domingo, 26 de octubre de 2014

Annabelle

Que una simple muñeca de porcelana sea lo mejor de toda la película dice mucho de cómo es la película y los actores que la interpretan. Se trata de una especie de precuela de Expediente Warren que bien podría existir sin esta etiqueta. Se torna previsible en algunos momentos y espeluznante en otros. Consigue mantenernos en tensión y hacer que nos sobresaltemos en más de una ocasión. No es lo mejor del género, pero tampoco merece una mala crítica como película, quizá sí como precuela, ya que no logra superar a la anterior en la que vimos aparecer a la dichosa muñeca y que nos dejó un muy buen sabor de boca.

Dirigida por un asentado en el género de terror John R. Leonetti y escrita por Gary Dauberman, Annabelle pertenece a ese género de películas que transmite el terror mediante el susto fácil y la tensión de unos personajes perseguidos por algo que no comprenden. Nos relata la historia de cómo una simple muñeca de porcelana llega a convertirse en un objeto endemoniado capaz de mantener en vilo a toda una familia.
En un principio se antoja algo lenta, pero con el paso de los minutos se convierte en una auténtica película de terror capaz de mantenernos clavados en la butaca. El que conozcamos la historia de esta muñeca hace que la película se vuelva previsible, algo que han sabido manejar desde la creación del guión al aportarle profundidad a la historia y un auténtico significado a la existencia de Annabelle. Aún así, es inevitable que sepamos cómo algunas situaciones se resolverán, pero esto no consigue que perdamos interés en la historia.

La puesta en escena en conjunción con los tiros de cámara es magnífica, mostrándonos cosas que los personajes no ven y haciéndonos sentir auténtico terror al ver lo que ocurre. La cuidada realización juega un papel importante a la hora de narrar la historia de Annabelle y consigue transmitir el pánico que sienten los personajes que sufren los males que esta muñeca les ocasiona. Algunos planos incluso llegan a tener cierta belleza mientras que otros se limitan a mostrar lo que ocurre.
Los efectos de sonido y la BSO consiguen afianzar esos momentos puntuales de terror mediante sonidos molestos y una música lúgubre. Algo que nos mantendrá alerta al ponernos en preaviso de que algo ocurrirá.

Como ya he mencionado antes, que la muñeca haya sido la mejor intérprete dice mucho de cómo es la película y la interpretación de sus actores. Y con esto no pretendo decir que haya sido mala, mal pensados. Aunque hay que reconocer que las hay mucho mejores.
La muñeca que han empleado no tiene nada que ver con la original pero no sólo da el pego sino que es aún más aterradora. Esas facciones marcadas en una cara pequeña con ese pelo estropajoso y vestida como para una boda le da un aspecto de lo más terrorífico. Un acierto, ya que han convertido una simple muñeca de porcelana en todo un símbolo de terror con el que muchos tendremos pesadillas. ¿Quién no ha tenido un muñeco en su habitación que le miraba mal? Esta es una de las grandes bazas de la película, jugar con un miedo casi universal hacia los muñecos antropomórficos. Algo que ha funcionado bastante bien no sólo en la gran pantalla. Si no, véase Chucky, El muñeco diabólico de Mancini
En cuanto a los actores de carne y hueso, acompañamos durante todo el film a Mia Gordon a la que pone rostro una bellísima Annabelle Wallis (no, no me he confundido de nombre, se llama así, como la muñeca), que copa un papel importante con el cuál ha sabido lidiar sin llegar a brillar pero sí convenciéndonos de lo que sufre su personaje. A su lado está su infatigable marido, John Gordon, que de forma correcta y sin mayores alardes interpreta un desconocido Ward Horton.
El resto de actores afrontan papeles secundarios de unos personajes que conviven, combaten y ante todo tratan de comprender lo que realmente ocurre. Algunos, como los interpretados por Alfre Woodard, Eric Ladin o Tony Amendola tienen un rol importante y de peso en la trama principal, ya que son los que ayudan a comprender a la familia Gordon lo que ocurre realmente y les ayudan a solucionarlo. La actuación de estos actores no sobresale demasiado de los dos protagonistas, pero sí se les acerca.


El propósito de esta película es exactamente el mismo que el de Annabelle, encontrar a alguien con quién estar, a quien atormentar. Por momentos lo logra, aunque el comienzo es algo espeso, pero a medida que pasan los minutos la historia consigue captar nuestra atención a base de sobresaltos e imágenes impactantes.
Utiliza con sabiduría todos los medios de los que dispone para ser una película atractiva que revitaliza el género en cierta manera y le insufla un poco de oxígeno a una historia que necesita ser recordada.
Esperamos secuela y con suerte, una segunda parte de Expediente Warren.

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