jueves, 15 de enero de 2015

¿Quién se ha llevado las aceras?

Hoy he tenido la oportunidad de comprobar la poca accesibilidad que tienen algunas calles de mi pueblo para personas impedidas cuyas piernas son una silla de ruedas.
Esta tarde, una de mis tías y yo hemos decidido dar un paseo junto con mi abuela (eso de "sacar a pasear" me parece denigrante) e ingrata ha sido mi sorpresa cuando hemos tenido que andar buscando la manera, casi con cada paso, para poder avanzar con las suficientes garantías como para no poner nuestras vidas en peligro. Y es que es imposible recorrer cualquier calle de principio a fin con una silla de ruedas sin encontrarte con algún obstáculo o impedimento a la hora de avanzar.
Nada más salir de la puerta de casa nos hemos encontrado con los desniveles propios, y a los que por desgracia acostumbramos, de las aceras de nuestro pueblo. No hay un baldosín en condiciones ni que esté en perfecta alineación con el resto. Seguimos por la calle Mendizábal (mi apreciada calle de "enmedio") y, aparte del impedimento para subir a la acera porque los coches no respetan la zona de acceso para minusválidos, los arriates donde están plantados los árboles se presentan como un primer impedimento para poder avanzar por la acera con total comodidad y eso que ahora han adecentado estos pequeños huertos que en otras ocasiones más bien parecen junglas silvestres... Al fin, nos vemos obligados a ir por la misma vía por donde los coches pasan sin cesar y corremos el peligro de ser arroyados. Llegamos a la calle principal, la carretera, y no por esto mejora nuestra situación. Viendo imposible tomar la gran acera por falta de accesos a minusválidos, decidimos ir por la carretera y jugarnos de nuevo la vida. Todos los herrereños sabemos bien de más el tráfico que corre por este sitio. Seguimos hasta La Palmera, donde es imposible subirse a la acera porque brilla por su ausencia. Gracias a la paciencia de conductores y su amabilidad podemos pasar, siempre por la carretera (OJO), al Paseillo, donde por fin podemos sentirnos a salvo. Decidimos terminar nuestro "paseo" (odisea) aquí porque no queremos seguir corriendo riesgos innecesarios. El viaje de retorno supone el mismo calvario tanto para mi abuela como para nosotros, sus acompañantes, tanto por miedo a que le pase algo a ella como a nosotros.

Yo sé que no es la primera silla de ruedas y, con toda probabilidad, seré el primero que escribe al respecto de esto. De igual forma sé que acondicionar todo un pueblo a tal exigencia es muy complicado y costoso. Pero al menos se podrían haber adecuado las zonas más céntricas y las calles más transitadas. Ya, ya. Sé que muchos edificios están acondicionados para minusválidos, pero..., ¿y las calles para llegar a ellos? ¿Dónde están las aceras? También habrá quien diga: "Pero otros pueblo..." A ver señores, otros pueblos no. Miremos nuestros problemas antes de solucionar los del vecino.
Seamos conscientes de que lo que para unos es un simple bordillo para otros es todo un abismo. Y ante todo, pongamos solución. No me quiero ni imaginar cómo debe ser el día a día para alguien que se vea obligado a "pasear" por Herrera del Duque (Badajoz) subido a una silla de ruedas. No me lo quiero imaginar...

No hay comentarios:

Publicar un comentario