lunes, 28 de noviembre de 2011

La oscuridad en la luz-1x04-Grave




Permaneció sentado unos minutos más en aquella sala. Seguía esperando pacientemente al Inspector Ramírez, aunque su paciencia estaba a punto de terminar. En aquel momento no se cuestionó la presencia del anciano en aquel lugar, sabía que tarde o temprano sus dudas quedarían resueltas.

Se levantó enérgicamente y fue de nuevo hacia la ventanilla de información.

-Disculpe. Verá, me urge hablar con el Inspector Ramírez. Si pudiera hacer usted el favor…
-Señor, ya le he dicho que él mismo me ha pedido que no le moleste.
-Lo sé, pero si le dijera que soy yo quien…
-Está reunido y no se le puede molestar, lo siento pero debe esperar a que termine –replicó tajantemente la mujer.
-Mire –dijo Gabriel sacando una tarjeta-, dígale que me llame a este teléfono en cuanto pueda, que es algo urgente.

Justo antes de que Gabriel le diera a la mujer su tarjeta escuchó una voz familiar. El Inspector Ramírez y una mujer venían hablando por el pasillo, desde su despacho.

-Señora, sé bien cómo se siente, pero debe entender que sin pruebas no podemos retener por más tiempo a una persona –explicó Ramírez.
-Sé que él lo hizo, mi niñita…
-Están las dos muy nerviosas –trató de consolar a la mujer-. Lo mejor ahora es que se vaya a casa y permanezca junto a su hija.

El Inspector pidió a uno de sus compañeros que la acompañara hasta su casa. Un joven policía se acercó hasta la mujer y le pidió que le acompañara. Tras dar unos pasos junto al policía, la mujer se volvió hacia el Inspector.

-Sé que ese viejo tocó a mi niña –aseveró llorando.

Tras pronunciarse la mujer, ella y el policía salieron de comisaría. El inspector respiró hondo y se volvió bajando la mirada. Allí, frente a él, estaba Gabriel.

-Vamos –le dijo a Gabriel moviendo la cabeza-. Que no me molesten – se dirigió después a su compañera de la ventanilla de información.

El Inspector puso su mano sobre la espalda de Gabriel guiándole hacia su despacho. Los dos fueron en silencio.
Al entrar al despacho, el Inspector pidió a Gabriel que se sentara en una de las sillas que había frente a su mesa. Mientras tanto, él se dirigió a una de las estanterías situada al lado de su mesa. Buscaba algo entre los libros.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Gabriel desde su asiento con enfado.
-Espera –contestó mientras sacaba algo de entre los libros-. Vienes por esto, ¿verdad?

El Inspector arrojó sobre la mesa la edición del periódico con la noticia de Gabriel sobre el caso del hombre que se suicidó en el Cerro y la edición del mismo periódico sin su noticia. Gabriel se inclinó hacia delante para verlo mejor. Se le escapó una media sonrisa al verlo.
-¿Qué ha pasado? –preguntó el Inspector mientras se sentaba en su silla.
-Sabes bien lo que ha pasado. Me la has jugado Nicolás –sentenció Gabriel.
-En ningún momento te dije que hubiésemos cerrado el caso.
-¡Claro que sí! –gritó Gabriel claramente enfadado-. Me dijiste que había sido un suicidio.
-No. Te dije que aparentaba ser un suicidio según nos dijeron los forenses.

El sonido del silencio volvió a hacerse en el gran despacho. Gabriel permaneció sentado, mirando los dos periódicos. El Inspector se levantó y se sirvió algo de café en un vaso de plástico. Echó algo de café en otro vaso.

-¿Por qué habéis reabierto el caso?
-Realmente nunca se cerró –contestó el Inspector. Poniendo sobre la mesa, frente a Gabriel, uno de los vasos con café-. El cuerpo sigue en la morgue. Los forenses deben volver a examinarlo.
-Pero, ¿qué demonios ha hecho que volváis a tener que examinar el cuerpo?
-Si te cuento esto, no podrás usarlo para ningún artículo en tu periodicucho. ¿Entendido?

Gabriel tomó el vaso y bebió un pequeño sorbo. Tardó en afirmar con la cabeza que no usaría la información para un nuevo artículo.

-Lo digo totalmente enserio. Esta información no se puede filtrar.
-Que sí, que sí. De veras, no diré nada a nadie.
-Confío en que esta vez lo cumplas.
-Vamos. Soy tu colega desde antes que te saliera barba. Joder, si hasta soy el padrino de tu hijo mayor –dijo Gabriel.
-Por eso no quiero que esta vez la cagues. Hay muchas cosas en juego.
-Te lo prometo –dijo uniendo sus dedos índices.
-Déjate de niñerías. –El Inspector volvió a su asiento-. Ayer recibimos una llamada anónima. Nos confesó haber visto cómo alguien golpeaba al Señor Gutiérrez por la espalda en la cabeza, en lo alto del Cerro de San Cristóbal. Después esa persona lo tiró por el barranco y se dio a la fuga huyendo por la parte trasera de la Muralla de Jayrán.

En ese momento un escalofrío atravesó el cuerpo de Gabriel. Quedó boquiabierto, echándose sobre el respaldo de la silla. Apretó los puños y tragó saliva. Procuró que su amigo, el Inspector, no notara su ansiedad.

-Y si lo vio, ¿por qué ha esperado tanto hasta hacer esa declaración? –preguntó rápidamente Gabriel.
-Por temor a que el asesino lo ataque. Por eso te pido que no publiques nada acerca de esto. La vida de una persona puede correr peligro.
-Descuida – espetó Gabriel más sereno-. Y, ¿no sabéis nada de esa persona? Quién puede ser o algo.
-No. Sólo que tiene una voz ronca, grave. Y nos pidió que examináramos todo bien en busca de pruebas. Nos dijo además, que los matorrales suelen esconder secretos –explicó el Inspector-. Tras declarar dijo que hablaría sólo cuando encontráramos más pruebas, por su propia seguridad.
-¿Y no pudiste convencerle de que su seguridad estaba garantizada?
-No. Ese hombre tiene bastante miedo. Cree que el asesino puede andar tras él.
-¿Tenéis alguna idea de quién puede haber sido el asesino? –Preguntó Gabriel-. ¿Alguna prueba o algo?
-De momento creemos que pudo haber sido un ajuste de cuentas –contestó tras haber negado con la cabeza.
-¿Drogas o armas?
-No, nada de eso –contestó rápidamente Nicolás-. Al Señor Gutiérrez le gustaba bastante el juego. Hacer apuestas que no podía pagar y cosas así. Creemos que pudo haber quedado en el Cerro con alguien para saldar alguna cuenta o llegar a un acuerdo y las cosas se torcieron. Basamos la investigación en eso.

Gabriel respiró aliviado. Asintió con la cabeza. Tras un instante de silencio, se levantó de su asiento y tomó lo que quedaba de café en el vaso.

-Bueno, debo marcharme ya. Tengo un artículo que escribir.
-Espera, espera –dijo rápidamente el Inspector mientras se levantaba-. Sabes que de esto…
-Ya, descuida –le interrumpió Gabriel-. Es para arreglar el malentendido del artículo poco veraz de esta mañana. Nos vemos –dijo sonriendo.

Ambos amigos se despidieron con un fuerte abrazo y Gabriel se marchó de la comisaría. Fue directo a la redacción para escribir un nuevo artículo sobre el caso. Después se marchó a casa.

Al llegar, justo al entrar por la puerta, recibió una llamada desde un número oculto al teléfono de su casa.

-¿Sí? –dijo descolgando el teléfono.
-Pronto todos sabrán la verdad.

Empalideció al escuchar aquella voz grave. Gabriel no tardó en colgar el teléfono.

Continuará…


Obra original de Jesús Muga
25-Noviembre-2011 

2 comentarios:

  1. El Cerro de San Cristobal se va a quedar grabado en la retina XDD. (En mi vista tiene un tono verdoso)

    ResponderEliminar
  2. Así vamos enseñando cositas de Almería XD Ese retoque tiene un porqué, que a su vez, tiene mucho que ver con la historia. Intento que las imágenes que acompañan al texto, con su retoque incluido, sean una parte más de la historia y que cuenten algo o sean un referente visual.

    En este caso el único que sabe realmente lo que paso fue el cristo del cerro. Por eso la foto y ese retoque que va de la oscuridad de su espalda a la claridad frente a sus ojos.

    Un saludo!!

    ResponderEliminar