Escribir teatro; hacer teatro. Crear. Es una de esas pasiones que me ha seguido desde que tengo consciencia. Es algo que mueve mi mundo y hace más plácido habitar en él. Crear produce una sensación de bienestar tan profunda que creo que es imposible alcanzar ese nirvana de otro modo. Te libera y te aporta lo que necesitas cuando más falta de hace. No lo empleo para evadirme sino para expandirme.
En esta nueva aventura que toma forma a un ritmo vertiginoso, los personajes y las situaciones están cobrando vida con una facilidad pasmosa. Se encadenan las palabras hasta formar una realidad que casi se puede visualizar con tan sólo echarle un vistazo. Las sensaciones y los sentimientos afloran como si siempre hubiesen estado ahí. No hay nada más bello para un creador que su obra transmita aquello para lo que fue creada. Que tenga un sentido y no se limite a situaciones vacías y absurdas llenas de palabras sin significado.
Creo que lo estoy logrando, pero aún queda un largo camino por recorrer. Esta obra de teatro aún no tiene título. Se lo pondré al final, cuando la tormenta haya terminado y salga el sol para mostrar en mitad de la calma el resultado de todo un laborioso trabajo. Ya está decidido. Pero hay que seguir, como bien dice el título de esta publicación, en busca de la continuidad.
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