miércoles, 20 de julio de 2016

Volver a nacer

Todo ocurrió demasiado rápido pese a que el tiempo parecía haberse detenido. El temblor aumentó justo antes de que perdiera el control. Me dirigía hacia el fin sin que pudiera hacer más que ser un mero espectador. Fueron segundos que se hicieron eternos. Entonces decidí que no podía ser así, no podía suceder aquello. De ninguna manera. Traté de tomar el control de la situación y por un instante, sólo por un instante, lo logré. Conseguí desviar la trayectoria que me llevaba hacia una muerte segura. Pero algo salió mal... No es algo que ocurra, es una sensación. Sabes que algo va mal, que todo se escapa de tus manos sin que puedas hacer por evitarlo. Sientes cómo el aire se vuelve más denso. Como algo indescriptible ejerce cierta presión sobre ti. Y entonces llega el vacío. Un instante en el que no hay sensaciones, ni sentimientos. Ningún pensamiento aborda tu mente. No hay nada. Absolutamente nada. Tan sólo una sensación de paz al afrontar que todo puede terminar. Cuando comenzó sólo deseé que parara. El sonido del metal y de cristales rompiéndose eran mi única compañía. Entonces te asalta lo inevitable: pensar en todas aquellas personas que quizá no vuelvas a ver y a las que desearías decirles algo más por última vez. Y de nuevo la paz. Sólo al caer pude soltar todo el aire que guardaba dentro de mí y respiré profundamente, como tratando de averiguar si seguía vivo, como si con ellos llenara mis pulmones de aire por primera vez. Llevé mis manos a cada parte de mi cuerpo para comprobar que seguía de una pieza. La paz se fue dando paso al alivio. Quizá ése no fuera el día en el que todo debía acabar para mí. Quizá aún no estaba listo. A veces pienso que debe quedarme algo por hacer y por eso ese día no terminó todo. O quizá todo debió acabar ahí y es por ello que a veces me siento vacío o roto por dentro. No lo sé. El tiempo, como con todo, dará respuestas.

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