domingo, 19 de junio de 2016

Maggie

Un punto de vista diferente que aporta frescura para un tema que ya empieza a oler (y no sólo por los zombis). El terror y la acción, propios del género, dan paso al drama que se mantiene desde el comienzo, haciendo hincapié en las emociones y la fase de duelo que viven los protagonistas, que se ven acentuadas por las situaciones límite a las que los personajes se ven arrojados.

Pese a la ligereza del guión en cuanto a las acciones y alguna que otra secuencia innecesaria, logra transmitir las emociones de ida y vuelta entre personajes y lo dramático de la situación que viven de tal forma que nos hacen sentir parte de ese duelo que atraviesan padre e hija. Una despedida agónica que se prolonga en el tiempo quizá demasiado y cuya evolución se nos antoja lenta en las tres primeras partes y como una revolución en la última. Hubiese sido más interesante y le hubiese aportado mayor dramatismo a la historia haber mostrado un final mucho más visceral que poético.
Salvo en dos o tres momentos puntuales en los que hay cierto frenetismo, la acción se centra en lo cotidiano huyendo del tipo de acciones que caracterizan al género, y manteniendo una pausa constante que logra crear situaciones desesperantes. Esto hace que la balanza se incline a favor de los diálogos, que son más relevantes y cargados de emoción. La situación de los personajes queda clara desde el comienzo pues se nos ofrece información sobre ellos con pequeños detalles y gestos que evidencian las posturas de cada uno en todo momento,
Es evidente que Maggie es un intento por retratar la intolerancia hacia ciertos grupos sociales o con enfermedades extrañas, y sirviéndose del comportamiento de algunos personajes para con Maggie lo consigue. Del mismo modo, se trata de una rotunda crítica al sistema contra enfermedades de los EEUU, que queda más o menos representado en el sistema que se sigue en la película, donde encierran a los personajes en una cuarentena hasta que son consumidos por la propia enfermedad sin que nadie haga algo por evitarlo.
Pero lo evidente es que esta película muestra con fidelidad un proceso de duelo con un final más que asumido e inevitable desde el comienzo pero que no evita que los personajes deban asumir tal situación. Por ello, tenemos a una adolescente que sufre al saber que su vida termina cuando apenas ha comenzado y que se perderá muchas experiencias de la vida. A un padre que debe asistir impotente a la lenta y dolora muerte de su hija, y que debe intentar hacerle más llevadero el proceso así como darle un final digno y con el menor dolor posible. Y a una madrastra sobreprotectora con sus pequeños que no entiende la situación aunque trata de sobrellevarla lo mejor posible para no romper la estabilidad familiar. La conclusión final es demoledora. Alguien que huye antes de la quema, otro que sufre ante la impotencia y la duda, y el núcleo de todo esto que decide tomar una decisión drástica por el bien común. Sin lugar a dudas, estamos ante una situación complicada que se resuelve de una forma simple e inevitable pero no por eso menos conmovedora.


El aspecto que el realizador le ha dado está a caballo entre un cine independiente de bajo presupuesto con planos muy cerrados y largos donde se tira bastante de transfoco y desenfoque (con el fin de evitar mostrar demasiados detalles), pero donde también hay planos generales que muestran con cierta poesía el ambiente austero y rural en el que se desarrolla la historia; y un cine más comercial, con flashback muy bien tratados en momentos puntuales y algunos planos característicos del género. Lo que más se acerca al género zombi de esta película es el aspecto de la fotografía, con tonos pasteles y apagados, que contribuyen a crear ese ambiente frío tan sólo roto por la calidez de los sentimientos mostrados entre los personajes. La inestabilidad de la cámara y las constantes correcciones de los planos son debidos a los planos tan cerrados, lo que también apuntala esa desazón constante que nos transmite en todo momento la película. Ese temor a que todo estalle sin previo aviso.
Los efectos especiales son más que dignos y la evolución de la enfermedad está muy bien retratada. Algunas escenas son impactantes y, aunque se juega más al insinuar que al mostrar, no se evita en ningún momento recrear situaciones dramáticas donde los efectos especiales son muy necesarios y se emplean sólo lo justo, sin colmar las secuencias.
La puesta en escena junto con las localizaciones es más que efectiva y sirve para ambientar con lógica y naturalidad la historia. Los parajes en los que transcurre todo contribuyen a esa intimidad necesaria entre un padre y una hija que buscan el modo de despedirse sin que sea demasiado doloroso para alguno de los dos. Las localizaciones se muestra en proceso de destrucción pero se mantiene cierta normalidad, pues no parece en realidad un apocalipsis ni que todo esté fuera de control sino que existe una cierta calma y control por parte de las autoridades que nos hace entender el motivo de que esté así la situación.
Todo esto se ve aderezado por una banda sonora íntima, llena de matices y que aparece de forma puntual en los momentos de más sentimentalismo. Los silencios, cortados por las profundas respiraciones o los murmullos, son igualmente importantes y tienen un peso evidente en esta película.

No voy a decir que sea la mejor interpretación de Schwarzenegger pero sí que es un cambio de registro interesante que evidencia que el actor puede interpretar con dignidad cualquier papel. Asume el rol de estrella de cartel, pero sólo en el cartel, pues en pantalla permite al resto brillar por cuenta propia sin llegar a eclipsarlos. La acción esta vez la deja sólo para ciertos momentos en los que la tensión aumenta por cuestiones de guión. Su expresión dura, imposible de suavizar, se ve algo ensombrecida por la pena que siente su personaje. Le falta representar un tanto mejor esas emociones y saber reflejarlas en sus expresiones, pero lo cierto es que nos transmite esa melancolía y el dolor que un padre puede sentir en esa situación.
Abigail Breslin es el otro pilar de esta producción. Sobre ella recae todo el peso interpretativo al tener que mostrar diferentes emociones y, al mismo tiempo, tratar de representar con todo el realismo posible la evolución de una enfermedad que le consume. La joven actriz no se amedrenta frente a un titan sino que le supera con creces ofreciendo un personaje lleno de vida, carismático y con cierta progresión.
El resto de los personajes, secundarios, orbitan alrededor de los protagonistas como un complemento útil que da sentido a lo que sienten los personajes principales. Dan juego en la trama principal en detrimento de lo que hubiesen podido ser unas jugosas subtramas, que habrían dado aire fresco a la historia y variedad de situaciones.

Maggie no es lo que piensas, no es lo que esperas. No, no es una película de zombis convencional en la que se priorizan el gore y la acción sobre emociones y sentimientos. No veremos mutaciones imposibles o hordas de zombis en busca de carne humana. No veremos seres humanos atrincherados, luchando por sobrevivir en un apocalipsis zombie en el que todo está destruido. Y será una vez entendamos todo esto cuando podremos dejarnos llevar por esta apasionante historia y disfrutar de este impecable drama indie, de todo lo que nos ofrece. Si bien es cierto que se podría haber centrado mucho más en la parte final y haberla explotado con el fin de conseguir una conclusión más desarrollada y con un climax más explosivo y lleno de significado en lugar de plantear situaciones que poco o nada aportan a la trama principal. De las subtramas se podría haber sacado mucho más petróleo, sirviendo como buen acompañamiento a la trama principal.
Esta no es una película para ese público que busca una película de zombis convencional sino para alguien que busca algo fresco y diferente en un género en el que resultan más interesantes los vivos que los zombis.


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