miércoles, 8 de abril de 2015

NO REMUNERADO

En los últimos días he podido comprobar cómo proliferan anuncios en los que se busca cubrir tareas de realización o de producción audiovisual. Los hay de diversa índole, con diferente diseño. Pidiendo cubrir puestos muy diversos. Pero lo curioso es que todos coinciden en algo: el salario. Y lo más gracioso e indignante es que en todos se refleja de forma clara la frase: "NO REMUNERADO". Así, en mayúsculas.
Lo cierto es que quizá estos anuncios estén cobrando mayor protagonismo por que son subidos por aquellos a los que van dirigidos, que hartos de esta situación quieren hacer público algo que es el pan nuestro de cada día. Un auténtico desprecio a una profesión como otra cualquiera quizá potenciado por la crisis, la austeridad en ciertos proyectos y la poca vergüenza de quienes buscan empleados que desempeñen un trabajo a coste cero.

Yo, personalmente, he sufrido la desfachatez de algunos de estos sinvergüenzas en mis propias carnes. Primero suelen regalarte el oído diciéndote que eres el mejor y el más adecuado para el proyecto, que sin ti no habría proyecto, que les gusta cómo trabajas, que eres un profesional... Palabrería barata con la que pretenden cegarte. Luego te hablan del proyecto y te lo ponen por las nubes para, a continuación, dejarte claro que te están haciendo un favor incluyéndote en el equipo y comienzan a decirte que moverán el proyecto en nosequé festivales, que aparecerá en nosequé publicación de nosequé revista especializada, que lo publicitará nosequé cadena de televisión, que está apoyado por nosequé institución o gobierno... Y concluyen con un contundente "te vendrá muy bien para rellenar currículum" y entonces sueltan la traca final como para justificarse: es que es un proyecto de presupuesto cero, es que no tenemos pasta, es que esto lo hacemos por amor al arte, es que yo no cobro... Y te sueles quedar con una cara de tonto bastante importante.
De por sí ya has perdido tiempo escuchando tanta memez y tanto insulto a tu inteligencia, a tu trabajo y tu profesión. Pero más tiempo, y categoría,  perderías si dices que SÍ a semejante propuesta.
Claro que luego están esos que pretenden que les hagas de todo. Esos son los "ya que está usted aquí" me hace un completo por el mismo precio: cero. Porque los hay que te contratan como editor y terminas siendo el que graba, el que edita y hasta el que lo promociona, y si ven que tal hasta el que les hace las tareas de la casa... Cuando contratan un fontanero no le piden que se encargue del sistema eléctrico, ¿verdad? Pues aquí, igual. Si me contratas como editor únicamente, no esperes que sepa, o quiera, hacer más de lo que supongan mis funciones como editor. Porque cada cosa tiene un coste.
Porque es que hay quien piensa que escribir, grabar o editar es un proceso mágico que se produce en apenas unos minutos. No ven que para llegar al resultado final, al proyecto pulido que se les entrega en mano y bien calentito, ha habido antes un proceso de pugna entre tus propias ideas y el proyecto para lograr el mejor resultado final. Ha habido una labor que lleva horas y horas hasta conseguir finalizar el proyecto. Pero no, esta gente que ofrece "trabajos" no remunerados encima se toma la licencia de ser exigentes y poco pacientes.

A mí me hace gracia esa gente que se piensa que los de audiovisuales (así como pasará en otras profesiones), como "hacemos algo que nos gusta", lo debemos hacer de forma gratuita. Porque claro, nos gusta y eso no es trabajar.
Se olvidan de que para llegar a ser lo que somos, para saber hacer lo que hacemos, debimos invertir tiempo y dinero en nuestra formación, debimos gastar mucha pasta en comprar material con el que trabajar (el que se mueve por este mundillo sabe que cualquier cosita insignificante vale una auténtica pasta) y que cuando "hacemos lo que nos gusta" (trabajar en un puesto de nuestra profesión, esa que escogimos estudiar por vocación) estamos trabajando, echándole horas a un proyecto sea del tipo que sea y sea de la forma que sea, y partiéndonos el culo porque salga lo mejor posible.
Así como un fontanero, un abogado o un carnicero cobran por ofrecer sus servicios; nosotros, cámaras, técnicos de sonido e iluminación, editores... también queremos cobrar por nuestros servicios. Porque aunque muchos digan: "Eso lo hago yo". A la hora de la verdad, no saben hacerlo o no lo hacen con la profesionalidad de alguien que sabe. Entonces, como se suele decir, no me pagas por apretar un botón, me pagas por saber qué botón apretar.
También me gustan esos a los que les sacas un presupuesto (muy pero que muy ajustado) y se echan las manos a la cabeza. ¿Qué esperan? ¿Que les salga gratis algo que es un capricho? ¿Algo a lo que le vas a echar muchas horas y trabajo? ¿Acaso ellos no cobran lo que creen oportuno por su trabajo? Ah, claro. Es que como lo nuestro no es un trabajo, es un pasatiempo que hacemos por pura diversión...

En fin, este es un mensaje para aquellos cara duras que tienen la poca vergüenza de ofrecer un "trabajo" no remunerado. Piensen en si les gustaría a ustedes trabajar gratis antes de ofrecer algo así o de publicar un anuncio. ¿Acaso piensan que nosotros vivimos de los abrazos y las buenas palabras? Nosotros también tenemos que pagar facturas e impuestos, tenemos que vivir y queremos vivir de nuestro trabajo de forma honrada como todo ser humano. Estamos indignados, hartos. Y no vamos a permitir que se nos siga vapuleando y menospreciando nuestra labor, nuestro trabajo, de esta manera. Yo no quiero seguir rellenando currículum, y si lo hago será con proyectos personales. Yo quiero poder vivir de mi profesión, de lo que me gusta y sé hacer. Y para conseguirlo tengo que cobrar dinero, no buenas palabras ni en especias. Téngalo muy en cuenta.
A mis compañeros sólo puedo decirles que no teman en decir que NO a ese tipo de "trabajos" por los que no van a cobrar un duro. Cuiden su dignidad y la de sus compañeros, porque nadie lo hará por ustedes. Y tengan claro que muchas veces un NO, no cierra puertas sino que las abre. Sólo nosotros podemos devolver la dignidad a nuestra profesión y evitar estos abusos. Sólo nosotros nos podemos defender de tanto sinvergüenza.

domingo, 5 de abril de 2015

R.I.P.D.

El tándem acción y risas siempre ha formado un binomio triunfal en el cine. En esta ocasión no iba a ser para menos. Se trata de una parodia que no necesita alma propia para llegar a convencer al espectador de pasar un buen rato. Y lo cierto es que esa es la conclusión y el sabor de boca que nos deja al llegar a los créditos finales. No se trata de una producción cuya historia sea trascendental y cuya trama elaborada nos invite a reflexionar sobre algo. R.I.P.D. tan sólo busca el beneplácito de un espectador poco exigente que quiere disfrutar de una película sin demasiadas complicaciones. Y eso es exactamente lo que consigue.

Enseguida caemos en la cuenta de que se trata de una parodia en toda regla del cine policial que, eso sí, respeta valores como el compañerismo y la autosuperación que lo caracterizan. Esta película nos embarca en una aventura donde la ironía y la comedia, junto con la trepidante acción, son los pilares fundamentes de un argumento simplón y bastante predecible, cuyos giros argumentales se ven a leguas. Quizá éste sea el lastre que le impida convertirse en una película aclamada por la crítica pero que aún así es recibida con alegría por el público.
La sátira y la ironía con la que se viste lo que en principio aparenta ser algo serio, son el punto fuerte que se mantiene a lo largo de toda la película y que la hace tan entretenida. El cómo situaciones terribles y dramáticas son tratas con un humor negro bien trenzado y casi infantil con el que consiguen captar y sostener durante toda la película nuestro interés.
Las situaciones inverosímiles plagadas de gags cómicos y los diálogos llenos de humor son un total acierto para este tipo de películas. Y todo sin dejar de lado un argumento serio digno del género de acción y policíaco, con giros y sorpresas en el que la acción nunca falta.

La realización se asienta sobre los efectos 3D. Y ha sido mediante los diversos movimientos de cámara y la agilización en el montaje que se ha conseguido la espectacularidad que caracteriza al cine de acción y que tan bien le ha sentado a esta producción. No sólo se ha respetado algunas situaciones arriesgadas sino que se han potenciado mediante tiros de cámara y planos en los que el movimiento interno dan aún más vertiginosidad si cabe.  Las arriesgadas perspectivas con las que se toman algunas secuencias son posibles gracias a los efectos digitales, pero lejos de echar a perder parte del encanto general de la película por poder quedar algo cutre, se convierte en una baza al parodiar al cine de Serie B, lo cuál ha conseguido conquistarnos sin más a los más nostálgicos.
Por lo que es cierto que los efectos especiales no son de lo mejor que se ha visto en el cine pero cumplen rigurosamente y en algunas secuencias son bastante espectaculares.


Protagonizada por la típica extraña pareja que siempre ha copado este tipo de género, en este caso es el turno de un correcto Ryan Reynolds que no es capaz de quitarse la máscara de guaperas de acción y que aporta a la dupla un rol más serio, necesario para que el juego entre ambos personajes sea efectivo, y un increíblemente gracioso Jeff Bridges que con muecas y un diálogo apropiado, ejerce el rol de fanfarrón sabiondo e irascible pero con sentimientos al fin y al cabo.
La actuación de Bridges es simplemente lo mejor de la producción. Sobre sus hombros se asienta gran parte de la química que desprende esta película y sin él, con toda probabilidad, no sería la misma película.
Kevin Beacon es el encargado de representar al antagonista. Un enorme Beacon al que ya acostumbramos a ver en esta clase de papeles y que sabe bordar tan bien. Este papel no le podría ir mejor a otro.

Ésta es una de esas producciones que te deja con ganas de más. Simple en todos sus aspectos pero con un argumento cuya esencia es bastante interesante. Alejada de un cine de autor, más bien se trata de una producción más industrial donde priman los clichés y la parodia, y no se trata de hacer llegar un mensaje claro. Bien ejecutada, logra su propósito: entretener. No hay que buscarle más patas al gato.
Lo mejor es, sin dudas, la gran intervención de Jeff Bridges de principio a fin. Y quizá lo peor sea esa falta de espíritu que le de su propia personalidad y lo desapercibida que pasa la interesante trama principal.
Si tan sólo queréis pasar un buen rato y reíros sin motivo aparente, tenéis que ver esta película.

La mujer de negro: El ángel de la muerte

Alejada de su predecesora, cambia una atmósfera adecuada para que prospere el terror por el susto fácil añadido en postproducción. Un error grave que arrastra hasta el final esta producción cuyo argumento invadido por los clichés no consigue enganchar ni asustar. Predecible, la repetición de algunas secuencias hace que a lo largo de la película se rompa el ritmo en más de una ocasión, por lo que el interés por llegar a ver los créditos finales se reduce considerablemente a medida que la película llega a una conclusión simplona y tan carente de vida como la interpretación que se pueda sacar de esta producción.

Si bien es cierto que el comienzo es esperanzador, pronto comprendemos que todo queda en un simple espejismo. Ambientada en un Londres, devastado por la Segunda Guerra Mundial, muy logrado gracias a los efectos especiales digitales y una ambientación (quizá lo único) digna, la trama transcurre con una lentitud inusual. Incluso en un principio parece tratarse de un género muy diferente al que publicita y se supone que pertenece. Pronto, diálogos monótonos y y vacíos, acompañados de alguna situación fuera de lo común pero para nada aterradoras, nos hacen descubrir un argumento plagado de tópicos típicos en el género de terror que se encuentra localizado en, como no, una casa embrujada.
Se han tratado de envolver todas y cada una de las tramas en un halo de misterio para tratar de atraparnos, pero en lugar de eso han conseguido que una capa densa de neblina nos impida ver lo verdaderamente importante, por lo que no tardamos en perder el interés en una película que, por momentos, parece dirigirse hacia ninguna parte. El guionista, Jon Croker, ha divagado y dilatado demasiado ciertas secuencias y situaciones, haciendo que la película se vuelva repetitiva y poco contundente.
Pero ese no es el único problema, ya que no ha logrado un equilibrio entre las acciones y los diálogos, siendo estos últimos los que nos guían por la trama. Pero lejos de ser buenos, los diálogos son inverosímiles y nada complejos, al igual que unos personajes vacíos y estereotipados.
El problema de esta historia es que únicamente llama nuestra atención en momentos puntuales en los que tienen lugar, más que acontecimientos sobrenaturales, situaciones sobrecogedoras que hacen que se nos encoja durante un breve instante el corazón. Quizá, si quitamos toda la paja que rodea a la esencia de la historia, podamos encontrar algo digno de ser contado. Una historia verdaderamente aterradora que casi pasa de puntillas y sin hacer demasiado ruido debido a que han primado los conflictos personales de cada personaje sobre la propia trama principal. Una fallo garrafal que merma la calidad de esta producción audiovisual.

Sólo cabe destacar en la realización, llevada a cabo por Tom Harper, algunos planos comprometidos que han sido encajados dentro de la más absoluta gama de tiros de cámara y planos que se usan con normalidad en este tipo de género. En este caso, la narración audiovisual es un mero conductor de lo que cuenta el guión. Se abusa de los sustos en postproducción dejando de lado la importancia de incluir efectos en la misma producción, los cuales son escasos y anecdóticos.
Abundan la consecución de primeros planos con planos de perspectiva para, mediante un juego de edición, veamos cosas donde antes no estaba. Algo muy típico de este tipo de "cine de sustos". También se nos presentan las diferentes estancias de las localizaciones mediante planos generales y hace uso de los planos detalle para mostrarnos objetos determinantes en la acción.
El montaje mantiene un ritmo pausado exceptuando aquellos momentos en los que se vuelve más frenético para representar de la forma más fiel posible situaciones límite en los que la acción cobra un sentido importante.
Los efectos especiales son la base de los sustos empleados para infringir el miedo que no se logra mediante otros elementos, aunque es cierto que se han visto mejores y con un efecto mucho más logrado. Lo cierto es que al comienzo hay un zoom out sobre la ciudad de Londres que nos sitúa a vista de pájaro para ubicarnos y hacernos conscientes del momento en el que transcurre la historia. Un efecto que aporta espectacularidad a la secuencia y que está bien incrustado.
Se ha empleado una banda sonora consecuente con las circunstancias de cada secuencia, lo que aporta su granito de arena a la ambientación. Quizá de las pocas cosas salvables de esta producción junto con los escatimados efectos sonoros.


El elenco de actores desconocidos ha sido un acierto para que nos centremos en la historia, eso sí, hubiese sido mejor si la historia hubiese sido buena. Tan sólo un rostro conocido entre los protagonistas/secundarios, Helen McCrory. Ella interpreta a una directora de colegio incrédula y asustada, incapaz de ver lo que otros ven. Sobria a la vez que sombría, Helen ha conseguido crear un personaje que va de menos a más y en el que consigue centrar parte de nuestro de interés. Mientras tanto Phoebe Fox se mete en la piel del personaje atormentado por un pasado que parece perseguirle. Una interpretación loable y llena de matices pese a todo. Ella cubre ese rol de protagonista que ejerce de heroína al descubrir los motivos de lo sobrenatural y combatirlo. Al igual que el secundario masculino, Jeremy Irvine, otro atormentado sobre el que se cierne el mismo aura misterioso que a la protagonista, algo que ha sabido llevar con determinación y sin flaquezas, aunque un tanto forzado en alguna secuencia.

La mujer de negro: El ángel de la muerte pudo ser mucho más de lo que fue. Una película carente de alma y que vaga sin rumbo cual fantasma sin objetivo. Las subtramas se comen una trama principal floja en argumentos cuya ambientación es poco más que digna. El abuso del susto fácil, que además se antoja escaso, es uno de los problemas que lastran a la producción. Un sinsentido en ciertos momentos que no logra engancharnos y que incluso dudamos de seguir viendo hasta el final.
Lo único bueno es la historia en la que se trata de asentar la trama principal; mientras que lo malo es que se diluye entre los conflictos de los propios personajes.
Absténganse aquellos que busquen una película de terror cuya historia sea memorable y efectos sean salvajes. No encontrarán más que el horror de una producción indigna del género llena de clichés que no ha sabido interpretar.

sábado, 4 de abril de 2015

¿Suicidio o asesinato?

¿Qué lleva a una persona a suicidarse? ¿Problemas personales, laborales? Quizá, algo insignificante para una persona puede suponer un gran problema para otra. Cada consciencia, cada persona, es un mundo, y cada mundo se desarrolla de forma diferente a otro. Por eso es difícil de explicar, y más aún, de entender. Por eso es tan difícil localizar a los suicidas y evitar la catástrofe más dolorosa para la sociedad. Porque los suicidios hacen cuestionarnos si el desarrollo de nuestra sociedad va por el buen camino o no; los fallos de una sociedad cada vez más despreocupada del individuo en favor de la mayoría.
Pero..., ¿qué hace a otra persona llevarse la vida de un semejante? Es aún más inexplicable. No encontramos respuesta razonable a tal infortunio y jamás, por muchos estudios e investigaciones que se lleven a cabo, se encontrará respuesta. Algunos estudiosos, investigadores, enseguida tratan de justificarlo mediante un convincente y recurrente "problema mental" o "depresión". En cierta medida, en la mayoría de casos, son certeras estas conclusiones. Pero, ¿qué lleva a una persona a cometer tal atrocidad, no sólo con su persona sino con la de otras personas?
Yo creo que son sociópatas. Personas que odian a otras personas y a sí mismas por pertenecer al mismo núcleo social que esos seres a los que odia. Personas que no encuentran su lugar en el mundo y deciden quitarse del medio, no sin antes hacer daño a la sociedad en la que viven porque le han llevado a su propia autodestrucción. O, quizá, tan sólo buscan hacer daño sin justificación alguna.
A lo largo de la historia ha habido asesinos en serie o asesinos comunes que han demostrado tener un odio injustificable e irrazonable hacia la sociedad; hacia sus comunes. Por ello han cometido sus viles actos. Encontrar a este tipo de personajes es imposible, ya que su conducta es impecable y normal, tal y como la de cualquier otra persona. Por eso, cuando alguien comete un despiadado asesinato, las declaraciones de sus vecinos o allegados son exactamente idénticas: "Era buena persona", "Nunca imaginamos que podría hacer algo así", "Él siempre se portó bien con su familia"... No. No hay un gen o algo que determine que una persona sea un suicida o un asesino. No hay nada que asegure que una persona es un psicópata. Absolutamente nada.

En los últimos días se está tratando de encontrar el motivo por el que un copiloto estrelló su avión deliberadamente para suicidarse. En principio se pensó, ya que está a la orden del día, que pertenecía a una banda terrorista. Luego, enseguida se supo que sufría depresión derivada de problemas personales y laborales, ¿o más bien frustraciones? Andrea Lubitz, por desgracia para los pasajeros del vuelo de la compañía Germanwings, decidió poner fin a su vida llevándose la de 150 inocentes a su paso.
Las últimas investigaciones tras localizar la segunda "caja negra" han dejado claro que Lubitz estrelló el avión de forma deliberada. Incluso aceleró y lo guió para asegurarse de que el impacto fuera fatal. Pero, ¿por qué? ¿Por qué este señor no se suicidó de otra forma? Yo me pregunto qué le llevó a hacerlo de esta manera. Quizá, en realidad, fue un cobarde para hacerlo por sí mismo y decidió que así no podría arrepentirse, que haciéndolo de esta manera no habría vuelta atrás y todo sería más rápido e inevitable. Encontró una oportunidad para hacerlo cuando se quedó solo, así nadie se lo impediría, ni si quiera él mismo. También puede ser que quisiera lograr fama a cualquier precio. Sabía que si lo hacía en la privacidad de su casa nadie se enteraría, sería un suicidio anónimo más que no pasaría a la historia, algo insignificante. El quería fama, ¿no?
Es entonces, meditando sobre las diferentes teorías, cuando surge la cuestión: ¿Suicidio o asesinato? Quizá Lubitz no era más que un sociópata. Alguien que culpaba a la sociedad de sus problemas y frustraciones que encontró la forma de devolver el "daño que le habían ocasionado". Es probable que entendiera que sólo así, además, podría hacerse un hueco en la historia y ser famoso a nivel mundial aunque fuera por unos días o tal vez unos meses. Su nombre pasaría a la historia negra. Lubitz no cometió un suicidio con daños colaterales sino un asesinato masivo. Y esto es lo que se debe investigar.
Ahora llega el tiempo de la reflexión. De buscar métodos nuevos o cambiar el sistema o protocolo para que algo así no vuelva a producirse. Pero volvemos a lo del inicio... Es tan complicado, por no decir imposible, predecir que algo así sucederá; localizar a un psicópata o a un suicida. Por muchas medidas que se tomen, siempre habrá quien pase desapercibido y vuelva a cometer un acto así. Porque en realidad, nadie sabe nada sobre las personas con las que convive. No conocemos la verdad de nuestro semejantes. No conocemos nada sobre quienes nos rodean y todos podemos ser psicópatas.
Seguirán las investigaciones sobre Lubitz. No sobre cómo lo hizo, sino por qué lo hizo. Pronto sabremos más pero quizá nunca sepamos la verdad.

lunes, 30 de marzo de 2015

El francotirador

Estamos ante una película ambigua que trata de huir de los estereotipos del cine bélico, aún habiendo sido enmarcada en los términos de una guerra actual, mostrando lo mejor y lo peor sin pudor ni censura, y que se asienta sobre los conflictos personales de uno de los soldados más laureados de EEUU, Chris Kyle "Leyenda".
Un biopic, sí, al fin y al cabo, sobre una persona perdida que encuentra su lugar en el ejército y un motivo por el que vivir en la guerra, a la que vuelve una y otra vez por no sentirse realizado no sólo en lo profesional sino también en lo personal. Un retrato sobre el alma torturada de alguien que ha padecido los horrores de la guerra; de alguien que nunca se rinde y siempre trata de darlo todo porque es lo que se espera de él.

Jason Hall, basándose en la autobiografía del propio Kyle, nos hace llegar la historia de una persona devorada por un objetivo, por una obsesión. Nos presenta la vida privada de este soldado convertido en leyenda. Esa parte que muchos, con toda probabilidad, desconocían. Y lo hace de una forma sutil, sencilla. Mostrando sólo lo necesario para montar un argumento esencial pero entretenido que, aunque a veces se antoja repetitivo, logra mantener nuestro interés a lo largo de sus 132 minutos. Si bien es cierto que hay partes que se muestran con cierta crudeza, también hay momentos para las insinuaciones que hacen del guión una maravilla bien estructurada, donde los diferentes climax se reparten con acierto a lo largo de toda la trama.
El francotirador nos muestra las fortalezas y debilidades de la sociedad americana. Ese patriotismo que les rodea y que a veces les hace fanáticos y obsesos hasta el punto de hacer girar su vida alrededor de una misión que puede resultar suicida, olvidando así sus propias vidas. Hace gala de uno de sus estandartes más importantes: el ejército, los seals. Y vuelve a engrandecer y a justificar, como en otras producciones, las actividades militares americanas, al obviar el otro punto de vista. Gracias a esto consigue que empaticemos casi desde el comienzo con el protagonista.
También se puede entender esta producción como una crítica por el daño que provoca la guerra en las personas, tanto de forma directa como por daño colateral. Por ello es ambiguo al mostrar las bondades y lo malo del ejército, así como de asistir a la guerra.

Eastwood, por su parte, cumple en su labor permitiendo que el guión hable por sí sólo, sin añadirle demasiada parafernalia aditiva innecesaria. Representa de forma lógica y con gran atino tanto el conflicto bélico que tiene lugar en las trincheras como el conflicto personal que mantiene Kyle con su familia. Y todo, sin renunciar a la espectacularidad de ciertos planos pero apoyándose en lo simple para la mayoría de la narración.
A través de la cámara consigue transmitir los momentos más tensos gracias a un montaje picado con el que añade más acción y tensión a la ya dada por el guión, así como nos hace llegar las emociones y los sentimientos por los que pasan los personajes en los momentos más íntimos.
Quizá, Eastwood ha huido (de forma sabia y con todo el acierto del mundo) de los típicos planos, tiros y movimientos de cámara con los que se suele retratar el cine bélico. Se ha centrado más en transmitir la esencia de la historia, en recrear la realidad con la mayor fidelidad posible, que en crear una producción espectacular pero falta de contenido. 
Una de las partes a destacar es el final. Emotivo y bien llevado a cabo. Mostrando sólo lo necesario sin caer en lo morboso. De forma poética, Eastwood, al igual que el personaje, se despide de nosotros. El empleo de las imágenes de archivo para el final es más que un acierto ya que sirve para hacernos entender la importancia que tuvo este soltado para su país y sus compatriotas. Además de darle ese toque de "falso documental" para dar más veracidad a la historia.
Los efectos especiales cumplen. Puramente realistas y únicamente los necesarios. Destinados, en su mayoría, a representar con cierta fidelidad los daños devastadores de la guerra en las personas. Las explosiones, espectaculares, son otros de los elementos para los que se han usado.
La banda sonora del gran Morricone es uno de los puntos fuertes de la producción. Sublime, como siempre, nos contagia con su música logrando transmitir las emociones por las que pasa el protagonista. De los efectos de sonido podemos decir que son acertados, tanto como los numerosos silencios que le aportan tensión a ciertos momentos de la trama.


La soberbia interpretación de Bradley Cooper es uno de los pilares sobre los que se sustenta la producción. Ha conseguido que nos olvidemos del actor en favor del personaje, de la persona a la que interpreta. De su historia. Su cambio físico se queda corto para las emociones por las que pasa y que representa con atino. Esa realidad que imprime a su personaje. Cooper demuestra ser un tipo bueno para todo al adaptarse a un personaje tan cambiante, que evoluciona a lo largo de la película. Un peso que ha sabido llevar con entereza y de una forma magnífica.
Sienna Miller, por su parte, interpreta a la martirizada mujer de Kyle, Taya Renae. No llega al nivel de Cooper, pero le sigue muy de cerca. El personaje de Sienna juega un papel fundamental en la trama, siendo quien mantiene con los pies en el suelo a Chris, quien lo devuelve a la realidad en más de una ocasión y quien vela por su integridad emocional. La actriz consigue crear un personaje duro a la par que sensible, capaz de aguantar cualquier situación para derrumbarse un instante después. Una interpretación muy buena.

El francotirador es una de esas producciones cuya historia tiene más peso en tierras americanas que fuera de ellas debido a los valores tan arraigados de la sociedad americana que representa. Vende algo de lo que ya estamos inmunizados y quizá su éxito se deba al llegar en el momento oportuno por la situación actual. Pero no debemos quitar méritos a la película de Eastwood, muy en su tónica y sin desviarse de aquello a lo que nos tiene acostumbrados, firma una producción interesante sobre uno de los héroes de América. También, quizá, trata de hacer justicia, presentando a un personaje que no carece de sentimientos, ya que nos muestra sus conflictos personales y las emociones por las que pasa en cada circunstancia.
Lo mejor es sin duda la actuación de Cooper. Este actor brilla con luz propia y sigue, trabajo tras trabajo, mostrándose al mundo como un actor capaz de interpretar cualquier papel y en cualquier circunstancia. También ese momento en el que Chris se ve obligado a matar a niños. La ausencia de emociones y lo fácil que resulta matar a persona por el hecho de cumplir una misión.
Lo peor es que los amantes del cine bélico pueden quedar poco satisfechos, ya que salvo al comienzo y en momentos puntuales, Eastwood huye de los tópicos de este género. También puede herir las sensibilidades por lo comentado antes, las impactantes imágenes de alguien matando a un niño a sangre fría.


miércoles, 25 de marzo de 2015

Se nos fue la locura

Si, se nos fue la locura. Desde hoy descansa ya; anoche se marchó sin despedirse. Pero bien es cierto que quedará algo en nuestra memoria de su humor socarrón y descarado. Brilló con luz propia entre los mejores, se hizo notar. Sus actuaciones no sólo eran palabras que buscaban la risa, eran relatos contados con el alma que nos hacían ser felices durante un instante.
Televisión y teatro, ese fue su hábitat. Bendita hemeroteca que ahora nos devuelves retazos de su historia, de él. Le quedaba mucho por hacer, más que mucho. Pero se ve que alguien lo reclamó antes de tiempo y él sólo pudo aceptarlo.
Se empeñan en quitarnos la risa, pero no podrán. Porque tú dejas tu legado. Ese que otros continúan. Descansa en paz, Pedro. Porque sólo los que crecimos con tus chascarrillos, tus chistes y tus gags, sabemos que hoy nos dejó un grande.

martes, 24 de marzo de 2015

TVE renueva "El Ministerio del tiempo"

Quizá haya sido la cabezonería de los fans o, con toda probabilidad, el éxito de esta serie. El caso es que lo que llevan semanas pidiendo los seguidores de esta producción se ha logrado: El Ministerio del tiempo ha sido renovada. No sabemos por cuánto, ni para cuándo, pero el director de TVE, José Ramón Díez, ha confirmado en el FesTVal de Murcia que la serie tendrá más temporadas. Una gran noticia para los seguidores de la serie, sin duda, pero también para la ficción que se realiza en este país, que parece abrirse hueco en la parrilla gracias a producciones de calidad como ésta que consigue atrapar a millones de espectadores. Y es que, El Ministerio del tiempo es una de esas series que reúne todas las cualidades necesarias para convertirse en todo un éxito. Desde un guión brillante hasta una realización acertada, sin dejar de lado la magnífica interpretación de el gran elenco de actores que interpreta personajes fascinantes.
Si aún no conocéis esta serie, no sé a qué esperáis para hacerlo.

domingo, 22 de marzo de 2015

Mi vida sin mí

El retrato íntimo de alguien que decide aferrarse a la vida compartiendo instantes cotidianos llenos de sentimientos y sensaciones. Un ejercicio que invita a la reflexión mediante una historia capaz de mostrar el lado positivo de la circunstancia atroz que envuelve a la protagonista.
Mi vida sin mí es mucho más que la simple muestra de un instante en una vida cualquiera. Es un canto desesperado a la vida que se escapa, un encuentro con sensaciones nuevas y una ruptura con la rutina del día a día que nos atrapa hasta engullirnos. Una historia en la que somos testigos de cómo su protagonista comienza a complacer sus necesidades anteponiéndolas a las de las personas que le rodean, aún buscando el propio bienestar ajeno y la tranquilidad de su propia conciencia.
Coixet logra seducirnos con una historia nacida de un cuento cuya finalidad es hacernos comprender la importancia que tiene vivir cada segundo de nuestra vida sin importar la situación en la que nos encontramos. Lo irrecuperable del tiempo, que no cesa en su marcha hasta consumirnos en un triste recuerdo del reflejo de lo que alguna vez fuimos. Nos hace entender lo prescindibles que somos pese al dolor de la pérdida. Todo es reparable o sustituible. Por lo que debemos saciar las necesidades de nuestro ego ante el de los demás, a la vez que convivimos formando parte del conjunto de la sociedad, pero nunca anteponiendo el bien común al propio.
Esta producción no es más que el reflejo del viacrucis solitario que vive la protagonista para lograr encontrar algo de paz cumpliendo sus sueños, asumiendo su destino con la mayor entereza posible. A lo largo del metraje comprobamos lo poético y a la vez realista que puede ser el final de una vida. El amor, en todos sus aspectos, así como el deseo y el perdón convergen en una trama plana que apenas sufre altibajos pero que no los necesita para atraer nuestra curiosidad, ya que con su historia bien trazada es capaz de mantenernos pegados a ella para dejarnos llevar por el torbellino de sensaciones en el que nos vemos envueltos.


Mediante una narración audiovisual natural y libre de parafernalia innecesaria, Coixet nos guía a través de los escenarios reales y llenos de vida por los que unos personajes bien formados se mueven siguiendo una trama firme y cuya evolución es constante.
La realizadora se sirve de planos medios y cortos llenos de movimientos para hacernos vibrar y realzar la importancia de aquello que trata de expresar el guión. El efecto de "cámara en mano" le da ese aspecto casero o de bajo presupuesto que le sienta tan bien a la narración, incluso llegando a crear momentos de una belleza poética que da sentido al conjunto.
La banda sonora es uno de los puntos fuertes de esta producción. Gracias a ella, los sentimientos se ven potenciados. Incluso juega un papel importante en la trama para desencadenar ciertos momentos. La música, suave en todo momento, es una compañera necesaria para complementar a la imagen y darle fluidez.

El reparto, formado por rostros conocidos, es otro de los puntos fuertes de esta producción. Sarah Polley nos deja deslumbrados con una interpretación sublime y madura, en la que logra traspasar la pantalla para transmitir toda clase de sentimientos y conseguir que empaticemos con su personaje. Sobre ella cae el peso de la película y lo ha superado con creces desde el primer momento en el que aparece en escena. Por otro lado tenemos a un Scott Speedman que parece pasar de puntillas pero que clava a un personaje desfavorecido pero con optimismo que va a remolque de su pareja. Quizá no es su mejor interpretación pero sí una de las mejores, al procurar que su personaje destilara realidad por los cuatro costados. El tercero en discordia es un Mark Ruffalo que muestra su lado más intimista y sensiblero pero que huye de convencionalismos. Un personaje especial que transmite toda clase de sentimientos. Leonor Watling es el aporte español a esta producción. Su personaje permanece en la sombra hasta el momento clave, justo para transmitirnos un sentimiento cercano y apropiado, con el que consigue nuestra aprobación para cumplir su cometido. La intervención de Leonor es sencilla pero acertada para el tipo de personaje que le toca interpretar.
El resto de actores se encarga de unos secundarios con una personalidad bien marcada y que influyen de una u otra forma en la protagonista. Cada uno hace una buena interpretación, cumpliendo con su cometido en la trama.

Mi vida sin mí es una de esas películas que escapa de las sensiblerías aún tratando los sentimientos que despiertan situaciones límite, por lo que se ha convertido en imprescindible para los amantes del cine que buscan una historia profunda con la que viajar a través de las sensaciones que transmite.
Es, quizá, la realidad en la que se enmarca la historia lo más atractivo, a parte de los personajes bien construidos. La curiosidad por ver cómo la protagonista afronta una situación por la que podríamos pasar todos, el cómo decide vivir ese tiempo.
Por desgracia, ésta no es una producción adecuada para todos los públicos, ya que habrá a quien le pueda parecer poco interesante o una propuesta poco atractiva. Aún así, tengo la certeza de que todo aquel que la vea sin prejuicios encontrará un relato único capaz de emocionar y de llegar a cualquier persona. Capaz incluso de remover conciencias y de cambiar algunas vidas.
Lo mejor de esta película es la realización tan natural de la que Coixet se ha servido para relatar esta historia y la actuación de Polley; lo peor quizá sea que no pueda resultar atractiva a ciertos sectores del público. Yo os invito a que le deis una oportunidad.

domingo, 15 de marzo de 2015

Oculus: El espejo del mal


Un baile entre dos épocas diferentes pero ubicadas en un mismo lugar. En una el suspense es la herramienta sobre la que se asienta su discurso; en la otra, es el terror a base de sustos y el ambiente hostil en el que viven los protagonistas, el que marca una producción en la que se recurre a un objeto cotidiano pero que ha servido para sostener un terror universal como es el espejo. Aunque si es cierto que en esta ocasión se utiliza más bien el objeto como algo maldito que como un portal a otra dimensión, pero en momentos puntuales se saca partido de una forma formidable al propio reflejo del espejo, consiguiendo que adquiera sentido su finalidad y que, a pinceladas, vayamos descubriendo la verdad de lo que ocurre con él
Partiendo de una historia que en su comienzo nos da la sensación de déjà vu y de ser un tanto predecible, pronto nos envuelve con su discurso valiente y laberíntico que logra desconcertarnos mediante la confusión que envuelve a los propios protagonistas y que hace que despierte nuestro interés por descubrir lo que en realidad pasa. Algo que nos mantiene pegado a la pantalla y que sólo nos aparta de ella cuando aparecen, de forma estratégica y bien orquestados, los típicos sustos que parecen alimentar en los últimos años al cine de terror. Una forma inteligente de conseguir que permanezcamos atentos a la película en todo momento y que no nos perdamos ningún detalle para poder comprender una historia enrevesada, llena de misterio y que tiende a fomentar la inquietud en cada una de sus secuencias.

Mike Flanagan, mediante un juego simple pero efectivo de cámaras se encarga de enmarcar todo esto de forma coherente y precisa. Los tiros de cámara están bien ajustados, manteniendo la tensión en todo momento y revelando sólo lo necesario. En algunos momentos, se sirve de la colocación de las cámaras y la escenografía para crear el tipo de situación adecuado en cada secuencia, así como para fabricar situaciones que impresionan y que sirven para alimentar la confusión de los personajes y la nuestra.
El montaje de todos estos planos es el adecuado para este género. Algo simple que guarda la tensión para soltarla en el momento preciso. El salto entre las diferentes épocas apenas es apreciable, algo a lo que el realizador a sacado partido llegando a mezclar ambos espacios temporales para aturdir más a los personajes y desubicarnos a nosotros. Una herramienta factible para esta producción que proporciona circunstancias imposibles con las que se trata de dar una explicación coherente a un acontecimiento sobrenatural y grotesco.
La banda sonora es la típica compuesta por temas en ascendente preparada para potenciar los sustos de los seres que hacen aparición en pantalla así como para liberar la tensión de los momentos más álgidos. Bien implantada y contundente, cumple su función, como todas.
La ambientación ya desde el comienzo deja claro lo que debemos esperar. Ambientes fríos para localizaciones cotidianas, en las que la penumbra y los tonos apagados reinan.

Poco hay que destacar de las actuaciones salvo que no despuntan y se limitan a interpretar a un personaje sin terminar de hacerlo creíble. No hay rostros conocidos, algo positivo ya que así sólo nos centramos en la historia y no tendemos a decantarnos por alguno de los personajes en concreto. Con esto se consigue que veamos las opciones que se nos presentan con cierta distancia y perspectiva, por lo que tenemos en cuenta todas las opciones de principio a fin y esto aumenta nuestro desconcierto sobre la historia y nuestro interés sobre lo que realmente ocurre.

Esta producción bien trata ese concepto de superación de un trauma. El cómo diferentes personas afrontan a su manera un mismo conflicto y cómo tratan de superarlo, y por supuesto, el resultado final a la que cada acción les lleva.
Oculus no es más que otro intento que mama directamente de otras producciones tomando algunos elementos de éstas para lograr lo mismo que todas las del género. El terror da paso a los sustos mediante unos personajes enajenados y meditabundos que no inspiran ni un ápice de confianza que se ven influenciados por un objeto maldito al que se le podría haber sacado más jugo. Se podría decir incluso que es una más del montón si no fuese por eso que la hace diferente: ese juego constante del realizador en el que oculta la realidad de algo que percibimos en el horizonte.
Quizá lo mejor es ese momento sorprendente en el que descubrimos cómo los protagonistas han hecho algo que parecían no haber hecho y el ágil cambio temporal; la genialidad con la que se mezclan dos momentos diferentes en un mismo lugar. Y lo peor quizá sea la falta de terror psicológico del que bien se podría haber hecho uso. Se recurre antes al susto fácil y eso empieza a cansar a los amantes del género, entre los que me sumo.
Esta película es para aquellos que busquen algo más que sustos. Una historia enrevesada que nos va descubriendo su verdad en pequeños detalles.

lunes, 2 de marzo de 2015

Madres e hijas

Un drama coral cargando de sensaciones y sentimientos en el que vemos la evolución de varias tramas que confluyen en un final común. Madres e hijas se basa en esa relación tan carnal y profunda, en ese vínculo único que se inicia desde el nacimiento hasta la muerte, en esa ley no escrita en la que madre e hija permanecen unidas por toda la eternidad a pesar de ser dos personas diferentes.
Cada trama trata de reflejar diferentes estereotipos de relaciones madre e hija, y, por muy distante que cada una esté del resto, éstas forman parte de un único tapiz que ha sido tejido de forma excepcional aunque en algunos momentos caiga en ciertos tópicos. Las relaciones entre los diferentes personajes puede tacharse de paternalista al mismo tiempo que de salvadoras, ya que la mayoría comienza su evolución después de haber conocido a alguien que supone un punto de inflexión en sus vidas.
Madres e hijas es un auténtico melodrama que no debe etiquetarse como "película para mujeres" ya que esconde una historia llena de emociones apta para todos aquellos que busquen la profundidad en la sencillez de sus tramas.

Está narrada de la mejor forma posible. Sin alardes técnicos ni complicaciones, tan sólo dejando el protagonismo a la historia y sus personajes. García ha logrado encontrar el equilibrio exacto para crear una película sencilla con un contenido complejo que versa sobre un tema complicado y ajeno a muchos de nosotros. La banda sonora pasa casi desapercibida, sirviendo sólo como un acompañamiento para la historia y las sensaciones que transmite. Lo cierto es que no intercede pero tampoco interrumpe, lo que resulta positivo en cierto modo.
La creación de las situaciones está más que lograda llegándonos a causar sensaciones y sentimientos, algo que se ve potenciado por la espléndida interpretación de los actores con la voz cantante. Una férrea Naomi Watts es el nexo de unión de las dos tramas principales con una participación más que asombrosa. Su personaje pasa por diferentes estados hasta llegar a un final más que poético, aunque puede resultar previsible. Naomi ejecuta con confianza el rol de esa mujer independiente y liberal que se descubre a sí misma al tener que tomar una decisión difícil que puede suponer su propio fin. Por otra parte, La evolución del personaje de Annette Bening es más que evidente, pasa de ser una mujer encerrada en una burbuja que está siendo consumida por el odio, a ser un alma libre por la culpa a la que ha estado sometida durante toda su vida. Cómo representa esta actriz ese cambio es el plato fuerte de la película. La naturalidad de sus gestos, la expresividad de su rostro mostrando las diferentes emociones, denotan la calidad de su interpretación asumiendo un papel difícil de llevar a cabo para evitar que no resulte forzado. Kerry Washington es quien aporta fuerza a la producción con un papel que ofrece otro punto de vista, el de aquella mujer que quiere ser madre pero no puede. Kerry interpreta a una mujer valiente que lucha con convicción por sus sueños hasta lograrlos sin dejar que nada se interponga en su camino. A pesar de que su aparición pueda parecer forzada, en la trama en la que ella se ve envuelta recae el desenlace de esta historia, por lo que resulta un personaje imprescindible que nos ayuda a entender todo.
Del elenco masculino cabe destacar la actuación, siempre correcta, de un veterano Samuel L. Jackson. Aunque pasa de puntillas, da ese toque de elegancia y robustez que siempre le acompaña en cada interpretación. De igual forma, su función en esta producción es relevante e importante para el desarrollo de algunas de las tramas.

Madres e hijas es de es de ese tipo de cine no apto para todos los públicos por su alto contenido sentimental y sensiblero. No es ese tipo de producciones taquilleras, pero cuando te dejas atrapar por sus tramas y la sencillez con la que se van entrelazando de forma magistral, descubres una película interesante que trata sobre un tema profundo que sólo llegará a aquellos que busquen encontrar producciones en las que los sentimientos y las relaciones tengan el protagonismo.
Esta producción es como un caramelo amargo que deja un sabor dulce al final. Trata de mostrarnos las diferentes relaciones materno filiales que se pueden dar con estereotipos diversos de mujeres que afrontan cada situación de forma muy diferente pero que terminan en un mismo punto que logra unirlas en un único sentimiento: el amor.
Madres e hijas deja un mensaje que se va construyendo a lo largo de su metraje: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. O lo que es lo mismo: Ama a las personas que te rodean y disfruta con ellas mientras puedas porque mañana puede ser tarde.
Lo mejor es sin duda la forma en la que sus tramas se entremezclan y la interpretación de los actores que dan vida a los personajes; lo peor es que algunas situaciones parecen forzadas por lo que en ciertos puntos pierde algo de intensidad.