que no debe etiquetarse como "película para mujeres" ya que esconde una historia llena de emociones apta para todos aquellos que busquen la profundidad en la sencillez de sus tramas.

Está narrada de la mejor forma posible. Sin alardes técnicos ni complicaciones, tan sólo dejando el protagonismo a la historia y sus personajes. García ha logrado encontrar el equilibrio exacto para crear una película sencilla con un contenido complejo que versa sobre un tema complicado y ajeno a muchos de nosotros. La banda sonora pasa casi desapercibida, sirviendo sólo como un acompañamiento para la historia y las sensaciones que transmite. Lo cierto es que no intercede pero tampoco interrumpe, lo que resulta positivo en cierto modo.
La creación de las situaciones está más que lograda llegándonos a causar sensaciones y sentimientos, algo que se ve potenciado por la espléndida interpretación de los actores con la voz cantante. Una férrea Naomi Watts es el nexo de unión de las dos tramas principales con una participación más que asombrosa. Su personaje pasa por diferentes estados hasta llegar a un final más que poético, aunque puede resultar previsible. Naomi ejecuta con confianza el rol de esa mujer independiente y liberal que se descubre a sí misma al tener que tomar una decisión difícil que puede suponer su propio fin. Por otra parte, La evolución del personaje de Annette Bening es más que evidente, pasa de ser una mujer encerrada en una burbuja que está siendo consumida por el odio, a ser un alma libre por la culpa a la que ha estado sometida durante toda su vida. Cómo representa esta actriz ese cambio es el plato fuerte de la película. La naturalidad de sus gestos, la expresividad de su rostro mostrando las diferentes emociones, denotan la calidad de su interpretación asumiendo un papel difícil de llevar a cabo para evitar que no resulte forzado. Kerry Washington es quien aporta fuerza a la producción con un papel que ofrece otro punto de vista, el de aquella mujer que quiere ser madre pero no puede. Kerry interpreta a una mujer valiente que lucha con convicción por sus sueños hasta lograrlos sin dejar que nada se interponga en su camino. A pesar de que su aparición pueda parecer forzada, en la trama en la que ella se ve envuelta recae el desenlace de esta historia, por lo que resulta un personaje imprescindible que nos ayuda a entender todo.
Del elenco masculino cabe destacar la actuación, siempre correcta, de un veterano Samuel L. Jackson. Aunque pasa de puntillas, da ese toque de elegancia y robustez que siempre le acompaña en cada interpretación. De igual forma, su función en esta producción es relevante e importante para el desarrollo de algunas de las tramas.

Madres e hijas es de es de ese tipo de cine no apto para todos los públicos por su alto contenido sentimental y sensiblero. No es ese tipo de producciones taquilleras, pero cuando te dejas atrapar por sus tramas y la sencillez con la que se van entrelazando de forma magistral, descubres una película interesante que trata sobre un tema profundo que sólo llegará a aquellos que busquen encontrar producciones en las que los sentimientos y las relaciones tengan el protagonismo.
Esta producción es como un caramelo amargo que deja un sabor dulce al final. Trata de mostrarnos las diferentes relaciones materno filiales que se pueden dar con estereotipos diversos de mujeres que afrontan cada situación de forma muy diferente pero que terminan en un mismo punto que logra unirlas en un único sentimiento: el amor.
Madres e hijas deja un mensaje que se va construyendo a lo largo de su metraje: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. O lo que es lo mismo: Ama a las personas que te rodean y disfruta con ellas mientras puedas porque mañana puede ser tarde.
Lo mejor es sin duda la forma en la que sus tramas se entremezclan y la interpretación de los actores que dan vida a los personajes; lo peor es que algunas situaciones parecen forzadas por lo que en ciertos puntos pierde algo de intensidad.

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