domingo, 4 de enero de 2015

Una televisión al desnudo

La necesidad del desnudo femenino para ganar audiencia está a la orden del día. Fuimos testigos de esto en las campanadas que despidieron al 2014 con una Anne Igartiburu pasmada de frío por su escotado vestido o una Cristina Pedroche con un vestido transparente que no dejaba casi nada a la imaginación. Y yo me pregunto, ¿es necesaria esta humillación con tal de ganar audiencia? Parece que para las cadenas de televisión si lo es. Pero cada vez encontramos más espectadores hartos de esta sucia técnica que no sirve nada más que para desprestigiar la imagen de cualquier presentadora, de cualquier mujer, aun así, sigue siendo un número insuficiente ya que hay un mayor número de espectadores que apoya este clase de artimañas viendo estos programas.
Desde hace ya bastante tiempo se está empleando la imagen de una mujer agraciada físicamente para atraer audiencia en la televisión. Algo que se ha ido implantando como una norma de forma paulatina y que hemos acabado aceptando. Un error tremendo que comienza a pasar factura. Se está premiando, por desgracia, un desnudo ante un contenido más intelectual o profesional, pero no sólo eso, se está dañando la imagen de la mujer. Volvemos a las cavernas, volvemos a una mentalidad retrógrada en el que la mujer ocupa un puesto por debajo del hombre. ¿Por qué no salió Ramón García medio en pelotas? Sencillamente, porque eso no vende. 
Somos culpables de esta situación. Lo somos al apoyarlo como audiencia. No es justo que una mujer se esté pasmando de frío con un vestido raquítico mientras que un hombre está la mar de calentito con una capa echada por los hombros. No es normal que una mujer pida, por favor, casi a modo de súplica, algo de abrigo para no helarse. No es lo mejor que otra mujer salga medio desnuda por obligaciones de guión. Estamos dando a las futuras generaciones un mensaje nada acertado. Estamos cometiendo un error que nos hace retroceder como sociedad. No es necesario un desnudo, o semidesnudo, gratuito para ganar audiencia. Las cadenas de televisión deben apostar por un contenido más intelectual y mejor para competir. Pero claro, es más fácil recurrir a algo vistoso que inteligente. Una verdadera vergüenza; una verdadera pena. Esperemos que esta moda pase cuanto antes y que acabe de desprestigiarse la imagen de la mujer.

Nota: No culpo a las pobres presentadoras que tienen que hacer su trabajo bajo unas condiciones indignas para no perder su puesto, culpo a esas cadenas y productoras de televisión que lo permiten.

No hay comentarios:

Publicar un comentario