domingo, 26 de octubre de 2014

Libranos del mal

Un fallido intento de Scott Derrickson al tratar de crear una sensación profunda de terror con una extraña mezcla de géneros que no termina de convencer ni de cuajar. Tan sólo se aprecia algo de calidad en el trato de una de las subtramas, que poco o nada tiene que ver con el resto, y en la interpretación de Harris, el único que da sentido a su personaje mediante una actuación bastante fiel al rol que representa.

Esta producción está basada en un libro de no ficción escrito por Ralph Sarchie y Lisa Collier que tiene como título Cuidado con la noche, el cuál (al igual que la película) está basado en la historia real del propio Ralph, un detective que comienza a investigar unos extraños asesinatos que parecen tener relación con posesiones demoníacas, las cuales combate con un extraño sacerdote al que se alía.
La base no deja de ser el exorcismo de un desdichado que ha sido poseído por un cruel demonio que se encarga de hacer el mal y destrozar el cuerpo en el que reside. Esta es, quizá, la mejor parte de la película y aún así no es tan espectacular como el de otras películas del género. La investigación previa y los descubrimientos de la misma le dan ese aire policíaco que trata de aportar dinamismo a una historia que se vuelve demasiado extensa y que peca de acumular secuencias innecesarias, lo que hace que sea espesa volviéndose aburrida por momentos.
Resulta extraño que dos de los factores que la podrían hacer mucho más interesante hayan sido tan poco y mal explotados por el guionista Paul Harris Boardman y el propio Derrickson. Apenas indagan en el origen de las posesiones y tan sólo se desvelan algunos detalles en una única conversación entre Ralph y el reverendo Mendoza en una tasca, hecho grave que pasa factura a lo largo de toda la película ya que no llegamos a comprender lo que está ocurriendo del todo. También pasan por alto otro punto fuerte que habría sido un gran baza para levantar el interés de algunos espectadores y que habría servido para dar un significado más profundo a la película en lugar de quedarse en algo superficial. El descuido de la familia a favor del trabajo por parte del detective Sarchie apenas es explotado y casi pasa de largo. En realidad esta subtrama no juega un papel importante en la trama principal, incluso se podría haber obviado. Y ese es uno de los problemas de esta producción. Son tres subtramas que podrían existir por separado ya que ninguna es vital para la otra. Esa falta de conexión hace que perdamos el interés en algunas de las partes de la película y que se nos haga demasiado pesada. 
Esta historia trata de transmitir un mensaje claro pero demasiado simple que se diluye con el paso de los minutos y que no consigue hacernos meditar sobre las situaciones que plantea.


Una estética demasiado oscura invadida por tonos apagados fieles al estilo que abandera el género trata de lucirse mediante una realización que carece de sentido y que apenas sirve para seguir lo que acontece en cada escena sin llegar a aportar nada. Tan sólo algunos planos lograrán captar nuestra atención por lo que muestran y no por cómo están hechos. Sin embargo, si cuenta con unos buenos efectos especiales de los que no sólo se sirven para crear situaciones en las que reina la tensión sino que harán que los amantes del gore disfruten.
En cuanto al sonido, se vuelven bastante impertinentes algunos efectos con los que se trata de mostrar algo interesante en la trama. Uso excesivo de estos sonidos que a la larga pasan desapercibidos, al igual que la banda sonora, que sigue los cánones establecidos para el género de terror.

Ni tan siquiera contar con Eric Bana como estrella de la producción logra solucionar el despropósito en el que se convierte esta película con el transcurso de los minutos. Aceptable su interpretación y poco más en un papel que habría podido encarna cualquier actor del montón. Sólo durante el exorcismo y ya en las secuencias finales logra una actuación que echamos en falta durante toda la película.
Igual de inexpresivo se muestra Édgar Ramírez, quien pone rostro al extraño párroco, Mendoza. Nada tiene que ver su interpretación con la de otros actores desempeñando el mismo rol. No consigue llenar la pantalla ni durante el exorcismo ya que no ha sabido construir bien el personaje al que encarna.
Si logra aterrorizarnos en cierta medida Santino, el personaje al que exorcizan, interpretado con gran acierto por Sean Harris. Este es el único actor que consigue que su personaje adopte el rol deseado creando momentos de tensión y aportando esos sobresaltos que se echan de menos durante toda la película.

Libranos del mal es una mezcolanza de géneros que no consigue funcionar en pantalla por su falta de conexión entre las diferentes tramas. Es una película de terror que apenas logra sobresaltarnos un par de veces y sólo lo consigue gracias a una buena interpretación de Harris.
Su desarrollo lento consigue llevarnos al bostezo y hace que perdamos el interés demasiado pronto. Una realización que se limita en contar lo que pone en el guión contribuye a que la producción se convierta en una más del montón sin llegar a sobresalir en su género.
Sin lugar a dudas, una mala opción para quienes esperen encontrar una buena historia basada en hechos reales sobre un exorcismo. Busquen en otra parte, aquí no encontrarán nada.

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