miércoles, 25 de noviembre de 2015

Lágrimas de color carmín

Los números corrían. Uno tras otro pasaban constantes aunque no lo suficiente rápidos para mi corta paciencia. Aquel diminuto ascensor parecía más pequeño de lo habitual. ¡Dios! Hacía un calor insoportable…
Lo cierto es que tenía ganas de llegar a casa, había sido un duro día en la oficina y necesitaba relajarme aunque fuera por unos segundos. Sí, unos segundos. Porque estoy segura de que en cuanto mis hijos me vea aparecer por la puerta se abalanzarán sobre mí y me cubrirán de besos; me contarán con gran entusiasmo todas y cada una de sus aventuras y no se apartarán de mí ni un segundo. Y mi marido me sorprenderá con alguna de sus invenciones culinarias para la cena. No es un gran cocinero, pero el pobre al menos lo intenta. Sabe que llego cansada y sin pizca de ganas de cocinar. Sin ganas de nada, en realidad. Habrá ayudado a los niños con los deberes, les habrá duchado y preparado para la cena. Es tan atento conmigo…


Qué lástima que todo eso no sea más que una ilusión. Algo con lo que sueño despierta mientras permanezco inmóvil en la cama, esperando a que se olvide de mí, o al menos de mis niños, y se duerma por la borrachera. Luego, cuando al fin se duerme, rezo en silencio porque no me despierte con otra paliza o amenazándome con hacer algo a mis niños. Y pienso que ojalá fuera tan valiente como esas que salen en la televisión, ojalá yo fuera una de esas… Pero no lo soy… No lo soy.
Jesús Muga

lunes, 16 de noviembre de 2015

Antes de amanecer

Un magnífico ejemplo de cómo una historia puede ser contada a través de un profundo y trascendental diálogo. Una historia de amor entre dos desconocidos tan surrealista como posible y con fecha de caducidad, o quizás no...

Acompañamos a Céline y Jesse durante un viaje improvisado mientras se conocen hablando sin tabúes sobre temas tan complejos como atractivos. Sus diversas opiniones y conclusiones son el verdadero atractivo de esta historia, en la que están muy presentes la picaresca del joven norteamericano que trata constantemente de impresionar, y conquistar, a la dulce y en apariencia inocente joven europea, así como el romanticismo más bohemio por parte de la protagonista femenina. 
Los temas sobre los que versan sus conversaciones son el punto de partida de cada secuencia, que se encuentran bien enmarcados por una ciudad tan pintoresca como diversa. Viena no es sólo el lugar donde pasan la que probablemente sea la mejor noche de sus vidas, sino que es el lugar donde se gesta su amor, e inevitablemente juega un papel más dentro de la producción siendo vitales cada uno de los puntos en los que tienen lugar las conversaciones. Como un testigo mudo más, el entorno, cada escenario de la ciudad, parece adaptarse a las conversaciones aunque, por supuesto, sea al revés, siendo cada localización la que da paso a los diferentes temas de conversación sirviendo como un fondo acorde.
La muerte, la vida, la relación con los padres, el amor, el sexo... Nada queda en el olvido en este magnífico guión de Linklater, que profundiza en cada tema sin censura ni sin temor a ser señalado con el dedo, pero siempre manteniendo la esencia de la relación que puede mantener una pareja joven que acaba de conocerse y que viven un cita a contrareloj. Quizá el reflejo de una realidad absurda que es vigente desde el momento en el que Jesse le pide a Céline que le acompañe esa noche en Viena. Es, seguramente, la mejor secuencia de todas. Ese argumento tan fantástico pero convincente con el que el protagonista masculino convence a la joven francesa.
Linklater deja claro en esta increíble aventura amorosa que el mejor plan es no tener plan y que no debemos temer a lo desconocido sino entenderlo y respetarlo sin permitir que los prejuicios ni el miedo nos impidan vivir algo fascinante; tener una aventura épica que recordar.


Linklater se limita a mostrarnos el diálogo, que prima claramente ante la acción, como si de una retransmisión de tenis se tratara. Si bien es cierto que de vez en cuando emplea planos más abiertos o algunos ligeros movimientos de cámara, así como algún que otro general o un plano medio de la pareja, en su mayoría impera el plano contra plano en un encuadre más cerrado del que se sirve para resaltar la expresión de los personajes en la conversación. Simple, pero efectivo y más que suficiente para narrar una historia centrada en el diálogo. Huye de artificios innecesarios y la jugada le sale bastante bien.
Mantener siempre a foco a los personajes mientras que el fondo luce desenfocado sirve, además de para hacer más bello el plano, para que centremos toda nuestra atención en la pareja de protagonistas, en lo que es importante de verdad. 
La escasa banda sonora hace aparición en momentos clave, únicamente cuando es necesaria bien porque algún tema aparezca de forma activa en la secuencia o como paso entre secuencias, otorgando siempre mayor importancia a la voz de los personajes y a los silencios, que son tan rotundos e incómodos como en la vida real.
El realizador siempre se centra en lo verdaderamente importante, Céline y Jesse, encarnados de forma sublime por unos más que creíbles Julie Delpy y Ethan Hawke. Entre este binomio, ya indivisible, existe una química que traspasa la pantalla y hacen aún más creíble si cabe su historia. No sólo son los protagonistas sino que son el pilar central de la producción, lo que sustenta su éxito. Todas las acciones ante la cámara suceden con tal naturalidad que aportan realidad y dinamismo. Hacen surgir lo espontáneo y lo natural.

Antes de amanecer es el comienzo de algo asombroso e increíble. Una historia llena de matices, muy bien estructurada y presentada de una forma excelente, con una trama sencilla que se centra en un diálogo intenso y tan variado que toca temas vitales e interesantes para el espectador.
Probablemente, eso que resulta atractivo para un tipo de público repele al resto, que busca un cine más convencional y menos íntimo.
Lo mejor es, sin lugar a dudas, los diferentes puntos de vista que cada uno de los personajes tiene sobre los diversos temas que surgen en sus conversaciones. La espontaneidad de los actores también.
Lo peor es que te la pierdas por prejuicios estúpidos sobre un cine diferente al convencional, más íntimo y profundo.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Un centro para todos

Con motivo del quinto aniversario del Espacio para la Creación Joven de Herrera del Duque, me pidieron que editara un vídeo para promocionar el centro.
Tras recibir material de archivo como brutos comencé con el proceso creativo. Decidí que lo mejor para promocionar dicho centro era mostrar todo lo que ocurre tras sus puertas, y fuera de ellas; todo aquello que los jóvenes (y no tan jóvenes) crean con los medios que el centro pone a su disposición. He pretendido transmitir ese buen rollo que siempre reina en el ECJ de Herrera del Duque; la colaboración y el trabajo de todos sus usuarios para crear, para hacer realidad proyectos y eventos de calidad. Sueños que se cumplen gracias a la existencia de este centro y que de otra forma no serían posibles de realizar.
Durante los cuatro minutos de duración del vídeo se pueden ver imágenes de talleres, actuaciones, conciertos, presentaciones, cineforums, exposiciones... De la creación y la cultura personificadas en diversas y diferentes actividades. La banda sonora que acompaña a las imágenes corre a cargo de una creación llevada a cabo en el propio centro por el productor musical Jesús Vaquerizo, que se encarga de poner la base con la batería a la canción Locked Out Of Heaven de Bruno Mars.

Quería agradecer al Espacio para la Creación Joven de Herrera del Duque que confiara en mí para la realización de este vídeo. A Pedro Calderón que me facilitara el material de archivo con el que está editado y a Jesús Vaquerizo por cederme sus vídeos.

Espero y deseo que este vídeo sirva para que cada día más jóvenes acudan al ECJ para crear y hacer sus proyectos realidad, porque este centro ofrece infinitas posibilidades.



martes, 20 de octubre de 2015

El Equipo A

Una revisión insustancial y superficial de la serie original que encandiló a toda una generación en los ochenta. Una parodia de sí misma en la que la acción, las explosiones y los efectos digitales priman ante un argumento típico que se dirige con rumbo fijo hacia lo interesante por pura cabezonería.

La historia se centra en los orígenes del equipo más famoso de la televisión, presentada mediante una trama conspiratoria enrevesada al uso que tan bien le viene al género de acción y en la que los planes, por muy absurdos que sean, siempre salen bien.
Ya desde el comienzo quedamos como hipnotizados por ese carisma que envuelve a los personajes principales como ya pasaba en la serie, y por las sorprendentes acciones llevadas a cabo para salir indemnes de las situaciones más inverosímiles. No cabe la menor duda de que éste es el aspecto más trabajado y respectado en lo que refiere a la serie original. Otro factor que se ha recuperado, aunque no en las mismas condiciones, es el humor, que está tan presente como la acción pero de una forma dosificada y haciendo constante referencia al mismo aspecto: el miedo a volar de Baracus y, por supuesto, su relación amor/odio con el loco de Murdock, así como las increíbles e impresionantes hazañas de todo el grupo.
Los giros argumentales aseguran la sorpresa comedida y la expectación a lo largo de sus casi dos horas de duración, pero lo cierto es que se echa en falta un punto más de tensión tanto en las misiones como en la trama principal. El detrimento del suspense en favor de la acción y la espectacularidad de algunas de las acciones es más que evidente desde el primer plano, lo cuál resulta ser lo único que hace que nos mantengamos pegados a la pantalla.
Si algo es evidente es la falta de profundidad en los personajes. Apenas conocemos parte de su historia, de dónde vienen o cómo llegaron hasta ahí. Los detalles dados por los diálogos y las acciones serán las que dibujen la personalidad y el carácter de cada uno de ellos.

Pero en esta producción no son todo vistosas explosiones, planes y puros. En El Equipo A encontramos una historia de superación y de honor tal y como se nos presentó en la serie. En las relaciones que mantienen los personajes quedan vigente el compañerismo y la lealtad que sienten los unos hacia los otros, no por luchar en el mismo bando sino por compartir ideales. Algo que va mucho más allá de simple trato entre camaradas.
Como no podía ser de otra manera, la traición y la venganza son los sentimientos fundamentales sobre los que se asienta la trama principal. Algo que sigue con coherencia el argumento base sobre el que se estructura esta producción.
Me sorprende que pase casi desapercibido el conflicto moral de Baracus tras su paso por la cárcel, del cuál se podría haber sacado mucho más que un par de frases de diálogo y una secuencia confusa. Así como la relación que Fenix mantiene con la Teniente Sosa, de la cuál percibimos cómo fue y cómo será por simples detalles que llegan muy de vez en cuando. Estas son sólo algunas de las pruebas de que los guionistas no han sabido sacar partido a las subtramas que surgían para alimentar a la trama principal. Un error por el que han sacrificado complejidad al argumento y a la historia, así como han limitado las posibilidades de crecimiento de la producción.


El "novato" Joe Carnahan ha logrado transmitir el frenetismo y la espectacularidad que nos regala una trabajada puesta en escena con unos efectos digitales muy bien implantados mediante unos planos en los que el movimiento interno está muy presente. No sólo ha sabido captar la esencia de la serie sino que ha logrado darle un aspecto más moderno, con encuadres más elegantes y soberbios, acordes a lo que las acciones muestran y al tiempo en el que estamos. Una digna actualización visual, sin ninguna duda. El montaje dinámico y picado en las ocasiones acertadas es la guinda de este pastel.
Y todo esto bien aderezado con una banda sonora adecuada para la ocasión que en ciertos momentos nos regala temas de la serie original.

La falta de profundidad en los personajes no implica una mala actuación de los actores, aunque sí un deslucimiento de su trabajo ya que las relaciones entre personajes se ven limitadas, limitando así el propio trabajo de los actores que se ven obligados a llevar a cabo las acciones preestablecidas y diálogos vacíos e insustanciales. Por lo tanto se cumple la máxima de que tener buenos actores no augura una excelente interpretación si interpretan personajes vacíos y carentes de alma.
Tras algunos movimientos en el reparto antes de su producción, podemos tener claro que Liam Nelson resulta apropiado para interpretar al Coronel Hannibal. No ya sólo por compartir talante con George Peppard sino por haber echo suyo al personaje dotándole de un aire más bondniano. Tener a Liam en el reparto ya es sinónimo de calidad. Algo que aumenta al incluir al guaperas de turno de Hollywood, Bradley Cooper, quien interpreta al también guaperas del grupo, y sucesor natural de Hannibal, Fenix. Pero Cooper no sólo pone "cara" a su personaje sino que le otorga ese carácter rebelde y peligroso que tan bien suele quedar en pantalla. En esta película no veremos a un Baracus tan rudo ni tan brillante como en la serie. Quinton Jackson es el encargado de temer a los vuelos dando vida a un Baracus más sentimental y consciente de su situación personal. Un personaje más profundo y reflexivo. Por su parte, Shartlo Copley tiró de improvisación para representar el papel de Murdock tras recibir el beneplácito de Dwight Schultz, el Murdock original. El toque femenino corre a cargo de una bellísima y guerrera Jessica Biel, que ha conseguido alcanzar un buen equilibrio entre damisela en apuros y salvadora.

Estamos ante una precuela suficiente aunque por los pelos. Suficiente para el aficionado que ha oído hablar sobre el legendario Equipo A pero insuficiente para el fan fiel que se tragó cada capítulo de la serie en los ochenta y noventa. Necesita más de lo que ofrece para ser un homenaje completo a una serie mítica. 
Por suerte, su falta de profundidad en los personajes no evita que encontremos un argumento complejo donde la conspiración y la acción van de la mano logrando que el resultado final no sólo sea un tanto decente sino incluso entretenido. Que busque la risa fácil también contribuye a que sea más o menos potable.
Atención a la sorpresa tras los créditos. Breves pero intensas resultan ser las apariciones del Fenix y Murdock originales de la serie. Merecían más estos señores que un breve y casi imperceptible cameo.
El Equipo A es apta para quienes hayan oído hablar de la serie y quieran un rato de diversión sin más. Para aquellos amantes de la serie... haya ustedes con su mecanismo... No, en serio. No busquen donde no hay. Pero si deciden verla, siéntense y disfruten. No piensen demasiado y... déjense llevar...

lunes, 5 de octubre de 2015

Los chicos del coro

Una de esas películas francesas que escapa de los convencionalismos del cine francés para regalarnos
una historia tan dura como épica sobre la superación mediante la motivación en una situación más que complicada.
Una delicia que traspasa la imagen para tocarnos el alma con dulces cantos infantiles. Un drama disfrazado de musical que nos hace entender lo valioso que resulta premiar antes que castigar a la hora de educar y enseñar.

La mezcla de factores tan distanciados entre sí han dado un resultado extraño pero acertado que resulta atractivo. Emplear la figura de un profesor inspirado y decidido a transmitir valores más allá de lo común en una situación convulsa y en la que una serie de impedimentos le acechan constantemente, es algo que hemos visto en el lejano Hollywood en más de una ocasión. Pero este hecho, tan llevado a cabo al otro lado del charco y con tan buenos resultados cosechados, visto a través de la óptica de un cine tan sensible y a la vez visceral como el francés, cobra un nuevo significado dando lugar a algo mucho más auténtico y cercano. Y es esa autenticidad lo que hace única a Los chicos del coro.
Nos encontramos ante una historia de superación. No sólo la de esos alumnos descarriados a los que el director Rachin trata de encaminar a base de palos y en los que ha perdido toda esperanza, pero que logran, ante todo pronóstico, crear algo increíble y sentirse a la par útiles. Un cambio visible para quienes habían sido desahuciados. Es la historia de superación de Clément Mathieu, un músico frustrado que descubre que alguien se puede sentir más realizado al ayudar a otros a descubrir su camino y hacerles sentir importantes, que al tocar en el mejor teatro del mundo ante cientos de desconocidos.
De esta forma, Barratier cumple su máxima de lograr que el espectador reflexione sobre cuestiones relevantes y empatice con sus personajes hasta el punto de que sea el propio espectador el que sufra una conversión que sirva para mejorar no sólo al individuo sino a la sociedad y el lugar en el que vive.
Y lo consigue tirando de lo sutil, lo imperceptible, concediendo mayor importancia a la sensible historia; diluyendo con simpatía una lección de vida humana mediante las acciones y los profundos diálogos, así como con los bellos temas que cantan los chicos, antes que con otros medios.
La escasa profundidad con la que trata un tema tan hiriente como controvertido como es el maltrato infantil o el abuso de poder la hace apetecible incluso para el público más sensible, que llegará a emocionarse, sin lugar a dudas, tanto con el afán de superación de los jóvenes como con la paciencia y dedicación que el profesor tiene hacia ellos.


Todo esto queda retratado de una forma elegante, sin fuegos de artificios innecesarios para que la historia nos llegue sin interferencias de ningún tipo. Los tonos grises predominan, como acompañando el sentir de los alumnos así como lo lúgubre que puede llegar a resultar el sitio en el que se localiza la historia. Algo que en contadas ocasiones difiere con lo que tiene lugar, claro.
Gracias a una elaborada ambientación, Los chicos del coro nos traslada a una Francia en postguerra, a un tiempo en el que el hambre y la podredumbre acechaban tras cada esquina.

Lo vital de esta película es el coro como un personaje con alma propia. Es esa parte que le da sentido a la historia y sobre la que gira todo lo demás. No son sólo las letras de los temas y sus significados, o la musicalidad con las que inundan nuestros oídos, es lo que significa el propio coro en sí: La clandestinidad a la que son empujados casi de forma permanente, el nivel que sus propios componentes se exigen, la unión entre ellos y la lucha por algo para lo que comprenden que sirven. Sentirse útil, al fin y al cabo, es el mejor sentimiento que alguien puede tener. Y el coro lo consigue.
Un detalle a tener en cuenta es que el coro que vemos en imagen no es el que pone sus voces a las canciones. De eso se encarga el coro Les Petits Chanteurs de Saint Marc, aunque el niño solista, Jean-Baptiste Maunier, forma parte tanto del elenco de actores como del coro real. Un auténtico reto ha sido orquestar todo de forma que parezca que esos niños son los que verdaderamente cantan.
Brillante, esencial. La música es imprescindible en esta producción tanto como el realismo que los actores imprimen en su interpretación. Lo visual convive con cada nota musical, otorgando armonía y misticismo; un escape a lo atroz que acontece en el internado El fondo del estanque, cuyo nombre ya augura lo que en él encontraremos.

Los chicos del coro nos deja un buen sabor de boca. Una película de superhéroes sin capa ni poderes pero que logran salvar, sino al mundo sí al entorno al que llegan como verdaderos salvadores.
Para algunos peca de sensiblera pero en verdad es sólo emocionante. Tan sólo se expresa en ella un sentimiento que, seguro, a más de uno nos ha invadido alguna vez durante nuestras vidas. Una lección sobre la superación, sobre encontrar un camino digno por el que caminar.
Un tanto dura en más de una ocasión, quizá siendo tan sólo el reflejo de una realidad que en algún lugar se resista a morir. Queda en esta película reflejada la atrocidad que el poder ejerce sobre cualquier que se encuentre bajo su manto. Una tragedia que encuentra un final feliz al sobrevivir siempre el sentido común y las auténtica justicia.
Probablemente no será la mejor película que alguien vea, pero sí una de esas películas que deja algo sembrado en nuestro interior. 

jueves, 1 de octubre de 2015

"Ya viene" Primera toma de contacto

Siempre he defendido la participación de todo el equipo en el proceso de preproducción porque es un momento vital en el que muchas cosas pueden mejorar (o empeorar, claro).
En este caso, con este proyecto, Ya viene, la primera reunión ha servido para mejorar un guión que no terminaba de cuajar por no ahondar en temas muy importantes y que podían enriquecer la historia. El error, en este caso, viene de lejos. Cuando tanto mi compañero, David Díaz, como yo dimos por sentado que la historia era absurda, debía ser absurda, y que no teníamos que profundizar demasiado en cuestiones relevantes que daban un sentido real a un guión más bien fantástico, fantasioso. Un imposible.
Pero tras un primer encuentro con los actores. Una primera lectura de guión. Hemos comprendido que nuestro guión hacía aguas por todas partes. Se hundía, sin pena ni gloria, en un mar de sin sentido.
Juntos, todo el equipo, tanto el artístico como el técnico, hemos ido descubriendo una historia mucho más profunda, llena de matices que, a buen seguro, llegarán al público y le sorprenderá.

Un guión está vivo hasta el justo momento en el que se realiza. Cambia, se adapta. Todos, absolutamente todos, pueden aportar algo para conseguir una historia más rica, más viva.
Un guionista, o un realizador, que no permite que el guión cambie, que mejore, se limita a sí mismo y, a su vez, a la historia que pretende hacer llegar al público.
Por ello, aconsejo encarecidamente que se hagan muchas reuniones y que se tengan en cuenta la opinión de los demás a la hora de llevar a cabo una producción. Porque sólo así se puede mejorar.

martes, 8 de septiembre de 2015

Eliminado

Bien podría ser el resultado de una noche loca entre Open Windows de Vigalondo y Buried de Cortés, salvando las distancias, claro. Una mezcla interesante de un renovado y actualizado slasher con ese tipo de cine de "metraje encontrado" que tan bien complementa el género de pseudoterror, en este caso. Es más, podríamos hablar de que se trata de El proyecto de la Bruja de Blair llevado a nuestros tiempos y a términos digitales, algo que no la hace menos impactante aunque sí menos aterradora. Y es que, los algo más de ochenta minutos de metraje los pasamos ante una pantalla, y no precisamente la del cine. Un recurso que resulta innovador en un género en el que resulta difícil sorprender, pero que tiene sus inconvenientes. El problema reside en que ese encerramiento digital junto con el caos que hay en todo momento en la propia pantalla en la que transcurre todo, provoca más mareo que terror, del mismo modo que una angustia que nos puede llegar a resultar familiar.
Que la historia sea simple y previsible, o que la trama se centre en la común venganza a la que tan acostumbrados estamos en este género, no son motivo para que la película no llame nuestra atención. Quizá lo más interesante sea el detonante que pone todo en marcha. El empleo de las nuevas tecnologías para menospreciar y poner en evidencia a alguien, el posterior acoso que sufre esa persona y el resultado final: el suicidio. Estos elementos son lo que la diferencian de otras muchas y lo que hacen que la forma en la que se ha realizado tenga sentido. Aun así, no sabemos si tiene más culpa de que se haya recurrido a tan simple artimaña el guionista Nelson Greaves o el realizador Levan Gabriadze. Quizá se deba a que ya desde el guión se ha concebido así, como algo que transcurre en la pantalla del ordenador de uno de los personajes, el cual no deja de interactuar con él abriendo todo tipo de programas, bien para chatear, para buscar información o para escuchar música, o para que el propio asesino contacte mediante este medio con las víctimas. Porque también se recurre a ese miedo a ser espiados o a que nuestra intimidad se vea invadida por alguien extraño. El que puedan jugar con nosotros. Esa es la clave para que en esta ocasión el asesino no sea como el resto y Eliminado no sea una película más del montón.


El hecho de que la realización como tal brille por su ausencia; que no haya un montaje convencional de planos al que estamos más acostumbrados sino que transcurra todo en una pantalla en la que todos permanecen en un mismo plano (el típico primer plano de webcam), no implica que no exista fluidez ni agilidad en la película. Los cambios entre ventanas, los propios movimientos internos en el gran plano secuencia que supone el total de la película, incluso la interactividad que el personaje mantiene con los diversos programas que usa en el transcurso de la historia como chats, exploradores de internet o programas de música, sirven para dar aire y agilidad a la producción, a la vez que para que se vayan desarrollando los diferentes acontecimientos. Pero ésto también contribuye al caos que habita en todo momento y que potencia la atmósfera de desconcierto e histeria en los personajes. Los rápidos cambios entre ventanas en la pantalla o que todos los personajes hablen al mismo tiempo son herramientas acertadas que logran ésta finalidad. Que alguna canción sea reproducida de forma remota y sin previo aviso, así como las conversaciones que comienza el asesino de forma inesperada, también.

De igual forma, algo que resulta tan eficaz como recurrente (y barato) es emplear para el reparto un repertorio de actores desconocidos y variopintos para que el espectador se centre más bien en la historia y no en la estrella de turno. Así también se fomenta desconocer quién llevará la voz cantante en una película donde el protagonismo no recae sobre un único personaje sino sobre varios, de tal modo no podemos prever hacia dónde se desequilibrará la balanza. En este aspecto la película se ve beneficiada por un reparto original de actores que interpretan de forma realista, aunque en ocasiones un tanto sobreactuada, la actitud y las reacciones de adolescentes ante una situación límite como por la que pasan en la película. La puesta en escena y la ambientación contribuyen, sin lugar a dudas, a crear tal ambiente, lo que le aporta ese punto extra de realismo a una producción que trata de reflejar, con su punto de fantasía, una realidad a la que todos hoy en día estamos expuestos, como es que alguien pueda amenazarnos por internet e incluso que pueda invadir nuestra intimidad de una forma invisible y a distancia.

Tras haber visto Eliminado se nos queda una sensación extraña de no haber entendido ciertas partes de la película, de habernos perdido algo importante. Y todo debido al caos que reina desde el mismo comienzo. Aun así, nos queda su esencia, el verdadero mensaje que trata de hacernos llegar mediante las horribles muertes que suceden desde ya muy al principio.
Ésta es una de esas películas que, mediante lo extraordinario, trata de hacernos comprender una amenaza real y que nos acecha a todos, pasando de puntillas por temas más escabrosos como el acoso escolar y el suicidio.
Interesante, muy interesante, aunque no aterrorizará a los más aguerridos sino que los impactará y, eso sí, nos hará meditar a todos sobre los inconvenientes de las nuevas tecnologías.

lunes, 7 de septiembre de 2015

El cabo del miedo

Imprescindible remake de un clásico basado en la obra literaria The Executioners de John D. MacDonald. Una genialidad de Scorsese, que, sin despeinarse, logra sacar el máximo jugo a una historia centrada en uno de los recursos más trillados de la historia del cine: la venganza. Y es que la venganza es el pilar fundamental sobre el que se asienta la trama de este thriller, que consigue mantenernos en tensión durante sus dos horas de duración. Un tiempo quizá excesivo en el que Wesley Strick mediante un excelente guión y Scorsese con una dirección sublime se recrean demasiado en hacer sufrir a la familia Bowden. Pero si algo afecta en realidad a la fluidez de la producción son los excesivos, aunque geniales, diálogos que se mantienen a lo largo de la película y que en muchas ocasiones interrumpen el frenetismo con el que transcurren algunas secuencias. Cabe destacar el texto de De Niro, elocuente y elegante a partes iguales (no os perdáis el peculiar acento de De Niro en la VO).
Se trata de una producción con un continente atractivo pero no por ello falta de contenido. En ella se puede percibir una contundente crítica sobre el sistema judicial estadounidense y la corrupción que se extiende por él. Así como queda bien reflejada la imagen idealizada de una familia americana que se hunde por momentos. La brutalidad y la violencia, así como el contenido lascivo, se encuentran presentes en cada una de las secuencias. Algo que no deja indiferente a nadie y que mantiene nuestra atención en todo momento. Cada detalle de esas escenas ha sido cuidado con mimo para darles todo el realismo posible y evitar, así, que parte del mensaje se pierda o no se entienda. Por ello prima la exhibición ante la insinuación; lo explícito impera, aunque en ocasiones se decide por lo ambiguo, lo que hace que en ciertas partes, antagonista y protagonista intercambien roles hasta el punto de no saber quién es héroe y quién villano. Un juego del que se sirve hasta el final y con el que nos hace meditar sobre lo incorrecto o lo correcto de las acciones que llevan a cabo cada uno de los personajes y las consecuencias que éstas tienen sobre el resto.
Indudablemente, el éxito de esta versión de El Cabo del miedo no sólo tiene que ver con la cuidada puesta en escena, con la acertada caracterización de los actores o con las impresionantes localizaciones. Todo tiene que ver con el imponente trabajo de Scorsese y el elenco de actores, encabezado por un Robert De Niro que no sólo da el pego de exconvicto sino que nos deja boquiabiertos con una de esas interpretaciones que queda por siempre en la memoria. De Niro se nos presenta como un personaje duro, inquebrantable, pero que se mueve por un sentimiento poderoso: la venganza. Mientras que Nick Nolte trata de convencernos de que es un héroe en horas bajas cuyos problemas son tan grandes como su propio ego. Lewis, por su parte, se encarga de dar vida a la hija mimada y sobreprotegida que parece ser lo que no es. Asume el rol de lolita de instituto que le viene al pelo a la actriz por su aspecto físico aniñado. Y con menos brillo pero no con menos fuerza, Jessica Lange, que interpreta a una sufridora madre estadounidense, el perfecto estereotipo de esa mujer que permanece a la sombra de los éxitos de su marido. Pero no queda ahí, ya que los dos protagonistas del original, Robert Mitchum y Gregory Peck, tienen pequeños papeles en esta versión asumiendo roles diferentes a los del original. Un detalle que no pasa desapercibido y que es de agradecer, ya que, además, fue la última vez que vimos a Peck la gran pantalla. La dirección del reparto por parte de Scorsese logra que la sintonía entre los diferentes roles no sólo funcione sino que sirvan como el engranaje perfecto de esta producción, llevándola hacia el punto que él quiere.


La atmósfera creada, en la que la tensión y el suspense se reparten el protagonismo, se ve potenciada por una banda sonora instrumental creada por Elmer Bernstein que hace acto de presencia sólo en los momentos más oportunos. El silencio impera, si, como uno de esos silencios asfixiantes que cede toda importancia a los elaborados y realistas diálogos que se emplean para dar profundidad a la historia. Y es que son tan vitales, y lo actores estaban tan metidos en sus papeles, que una de las escenas más impactantes (la del encuentro entre Daniel Bowden y Max Cady en el teatro del instituto) es el resultado de la improvisación de uno de los mejores diálogos que tienen lugar en toda la producción y por el cuál llegamos a conocer mejor a dos personajes imprescindibles en la historia. Señal del compromiso del reparto con el proyecto y de su integración con la propia historia.

El cabo del miedo de Scorsese se ha convertido en un clásico, incluso más recordado que el original, por méritos propios. Una historia de venganza que contiene algo más y que se presenta de una forma directa pero sutil. Cuyo reparto, plagado de estrellas, está por encima de las expectativas consiguiendo unos personajes perfilados y bien diferenciados.
Ésta es una de esas producciones imprescindibles que jamás quedará relegada al olvido.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Fin de trayecto

A veces duele escribir. Es como un dolor fino que se te agarra al estómago y te provoca nauseas. Algo punzante en el corazón que apenas te deja respirar. Aun así, comienzas a escribir, y sigues con un ritmo constante. No paras. Entonces, llega un momento en el que te das cuenta de que has escrito más de lo que pensabas y lo revisas en busca de alguna errata, fallos gramaticales o de ortografía. Y al leer, ese dolor se intensifica. Y es que cuando escribes sobre ciertos temas es inevitable sentir cada palabra, cada frase. Es imposible no ponerte en el lugar de quien sufre o incluso revivir algún acontecimiento atroz y dañino. No puedes escapar de esos sentimientos que provocan dolor y nauseas. En este caso ocurre sin más por el mero hecho de haber tenido lugar tal acontecimiento.
Hoy me ha asaltado en una de las redes sociales en las que me encuentro un artículo encabezado por la fotografía que corona este artículo. Un acontecimiento atroz, de esos que te hacen reflexionar sobre si la raza humana tiene salvación o se dirige por si sola a su propia destrucción. Una de esas imágenes que remueven las tripas y te crean un fuerte nudo en la garganta. En ella podemos ver a un niño pequeño ahogado en la playa, cerca de uno de los complejos turísticos principales de Turquía. Su barco se hundió cuando buscaba la ansiada libertad junto con sus padres, hermanos, vecinos. No lo logró, como otros muchos.

En los últimos días no dejan de llegarnos noticias sobre el éxodo de miles de refugiados sirios que buscan a la desesperada una opción mejor para ellos y sus hijos. De igual modo, somos testigos de cómo los países de Europa les tratan como si fueran la misma peste, como algo a evitar. No sólo se les están poniendo todas las barreras posibles para acceder a "nuestro paraíso" sino que están permitiendo que mueran de las formas más miserables.
Ahora, ante la movilización de la concienciada sociedad europea para evitar que más SERES HUMANOS inocentes sigan perdiendo la vida, los gobiernos de los diferentes países de la Comunidad Europea, encabezados por la autoproclamada líder Merkel, han decidido darles asilo en los diferentes países, pero con ciertas restricciones que todos no hemos tardado en criticar. Han marcado a fuego a los refugiados y se los han repartido como si fueran ganado. Pero siempre hay alguien que no está de acuerdo con el reparto, que no quiere su parte de la "mercancía". Porque si, para muchos líderes políticos estos SERES HUMANOS no parecen ser otra cosa que mercancía.
Incluso hay ciudadanos, ciudadanos de a pie, que están en contra de acoger a refugiados, sean sirios, congoleños o de "lapapota". Y lo cierto es que es indignante y preocupante comprobar cómo la frase de Plauto: "El hombre es un lobo para el hombre", tiene un verdadero significado.
Nos dirigimos hacia un punto sin retorno, hacia nuestra propia aniquilación. No sólo estamos destruyendo el lugar en el que vivimos, nos estamos matando entre nosotros. Y sólo cuando entendamos que nadie es más que nadie, que nadie tiene más derecho a vivir que nadie, que en el mundo no existen fronteras, sólo entonces podremos tener esperanza en la humanidad y podremos asegurar nuestra supervivencia. Sólo entonces podremos merecer vivir en este paraíso.
Pero no temáis, por suerte aún queda gente con alma que entiende que todos somos iguales, que todos somos SERES HUMANOS.

lunes, 10 de agosto de 2015

Nacido el cuatro de Julio

Algo más que el retrato de un instante de la historia de Estados Unidos y del mundo. La conmovedora historia de un joven que se alista como voluntario para combatir en la guerra de Vietnam convencido de que es la mejor forma de demostrar sus fuertes ideales conservadores y el amor por su patria. Algo que cambiará de forma rotunda al volver atado a una silla de ruedas y tras descubrir la mentira que les habían vendido.

Basada en las memorias homónimas de Ron Kovic, Oliver Stone recurre una vez más a un acontecimiento histórico para llevar a la gran pantalla una historia épica de destrucción personal y resurrección. Porque tras todo ese barro y sangre se encuentra una historia de superación en la que vemos el largo recorrido que una persona destrozada en todos los sentidos debe hacer hasta encontrar su lugar en el mundo, un propósito por el que vivir. Pero no sólo se trata de eso. Tanto Stone como el propio Kovic, al escribir la novela en la que se basa y el propio guión, dejan clara su denuncia pública y una dura crítica hacia ese acontecimiento histórico tratando de desenmascarar la verdad sobre lo que ocurrió, siendo más que visible el choque entre los diferentes ideales a lo largo de toda la película. Y es que tanto por situaciones concretas como por las discusiones y monólogos del protagonista, somos conscientes de la tensión provocada por el enfrentamiento ideológico en ese momento al igual que de la evolución que sufre el protagonista hasta el mismo final, pasando de ser un fuerte defensor de la guerra y el amor por la patria de forma incondicional a ser un activista en contra de la guerra y del planteamiento que el gobierno de su país hace sobre tal cosa. De igual modo, Stone muestra la horrible verdad que sufrían los veteranos de guerra heridos. Hospitales insalubres que mataban a más que salvaban, la falta de comprensión de vecinos y familiares ante tal trauma o incluso el olvido. Por lo que esta producción, a mi parecer, hace justicia sacando esa clase de trapos sucios a la palestra para que comprendamos que no todo es tan bonito y tan limpio como pensamos. También para que seamos conscientes de la transición por la que muchos se ven obligados a pasar y poder así comprender mejor todo cambio en ellos.
Todo esto es interesante, sí, pero aún más gracias a la presentación que tiene. El cine bélico/histórico siempre resulta interesante al público general porque puedes descubrir acontecimientos importantes de una forma amena. En este caso no iba a ser menos. Es una historia apasionante que en casi todo momento nos mantiene en vilo, aunque es cierto que a mitad de la película la trama se vuelve un poco repetitiva y tiende a caer en un bucle quizá un tanto innecesario y desagradable, pero también resulta ser una parte fundamental para comprender todo cuanto ocurre. El guión nos lleva de una situación a otra en volandas y sin dejarnos caer nunca en el aburrimiento o el desconcierto, pues todo ocurre por algún motivo y no queda nada al aire.

Pero es más que evidente que lo que hace que esta película sea reconocible y admirada es la espectacularidad con la que Stone trata el proyecto. No faltan esos grandes generales donde comprobamos la basta localización y todos los medios empleados para conseguir autenticidad y realismo. Los recurrentes y rápidos movimientos de cámara que hacen más espectaculares los momentos de mayor tensión. Así como esos planos ajustados para tratar los momentos más íntimos y transmitir de forma contundente los sentimientos del protagonista. También hace uso de un par de trucos para lograr un buen enfoque en algunos planos como usar croma. Sólo los más avispados se darán cuenta de que en la parte en la que Kovic está confesando que fue él quien mató a su compañero a la familia de éste, todos salen enfocados cuando ésto es imposible debido a la profundidad de campo. Stone empleó aquí el truco de usar el croma para poder apreciar la expresión de todos los rostros al conocer la noticia. Y podemos saber esto porque lo que rodea la imagen de Kovic está borroso tras haber incrustado su imagen sobre la otra. Este tipo de soluciones dejan claro que Stone cuida cada detalle a la hora de contar una historia.
La cuidada ambientación nos lleva desde una pequeña localidad americana hasta poblados vietnamitas pasando por un poblado mexicano. Cada una de las localizaciones debió ser escogida con mimo para representar cada uno de los lugares en los que transcurre la historia. Algo que mejora de forma considerable la interpretación de la historia y que nos sumerge en ella totalmente. Los efectos especiales empleados contribuyen de igual forma a que ésto se produzca. Están bien insertados tanto en las explosiones como en los disparos que los actores reciben. Y no podemos olvidar la excelente caracterización de los personajes, tanto de los heridos como del propio Tom Cruise en la evolución personal de su personaje. Tom no sólo envejece sino que vemos los efectos en él de la guerra. Algo cuidado al detalle que es todo un lujo.

Y es que Tom Cruise es el pilar sobre el que se asienta la película. No interpreta a Kovic sino que es él. Hace que la evolución de su personaje sea constante y sin altibajos en todos los aspectos, se adapta a cada situación que vive el personaje con solvencia y soltura demostrando que no es sólo un rostro bonito sino un actor talentoso capaz de asumir cualquier rol.
Y otro peso pesado que le acompaña es un desapercibido Willem Dafoe, cuyo papel queda en segundo plano y limitado por la propia trama, pero no por ésto es un personaje menos importante ya que contribuye a la evolución del protagonista. Encontramos un Dafoe espléndido cuya aparición es casi meritoria, aunque ésto no e impide demostrar el potencial que tiene como actor.


Podemos tildar esta producción de comercial y taquillera, vacía de contenido a pesar del llamativo continente en el que se encuentra. Pero no, nada de eso. Stone ha dado en el clavo, como casi siempre, al utilizar un acontecimiento histórico para lanzar críticas a diestro y siniestro, y hacer un profundo análisis sobre la superación del ser humano ante la adversidad.
El realizador recurre a técnicas interesantes para lograr lo que se propone y gracias a una gran labor de localización y ambientación, consigue que nos sintamos inmersos en la interesante historia de Kovic.
Nacido el cuatro de Julio es una obra de culto no apta para personas sensibles. un trozo de la historia narrado de forma inigualable y mostrado con todo detalle.