sábado, 25 de octubre de 2014

BioShock Infinite

¿BioShock? Infinite. Poco tiene que ver esta entrega con las anteriores. Más bien debería tratarse como un juego independiente a la saga BioShock ya que no sigue la línea argumental ni se localiza en el mismo sitio ni bajo las mimas circunstancias que el resto. Aunque es cierto que si respeta algunos elementos que nos hacen recordar a los primeros.
Pese a todo esto hay que reconocer que es un juego que se hace bastante interesante a medida que lo jugamos gracias a una historia envolvente y colmada de sorpresas.

BioShock Infinite nos traslada junto al protagonista, Booker DeWitt, a la ciudad suspendida de Columbia para rescatar a una joven llamada Elisabeth de las garras del predicador Comstock. Como ya hiciéramos en Rapture, al avanzar por Columbia vamos descubriendo gracias a los voxáfonos y kinetoscópios parte de su historia y de cómo ha llegado a desatarse una guerra civil entre los fieles de Comstock y los Vox Populi. Así como el motivo de su creación. También, según avanzamos, conocemos más sobre la historia de Booker y Comstock.
Lo que da sentido y hace interesante la historia de este videojuego son los Desgarros, portales espacio temporales que Elisabeth puede abrir y que se emplean con bastante tino para dar profundidad y hacernos meditar sobre la enrevesada historia que se nos presenta. Estos Desgarros tienen un papel fundamental tanto en la narración de los acontecimientos así como en la acción, ya que podemos ayudarnos de ellos para conocer más sobre Columbia y como ayuda a la hora de combatir con las hordas de enemigos que nos asaltan sin tregua.

Este BioShock sigue los pasos de los anteriores al presentarnos una historia con mucha carga moral en la que nuestras decisiones tienen repercusiones a lo largo del juego, por lo que está muy presente el conocido efecto mariposa y nos enseña la importancia del causa-efecto en ciertas acciones. La gran novedad en esta ocasión es la inclusión de las teorías de los multiversos, que también nos hace meditar sobre la existencia de otros universos paralelos al nuestro y el eterno bucle en el que las acciones se desarrollan en cada uno de ellos.
Como digo, una historia profunda y compleja que nos hace meditar y a la vez estar enganchados al videojuego, ya que hasta el final no se resuelven los conflictos que se presentan en él.

La estética del juego es, de igual forma, diferente a la de sus hermanos mayores. Columbia se nos presenta como una ciudad luminosa y llena de vida en la que encontramos personajes muy activos, nada que ver con lo visto en Rapture. Además, advertimos desde el principio que el personaje al que manejamos interactua más con su entorno y con el resto de personajes, incluso se queja cuando es herido. Esto consigue que nos sintamos más inmersos en la acción.
En lo que a la vistosidad respecta es el mejor de la saga y los efectos de sonido están muy logrados. Es una auténtica maravilla audiovisual. 

En el sistema de juego es idéntico al de los anteriores, salvo por las sustituciones de ciertos elementos. En esta ocasión no nos inyectamos plásmidos sino que bebemos vigorizadores, unos batidos que nos permiten usar habilidades con la mano izquierda. Muchos de estos vigorizadores nos recuerdan a algunos plásmidos mientras que otros tienen características novedosas. Para recargar los vigorizadores tenemos que tomar unas sales que vamos encontrando por los diversos escenarios o comprando en las máquinas expendedoras de Columbia.
Otro de los cambios más notables está en el armamento, y es que sólo podemos llevar dos armas a la vez del amplo arsenal del que disponemos a lo largo del juego, que va desde pistolas a lanzagranadas. Lo bueno es que los enemigos a los que eliminamos dejan armas y por todo el escenario las hay repartidas, por lo que nunca nos quedamos sin armas de cualquier clase ni munición. También disponemos de un gancho para los ataques cuerpo a cuerpo.
Aparte de todo esto, contamos con la estimable ayuda de los Desgarros y con torretas autómatas, bobinas tesla y mosquitos (un globo con una metrallena) que sustituyen a las torretas del BioShock original.
También podemos mejorar a nuestro personaje mediante prendas de vestir que nos otorgan diferentes habilidades, bien pasivas o activas. De igual forma podemos mejorar las armas y los vigorizadores mediante las máquinas expendedoras. Y existen unas infusiones que mejoran nuestro nivel de vida, salud o escudo. Si, tenemos un escudo que se agota a medida que nos dañan y que se recarga por sí solo.

Para este BioShock se han sustituido las batisferas por railes que nos sirven como medio de transporte, y ataque, para desplazarnos de un lugar a otro. Vamos encontrando ganzúas de las que se sirve Elisabeth para abrir puertas y cajas fuertes que nos aportan objetos importantes y jugosas cantidades de dinero.
Elisabeth también se presta como compañera fantástica en los combates no sólo por abrir Desgarros sino por coparnos de armas, sales o botiquines.

En cuanto a los enemigos no son complicados aunque si numerosos, lo que nos obliga a ser diestros para controlar bien la situación pertinente y no acabar muertos. Por suerte, si esto pasa, aparecemos cerca de donde hemos muerto. El sustituto de los Big Daddy es el Handyman, una rara mezcla de ser humano y robot. Éste, junto con los Patriotas, son los únicos enemigos que nos presentan una dura batalla, pero no son difíciles de eliminar.
Es estilo de juego es muy similar al de los anteriores BioShock y la dificultad no es muy alta, por lo que disfrutar de la historia sin demasiadas complicaciones es algo sencillo.

BioShock Infinite es un gran juego que toma un camino diferente al de los anteriores de la saga, pero esto no lo hace peor sino diferente. La historia que descubrimos a través de los elaborados entornos nos hace disfrutar y quedar prendados de esta maravilla.
El final es una delicia con sorpresa incluida que gustará a los más fieles de la saga. Por cierto, no cortéis los créditos si queréis conocer el verdadero final de Booker DeWitt.



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