martes, 8 de septiembre de 2015

Eliminado

Bien podría ser el resultado de una noche loca entre Open Windows de Vigalondo y Buried de Cortés, salvando las distancias, claro. Una mezcla interesante de un renovado y actualizado slasher con ese tipo de cine de "metraje encontrado" que tan bien complementa el género de pseudoterror, en este caso. Es más, podríamos hablar de que se trata de El proyecto de la Bruja de Blair llevado a nuestros tiempos y a términos digitales, algo que no la hace menos impactante aunque sí menos aterradora. Y es que, los algo más de ochenta minutos de metraje los pasamos ante una pantalla, y no precisamente la del cine. Un recurso que resulta innovador en un género en el que resulta difícil sorprender, pero que tiene sus inconvenientes. El problema reside en que ese encerramiento digital junto con el caos que hay en todo momento en la propia pantalla en la que transcurre todo, provoca más mareo que terror, del mismo modo que una angustia que nos puede llegar a resultar familiar.
Que la historia sea simple y previsible, o que la trama se centre en la común venganza a la que tan acostumbrados estamos en este género, no son motivo para que la película no llame nuestra atención. Quizá lo más interesante sea el detonante que pone todo en marcha. El empleo de las nuevas tecnologías para menospreciar y poner en evidencia a alguien, el posterior acoso que sufre esa persona y el resultado final: el suicidio. Estos elementos son lo que la diferencian de otras muchas y lo que hacen que la forma en la que se ha realizado tenga sentido. Aun así, no sabemos si tiene más culpa de que se haya recurrido a tan simple artimaña el guionista Nelson Greaves o el realizador Levan Gabriadze. Quizá se deba a que ya desde el guión se ha concebido así, como algo que transcurre en la pantalla del ordenador de uno de los personajes, el cual no deja de interactuar con él abriendo todo tipo de programas, bien para chatear, para buscar información o para escuchar música, o para que el propio asesino contacte mediante este medio con las víctimas. Porque también se recurre a ese miedo a ser espiados o a que nuestra intimidad se vea invadida por alguien extraño. El que puedan jugar con nosotros. Esa es la clave para que en esta ocasión el asesino no sea como el resto y Eliminado no sea una película más del montón.


El hecho de que la realización como tal brille por su ausencia; que no haya un montaje convencional de planos al que estamos más acostumbrados sino que transcurra todo en una pantalla en la que todos permanecen en un mismo plano (el típico primer plano de webcam), no implica que no exista fluidez ni agilidad en la película. Los cambios entre ventanas, los propios movimientos internos en el gran plano secuencia que supone el total de la película, incluso la interactividad que el personaje mantiene con los diversos programas que usa en el transcurso de la historia como chats, exploradores de internet o programas de música, sirven para dar aire y agilidad a la producción, a la vez que para que se vayan desarrollando los diferentes acontecimientos. Pero ésto también contribuye al caos que habita en todo momento y que potencia la atmósfera de desconcierto e histeria en los personajes. Los rápidos cambios entre ventanas en la pantalla o que todos los personajes hablen al mismo tiempo son herramientas acertadas que logran ésta finalidad. Que alguna canción sea reproducida de forma remota y sin previo aviso, así como las conversaciones que comienza el asesino de forma inesperada, también.

De igual forma, algo que resulta tan eficaz como recurrente (y barato) es emplear para el reparto un repertorio de actores desconocidos y variopintos para que el espectador se centre más bien en la historia y no en la estrella de turno. Así también se fomenta desconocer quién llevará la voz cantante en una película donde el protagonismo no recae sobre un único personaje sino sobre varios, de tal modo no podemos prever hacia dónde se desequilibrará la balanza. En este aspecto la película se ve beneficiada por un reparto original de actores que interpretan de forma realista, aunque en ocasiones un tanto sobreactuada, la actitud y las reacciones de adolescentes ante una situación límite como por la que pasan en la película. La puesta en escena y la ambientación contribuyen, sin lugar a dudas, a crear tal ambiente, lo que le aporta ese punto extra de realismo a una producción que trata de reflejar, con su punto de fantasía, una realidad a la que todos hoy en día estamos expuestos, como es que alguien pueda amenazarnos por internet e incluso que pueda invadir nuestra intimidad de una forma invisible y a distancia.

Tras haber visto Eliminado se nos queda una sensación extraña de no haber entendido ciertas partes de la película, de habernos perdido algo importante. Y todo debido al caos que reina desde el mismo comienzo. Aun así, nos queda su esencia, el verdadero mensaje que trata de hacernos llegar mediante las horribles muertes que suceden desde ya muy al principio.
Ésta es una de esas películas que, mediante lo extraordinario, trata de hacernos comprender una amenaza real y que nos acecha a todos, pasando de puntillas por temas más escabrosos como el acoso escolar y el suicidio.
Interesante, muy interesante, aunque no aterrorizará a los más aguerridos sino que los impactará y, eso sí, nos hará meditar a todos sobre los inconvenientes de las nuevas tecnologías.

lunes, 7 de septiembre de 2015

El cabo del miedo

Imprescindible remake de un clásico basado en la obra literaria The Executioners de John D. MacDonald. Una genialidad de Scorsese, que, sin despeinarse, logra sacar el máximo jugo a una historia centrada en uno de los recursos más trillados de la historia del cine: la venganza. Y es que la venganza es el pilar fundamental sobre el que se asienta la trama de este thriller, que consigue mantenernos en tensión durante sus dos horas de duración. Un tiempo quizá excesivo en el que Wesley Strick mediante un excelente guión y Scorsese con una dirección sublime se recrean demasiado en hacer sufrir a la familia Bowden. Pero si algo afecta en realidad a la fluidez de la producción son los excesivos, aunque geniales, diálogos que se mantienen a lo largo de la película y que en muchas ocasiones interrumpen el frenetismo con el que transcurren algunas secuencias. Cabe destacar el texto de De Niro, elocuente y elegante a partes iguales (no os perdáis el peculiar acento de De Niro en la VO).
Se trata de una producción con un continente atractivo pero no por ello falta de contenido. En ella se puede percibir una contundente crítica sobre el sistema judicial estadounidense y la corrupción que se extiende por él. Así como queda bien reflejada la imagen idealizada de una familia americana que se hunde por momentos. La brutalidad y la violencia, así como el contenido lascivo, se encuentran presentes en cada una de las secuencias. Algo que no deja indiferente a nadie y que mantiene nuestra atención en todo momento. Cada detalle de esas escenas ha sido cuidado con mimo para darles todo el realismo posible y evitar, así, que parte del mensaje se pierda o no se entienda. Por ello prima la exhibición ante la insinuación; lo explícito impera, aunque en ocasiones se decide por lo ambiguo, lo que hace que en ciertas partes, antagonista y protagonista intercambien roles hasta el punto de no saber quién es héroe y quién villano. Un juego del que se sirve hasta el final y con el que nos hace meditar sobre lo incorrecto o lo correcto de las acciones que llevan a cabo cada uno de los personajes y las consecuencias que éstas tienen sobre el resto.
Indudablemente, el éxito de esta versión de El Cabo del miedo no sólo tiene que ver con la cuidada puesta en escena, con la acertada caracterización de los actores o con las impresionantes localizaciones. Todo tiene que ver con el imponente trabajo de Scorsese y el elenco de actores, encabezado por un Robert De Niro que no sólo da el pego de exconvicto sino que nos deja boquiabiertos con una de esas interpretaciones que queda por siempre en la memoria. De Niro se nos presenta como un personaje duro, inquebrantable, pero que se mueve por un sentimiento poderoso: la venganza. Mientras que Nick Nolte trata de convencernos de que es un héroe en horas bajas cuyos problemas son tan grandes como su propio ego. Lewis, por su parte, se encarga de dar vida a la hija mimada y sobreprotegida que parece ser lo que no es. Asume el rol de lolita de instituto que le viene al pelo a la actriz por su aspecto físico aniñado. Y con menos brillo pero no con menos fuerza, Jessica Lange, que interpreta a una sufridora madre estadounidense, el perfecto estereotipo de esa mujer que permanece a la sombra de los éxitos de su marido. Pero no queda ahí, ya que los dos protagonistas del original, Robert Mitchum y Gregory Peck, tienen pequeños papeles en esta versión asumiendo roles diferentes a los del original. Un detalle que no pasa desapercibido y que es de agradecer, ya que, además, fue la última vez que vimos a Peck la gran pantalla. La dirección del reparto por parte de Scorsese logra que la sintonía entre los diferentes roles no sólo funcione sino que sirvan como el engranaje perfecto de esta producción, llevándola hacia el punto que él quiere.


La atmósfera creada, en la que la tensión y el suspense se reparten el protagonismo, se ve potenciada por una banda sonora instrumental creada por Elmer Bernstein que hace acto de presencia sólo en los momentos más oportunos. El silencio impera, si, como uno de esos silencios asfixiantes que cede toda importancia a los elaborados y realistas diálogos que se emplean para dar profundidad a la historia. Y es que son tan vitales, y lo actores estaban tan metidos en sus papeles, que una de las escenas más impactantes (la del encuentro entre Daniel Bowden y Max Cady en el teatro del instituto) es el resultado de la improvisación de uno de los mejores diálogos que tienen lugar en toda la producción y por el cuál llegamos a conocer mejor a dos personajes imprescindibles en la historia. Señal del compromiso del reparto con el proyecto y de su integración con la propia historia.

El cabo del miedo de Scorsese se ha convertido en un clásico, incluso más recordado que el original, por méritos propios. Una historia de venganza que contiene algo más y que se presenta de una forma directa pero sutil. Cuyo reparto, plagado de estrellas, está por encima de las expectativas consiguiendo unos personajes perfilados y bien diferenciados.
Ésta es una de esas producciones imprescindibles que jamás quedará relegada al olvido.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Fin de trayecto

A veces duele escribir. Es como un dolor fino que se te agarra al estómago y te provoca nauseas. Algo punzante en el corazón que apenas te deja respirar. Aun así, comienzas a escribir, y sigues con un ritmo constante. No paras. Entonces, llega un momento en el que te das cuenta de que has escrito más de lo que pensabas y lo revisas en busca de alguna errata, fallos gramaticales o de ortografía. Y al leer, ese dolor se intensifica. Y es que cuando escribes sobre ciertos temas es inevitable sentir cada palabra, cada frase. Es imposible no ponerte en el lugar de quien sufre o incluso revivir algún acontecimiento atroz y dañino. No puedes escapar de esos sentimientos que provocan dolor y nauseas. En este caso ocurre sin más por el mero hecho de haber tenido lugar tal acontecimiento.
Hoy me ha asaltado en una de las redes sociales en las que me encuentro un artículo encabezado por la fotografía que corona este artículo. Un acontecimiento atroz, de esos que te hacen reflexionar sobre si la raza humana tiene salvación o se dirige por si sola a su propia destrucción. Una de esas imágenes que remueven las tripas y te crean un fuerte nudo en la garganta. En ella podemos ver a un niño pequeño ahogado en la playa, cerca de uno de los complejos turísticos principales de Turquía. Su barco se hundió cuando buscaba la ansiada libertad junto con sus padres, hermanos, vecinos. No lo logró, como otros muchos.

En los últimos días no dejan de llegarnos noticias sobre el éxodo de miles de refugiados sirios que buscan a la desesperada una opción mejor para ellos y sus hijos. De igual modo, somos testigos de cómo los países de Europa les tratan como si fueran la misma peste, como algo a evitar. No sólo se les están poniendo todas las barreras posibles para acceder a "nuestro paraíso" sino que están permitiendo que mueran de las formas más miserables.
Ahora, ante la movilización de la concienciada sociedad europea para evitar que más SERES HUMANOS inocentes sigan perdiendo la vida, los gobiernos de los diferentes países de la Comunidad Europea, encabezados por la autoproclamada líder Merkel, han decidido darles asilo en los diferentes países, pero con ciertas restricciones que todos no hemos tardado en criticar. Han marcado a fuego a los refugiados y se los han repartido como si fueran ganado. Pero siempre hay alguien que no está de acuerdo con el reparto, que no quiere su parte de la "mercancía". Porque si, para muchos líderes políticos estos SERES HUMANOS no parecen ser otra cosa que mercancía.
Incluso hay ciudadanos, ciudadanos de a pie, que están en contra de acoger a refugiados, sean sirios, congoleños o de "lapapota". Y lo cierto es que es indignante y preocupante comprobar cómo la frase de Plauto: "El hombre es un lobo para el hombre", tiene un verdadero significado.
Nos dirigimos hacia un punto sin retorno, hacia nuestra propia aniquilación. No sólo estamos destruyendo el lugar en el que vivimos, nos estamos matando entre nosotros. Y sólo cuando entendamos que nadie es más que nadie, que nadie tiene más derecho a vivir que nadie, que en el mundo no existen fronteras, sólo entonces podremos tener esperanza en la humanidad y podremos asegurar nuestra supervivencia. Sólo entonces podremos merecer vivir en este paraíso.
Pero no temáis, por suerte aún queda gente con alma que entiende que todos somos iguales, que todos somos SERES HUMANOS.

lunes, 10 de agosto de 2015

Nacido el cuatro de Julio

Algo más que el retrato de un instante de la historia de Estados Unidos y del mundo. La conmovedora historia de un joven que se alista como voluntario para combatir en la guerra de Vietnam convencido de que es la mejor forma de demostrar sus fuertes ideales conservadores y el amor por su patria. Algo que cambiará de forma rotunda al volver atado a una silla de ruedas y tras descubrir la mentira que les habían vendido.

Basada en las memorias homónimas de Ron Kovic, Oliver Stone recurre una vez más a un acontecimiento histórico para llevar a la gran pantalla una historia épica de destrucción personal y resurrección. Porque tras todo ese barro y sangre se encuentra una historia de superación en la que vemos el largo recorrido que una persona destrozada en todos los sentidos debe hacer hasta encontrar su lugar en el mundo, un propósito por el que vivir. Pero no sólo se trata de eso. Tanto Stone como el propio Kovic, al escribir la novela en la que se basa y el propio guión, dejan clara su denuncia pública y una dura crítica hacia ese acontecimiento histórico tratando de desenmascarar la verdad sobre lo que ocurrió, siendo más que visible el choque entre los diferentes ideales a lo largo de toda la película. Y es que tanto por situaciones concretas como por las discusiones y monólogos del protagonista, somos conscientes de la tensión provocada por el enfrentamiento ideológico en ese momento al igual que de la evolución que sufre el protagonista hasta el mismo final, pasando de ser un fuerte defensor de la guerra y el amor por la patria de forma incondicional a ser un activista en contra de la guerra y del planteamiento que el gobierno de su país hace sobre tal cosa. De igual modo, Stone muestra la horrible verdad que sufrían los veteranos de guerra heridos. Hospitales insalubres que mataban a más que salvaban, la falta de comprensión de vecinos y familiares ante tal trauma o incluso el olvido. Por lo que esta producción, a mi parecer, hace justicia sacando esa clase de trapos sucios a la palestra para que comprendamos que no todo es tan bonito y tan limpio como pensamos. También para que seamos conscientes de la transición por la que muchos se ven obligados a pasar y poder así comprender mejor todo cambio en ellos.
Todo esto es interesante, sí, pero aún más gracias a la presentación que tiene. El cine bélico/histórico siempre resulta interesante al público general porque puedes descubrir acontecimientos importantes de una forma amena. En este caso no iba a ser menos. Es una historia apasionante que en casi todo momento nos mantiene en vilo, aunque es cierto que a mitad de la película la trama se vuelve un poco repetitiva y tiende a caer en un bucle quizá un tanto innecesario y desagradable, pero también resulta ser una parte fundamental para comprender todo cuanto ocurre. El guión nos lleva de una situación a otra en volandas y sin dejarnos caer nunca en el aburrimiento o el desconcierto, pues todo ocurre por algún motivo y no queda nada al aire.

Pero es más que evidente que lo que hace que esta película sea reconocible y admirada es la espectacularidad con la que Stone trata el proyecto. No faltan esos grandes generales donde comprobamos la basta localización y todos los medios empleados para conseguir autenticidad y realismo. Los recurrentes y rápidos movimientos de cámara que hacen más espectaculares los momentos de mayor tensión. Así como esos planos ajustados para tratar los momentos más íntimos y transmitir de forma contundente los sentimientos del protagonista. También hace uso de un par de trucos para lograr un buen enfoque en algunos planos como usar croma. Sólo los más avispados se darán cuenta de que en la parte en la que Kovic está confesando que fue él quien mató a su compañero a la familia de éste, todos salen enfocados cuando ésto es imposible debido a la profundidad de campo. Stone empleó aquí el truco de usar el croma para poder apreciar la expresión de todos los rostros al conocer la noticia. Y podemos saber esto porque lo que rodea la imagen de Kovic está borroso tras haber incrustado su imagen sobre la otra. Este tipo de soluciones dejan claro que Stone cuida cada detalle a la hora de contar una historia.
La cuidada ambientación nos lleva desde una pequeña localidad americana hasta poblados vietnamitas pasando por un poblado mexicano. Cada una de las localizaciones debió ser escogida con mimo para representar cada uno de los lugares en los que transcurre la historia. Algo que mejora de forma considerable la interpretación de la historia y que nos sumerge en ella totalmente. Los efectos especiales empleados contribuyen de igual forma a que ésto se produzca. Están bien insertados tanto en las explosiones como en los disparos que los actores reciben. Y no podemos olvidar la excelente caracterización de los personajes, tanto de los heridos como del propio Tom Cruise en la evolución personal de su personaje. Tom no sólo envejece sino que vemos los efectos en él de la guerra. Algo cuidado al detalle que es todo un lujo.

Y es que Tom Cruise es el pilar sobre el que se asienta la película. No interpreta a Kovic sino que es él. Hace que la evolución de su personaje sea constante y sin altibajos en todos los aspectos, se adapta a cada situación que vive el personaje con solvencia y soltura demostrando que no es sólo un rostro bonito sino un actor talentoso capaz de asumir cualquier rol.
Y otro peso pesado que le acompaña es un desapercibido Willem Dafoe, cuyo papel queda en segundo plano y limitado por la propia trama, pero no por ésto es un personaje menos importante ya que contribuye a la evolución del protagonista. Encontramos un Dafoe espléndido cuya aparición es casi meritoria, aunque ésto no e impide demostrar el potencial que tiene como actor.


Podemos tildar esta producción de comercial y taquillera, vacía de contenido a pesar del llamativo continente en el que se encuentra. Pero no, nada de eso. Stone ha dado en el clavo, como casi siempre, al utilizar un acontecimiento histórico para lanzar críticas a diestro y siniestro, y hacer un profundo análisis sobre la superación del ser humano ante la adversidad.
El realizador recurre a técnicas interesantes para lograr lo que se propone y gracias a una gran labor de localización y ambientación, consigue que nos sintamos inmersos en la interesante historia de Kovic.
Nacido el cuatro de Julio es una obra de culto no apta para personas sensibles. un trozo de la historia narrado de forma inigualable y mostrado con todo detalle.

viernes, 17 de julio de 2015

No conoces a Jack

Estamos ante un biopic que no se limita a narrar un momento puntual de una persona sino que profundiza en temas de cierta relevancia tales como la eutanasia y toda la controversia que esta genera en los diferentes grupos ideológicos sociales. 
Una película dura por momentos que nos descubre a un íntimo Jack "Doctor Muerte" Kevorkian, doctor que encontró en la eutanasia su razón para existir y que defendió hasta las últimas consecuencias el derecho del paciente a decidir sobre su propia muerte. 

Ya desde el comienzo, descubrimos un personaje excéntrico, raro, cuyo objetivo no es otro que evitar sufrimiento a pacientes terminales suministrándoles la eutanasia. Pero Jack se topa con una sociedad médica un tanto arcaica y unos extremistas provida que le pondrán las cosas difíciles. A lo largo de los 134 minutos de duración de esta película somos testigos de una sólida lucha, a caballo entre la justicia y la moralidad, entre las dos posturas extremas que se mantienen en todo momento imperturbables. 
Jack logra el apoyo de un pequeño grupo que le ayuda a operar y a llevar a cabo su misión, mientras lucha tanto en los medios como ante la justicia por defender la honorabilidad de sus actos y el derecho a decidir de los pacientes. 
Trata un tema escabroso y candente desde hace algunas décadas. El derecho a decidir de las personas sobre acabar con sus propias vidas de una forma libre y fuera del ostracismo. Algo que crea controversia no sólo por el dilema moral que supone quitar la vida a alguien o permitir que él mismo se la quite, sino por temas jurídicos y religiosos, cuyo criterio dictamina que se trata de algo ilegal y contra lo que se comete un pecado mortal. Dos frentes insalvables contra los que muchos han perdido la batalla. Algo que queda muy bien reflejado en esta producción con la persecución, y linchamiento, por parte de la sociedad hacia el protagonista, y que deja más que claro que la libertad individual se ve coartada por la moralidad social. Y es que al terminar de verla nos queda un sabor agridulce al entender que solemos juzgar a los héroes visionarios que dedican sus vidas por dar a luz a la verdad o por defender nuestros derechos. Algo que removerá conciencias y nos hará meditar sobre el tema en toda su amplitud.

Lo grandioso de este guión son los solemnes diálogos que generan un discurso convincente y atractivo que obliga a ser escuchado, junto con unas situaciones tan emocionantes como duras que lograrán conmovernos pero también hacernos reflexionar sobre lo que es correcto y lo que no. 
Descubrimos un mundo injusto, arcaico. Anclado, por desgracia, a una religión obsoleta inventada por el propio hombre y de la que somos esclavos. Esto es lo que lanza No conoces a Jack sobre la mesa de una forma directa y contundente que nos impide mirar hacia otro lado haciendo que permanezcamos pegados a la pantalla de principio a fin. 
Barry Levinson consigue mediante planos de peor calidad visual y sonora respecto a la línea general crear una sensación de falso documental que se ve potenciada por la realista puesta en escena y la sencillez del resto de planos que emplea durante todo el proyecto. Los movimientos de cámara, a veces vertiginosos, contribuyen a dicho efecto, consiguiendo que la historia nos sea más cercana y que empaticemos a mayor nivel con el protagonista. De esta forma, Levinson se posiciona mediante la realización dando su punto de vista sobre el controvertido tema que trata el guión de Adam Mazer. Y no sólo eso, enriquece y da un sentido poético tanto a la trama principal como a las subtramas que asoman tímidamente, ya que no sólo conocemos la historia de Jack sino al propio Jack.
Gracias a la excelente ambientación, ubicamos el momento preciso en el que tienen lugar los acontecimientos por lo que comprendemos mejor lo que ocurre y el motivo por el que ocurre. 
La banda sonora juega un papel activo en ciertos momentos, formando parte de la estética de la película. La mayoría de las piezas acompañan al momento potenciando sensaciones y emociones dadas por las acciones o las situaciones. Una elección acertada tirar de clásicos como recurso para crear momentos íntimos o formar la personalidad de Jack.


Claro que un personaje tan mítico como Jack Kevorkian sólo podía ser interpretado por un estelar Al Pacino. Tanto la conseguida caracterización como la trabajada personificación de Jack hacen que nos olvidemos que detrás del personaje se encuentra uno de los actores más laureados del mundo. Pacino borda un personaje introvertido y de personalidad compleja y un tanto cambiante. Ha sabido adaptar la personalidad, la forma de actuar de Jack, a cada situación no siendo ésta abrupta o exagerada sino tan realista como consecuente. Pacino vuelve a calzarse a un personaje complejo y sale mucho más que airoso de la experiencia. Su personaje transmite convicción, confianza y ternura, lo necesario para convertir a un villano público en héroe ideológico. Y éste gran actor lo consigue mediante una actuación sublime. 
Como escudero de Pacino, un enorme y emblemático John Goodman, que vuelve a llenar la pantalla y no sólo de forma literal. Estamos ante uno de esos secundarios carismático que, hagan lo que hagan, gustan a todos. Siguen en su linea, sin despuntar pero sin dejar indiferente a nadie y logrando una sonrisa en todos nosotros al verle aparecer en pantalla.
Una envejecida Susan Sarandon pone el toque femenino a esta historia como compañera fiel y leal. Su personaje sufre la suerte que todos prevemos pero Susan logra crear un momento sórdido en algo íntimo con el que descubrimos más. Nos presenta un personaje de hierro que se mantiene así hasta el final. Convincente cuanto menos.

No conoces a Jack no es sólo un biopic de alguien que para muchos es desconocido. Es la historia de algo más importante, de una batalla entre el derecho a decidir y la moralidad arcaica que viene dada por la iglesia y las propias leyes. Pero no sólo eso. Descubrimos la auténtica cara del Doctor Muerte, de quien luchó contracorriente para lograr un bien común.
Ésta es una de esas producciones que obliga a la reflexión sobre un tema que aún hoy día sigue candente en todo el mundo. Es entretenida y nos descubre una historia apasionante sobre alguien bastante interesante. Un hombre peculiar que actuó contra todos.
Si bien es cierto que no se hace pesada, no es recomendable para quienes no busque ese cine íntimo que remueve consciencias y que resulta ser reivindicativo. Tampoco para personas demasiado sensibles ante el tema de la eutanasia. Es acta para todos aquellos que quieran descubrir una historia apasionante que les acompañará incluso mucho después de haberla visto. 
Y tú, ¿aún no conoces a Jack?

lunes, 29 de junio de 2015

No habrá paz para los malvados

Tiene un arranque potente que se diluye en sus farragosas teorías. Una historia insulsa que se enreda en nimiedades y tarda en explotar lo que en verdad interesa. Urbizu nos atonta a base de cubatas para asestarnos un fuerte puñetazo al final que nos deja con cierta indiferencia.

No habrá paz para los malvados no hace justicia a su título. Descubrimos una historia policíaca, dura en contados momentos; dispersa en el resto, en el que un policía un tanto desaliñado se ve involucrado en un crimen. Al huir uno de los implicados, él trata de encontrarlo. A su vez, una jueza investiga este crimen que resulta ocultar algo más.
Nos encontramos con un guión plagado de clichés, demasiados. Tanto algunas acciones como ciertos diálogos son más que previsibles. Así como se emplean demasiados elementos del tipo de cine al que pertenece, lo que hace que en momentos resulte evidente lo que va a tener lugar. Incluso, algunas secuencias se pueden obviar por aportar poco o nada tanto a la trama como a los personajes, lo cuales no evolucionan ni crecen. No se dirigen hacia ninguna parte. Sólo se mantienen imperturbables de principio a fin. 
Únicamente el giro argumental, que nos hace descubrir que algo se oculta tras una trama nada interesantes, es lo que nos mantiene expectantes. El resto de tramas no potencian la principal e incluso no concretan ni concluyen, ni si quiera sirven para enriquecer la historia, sólo la acompañan aportando ciertos matices de vital importancia para su desarrollo. 
Diálogos vacíos, simples, que no desarrollan nada y que acompañan unas acciones medidas y acordes al género que nos guían hacia un final más que esperado.
Pese a su título, el mensaje que esta producción transmite es muy confuso. Y todo es debido a la falta de concreción y a la de un análisis más complejo de personajes y situaciones. Cuando termina la película quedamos con una absoluta sensación de indiferencia debido a la falta de conexión con los personajes por puro desconocimiento de los mismo. No llegamos a conocer a los personajes, su historia o de donde vienen, y esto hace que no sintamos nada hacia ellos ni la situación por la que pasan. Cierto es que algunos detalles no sirven para conocer algo de algunos de ellos, pero son tan dispersos y tan medidos que no se logra el efecto deseado. Si bien el final deja claro el sentido del título de esta producción, poco más a lo largo de ella lo hace.
En cierto modo, se puede tratar del reflejo borroso de algo que ocurrió y que dejó una profunda cicatriz en nuestro país. Un vistazo a cómo se desarrolla un atentado y como las apariencias, en algunas ocasiones, engañan. Se oculta entre líneas una feroz crítica al sistema interno de la policía y lo que ocurre con algunos casos.

Por otro lado (no todo va a ser malo), la realización es más que acertada y adecuada para este género cinematográfico. Urbizu emplea una composición atractiva intercalando todo tipo de planos para narrar la historia y ser consecuente con lo que acontece. Incluso apuesta por movimientos de cámara aberrantes, como ya al final, que sirven para potenciar y trasladar sensaciones. En este aspecto arriesga y gana.
La puesta en escena hace que todo fluya con cierta dinámica y frenetismo. Algo que incluso queda vigente en los planos fijos, donde los movimientos internos de cada planos resultan explosivos.
Otro elemento que contribuye a crear la atmósfera de esta producción es la ambientación, con la que logra que nos translademos a ese Madrid de extraradio, conflictivo y peligroso que aparece en cada plano. La estética ruinosa y sucia suele dejar paso a una más pulcra y meticulosa en un cambio de localizaciones que resulta quedar bastante decente y creíble. Los decorados y localizaciones han sido cuidados para darle ese toque de realismo a la historia.
Los efectos especiales están bien integrados, empleándose sólo en los momentos adecuados para aportar realismo a ciertas acciones sin caer en excesos innecesarios que puedan ensuciar la imagen que se respeta durante toda la película.
La estridente banda sonora junto con los prolongados silencios, siguen la tónica de lo visual, compactandolo todo.


Si algo más cabe destacar es la verosímil actuación de Coronado. Quizá la conseguida caracterización potencie y facilite su labor metiéndose en la piel de Santos Trinidad, pero está claro que le pone lo más importante, el alma, y eso se hace notar desde el minuto uno. Nos olvidamos de Coronado y conocemos a Santos. Su aspecto y actitud son claves para que el protagonista llame nuestra atención. El problema es que le falta profundidad al personaje para que lleguemos a conectar con él, pero es un escoyo que Coronado ha sabido esquivar para dejar patente su estado de gracia en esta película.
Rodolfo Sancho y Juanjo Artero, dos pesos pesados de nuestro cine, flanquean a Coronado con una participación correcta pero poco vistosa. Dejan el protagonismo por completo a Coronado sin llegar a brillar en sus respectivos papeles, sólo siendo correctos escuderos. Pero esto no quiere decir que nos regalen esos detalles que los hacen ser grandes actores.


Esta producción se antoja sosa, falta de algo de chispa que la haga vibrar con la misma fuerza con la que vibra su protagonista. Con una trama principal que se enreda cada vez más hasta estallarnos en las narices sin previo aviso y unas tramas secundarias que casi pasan desapercibidas y de las que se podía haber conseguido sacar algo más, quedando inconclusas la mayoría. El final abierto sigue la tónica desconcertante que marca toda la película. La falta de concreción en todo la hace distante y no logra transmitir el mensaje completo ni de forma contundente. Es larga, demasiado larga. Y espesa por momentos. Por lo que algunas secuencias se hacen interminables y nos da la sensación de que muchas de ellas sobran. Los efectos especiales, esos planos generales tan bellos o los esperpenticos movimientos de cámara son de lo mejor de la película.
Un excelente Coronado trata de echarse la producción a las espaldas pero, dada la superficialidad de su personaje, sólo consigue hacer meritoria su interpretación.
No habrá paz para los malvados me ha defraudado. Lo cierto es que esperaba algo más y me da la sensación de que se han quedado a medias, que muchas cosas se han quedado en el tintero por falta de profundizar en ellas. Es entretenida y en ciertas partes interesante, pero no consigue enganchar o entusiasmar como otras. Es una lástima que una gran realización y una estupenda actuación queden ensombrecidas por un pésimo guión que no deja de caer en clichés.

domingo, 21 de junio de 2015

Mejor, imposible

No hay palabras para describir lo que tuvo lugar anoche en el Palacio de la Cultura de Herrera del Duque. Cuando parecía que La Banda de Música de Herrera del Duque no podía crecer más, lo hizo de nuevo ofreciendo un emocionante concierto que permanecerá por mucho tiempo en la memoria de un servidor y de todos los asistentes.
La Banda, nuestra Banda, inundó el Palacio de color, magia, emociones y sensaciones transmitidos por la perfecta unión del engrasado grupo del que se compone. Y es que quedó más que notorio que cada uno de los ilusionados músicos se dejó la piel y el alma para conseguir encogernos el corazón con cada una de las piezas, ¡y vaya si lo consiguieron! Todo el respetable se mantuvo en silencio, deleitados en todo momento por esa música llena de matices y vida que lograba crear la mezcla de todos los instrumentos, hasta las merecidas ovaciones al finalizar cada tema.
Un espectáculo sin igual, un concierto sin precedentes. Algo especial y único, al alcance de muy pocos, eso es lo que logró crear nuestra Banda. Primero con unos temas populares con los que comprobamos la fuerza y pasión que imprimen todos sus miembros a cada pieza, y una segunda parte compuesta por Bandas Sonoras de películas que fueron interpretadas de forma sublime y muy bien acompañadas por un vídeo con las mejores escenas de cada película que realizó Mario Murillo, componente de La Banda. Todo un lujo para los amantes del cine y la música, entre los que me incluyo. Pero ahí no quedó todo, tras casi dos horas (sí, DOS HORAS) de concierto, el Palacio se vino abajo con una sonora ovación a tan bello espectáculo para pedirle a su director una más. Y no sólo hubo una más. Tocaron dos piezas de dos famosas películas, Titanic y Aladín, y, para finalizar, el director nos sorprendió a todos cuando echó a correr hacia la batería mientras los miembros de la banda se colgaban unos collares de flores al cuello para interpretar una canción llena de vitalidad y alegría como es "Bajo del mar" de la película La Sirenita. Un final increíble y emocionante para todos. Además, ya al final, Isidro Parejo, director de la banda, nos dirigió unas acertadas palabras reivindicando el importante papel de la Banda de Música en el pueblo y agradeciendo el apoyo de la administración local, así como poniendo en valor el sacrificio y la labor de los chicos que componen La Banda.

La Banda de Música de Herrera del Duque consigue dejarnos boquiabiertos con cada concierto. Tanto con la interpretación de las piezas como con la composición del concierto. Comenzó siendo un sueño y han conseguido que sea una realidad. Un proyecto firme que continúa su progresión, pues estos chicos, nuestros chicos, no tienen techo. Ellos son el alma de todo un pueblo que les escucha con ilusión y emoción. Ellos son el orgullo de todos los herrereños, pues al escucharlos no podemos sentir otra cosa.
Como bien dijo Isidro, tenemos banda para 100 años. Yo creo que te quedaste corto, amigo Isidro. Tenemos banda de por vida porque su arte perdurará a los siglos y a la memoria gracias a la labor de personas como tú, y al esfuerzo, pasión y trabajo de chicos como los que diriges.
Me parece increíble que algo así sólo haya costado 3€. Con sinceridad, habría pagado gustoso mucho más porque así lo merece.
Los que tenemos el placer de disfrutar de vuestra música sólo podemos daros las gracias y desearos una larga y próspera vida.

GRACIAS, BANDA DE MÚSICA DE HERRERA DEL DUQUE.

lunes, 15 de junio de 2015

El pájaro cantó

Los delitos prescriben, pero al parecer los tweets no. Así que cuidado con lo que escribís en las redes, no vaya a ser que el día de mañana no podáis ser concejales, diputados, alcaldes o presidentes del gobierno por un fatídico tweet que escribierais en vuestra adolescencia. Resulta, cuanto menos, indignante que alguien que apenas ha tomado posesión de un cargo deba dimitir por algo que escribió en una de sus redes sociales hace ya unos cuantos años. Cuánto no habrán tenido que rebuscar para sacar algo así... Y es que las malas artes en política llegan hasta límites insospechados. ¡Cuántos no tendrían que dimitir mucho antes que el señor Zapata por atrocidades mayores! Pero claro, tiene más importancia un tweet de hace ya cuatro años que un delito cometido en la actualidad. Ahora conviene sacar trapos sucios en lugar de lavar los propios.
Me da vergüenza la casta política de este país, que se cree superior al resto y que sólo pugna, sea de la forma que sea, por lograr alcanzar el poder sin importar nada más. Buscan llenar sus bolsillo por encima de buscar solución a los problemas de los ciudadanos. Claro que luego tenemos a gente como la Colau o Carmena, que hacen lo correcto al llegar al poder y nos parecen héroes.¡Qué triste!... Se salvan algunos de la quema, si, pero más bien pocos. La mayoría piensa que la política es un juego de niños, un cetro que pasa de mano en mano como un premio (para nada merecido) y que tienen derecho a hacer los que les plazca sin repercusión alguna. Se creen seres superiores y han dejado más que claro que son capaces de llevar a cabo cualquier actitud miserable para lograr su cometido: obtener el trono.
¡Qué triste es que tengamos que padecer a estos insufribles políticos! Pero más triste es que los sigamos colocando nosotros en el poder...

viernes, 12 de junio de 2015

Christopher Lee

El hombre inmortal, uno de esos villanos de lujo que nos hizo entender que sin la oscuridad no le daríamos importancia a la luz. Ese malvado que todos queríamos ser. Interpretó a personajes míticos y ahora él se convierte en leyenda.
Nos deja un gran actor en todo los sentidos. Polifacético, ambiguo, pasional. Capaz de mejorar el plano con su sola presencia, con sus interpretaciones imposibles en las que sobraba carisma y elegancia.
Decimos adiós al actor, pero también al hombre incansable e innovador que se ha mantenido al pie del cañón hasta sus último días. Al abuelo de varias generaciones. Descansa, Christopher, que te lo tienes bien merecido. Nos vemos en el otro lado.

domingo, 7 de junio de 2015

La Victoria de Amador. La revisión

Me encuentro revisando las escenas ya escritas del guión "La Victoria de Amador" en busca de incongruencias, fallos de racord o errores varios. A la vez he comenzado a reescribir algunas partes que, a mi parecer, podrían mejorar. Pero claro, al hacer esto, hay que caer en la cuenta de que, como si de un viaje en el tiempo se tratara, al cambiar algo en una escena, por mínimo que sea, puede tener su repercusión en las escenas posteriores, por lo que tras cada cambio hay que revisar de forma contundente todo el guión para evitar que se produzcan incongruencias o fallos de racord.
Estas revisiones son comunes y necesarias, ya que en muchas ocasiones tendemos a escribir lo primero que se nos pasa por la cabeza sin haber reflexionado antes, y claro, no siempre la primera idea es la mejor o la más correcta. Entonces, estas revisiones sirven para enriquecer la historia y la forma en la que está escrita, para mejorarla en definitiva. Yo recomiendo escribir varias secuencias o escenas y dejarlas reposar unos días para después revisarlas y hacer los cambios pertinentes. Hacerlo así y no esperar a tener el guión terminado evita dos problemas, entre otros, esenciales: tener que hacer grandes cambios en todo el guión y perder tiempo al escribir algo que sabes que tendrás que retocar tarde o temprano. Si ya lo vas retocando sobre la marcha y encauzando el argumento hacia lo que quieres, no tendrás que escribir varias veces la misma parte. Eso sí, tampoco nos podemos volver locos y revisar el guión constantemente, ya que siempre habrá fallos y nunca estará perfecto a nuestro parecer, por lo que podría correr el riesgo de convertirse en un guión inacabado o lo que yo denomino, "El eterno guión". Hay que saber revisar pero también hay que saber dar un guión por concluido aunque nos pueda parecer que no sea perfecto. Sólo así la producción podrá avanzar y podremos ver nuestro proyecto finalizado. Además, y esto sucede más de lo que se cree, siempre, SIEMPRE, el guión sufre retoques hasta el último minuto. ¿Por qué? Por algo muy simple. El guión está vivo y es susceptible de cambios. Es más, siempre necesita cambios, bien para que textos y personajes se adapten a los actores, para que la puesta en escena encaje en el decorado o localización, porque la acción imaginada o los efectos son imposibles de realizar con los medios de los que se disponen... Por lo que no temáis a la hora de hacer cambios en vuestros guiones, pues nunca estarán "terminados" o perfectos para vosotros.