miércoles, 30 de diciembre de 2015

Breaking Bad

Una obra maestra. Sólo esa frase bastaría para describir la serie Breaking Bad de Vince Gilligan. Y es que pocas series han logrado superar mis expectativas de la forma en la que lo ha hecho ésta. He disfrutado y sufrido a partes iguales. Ha sido toda una experiencia ver cada capítulo e ir descubriendo una historia apasionante llena de giros argumentales y unas tramas envolventes en las que unos personajes carismáticos se desenvuelven con total naturalidad.

La esencia de la historia radica en cómo una persona se puede corromper con facilidad cuando el poder le abruma y en que el fin no justifica los medios por mucho que se intente. Pero no sólo de eso vive Breaking Bad. Las subtramas que complementan a la trama principal versan sobre temas tan dispares como la convivencia que mantiene una familia desestructurada, el deterioro de las relaciones, la separación emocional existente en un matrimonio, la superación personal, conflictos laborales y personales... Las idas y venidas de ciertos estereotipos que hay en la sociedad americana son parte fundamental que sirve para alimentar la historia y sustentar a los personajes. Pero si hay algo que se mantiene durante toda la serie es la lucha entre el bien y el mal, en cada temporada encarnado por diferentes rivales que mantienen los mismos objetivos.
El trabajo de los guionistas ha sido magnífico al ponernos en un dilema moral por hacernos empatizar con un protagonista que cubre el rol de villano. Una estrategia que está funcionando bastante bien y con la que se consigue crear protagonistas con un carácter muy bien definido y una intrahistoria bastante compleja, cuyo carisma hace que lo idolatremos sin cuestionarnos ninguna de sus acciones.
La lealtad es un factor primordial en la toma de decisiones del protagonista y lo que propicia muchos de los conflictos con los que debe lidiar.
La complejidad ascendente de su historia crea situaciones inverosímiles que logran poner al protagonista en apuros en bastantes ocasiones, de las que consigue salir con tal astucia que no hace más que aumentar nuestra admiración por él. Esto también sirve para mantenernos enganchados capítulo tras capítulo.

La realización, llevada a cabo por diferentes directores (algo muy común), es compacta y llevada a cabo bajo un mismo método para no romper la linealidad marcada durante toda la serie, aunque cada director le da un toque especial que le hace distinguible del resto.
El empleo de planos arriesgados queda relegado a momentos importantes o que necesitan de dichos planos para complementar así la narración, siendo en su mayoría tomas muy comunes que ensalzan la belleza de las acertadas localizaciones para ubicar la historia, para apoyar lo que nos cuenta el guión o para retratar de forma sutil, y cediendo toda importancia, a personajes y acciones.
Los colores cálidos predominan, siendo el dorado el que invade cada plano y apoyando la sensación que transmite el entorno en el que se localizan las acciones, las cuales han sido tratadas de una forma respetuosa, ya que abundan los planos generales para situarnos y mostrar los infinitos y bellos parajes desérticos.
En cuestión sonora, se ha cuidado el realismo de todos los efectos para que casaran a la perfección con la imagen. El empleo de música es anecdótico y relegado a su aparición de forma activa en la trama. Algo muy acertado, ya que los silencios procuran tensión y amplían las emociones de los personajes.

Y claro, como no puede ser de otra manera, no se puede hablar de Breaking Bad sin mencionar a Bryan Cranston, que se encarga de encarnar al protagonista, Walter White. Cranston se ha coronado con este papel del mismo modo que lo hicieron otros actores cuyas carreras no tomaban el impulso suficiente como para ser reconocidos a nivel mundial. Cranston ha forjado una personalidad vibrante que ha sido capaz de hacer evolucionar a lo largo de la serie de una forma magistral y sin fisuras. Su personaje se adapta cual camaleón a las diferentes situaciones por las que pasa. Ha sabido reflejar en todo momento las emociones de Walter mediante una gesticulación precisa y una actitud providencial. Con su excelente interpretación, Cranston no sólo se convirtió en un pilar fundamental de la serie sino que ha conseguido pasar a la historia, algo que, sin duda, le ayudará de forma positiva en su carrera.
Aaron Paul, en el papel de Jesse Pinkman, consigue que lo amemos tanto como que lo odiemos. El actor ha sabido transmitir la incertidumbre y la desdicha que sufre su personaje. Este papel le ha servido para dar un puñetazo sobre la mesa y colocarse como una de las estrellas emergentes en los últimos años.
Otros personajes principales de renombre son Anna Gunn o Dean Norris, este último bastante activo con pequeñas aportaciones en otras series. Sin duda, estamos ante un elenco a la altura de las circunstancias, cuyos personajes se basan en estereotipos comunes y afrontan sus propias tramas con solidez, enriqueciéndolas y apoyando a los personajes principales.



Breaking Bad es una de esas series que brilla con luz propia y ha sido capaz, por méritos propios, de pasar a la posteridad como una de las mejores de nuestro tiempo. Su argumento es explosivo y siempre guarda alguna sorpresa o algún giro con el que consigue mantenernos pegados a la pantalla y desear devorar un capítulo más.
Se trata de una serie muy humana, muy real. Donde las sensaciones traspasan la pantalla hasta golpearnos. Con unos personajes muy bien construidos e interpretados por unos actores que han sabido exprimirlos hasta lograr sacar lo mejor de ellos.
Y lo mejor es que no se trata de una historia vacía. Cada capítulo guarda una pequeña moraleja, una lección más o menos relevante.
Si aún no has visto esta serie, no sé qué estás haciendo que no corres a verla.

domingo, 27 de diciembre de 2015

La magia de la música

Una madre abrazando a su hijo. Un chico robando un beso a su acompañante. Un hijo disfrutando con la sonrisa de su madre. Con los sentidos desbordados, las emociones estallan.
El brillo de los instrumentos bajo los focos era hipnótico; la música que de ellos manaba, embriagadora. No hay techo para tanto talento, del mismo modo que no hay palabras para describir lo que nos hizo sentir la Banda Municipal de Herrera del Duque en el Palacio de la Cultura.
Volaban los dedos sobre sus instrumentos, que escupían directos a nuestros corazones sus notas haciendo que nos sintiéramos flotar en un mar de sensaciones. Los pies bailaban inconscientes bajo cada asiento del abarrotado teatro. Los rostros reflejaban felicidad con los ojos abiertos de par en par, incrédulos ante lo que acontecía ante ellos.
¡Lo han vuelto a hacer! -gritábamos todos en silencio. Pues volvieron a sorprendernos, a maravillarnos, con cada pieza, tras la cuál el respetable les brindaba a esos pequeños grandes artistas una ensordecedora ovación, más que merecido premio a tanto trabajo y pasión.
Y al talento mismo se sumaron las sorpresas, esas a las que tan acostumbrados nos tienen ya estos chicos y su director. ¿Quién dijo que una máquina de escribir no podría hacer música? Sí. Ellos sí que pueden. Ellos lo puede todo como artistas que son. Porque en ellos reside el don de crear algo tan mágico con lo que poder tocar el alma de cualquier ser.
El alma y el cuerpo se abrazaron en una noche para el recuerdo, pues ellos lograron lo imposible superándose una vez más.
Mete cuerda, maestro, y alcanzarás el súmmum. Sé que en el próximo concierto con el que tengáis el placer de deleitarnos, volveréis a conseguirlo. Volveréis a llevarnos al paraíso sin que tengamos que movernos de nuestros asientos.
Gracias, una vez más, por tanto a cambio de tan poco. Y que continúe el espectáculo durante muchos, muchos años más.

jueves, 3 de diciembre de 2015

La momia de Anne Rice

Debo reconocer que he redescubierto a esta autora. Siempre me ha gustado cómo escribe Anne Rice, su forma de describir las situaciones o los lugares, incluso cómo crea a sus personajes. Lo hace de una forma simple, sin rodeos ni parafernalia innecesaria, pero dando los datos suficientes mediante las acciones o el diálogo como para que imaginemos a la perfección tanto lo que ocurre como la personalidad de sus personajes.
Ella no se limita a crear un mundo en el que unos personajes viven una historia sencilla. Ella crea personajes complejos que viven situaciones diversas; emociones y sensaciones que traspasan las páginas hasta llegar a nosotros. Crea vida, con todo lo que ello conlleva.
Me ha sorprendido comprobar que esta autora ofrece mucho más que una apasionante historia de vampiros. No sólo cambia el registro manteniendo la esencia de su estilo sino que lo adapta a una nueva trama con éxito.

En esta novela, La momia o Ramsés El Maldito, nos traslada a Londres, y luego a Egipto. Nos invita a un viaje en el tiempo, o más bien a dos. Hace que nos llenemos los zapatos de tierra al ayudar a su protagonista en el descubrimiento de una antigua momia que encierra demasiados misterios. El asesinato de uno de los personajes será el detonante de una historia inquietante y llena de sorpresas, de giros argumentales, en las que varias tramas se entremezclan dando lugar a una novela rica en contenido que no dejará indiferente a nadie.
Los personajes carismáticos y con inquietudes, dotados de diferentes y naturales personalidades, se desenvuelven con soltura en un mundo complejo en el que tienen lugar acciones un tanto surrealistas que mantienen ese punto interesante que permite mantenernos conectados con la historia en todo momento.
Anne Rice, como ya nos tiene acostumbrados, emplea elementos sobrenaturales para transmitir mensajes vitales sobre las relaciones interpersonales y que se mantienen con uno mismo. La moraleja de esta historia versa sobre lo que es correcto y lo que no lo es, sobre cómo la toma de decisiones afecta a nuestras vidas y a la de nuestro prójimo, pero también sobre cómo gestionar un gran poder.
La autora no se limita a contar una historia rozando lo superficial sino que profundiza en temas tabúes de una época convulsa en el que el mundo comenzaba a progresar. Describe con bastante acierto esta época con todo detalle, por lo que consigue que todo sea compacto, verosímil y comprensible.
Su estilo está bien reflejado y se antoja sencilla de leer. No incluye palabras rebuscadas ni hace hincapié en lo innecesario. Lo que la hace una novela apta para cualquier público y de lectura amena.

La momia resulta interesante y nos mantiene pegado a sus hojas desde el comienzo. Es una novela recomendable para todos aquello a los que les gusten las historias que incluyen misteriosos asesinatos, elementos históricos y sobrenaturales. Es de ágil lectura y fácil comprensión, por lo que no supone mucha dificultad para un público general o que no es demasiado exigente.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Lágrimas de color carmín

Los números corrían. Uno tras otro pasaban constantes aunque no lo suficiente rápidos para mi corta paciencia. Aquel diminuto ascensor parecía más pequeño de lo habitual. ¡Dios! Hacía un calor insoportable…
Lo cierto es que tenía ganas de llegar a casa, había sido un duro día en la oficina y necesitaba relajarme aunque fuera por unos segundos. Sí, unos segundos. Porque estoy segura de que en cuanto mis hijos me vea aparecer por la puerta se abalanzarán sobre mí y me cubrirán de besos; me contarán con gran entusiasmo todas y cada una de sus aventuras y no se apartarán de mí ni un segundo. Y mi marido me sorprenderá con alguna de sus invenciones culinarias para la cena. No es un gran cocinero, pero el pobre al menos lo intenta. Sabe que llego cansada y sin pizca de ganas de cocinar. Sin ganas de nada, en realidad. Habrá ayudado a los niños con los deberes, les habrá duchado y preparado para la cena. Es tan atento conmigo…


Qué lástima que todo eso no sea más que una ilusión. Algo con lo que sueño despierta mientras permanezco inmóvil en la cama, esperando a que se olvide de mí, o al menos de mis niños, y se duerma por la borrachera. Luego, cuando al fin se duerme, rezo en silencio porque no me despierte con otra paliza o amenazándome con hacer algo a mis niños. Y pienso que ojalá fuera tan valiente como esas que salen en la televisión, ojalá yo fuera una de esas… Pero no lo soy… No lo soy.
Jesús Muga

lunes, 16 de noviembre de 2015

Antes de amanecer

Un magnífico ejemplo de cómo una historia puede ser contada a través de un profundo y trascendental diálogo. Una historia de amor entre dos desconocidos tan surrealista como posible y con fecha de caducidad, o quizás no...

Acompañamos a Céline y Jesse durante un viaje improvisado mientras se conocen hablando sin tabúes sobre temas tan complejos como atractivos. Sus diversas opiniones y conclusiones son el verdadero atractivo de esta historia, en la que están muy presentes la picaresca del joven norteamericano que trata constantemente de impresionar, y conquistar, a la dulce y en apariencia inocente joven europea, así como el romanticismo más bohemio por parte de la protagonista femenina. 
Los temas sobre los que versan sus conversaciones son el punto de partida de cada secuencia, que se encuentran bien enmarcados por una ciudad tan pintoresca como diversa. Viena no es sólo el lugar donde pasan la que probablemente sea la mejor noche de sus vidas, sino que es el lugar donde se gesta su amor, e inevitablemente juega un papel más dentro de la producción siendo vitales cada uno de los puntos en los que tienen lugar las conversaciones. Como un testigo mudo más, el entorno, cada escenario de la ciudad, parece adaptarse a las conversaciones aunque, por supuesto, sea al revés, siendo cada localización la que da paso a los diferentes temas de conversación sirviendo como un fondo acorde.
La muerte, la vida, la relación con los padres, el amor, el sexo... Nada queda en el olvido en este magnífico guión de Linklater, que profundiza en cada tema sin censura ni sin temor a ser señalado con el dedo, pero siempre manteniendo la esencia de la relación que puede mantener una pareja joven que acaba de conocerse y que viven un cita a contrareloj. Quizá el reflejo de una realidad absurda que es vigente desde el momento en el que Jesse le pide a Céline que le acompañe esa noche en Viena. Es, seguramente, la mejor secuencia de todas. Ese argumento tan fantástico pero convincente con el que el protagonista masculino convence a la joven francesa.
Linklater deja claro en esta increíble aventura amorosa que el mejor plan es no tener plan y que no debemos temer a lo desconocido sino entenderlo y respetarlo sin permitir que los prejuicios ni el miedo nos impidan vivir algo fascinante; tener una aventura épica que recordar.


Linklater se limita a mostrarnos el diálogo, que prima claramente ante la acción, como si de una retransmisión de tenis se tratara. Si bien es cierto que de vez en cuando emplea planos más abiertos o algunos ligeros movimientos de cámara, así como algún que otro general o un plano medio de la pareja, en su mayoría impera el plano contra plano en un encuadre más cerrado del que se sirve para resaltar la expresión de los personajes en la conversación. Simple, pero efectivo y más que suficiente para narrar una historia centrada en el diálogo. Huye de artificios innecesarios y la jugada le sale bastante bien.
Mantener siempre a foco a los personajes mientras que el fondo luce desenfocado sirve, además de para hacer más bello el plano, para que centremos toda nuestra atención en la pareja de protagonistas, en lo que es importante de verdad. 
La escasa banda sonora hace aparición en momentos clave, únicamente cuando es necesaria bien porque algún tema aparezca de forma activa en la secuencia o como paso entre secuencias, otorgando siempre mayor importancia a la voz de los personajes y a los silencios, que son tan rotundos e incómodos como en la vida real.
El realizador siempre se centra en lo verdaderamente importante, Céline y Jesse, encarnados de forma sublime por unos más que creíbles Julie Delpy y Ethan Hawke. Entre este binomio, ya indivisible, existe una química que traspasa la pantalla y hacen aún más creíble si cabe su historia. No sólo son los protagonistas sino que son el pilar central de la producción, lo que sustenta su éxito. Todas las acciones ante la cámara suceden con tal naturalidad que aportan realidad y dinamismo. Hacen surgir lo espontáneo y lo natural.

Antes de amanecer es el comienzo de algo asombroso e increíble. Una historia llena de matices, muy bien estructurada y presentada de una forma excelente, con una trama sencilla que se centra en un diálogo intenso y tan variado que toca temas vitales e interesantes para el espectador.
Probablemente, eso que resulta atractivo para un tipo de público repele al resto, que busca un cine más convencional y menos íntimo.
Lo mejor es, sin lugar a dudas, los diferentes puntos de vista que cada uno de los personajes tiene sobre los diversos temas que surgen en sus conversaciones. La espontaneidad de los actores también.
Lo peor es que te la pierdas por prejuicios estúpidos sobre un cine diferente al convencional, más íntimo y profundo.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Un centro para todos

Con motivo del quinto aniversario del Espacio para la Creación Joven de Herrera del Duque, me pidieron que editara un vídeo para promocionar el centro.
Tras recibir material de archivo como brutos comencé con el proceso creativo. Decidí que lo mejor para promocionar dicho centro era mostrar todo lo que ocurre tras sus puertas, y fuera de ellas; todo aquello que los jóvenes (y no tan jóvenes) crean con los medios que el centro pone a su disposición. He pretendido transmitir ese buen rollo que siempre reina en el ECJ de Herrera del Duque; la colaboración y el trabajo de todos sus usuarios para crear, para hacer realidad proyectos y eventos de calidad. Sueños que se cumplen gracias a la existencia de este centro y que de otra forma no serían posibles de realizar.
Durante los cuatro minutos de duración del vídeo se pueden ver imágenes de talleres, actuaciones, conciertos, presentaciones, cineforums, exposiciones... De la creación y la cultura personificadas en diversas y diferentes actividades. La banda sonora que acompaña a las imágenes corre a cargo de una creación llevada a cabo en el propio centro por el productor musical Jesús Vaquerizo, que se encarga de poner la base con la batería a la canción Locked Out Of Heaven de Bruno Mars.

Quería agradecer al Espacio para la Creación Joven de Herrera del Duque que confiara en mí para la realización de este vídeo. A Pedro Calderón que me facilitara el material de archivo con el que está editado y a Jesús Vaquerizo por cederme sus vídeos.

Espero y deseo que este vídeo sirva para que cada día más jóvenes acudan al ECJ para crear y hacer sus proyectos realidad, porque este centro ofrece infinitas posibilidades.



martes, 20 de octubre de 2015

El Equipo A

Una revisión insustancial y superficial de la serie original que encandiló a toda una generación en los ochenta. Una parodia de sí misma en la que la acción, las explosiones y los efectos digitales priman ante un argumento típico que se dirige con rumbo fijo hacia lo interesante por pura cabezonería.

La historia se centra en los orígenes del equipo más famoso de la televisión, presentada mediante una trama conspiratoria enrevesada al uso que tan bien le viene al género de acción y en la que los planes, por muy absurdos que sean, siempre salen bien.
Ya desde el comienzo quedamos como hipnotizados por ese carisma que envuelve a los personajes principales como ya pasaba en la serie, y por las sorprendentes acciones llevadas a cabo para salir indemnes de las situaciones más inverosímiles. No cabe la menor duda de que éste es el aspecto más trabajado y respectado en lo que refiere a la serie original. Otro factor que se ha recuperado, aunque no en las mismas condiciones, es el humor, que está tan presente como la acción pero de una forma dosificada y haciendo constante referencia al mismo aspecto: el miedo a volar de Baracus y, por supuesto, su relación amor/odio con el loco de Murdock, así como las increíbles e impresionantes hazañas de todo el grupo.
Los giros argumentales aseguran la sorpresa comedida y la expectación a lo largo de sus casi dos horas de duración, pero lo cierto es que se echa en falta un punto más de tensión tanto en las misiones como en la trama principal. El detrimento del suspense en favor de la acción y la espectacularidad de algunas de las acciones es más que evidente desde el primer plano, lo cuál resulta ser lo único que hace que nos mantengamos pegados a la pantalla.
Si algo es evidente es la falta de profundidad en los personajes. Apenas conocemos parte de su historia, de dónde vienen o cómo llegaron hasta ahí. Los detalles dados por los diálogos y las acciones serán las que dibujen la personalidad y el carácter de cada uno de ellos.

Pero en esta producción no son todo vistosas explosiones, planes y puros. En El Equipo A encontramos una historia de superación y de honor tal y como se nos presentó en la serie. En las relaciones que mantienen los personajes quedan vigente el compañerismo y la lealtad que sienten los unos hacia los otros, no por luchar en el mismo bando sino por compartir ideales. Algo que va mucho más allá de simple trato entre camaradas.
Como no podía ser de otra manera, la traición y la venganza son los sentimientos fundamentales sobre los que se asienta la trama principal. Algo que sigue con coherencia el argumento base sobre el que se estructura esta producción.
Me sorprende que pase casi desapercibido el conflicto moral de Baracus tras su paso por la cárcel, del cuál se podría haber sacado mucho más que un par de frases de diálogo y una secuencia confusa. Así como la relación que Fenix mantiene con la Teniente Sosa, de la cuál percibimos cómo fue y cómo será por simples detalles que llegan muy de vez en cuando. Estas son sólo algunas de las pruebas de que los guionistas no han sabido sacar partido a las subtramas que surgían para alimentar a la trama principal. Un error por el que han sacrificado complejidad al argumento y a la historia, así como han limitado las posibilidades de crecimiento de la producción.


El "novato" Joe Carnahan ha logrado transmitir el frenetismo y la espectacularidad que nos regala una trabajada puesta en escena con unos efectos digitales muy bien implantados mediante unos planos en los que el movimiento interno está muy presente. No sólo ha sabido captar la esencia de la serie sino que ha logrado darle un aspecto más moderno, con encuadres más elegantes y soberbios, acordes a lo que las acciones muestran y al tiempo en el que estamos. Una digna actualización visual, sin ninguna duda. El montaje dinámico y picado en las ocasiones acertadas es la guinda de este pastel.
Y todo esto bien aderezado con una banda sonora adecuada para la ocasión que en ciertos momentos nos regala temas de la serie original.

La falta de profundidad en los personajes no implica una mala actuación de los actores, aunque sí un deslucimiento de su trabajo ya que las relaciones entre personajes se ven limitadas, limitando así el propio trabajo de los actores que se ven obligados a llevar a cabo las acciones preestablecidas y diálogos vacíos e insustanciales. Por lo tanto se cumple la máxima de que tener buenos actores no augura una excelente interpretación si interpretan personajes vacíos y carentes de alma.
Tras algunos movimientos en el reparto antes de su producción, podemos tener claro que Liam Nelson resulta apropiado para interpretar al Coronel Hannibal. No ya sólo por compartir talante con George Peppard sino por haber echo suyo al personaje dotándole de un aire más bondniano. Tener a Liam en el reparto ya es sinónimo de calidad. Algo que aumenta al incluir al guaperas de turno de Hollywood, Bradley Cooper, quien interpreta al también guaperas del grupo, y sucesor natural de Hannibal, Fenix. Pero Cooper no sólo pone "cara" a su personaje sino que le otorga ese carácter rebelde y peligroso que tan bien suele quedar en pantalla. En esta película no veremos a un Baracus tan rudo ni tan brillante como en la serie. Quinton Jackson es el encargado de temer a los vuelos dando vida a un Baracus más sentimental y consciente de su situación personal. Un personaje más profundo y reflexivo. Por su parte, Shartlo Copley tiró de improvisación para representar el papel de Murdock tras recibir el beneplácito de Dwight Schultz, el Murdock original. El toque femenino corre a cargo de una bellísima y guerrera Jessica Biel, que ha conseguido alcanzar un buen equilibrio entre damisela en apuros y salvadora.

Estamos ante una precuela suficiente aunque por los pelos. Suficiente para el aficionado que ha oído hablar sobre el legendario Equipo A pero insuficiente para el fan fiel que se tragó cada capítulo de la serie en los ochenta y noventa. Necesita más de lo que ofrece para ser un homenaje completo a una serie mítica. 
Por suerte, su falta de profundidad en los personajes no evita que encontremos un argumento complejo donde la conspiración y la acción van de la mano logrando que el resultado final no sólo sea un tanto decente sino incluso entretenido. Que busque la risa fácil también contribuye a que sea más o menos potable.
Atención a la sorpresa tras los créditos. Breves pero intensas resultan ser las apariciones del Fenix y Murdock originales de la serie. Merecían más estos señores que un breve y casi imperceptible cameo.
El Equipo A es apta para quienes hayan oído hablar de la serie y quieran un rato de diversión sin más. Para aquellos amantes de la serie... haya ustedes con su mecanismo... No, en serio. No busquen donde no hay. Pero si deciden verla, siéntense y disfruten. No piensen demasiado y... déjense llevar...

lunes, 5 de octubre de 2015

Los chicos del coro

Una de esas películas francesas que escapa de los convencionalismos del cine francés para regalarnos
una historia tan dura como épica sobre la superación mediante la motivación en una situación más que complicada.
Una delicia que traspasa la imagen para tocarnos el alma con dulces cantos infantiles. Un drama disfrazado de musical que nos hace entender lo valioso que resulta premiar antes que castigar a la hora de educar y enseñar.

La mezcla de factores tan distanciados entre sí han dado un resultado extraño pero acertado que resulta atractivo. Emplear la figura de un profesor inspirado y decidido a transmitir valores más allá de lo común en una situación convulsa y en la que una serie de impedimentos le acechan constantemente, es algo que hemos visto en el lejano Hollywood en más de una ocasión. Pero este hecho, tan llevado a cabo al otro lado del charco y con tan buenos resultados cosechados, visto a través de la óptica de un cine tan sensible y a la vez visceral como el francés, cobra un nuevo significado dando lugar a algo mucho más auténtico y cercano. Y es esa autenticidad lo que hace única a Los chicos del coro.
Nos encontramos ante una historia de superación. No sólo la de esos alumnos descarriados a los que el director Rachin trata de encaminar a base de palos y en los que ha perdido toda esperanza, pero que logran, ante todo pronóstico, crear algo increíble y sentirse a la par útiles. Un cambio visible para quienes habían sido desahuciados. Es la historia de superación de Clément Mathieu, un músico frustrado que descubre que alguien se puede sentir más realizado al ayudar a otros a descubrir su camino y hacerles sentir importantes, que al tocar en el mejor teatro del mundo ante cientos de desconocidos.
De esta forma, Barratier cumple su máxima de lograr que el espectador reflexione sobre cuestiones relevantes y empatice con sus personajes hasta el punto de que sea el propio espectador el que sufra una conversión que sirva para mejorar no sólo al individuo sino a la sociedad y el lugar en el que vive.
Y lo consigue tirando de lo sutil, lo imperceptible, concediendo mayor importancia a la sensible historia; diluyendo con simpatía una lección de vida humana mediante las acciones y los profundos diálogos, así como con los bellos temas que cantan los chicos, antes que con otros medios.
La escasa profundidad con la que trata un tema tan hiriente como controvertido como es el maltrato infantil o el abuso de poder la hace apetecible incluso para el público más sensible, que llegará a emocionarse, sin lugar a dudas, tanto con el afán de superación de los jóvenes como con la paciencia y dedicación que el profesor tiene hacia ellos.


Todo esto queda retratado de una forma elegante, sin fuegos de artificios innecesarios para que la historia nos llegue sin interferencias de ningún tipo. Los tonos grises predominan, como acompañando el sentir de los alumnos así como lo lúgubre que puede llegar a resultar el sitio en el que se localiza la historia. Algo que en contadas ocasiones difiere con lo que tiene lugar, claro.
Gracias a una elaborada ambientación, Los chicos del coro nos traslada a una Francia en postguerra, a un tiempo en el que el hambre y la podredumbre acechaban tras cada esquina.

Lo vital de esta película es el coro como un personaje con alma propia. Es esa parte que le da sentido a la historia y sobre la que gira todo lo demás. No son sólo las letras de los temas y sus significados, o la musicalidad con las que inundan nuestros oídos, es lo que significa el propio coro en sí: La clandestinidad a la que son empujados casi de forma permanente, el nivel que sus propios componentes se exigen, la unión entre ellos y la lucha por algo para lo que comprenden que sirven. Sentirse útil, al fin y al cabo, es el mejor sentimiento que alguien puede tener. Y el coro lo consigue.
Un detalle a tener en cuenta es que el coro que vemos en imagen no es el que pone sus voces a las canciones. De eso se encarga el coro Les Petits Chanteurs de Saint Marc, aunque el niño solista, Jean-Baptiste Maunier, forma parte tanto del elenco de actores como del coro real. Un auténtico reto ha sido orquestar todo de forma que parezca que esos niños son los que verdaderamente cantan.
Brillante, esencial. La música es imprescindible en esta producción tanto como el realismo que los actores imprimen en su interpretación. Lo visual convive con cada nota musical, otorgando armonía y misticismo; un escape a lo atroz que acontece en el internado El fondo del estanque, cuyo nombre ya augura lo que en él encontraremos.

Los chicos del coro nos deja un buen sabor de boca. Una película de superhéroes sin capa ni poderes pero que logran salvar, sino al mundo sí al entorno al que llegan como verdaderos salvadores.
Para algunos peca de sensiblera pero en verdad es sólo emocionante. Tan sólo se expresa en ella un sentimiento que, seguro, a más de uno nos ha invadido alguna vez durante nuestras vidas. Una lección sobre la superación, sobre encontrar un camino digno por el que caminar.
Un tanto dura en más de una ocasión, quizá siendo tan sólo el reflejo de una realidad que en algún lugar se resista a morir. Queda en esta película reflejada la atrocidad que el poder ejerce sobre cualquier que se encuentre bajo su manto. Una tragedia que encuentra un final feliz al sobrevivir siempre el sentido común y las auténtica justicia.
Probablemente no será la mejor película que alguien vea, pero sí una de esas películas que deja algo sembrado en nuestro interior. 

jueves, 1 de octubre de 2015

"Ya viene" Primera toma de contacto

Siempre he defendido la participación de todo el equipo en el proceso de preproducción porque es un momento vital en el que muchas cosas pueden mejorar (o empeorar, claro).
En este caso, con este proyecto, Ya viene, la primera reunión ha servido para mejorar un guión que no terminaba de cuajar por no ahondar en temas muy importantes y que podían enriquecer la historia. El error, en este caso, viene de lejos. Cuando tanto mi compañero, David Díaz, como yo dimos por sentado que la historia era absurda, debía ser absurda, y que no teníamos que profundizar demasiado en cuestiones relevantes que daban un sentido real a un guión más bien fantástico, fantasioso. Un imposible.
Pero tras un primer encuentro con los actores. Una primera lectura de guión. Hemos comprendido que nuestro guión hacía aguas por todas partes. Se hundía, sin pena ni gloria, en un mar de sin sentido.
Juntos, todo el equipo, tanto el artístico como el técnico, hemos ido descubriendo una historia mucho más profunda, llena de matices que, a buen seguro, llegarán al público y le sorprenderá.

Un guión está vivo hasta el justo momento en el que se realiza. Cambia, se adapta. Todos, absolutamente todos, pueden aportar algo para conseguir una historia más rica, más viva.
Un guionista, o un realizador, que no permite que el guión cambie, que mejore, se limita a sí mismo y, a su vez, a la historia que pretende hacer llegar al público.
Por ello, aconsejo encarecidamente que se hagan muchas reuniones y que se tengan en cuenta la opinión de los demás a la hora de llevar a cabo una producción. Porque sólo así se puede mejorar.

martes, 8 de septiembre de 2015

Eliminado

Bien podría ser el resultado de una noche loca entre Open Windows de Vigalondo y Buried de Cortés, salvando las distancias, claro. Una mezcla interesante de un renovado y actualizado slasher con ese tipo de cine de "metraje encontrado" que tan bien complementa el género de pseudoterror, en este caso. Es más, podríamos hablar de que se trata de El proyecto de la Bruja de Blair llevado a nuestros tiempos y a términos digitales, algo que no la hace menos impactante aunque sí menos aterradora. Y es que, los algo más de ochenta minutos de metraje los pasamos ante una pantalla, y no precisamente la del cine. Un recurso que resulta innovador en un género en el que resulta difícil sorprender, pero que tiene sus inconvenientes. El problema reside en que ese encerramiento digital junto con el caos que hay en todo momento en la propia pantalla en la que transcurre todo, provoca más mareo que terror, del mismo modo que una angustia que nos puede llegar a resultar familiar.
Que la historia sea simple y previsible, o que la trama se centre en la común venganza a la que tan acostumbrados estamos en este género, no son motivo para que la película no llame nuestra atención. Quizá lo más interesante sea el detonante que pone todo en marcha. El empleo de las nuevas tecnologías para menospreciar y poner en evidencia a alguien, el posterior acoso que sufre esa persona y el resultado final: el suicidio. Estos elementos son lo que la diferencian de otras muchas y lo que hacen que la forma en la que se ha realizado tenga sentido. Aun así, no sabemos si tiene más culpa de que se haya recurrido a tan simple artimaña el guionista Nelson Greaves o el realizador Levan Gabriadze. Quizá se deba a que ya desde el guión se ha concebido así, como algo que transcurre en la pantalla del ordenador de uno de los personajes, el cual no deja de interactuar con él abriendo todo tipo de programas, bien para chatear, para buscar información o para escuchar música, o para que el propio asesino contacte mediante este medio con las víctimas. Porque también se recurre a ese miedo a ser espiados o a que nuestra intimidad se vea invadida por alguien extraño. El que puedan jugar con nosotros. Esa es la clave para que en esta ocasión el asesino no sea como el resto y Eliminado no sea una película más del montón.


El hecho de que la realización como tal brille por su ausencia; que no haya un montaje convencional de planos al que estamos más acostumbrados sino que transcurra todo en una pantalla en la que todos permanecen en un mismo plano (el típico primer plano de webcam), no implica que no exista fluidez ni agilidad en la película. Los cambios entre ventanas, los propios movimientos internos en el gran plano secuencia que supone el total de la película, incluso la interactividad que el personaje mantiene con los diversos programas que usa en el transcurso de la historia como chats, exploradores de internet o programas de música, sirven para dar aire y agilidad a la producción, a la vez que para que se vayan desarrollando los diferentes acontecimientos. Pero ésto también contribuye al caos que habita en todo momento y que potencia la atmósfera de desconcierto e histeria en los personajes. Los rápidos cambios entre ventanas en la pantalla o que todos los personajes hablen al mismo tiempo son herramientas acertadas que logran ésta finalidad. Que alguna canción sea reproducida de forma remota y sin previo aviso, así como las conversaciones que comienza el asesino de forma inesperada, también.

De igual forma, algo que resulta tan eficaz como recurrente (y barato) es emplear para el reparto un repertorio de actores desconocidos y variopintos para que el espectador se centre más bien en la historia y no en la estrella de turno. Así también se fomenta desconocer quién llevará la voz cantante en una película donde el protagonismo no recae sobre un único personaje sino sobre varios, de tal modo no podemos prever hacia dónde se desequilibrará la balanza. En este aspecto la película se ve beneficiada por un reparto original de actores que interpretan de forma realista, aunque en ocasiones un tanto sobreactuada, la actitud y las reacciones de adolescentes ante una situación límite como por la que pasan en la película. La puesta en escena y la ambientación contribuyen, sin lugar a dudas, a crear tal ambiente, lo que le aporta ese punto extra de realismo a una producción que trata de reflejar, con su punto de fantasía, una realidad a la que todos hoy en día estamos expuestos, como es que alguien pueda amenazarnos por internet e incluso que pueda invadir nuestra intimidad de una forma invisible y a distancia.

Tras haber visto Eliminado se nos queda una sensación extraña de no haber entendido ciertas partes de la película, de habernos perdido algo importante. Y todo debido al caos que reina desde el mismo comienzo. Aun así, nos queda su esencia, el verdadero mensaje que trata de hacernos llegar mediante las horribles muertes que suceden desde ya muy al principio.
Ésta es una de esas películas que, mediante lo extraordinario, trata de hacernos comprender una amenaza real y que nos acecha a todos, pasando de puntillas por temas más escabrosos como el acoso escolar y el suicidio.
Interesante, muy interesante, aunque no aterrorizará a los más aguerridos sino que los impactará y, eso sí, nos hará meditar a todos sobre los inconvenientes de las nuevas tecnologías.