domingo, 12 de octubre de 2014

El hombre que nunca estuvo allí


Nos encontramos ante la historia de alguien común que se torna una auténtica locura con el paso de los minutos. Un ejercicio de introspección al que los Coen sumen con formidables resultados a un personaje insulso y que en cierto modo se limita a ver la vida pasar. Somos testigos de cómo una vida es destruida por los caprichos del destino o quizá por los actos desafortunados de alguien que no siente pasión por nada, de un simple peluquero.

Y es que esta producción se centra en la vida de Ed Crain, al que pone rostro un sereno Billy Bob Thornton, un ayudante de peluquero al que se le presenta la oportunidad de dar un giro a su triste vida y que tras cometer algunos errores se ve empujado a un abismo sin salida. La lucha de un hombre por escapar de su rutina para hallar una mejor existencia, ésta es sin lugar a dudas la máxima que asienta a lo largo de toda la película.
Estamos ante un guión lento con ciertos giros interesantes y momentos que se nos antojan previsibles en el que abundan los monólogos autocríticos y los silencios, un guión que se apaga por momentos hasta caer en una dinámica redundante y poco sorprendente. Algo maleable sólo por expertos capaces de darle un sentido coherente y con la capacidad de atraer el interés del público general así como el de un público más sectario y exigente. Todo esto retratado de una forma exquisita, con un estilo muy personal que dota a esta producción de un acertado aire noir que bien producen un conjunto de planos bien dispuestos y cuya composición nos hace memorar el cine clásico. Los colores lavados junto con una laboriosa ambientación colaboran en trasladarnos a un momento en concreto ya una situación en particular. Por su parte, la banda sonora, compuesta en su mayoría por temas del genial Beethoven, propicia que nos sumamos a los planteamientos que pasan por la cabeza del protagonista durante toda la película. Los Coen se sirven de ella para encuadrar unos planos que derrochan belleza por los cuatro costados.


El hombre que nunca estuvo allí nos trae la historia de alguien al que la vida derrotó hace ya tiempo pero que no se da por vencido y trata, sin recompensa alguna, de cambiar las cosas. Un planteamiento derrotista que transmite mensajes contradictorios, según los cuales nos hace ver que debemos luchar por mejorar aunque al final no sirva de nada y sólo conozcamos la derrota a la que nos veremos abocados. Un análisis sobre la fragilidad de las personas y una lección de supervivencia que nos obliga a aprender de los fracasos.

Los personajes están muy marcados y delimitados en sus roles. Ya desde el principio comprobamos que el protagonista se nos presenta como alguien conformista y que es sabedor de su situación. Él es el hombre invisible, el que nunca estuvo allí ni en ninguna parte. Alguien que nos invita a pasar desapercibidos y de puntillas por una vida miserable y rutinaria en la que sólo podemos limitarnos a ver cómo pasan los días. Thronton está impecable representando a Crane, la personificación del pasotismo y la desidia. En el lado opuesto encontramos a su mujer, Doris Crane, una mujer que busca prosperar por sus propios medios y haciendo uso de cualquier artimaña. Frances McDormand es la encargada de lograr tal rol. Su expresivo rostro es su arma más potente en una cinta en la que gobiernan las expresiones y los movimientos corporales.

También encontramos a un efímero pero potente Gandolfini, que convierte en oro los pocos minutos que aparece en pantalla recordándonos que fue un grande del cine en todos los sentidos. De igual modo aparece un ebrio Richard Jenkins, sobrio en la interpretación de Walter Abundas, amigo de Ed y abogado al que acude para pedir consejo. Un actor de talla para un papel fugaz pero con cierto peso en la trama.
Otro papel de relevancia recae sobre el polifacético Tony Shalhoub, el cual interpreta al excéntrico y lujoso abogado que lleva a la ruina, y algo más, a Ed Crain. Y por supuesto cómo olvidar el rol de Scarlett Johansson como Birdy Abundas, una excelente pianista que logra hipnotizar a Ed en ciertos momentos.
Huelga decir que esta producción tiene un reparto equilibrado y en el que todos aportan su buen hacer para conseguir una atmósfera única y adecuada para la historia que llevan a cabo los Coen.

Éste es de ese tipo de cine al que no se puede poner etiquetas, que se aferra al cine independiente y que nos lleva en volandas a través de sus bien hiladas secuencias. Es una historia poco atractiva pero que nos logra mantener enganchados gracias al bello aspecto que presenta, a la musicalidad de sus planos y al mensaje que trata de hacernos llegar mediante los monólogos en off de un protagonista que en apariencia está acabado. Los Coen nos invitan a disfrutar de un tipo de cine diferente que todos podemos asimilar con garantías.

2 comentarios:

  1. A mí la historia sí me parece atractiva. Decadente y reflexiva, pero también atractiva. Además, pienso que se puede mirar desde varias perspectivas: la perspectiva del hombre que no tiene pasión por nada y es un conformista con una situación que amargaría a cualquier otra persona; la perspectiva de pagar por algo que no has hecho; o incluso, la "justicia divina" aquello de que lo que das te será devuelto de una forma u otra. En conjunto, se podría decir que es una paradoja. Además, el personaje de Thornton me despierta compasión, a pesar de saber que ha cometido un delito.

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    1. Una buena interpretación. Con lo de que sea una historia poco atractiva, me refiero a que esto puede ser así para el público general. Para una mente despierta que busque algo más que cine de acción fácil de comprender se trata de una historia que hace meditar y reflexionar sobre ciertas cuestiones de la vida.
      Ésta es una película para aquellos que no se conforman con lo ordinario.

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