viernes, 15 de mayo de 2015

Ichiban


Ichiban, ese debe ser el significado en japonés de calidad. Llevábamos tiempo buscando un restaurante japonés decente en el que comer bien no supusiese un atraco ni tener que buscar un McDonals después para terminar de comer. Tras probar en algunos que cumplían a medias con nuestras exigencias, la otra noche dimos con uno que reúne todas las condiciones favorables para, hasta el momento, convertirse en nuestro restaurante japonés favorito.
Se trata de Ichiban, situado en un sitio estratégico y muy bien comunicado de Roquetas de Mar (Almería). Más concretamente al lado del auditorio.
Debo reconocer que antes de ir mantenía mis expectativas altas, por los comentarios de mi pareja, que ya había estado, pero me mostraba algo reacio. Lo cierto es que pensaba que sería un restaurante asiático más donde primaría un ambiente pseudoasiático cuya comida sería pasable y a un coste de lujo. Pero la sorpresa que me llevé fue grata.

Nada más llegar nos recibió una señora vestida con un kimono, que hace las veces de jefa de sala y camarera, que nos indicó amablemente dónde sentarnos. Trajo consigo unas cartas con los platos y menús, y no tardó en tomar nota de lo que queríamos beber. Después se marchó para ir a por las bebidas y mientras pudimos observar cada detalle del local.
El restaurante vierte a ambos lados de la puerta principal en tres amplias salas de las cuales dos dan al exterior, en el que se sitúa una terraza con vistas al lateral del auditorio y el aparcamiento. A la izquierda está la barra. La decoración y la ambientación musical nos dejan claro que se trata de un restaurante asiático, donde parece primar la tranquilidad gracias a los agradables colores que configuran el mobiliario, su colocación y los detalles decorativos que se reparten por todo el restaurante. Contribuye a esto, también, el adecuado volumen al que está la música que no deja de ser la típica en este tipo de lugares. De entre las maderas del falso techo caen unas plantas que le dan un aire selecto y diferente al restaurante. Las mesas son amplias y las sillas cómodas. La mantelería junto con cada detalle de la cubertería hace que nos sintamos en un auténtico restaurante japonés.
No tardó en volver la camarera con las bebidas y un pequeño aperitivo. Ya habíamos decidido lo que pedir, cinco platos: dos de diferentes tipos de sushi, uno de rollitos de primavera, uno de tallarines con gambas y otro de arroz con pollo y verduras. Primero nos sirvieron el sushi, exquisitamente presentado sobre una tabla de madera sobre la que había los dos tipos de sushi que pedimos más un poco de wasabi y jegibre. Puedo asegurar que es el mejor sushi que he comido en mi vida, y he probado el de bastantes restaurantes. Se notaba que era fresco por la textura y porque se mantenía el sabor de cada uno de los productos que lo conformaban. Se deshacía en la boca y dejaba un gusto agradable. Algo increíble. Venían en formato de seis y ocho porciones, ¡y a muy buen precio, oiga! Estoy seguro de que tardaré en encontrar otro lugar en el que este plato esté tan rico. Luego probamos los rollitos, que venían con una salsa picante suave que le aportaba personalidad propia al plato. Tres piezas, pequeñas, pero suficientes y un precio irresistible. Luego llegaron los tallarines, un plato pequeño pero suficiente que pueden compartir dos personas sin problema alguno. Tenían una salsa bastante buena, muy sabrosos y bien condimentados con verduras y algunas gambas. Y por último nos trajeron el arroz, muy bien presentado en una cajita de madera en el que los diferentes alimentos estaban dispuestos en orden y no mezclados. Este plato era una auténtica delicia. El arroz en su punto, al igual que la carne, y con unas verduras muy sabrosas.

En general, todo lo que comimos estaba bastante bueno. Se notaba que los platos estaban elaborados con productos frescos y en el momento, nada de comida recalentada. Cada plato tenía su sabor característico y para nada el sabor de uno se parece al de otro como en otros restaurantes.
Lo mejor de todo fue que el tiempo de espera entre platos no se excedió demasiado pero tampoco fue tan breve como en un restaurante de comida rápida. Esto deja claro que la comida del Ichiban se hace en el momento y no es comida recalentada. También es digno de mención la atención de la camarera, no fue pesada ni tampoco nos sentimos abandonados. Nos atendió cuando era necesario sin entrometerse demasiado ni interrumpir innecesariamente.
Al terminar de comer (acabamos hasta los topes de comida), la camarera nos ofreció algo de postre o café. Yo enseguida pedí Sake. El Sake me chifla y si resultaba estar bueno supondría la guinda de un buen pastel. Nos lo trajeron junto con la cuenta. Aquí llegó la segunda parte de la sorpresa.
Dejando a un lado que el Sake estaba servido como debe servirse, caliente y en vaso de cerámica, todo lo que habíamos cenado más dos botellas de agua sumaban en total 33€. Yo, sinceramente, no me lo podía creer. Pensaba que todo supondría unos 50€ o así, pero no. Por supuesto, al Sake me invitaron. Todo un detalle de la casa que se vio sumado por algo más. Tras pagar y mientras me bebía el Sake, la camarera nos trajo un plato con unas pequeñas porciones de frutas cortadas y unos trapos calientes y humedecidos para limpiarnos. Sé que en muchos sitios se hace, pero ese fue un detalle más a tener en cuenta.

Al salir, me invadió la satisfacción de haber cenado en un lugar excepcional en el que la comida es de calidad y a un inmejorable precio, y todo enmarcado en un excelente servicio. ¿Se puede pedir más? Yo creo que no.


Resumiendo, quienes busquen un restaurante japonés donde disfrutar de una amplia variedad de comida oriental de calidad a muy buen precio, no tienen que buscar más. Sólo tienen que ir al Ichiban, en Roquetas de Mar, cerca del auditorio. Les aseguro que no les defraudará, todo lo contrario. Encontrará en éste lugar el sitio perfecto para quedar bien con amigos, familiares o la pareja. Un sitio especial, muy bien ambientado, con un servicio muy competente, comida muy buena y a un precio inmejorable.

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