Mi vida sin mí es mucho más que la simple muestra de un instante en una vida cualquiera. Es un canto desesperado a la vida que se escapa, un encuentro con sensaciones nuevas y una ruptura con la rutina del día a día que nos atrapa hasta engullirnos. Una historia en la que somos testigos de cómo su protagonista comienza a complacer sus necesidades anteponiéndolas a las de las personas que le rodean, aún buscando el propio bienestar ajeno y la tranquilidad de su propia conciencia.
Coixet logra seducirnos con una historia nacida de un cuento cuya finalidad es hacernos comprender la importancia que tiene vivir cada segundo de nuestra vida sin importar la situación en la que nos encontramos. Lo irrecuperable del tiempo, que no cesa en su marcha hasta consumirnos en un triste recuerdo del reflejo de lo que alguna vez fuimos. Nos hace entender lo prescindibles que somos pese al dolor de la pérdida. Todo es reparable o sustituible. Por lo que debemos saciar las necesidades de nuestro ego ante el de los demás, a la vez que convivimos formando parte del conjunto de la sociedad, pero nunca anteponiendo el bien común al propio.
Esta producción no es más que el reflejo del viacrucis solitario que vive la protagonista para lograr encontrar algo de paz cumpliendo sus sueños, asumiendo su destino con la mayor entereza posible. A lo largo del metraje comprobamos lo poético y a la vez realista que puede ser el final de una vida. El amor, en todos sus aspectos, así como el deseo y el perdón convergen en una trama plana que apenas sufre altibajos pero que no los necesita para atraer nuestra curiosidad, ya que con su historia bien trazada es capaz de mantenernos pegados a ella para dejarnos llevar por el torbellino de sensaciones en el que nos vemos envueltos.
Mediante una narración audiovisual natural y libre de parafernalia innecesaria, Coixet nos guía a través de los escenarios reales y llenos de vida por los que unos personajes bien formados se mueven siguiendo una trama firme y cuya evolución es constante.
La realizadora se sirve de planos medios y cortos llenos de movimientos para hacernos vibrar y realzar la importancia de aquello que trata de expresar el guión. El efecto de "cámara en mano" le da ese aspecto casero o de bajo presupuesto que le sienta tan bien a la narración, incluso llegando a crear momentos de una belleza poética que da sentido al conjunto.
La banda sonora es uno de los puntos fuertes de esta producción. Gracias a ella, los sentimientos se ven potenciados. Incluso juega un papel importante en la trama para desencadenar ciertos momentos. La música, suave en todo momento, es una compañera necesaria para complementar a la imagen y darle fluidez.
El reparto, formado por rostros conocidos, es otro de los puntos fuertes de esta producción. Sarah Polley nos deja deslumbrados con una interpretación sublime y madura, en la que logra traspasar la pantalla para transmitir toda clase de sentimientos y conseguir que empaticemos con su personaje. Sobre ella cae el peso de la película y lo ha superado con creces desde el primer momento en el que aparece en escena. Por otro lado tenemos a un Scott Speedman que parece pasar de puntillas pero que clava a un personaje desfavorecido pero con optimismo que va a remolque de su pareja. Quizá no es su mejor interpretación pero sí una de las mejores, al procurar que su personaje destilara realidad por los cuatro costados. El tercero en discordia es un Mark Ruffalo que muestra su lado más intimista y sensiblero pero que huye de convencionalismos. Un personaje especial que transmite toda clase de sentimientos. Leonor Watling es el aporte español a esta producción. Su personaje permanece en la sombra hasta el momento clave, justo para transmitirnos un sentimiento cercano y apropiado, con el que consigue nuestra aprobación para cumplir su cometido. La intervención de Leonor es sencilla pero acertada para el tipo de personaje que le toca interpretar.El resto de actores se encarga de unos secundarios con una personalidad bien marcada y que influyen de una u otra forma en la protagonista. Cada uno hace una buena interpretación, cumpliendo con su cometido en la trama.
Mi vida sin mí es una de esas películas que escapa de las sensiblerías aún tratando los sentimientos que despiertan situaciones límite, por lo que se ha convertido en imprescindible para los amantes del cine que buscan una historia profunda con la que viajar a través de las sensaciones que transmite.Es, quizá, la realidad en la que se enmarca la historia lo más atractivo, a parte de los personajes bien construidos. La curiosidad por ver cómo la protagonista afronta una situación por la que podríamos pasar todos, el cómo decide vivir ese tiempo.
Por desgracia, ésta no es una producción adecuada para todos los públicos, ya que habrá a quien le pueda parecer poco interesante o una propuesta poco atractiva. Aún así, tengo la certeza de que todo aquel que la vea sin prejuicios encontrará un relato único capaz de emocionar y de llegar a cualquier persona. Capaz incluso de remover conciencias y de cambiar algunas vidas.
Lo mejor de esta película es la realización tan natural de la que Coixet se ha servido para relatar esta historia y la actuación de Polley; lo peor quizá sea que no pueda resultar atractiva a ciertos sectores del público. Yo os invito a que le deis una oportunidad.


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