Y cuando pensábamos que no podría haber más casos de corrupción en este país, nos sale uno nuevo. El escándalo de las tarjetas negras traerá cola, mucha cola.
Desde arriba nos estrujan para que unos cuantos privilegiados puedan vivir a cuerpo de rey. Y cuando se quedan sin pasta piden ser rescatados y claro..., los recatamos con dinero público para que puedan seguir gastándose el dinero en fiestas, clubs y sus excentricidades. Nos convencen de que debemos rescatar a la banca para que no haya una hecatombe económica a la que ellos mismo contribuyen con el dinero que otro ha sudado. Deplorable, vergonzoso. Cuando algo hecho con dinero público tiene cuenta lo mejor es privatizarlo para que otros puedan chupar del bote a costa de las espaldas de los trabajadores, pero claro, si hay algo que no trae cuenta, como las autopistas de peaje, lo mejor es nacionalizarlas para que entre todos paguemos las deudas de quien no puede asumirlas al no obtener beneficio. Lo mejor de todo esto es que aún hay quien lo defiende. Es lo mejor, dicen. Lo mejor..., ¿para quién? ¿Para los de las tarjetas? Claro que si. Y lo que es sin duda más indignante es que cuando pillan a estos chorizos, porque no pueden recibir otro nombre, se sienten atacados y molestos, y se defienden diciendo que ellos no tenían ni idea. Entonces, ¿te dan una tarjeta de la que puedes hacer un uso ilimitado y por la que seguro no pagas impuestos, y no te planteas que puedas estar haciendo algo ilegal? Ahora todos deberían pagar con creces.
Esto debe sumarse a todo lo ya aprendido. Fue un error rescatar a la banca y con el paso del tiempo descubrimos por qué. Seguimos vaciando nuestros bolsillo para llenar los suyos. Un error que nos pasa factura cada día. Y yo me pregunto: ¿Qué será lo siguiente?
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