Cine juvenil que se aleja de los convencionalismos a los que este tipo de cine nos tiene acostumbrados. El corredor del laberinto mantiene el suspense de principio a fin pero pierde interés a medida que avanza. Sólo en la parte final, cuando más se acerca al climax, logra llamar nuestra atención. Parece ser una película preparatoria para una secuela más interesante a la que le sobra metraje y le falta intensidad en ciertas partes.Aparecemos con Thomas, que no recuerda nada, en El Claro, un lugar en el que otros jóvenes le reciben y que se rige bajo normas muy estrictas. Están atrapados al rededor de un laberinto cuyas puertas se abren cada amanecer y se cierran al anochecer, cuando es recorrido por unos seres llamados Laceradores. Este laberinto es recorrido tan sólo por Los Corredores, que se dedican a buscar una salida del laberinto, el cuál es modificado cada noche al cerrarse.
Tras Thomas llegará una sorpresa que cambiará las reglas y les obligará a encontrar una salida a contrareloj, bajo la amenaza de los Laceradores y de ellos mismo.
Estamos ante un thriller de ciencia ficción que nos traslada a una época incierta y a una situación desconocida. El guionista, y también autor de la novela en la que se basa, James Dashner se apoya con mucho acierto en la incertidumbre que rodea al personaje principal para hacernos sentir lo mismo y lograr nuestro interés por su historia, algo que se disipa con el paso de los minutos. A lo largo de la película descubrimos los misterios que rodean al laberinto mediante pequeños detalles que se nos dan con cuentagotas. Somos testigos de la organización que los jóvenes habitantes de El Claro han adoptado para sobrevivir sin problemas y la jerarquía por la que se rigen.
Es un guión extenso, demasiado, al que le sobran secuencias y le falta acción. No concreta y se antoja inconclusa incluso al llegar a los créditos. Le faltan objetivos claros a la trama principal y parece ser tan sólo el comienzo de algo más grande.
Si consigue algo es transmitir ciertos valores que para algunos podrían pasar desapercibidos por haberse tratado de una forma sutil, sin haber ahondado demasiado en ciertos aspectos que podrían resultar interesantes.
El novato Ball cumple con su trabajo pero no profundiza en la historia ni saca partido a la impresionante interpretación de los actores a los que dirige. Con algunos planos y tiros de cámara logra transmitir el frenetismo causado por determinados momentos en las huidas o en los que los jóvenes se enfrentan a los Laceradores, pero en la mayoría del metraje se limita a observar lo que ocurre y captarlo con su cámara. No arriesga y por eso pierde en intensidad, además de que la lentitud del guión no ayuda lo suficiente.
En cuanto a los efectos..., se han empleado los necesarios y no quedan mal después de todo. Lo más impresionante es la vista del laberinto desde un plano en picado, ya casi al final, y la lucha final de los chicos con los Laceradores. Más que efectos visuales añadidos en postproducción abundan los efectos especiales mecánicos.
A todo esto le pone la guinda una banda sonora bastante insulsa y que poco dice para con la historia.
El reparto, del cuál muchos son conocidos por su participación en series famosas o en otros largometrajes, es lo mejor de la producción. Se trata de una aventura coral en la que todos juegan un papel importante pese a que Thomas, cuya interpretación corre a cargo de un envalentonado Dylan O`Brien, carga con el peso del protagonismo.
La interpretación de estos jóvenes actores le da ese toque de calidad a un film que prometía ser el comienzo de una saga exitosa. Sólo por su trabajo merece la pena ser vista para disfrutar de interpretaciones realistas y llenas de vida. Un gran trabajo sin lugar a dudas.
El corredor del laberinto se desinfla a medida que pasan los minutos y sólo al final consigue levantar el vuelto para llamar nuestra atención. Lenta y tediosa en ciertas partes sólo se salva por los visibles conflictos entre los jóvenes habitantes de El Claro y el loable trabajo de los actores que los interpretan.
Está claro que es el comienzo de algo grande, por eso esperemos que haya merecido la pena haber padecido este decepcionante comienzo.



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