jueves, 8 de enero de 2015

La bala que mató la sátira

Hoy es un día triste. Se ha cometido un atentado contra la libertad de expresión, contra la cultura. Personas han asesinado a personas por el mero hecho de opinar y de expresarse. Nunca entenderé cómo ni por qué un ser humano es capaz de quitarle la vida a otro. No existe ningún motivo para ello. Después de lo que ha ocurrido hoy en París, mucho menos.
Vivimos en el mundo del terror. Donde debemos callar para que otros hablen, donde no podemos expresarnos con libertad por el temor a represalias de quien piensa de otra forma. No existe la libertad plena de expresión pese a que, ilusos, estamos convencidos de que es así. Y debemos tener claro que no sólo se mata a la libertad de expresión con balas, hay otro tipo de armas igual de dañinas. La censura en todas sus formas es una de ellas. Silenciosa y menos visible, pero igual de efectiva.
En las últimas horas hemos sido testigos de un tipo de censura más salvaje. Hemos visto algo que viene haciendo ruido desde hace ya demasiado tiempo. Los radicales vuelven a hacer acto de presencia imponiendo sus normas, sus leyes, su cultura. Siempre he pensado que los extremos no son buenos; son dañinos y matan. Vaya que si matan. En este caso han matado a personas inocentes que tan sólo querían dar su opinión, sin más. La religión se convierte, una vez más, en en el estandarte por el que hay que asesinar. La intolerancia ha vuelto a dar la cara en un mundo en el que cabemos todos. Es por ello que esto debería servirnos para aprender y abrir nuestra mente. A escuchar antes de hablar.
Todos lloramos por los asesinatos de alguien a quien no conocemos, pero en realidad no lloramos por eso. No. Lloramos porque se ha disparado contra la libertad y contra la cultura. Porque nos han matado a todos un poquito y nos han metido el miedo en el cuerpo. Pero no temáis, pronto aparecerán lápices para crear alguna ingeniosa caricatura nueva, para escribir párrafos que cuenten esta historia y nos sirva para aprender, para dibujar notas de colores en partituras infinitas, para esculpir formas graciosas. Pronto volverán los artistas con sus mejores armas: su arte. Porque ese, por mucho que sea tiroteado, nunca muere.

Je suis Charlie.

No hay comentarios:

Publicar un comentario