miércoles, 25 de febrero de 2015

Bautizar las obras

Quizá lo más complicado de crear algo es bautizarlo. No sabes qué nombre ponerle y surgen dudas, muchas dudas. Quieres que el nombre de tu proyecto sea llamativo, impactante, original..., pero, sobretodo, quieres que refleje lo que significa en unas pocas palabras. 
Siempre que empiezas algún proyecto, sea del tipo que sea, lo bautizas de alguna forma para localizarlo entre los demás. Algo que sabes que será pasajero, efímero,, ya que apenas se te ocurra algo mejor cambiarás el nombre al proyecto por el que tendrá finalmente... o no. En muchas ocasiones incluso mantiene ese nombre primitivo al no encontrar mejor opción o al adecuarse ésta al proyecto acabado. En realidad, lo recomendable es esperar a terminar el proyecto para ponerle un nombre, para que éste sea un digno y fiel reflejo de lo que representa el conjunto del proyecto ya terminado. Pero en muchas ocasiones sucede algo...
Ya estés en ese momento de creación, en la ducha o dando un paseo. Comiendo o en el cine. Quizá en una cita. Es algo que surge sin más, como algo inevitable. Estés donde estés, haciendo cualquier cosa, una frase o una palabra te golpea. Incluso a veces te persigue hasta en sueños hasta que lo plasmas de algún modo. Entonces no puedes evitar que se te dibuje una sonrisa y corres en busca de papel y boli, o lo que sea, para apuntar eso que te ha venido a la mente. ¡Sí! ¡Es ese título que tanto habías buscado! Y no puedes hacer otra cosa que respirar aliviado. Tu proyecto, tu obra, ya tiene un nombre, ya tiene alma. Y se lo dices a todos y todos te dan sus opiniones, pero te da igual lo que piense el resto porque..., ESE ES EL TÍTULO.

Debo reconocer que esto me pasa a menudo con mis creaciones. Cuando escribo algo no le pongo nombre, sólo un número o una palabra que me ayude a hubicarlo entre el resto de proyectos, pero casi siempre no tarda mucho en aparecer ese título perfecto para el proyecto en cuestión.
En esta ocasión no iba a ser menos. "Obra de teatro", así era como definía al proyecto en el que estoy inmerso. Y justo esta mañana, mientras desayunaba, apareció como disparado por un resorte. No sé si se trata del mejor título o si es el más acertado, pero es el que debe ser. A pesar de lo que piensa, el título es una de las partes más importantes de un proyecto. Es lo que despierta el interés de una persona en descubrir lo que se esconde tras esa frase o esa palabra. Es lo que mueve el interés y la curiosidad. Por ello quería que el título de esta obra de teatro fuera significativo pero al mismo tiempo atractivo; algo que despertara la curiosidad de los espectadores cuando fuera visto o escuchado. Por supuesto, también quería que el título tuviera cierto sentido y que no se limitara a ser algo vacío. Lo bueno de este título es que puede ser interpretado de muchas formas. Cada espectador le dará su significado tras haber sacado sus conclusiones después de haber disfrutado de la función. Esto es lo hermoso del título.

Así que, sin más, a los creadores les recomiendo que esperen a haber terminado sus proyectos para bautizarlos o a que llegue de forma contundente y por sorpresa el título apropiado. 
Por cierto, la obra de teatro se titula "La Victoria de Amador". Ahora, saquen sus propias conclusiones o esperen a ver la obra para entender el por qué de este título.

No hay comentarios:

Publicar un comentario