Una vez más, Plissken debe "aceptar" una misión suicida para obtener la libertad. Esta vez su periplo tiene lugar en Los Ángeles, apartado de forma física del resto de los Estados Unidos por un terremoto y donde van a parar todos aquellos que rompen las normas de moralidad de la "Nueva América Moral".
Estamos ante una contundente crítica a la intolerancia que existe en una sociedad en la que un régimen totalitario decide aquello que debe estar bien y lo que no. Y, al igual que en su predecesora, analiza lo que ocurre cuando se aparta a las personas conflictivas en lugar de tratar de reinsertarlas en la sociedad. Resultan curiosos los estereotipados personajes que contribuyen a todo esto: un presidente (o más bien un tirano) capaz de hacer cualquier cosa con tal de salvaguardar su propia imagen y estatus contra un líder opositor (con un gran parecido al Che) que trata de obtener el control para liberar a los suyos mediante políticas y acciones un tanto controvertidas. Y en medio de ellos dos, un antihéroe que toma la decisión más acertada para sí mismo y, quizá, para el resto del mundo.
La sátira también esta presente, aunque de una forma breve, en una secuencia donde unos seres monstruosos, que son el resultado de operaciones quirúrgicas, atrapan a Plissken, sacando a la luz de una forma cómica pero directa la adicción que muchos tienen a este tipo de operaciones y las posibles consecuencias.
Algo que puede pasar desapercibido, aunque resulta ser el origen de toda esta historia, son las alusiones al cambio climático y a la necesidad de la electricidad y la electrónica para la supervivencia del ser humano. La dependencia que tenemos a los aparatos electrónicos en nuestro día a día.
El guión, como sucediera en su predecesora, cuenta con todos los ingredientes necesarios para crear una historia interesante y atrevida en la que todo ocurre de forma fugaz y tan rápido que en ocasiones provoca cierto vértigo o una sensación de que las subtramas culminan demasiado rápido. Tanto algunos diálogos como ciertas acciones parecen estereotipos del género un tanto exagerados, por lo que a veces no sabemos si se trata de un homenaje o una burla. El humor socarrón y basto convive con partes más crueles y duras, puras de acción, o momentos más o menos épicos.
Y si el argumento es prácticamente un calco, en cuestión de realización no podía ser menos. Hay planos y puestas en escenas que nos recuerdan a la primera parte. Carpenter emplea movimientos rápidos de cámara y se sirve del movimiento interno del plano para transmitir la acción trepidante que tienen algunas secuencias. Mientras que emplea planos más cerrados y un montaje más pausado cuando quiere mostrar alguna localización o retrata una conversación así como acontecimientos importantes.Los efectos especiales abundan por doquier y, teniendo en cuenta la época en la que se produjo, están bien insertados y son llamativos, además de jugar un papel importante en el argumento. Aunque hay que reconocer que algunos parecen más bien chabacanos y exagerados.
La banda sonora vuelve a emplear ritmos de pop-rock electrónicos que le sienta genial a la localización y ambientación de la película, las cuales enriquecen la historia de forma considerable.
Kurt Russell se vuelve a enfundar el traje de antihéroe que le sienta tan bien y, como en todo lo demás, calca la interpretación. Ha sabido representar ese aire misterioso y rudo que acompaña en todo momento a su personaje y que nos parece elemental. Sin ese personaje esta historia no tendría sentido.
En cuanto al resto de personajes, son prácticamente los mismo estereotipos empleados en la primera parte pero con rostros diferentes aunque igualmente carismáticos como Buscemi, Stacy Keach, Peter Fonda o Bruce Campbell.
Esta producción no sorprende, no alcanza el prestigio de la primera porque se limita a imitarla sin apenas añadir novedades salvo un subtexto más rico y temas de diferente índole que resulta interesantes pero que son tratadas muy por encima. Dicta un mensaje claro que se diluye entre acciones disparatadas y en ocasiones nada realistas, que suceden una tras otra sin permitirnos saborearlas.
No es que sea un fracaso, es que se la podían haber ahorrado o haberle dado otro enfoque para lograr algo de originalidad. Carpenter debía innovar y no lo hizo.
Lo mejor es Kurt Russell y su interpretación de antihéroe junto con las moralejas que se dan en situaciones satirizadas y en la trama central.
Lo peor es que resulte ser una simple imitación de su predecesora.


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