domingo, 5 de abril de 2015

R.I.P.D.

El tándem acción y risas siempre ha formado un binomio triunfal en el cine. En esta ocasión no iba a ser para menos. Se trata de una parodia que no necesita alma propia para llegar a convencer al espectador de pasar un buen rato. Y lo cierto es que esa es la conclusión y el sabor de boca que nos deja al llegar a los créditos finales. No se trata de una producción cuya historia sea trascendental y cuya trama elaborada nos invite a reflexionar sobre algo. R.I.P.D. tan sólo busca el beneplácito de un espectador poco exigente que quiere disfrutar de una película sin demasiadas complicaciones. Y eso es exactamente lo que consigue.

Enseguida caemos en la cuenta de que se trata de una parodia en toda regla del cine policial que, eso sí, respeta valores como el compañerismo y la autosuperación que lo caracterizan. Esta película nos embarca en una aventura donde la ironía y la comedia, junto con la trepidante acción, son los pilares fundamentes de un argumento simplón y bastante predecible, cuyos giros argumentales se ven a leguas. Quizá éste sea el lastre que le impida convertirse en una película aclamada por la crítica pero que aún así es recibida con alegría por el público.
La sátira y la ironía con la que se viste lo que en principio aparenta ser algo serio, son el punto fuerte que se mantiene a lo largo de toda la película y que la hace tan entretenida. El cómo situaciones terribles y dramáticas son tratas con un humor negro bien trenzado y casi infantil con el que consiguen captar y sostener durante toda la película nuestro interés.
Las situaciones inverosímiles plagadas de gags cómicos y los diálogos llenos de humor son un total acierto para este tipo de películas. Y todo sin dejar de lado un argumento serio digno del género de acción y policíaco, con giros y sorpresas en el que la acción nunca falta.

La realización se asienta sobre los efectos 3D. Y ha sido mediante los diversos movimientos de cámara y la agilización en el montaje que se ha conseguido la espectacularidad que caracteriza al cine de acción y que tan bien le ha sentado a esta producción. No sólo se ha respetado algunas situaciones arriesgadas sino que se han potenciado mediante tiros de cámara y planos en los que el movimiento interno dan aún más vertiginosidad si cabe.  Las arriesgadas perspectivas con las que se toman algunas secuencias son posibles gracias a los efectos digitales, pero lejos de echar a perder parte del encanto general de la película por poder quedar algo cutre, se convierte en una baza al parodiar al cine de Serie B, lo cuál ha conseguido conquistarnos sin más a los más nostálgicos.
Por lo que es cierto que los efectos especiales no son de lo mejor que se ha visto en el cine pero cumplen rigurosamente y en algunas secuencias son bastante espectaculares.


Protagonizada por la típica extraña pareja que siempre ha copado este tipo de género, en este caso es el turno de un correcto Ryan Reynolds que no es capaz de quitarse la máscara de guaperas de acción y que aporta a la dupla un rol más serio, necesario para que el juego entre ambos personajes sea efectivo, y un increíblemente gracioso Jeff Bridges que con muecas y un diálogo apropiado, ejerce el rol de fanfarrón sabiondo e irascible pero con sentimientos al fin y al cabo.
La actuación de Bridges es simplemente lo mejor de la producción. Sobre sus hombros se asienta gran parte de la química que desprende esta película y sin él, con toda probabilidad, no sería la misma película.
Kevin Beacon es el encargado de representar al antagonista. Un enorme Beacon al que ya acostumbramos a ver en esta clase de papeles y que sabe bordar tan bien. Este papel no le podría ir mejor a otro.

Ésta es una de esas producciones que te deja con ganas de más. Simple en todos sus aspectos pero con un argumento cuya esencia es bastante interesante. Alejada de un cine de autor, más bien se trata de una producción más industrial donde priman los clichés y la parodia, y no se trata de hacer llegar un mensaje claro. Bien ejecutada, logra su propósito: entretener. No hay que buscarle más patas al gato.
Lo mejor es, sin dudas, la gran intervención de Jeff Bridges de principio a fin. Y quizá lo peor sea esa falta de espíritu que le de su propia personalidad y lo desapercibida que pasa la interesante trama principal.
Si tan sólo queréis pasar un buen rato y reíros sin motivo aparente, tenéis que ver esta película.

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