Descubrimos junto con Coraline lo que parece un nuevo mundo en el que se le dan unas atenciones que en el mundo del que procede no se le dan. Al sentirse ignorada casi por completo por sus padres, viaja con frecuencia a este nuevo mundo hasta que descubre las verdaderas intenciones de su "otra madre" y decide hacerle frente para poder escapar de las redes de esta dimensión y salvar, así, todo cuanto quiere.
Nos encontramos ante una historia íntima y algo subreal, digna de la imaginación de una niña como Coraline, en la que nos vemos envueltos de forma irremediable en un torbellino hipnótico del que no podemos escapar. Selick nos deleita con una historia fantástica que guarda ciertas similitudes con la Alicia de Carroll, una producción de calidad con la que se consolida en el mundo de la animación como uno de los mejores en el clásico arte del stop motion. Y todo es gracias a la creación de unos entornos mágicos que se mueven en cada plano y se mantienen vivos durante toda la obra, siempre cambiante, sobre los que se mueven unos personajes variopintos que lucen con personalidades muy dispares. Una adaptación que casi supera a la obra original de Gaiman (en la que se basa), en la que las letras se tornan en volúmenes bien contorneados. Vivimos lo que parecer ser una pesadilla desbocada de la que queremos despertar en más de una ocasión.
En esta obra, cada detalle tiene un significado singular que nos lleva a descubrir lo que en realidad le ocurre a la niña. Aprendemos junto a Coraline la importancia de la unión familiar. Con cada viaje podemos llegar a sentir su propia angustia al ver el gran error que está cometiendo al confiar en quien, al parecer, lo da todo a cambio de nada pero que luego le exige más de la cuenta. Los actos de algunos personajes nos dejan claro que se puede confiar en quien menos lo esperas y que no es oro todo lo que reluce. Esta producción ofrece unas lecciones que son válidas para todos, tal y como si de un cuento clásico se tratara.
Selick ha creado un mundo sólido que sólo se derrumba a su antojo. El movimiento de sus personajes es fluido en este ejercicio de precisión y perfeccionismo en el que nada falla. Una auténtica maravilla visual que ha sido capturada con esmero. Los recursos técnicos empleados en la realización de esta producción son un alarde del buen hacer del realizador y de su experiencia en esta tarea, un punto fuerte que apoya la narración de la historia. La cuidada puesta en escena juega un papel vital para conseguir esa espectacularidad que viene dada por la técnica de captación empleada.
Las piezas que componen la banda sonora son pequeñas joyas hechas a medida para cada ocasión que contribuyen al clima que nos propone Selick con una ambientación dispar que varía según el momento o la realidad en la que se encuentre Coraline. Loa matices empleados van de un extremo a otro, ofreciendo una amplia gama de sensaciones que se ve potenciada por el uso de tonalidades que se da a los decorados o vestuarios en cada momento.Los mundos de Coraline es una obra maestra de la animación stop motion. El empleo del 3D no podría ser más acertado y está incluido en las partes que más lo necesitan, y donde más utilidad se le saca a esta técnica. El 3D le aporta ese plus de profundidad a una historia que se vive en diferentes planos dimensionales.
Los personajes son concisos y cada uno con una personalidad diferenciada (los doblajes son una auténtica delicia), cumpliendo cada uno con su propio estereotipo y ofreciéndose para completar un conjunto estable y sin fisuras. Si bien es cierto que la historia decae en ciertos momentos, pero no tarda en tomar impulso para trasmitirnos las sensaciones por las que pasa Coraline. El misterio y la intranquilidad son la seña principal de un guión que incluye un mensaje sensacional y muy necesario para cualquier época.
Salick ha conseguido alcanzar la excelencia con un producto bello y enriquecedor. Es fascinante cómo juega con nosotros en todo momento y cómo logra crear emociones que traspasan la pantalla para golpearnos de lleno. Lo cierto es que Coraline es una niña muy especial y particular que no lograremos sacar de nuestra cabeza. Y el mundo que crea Salick tiene una magia digna de otro clásico como Pesadilla antes de Navidad, en la que su nombre se vio ensombrecido por el del genial Tim Burton.
Lo mejor de esta película es el gato y el mensaje que transmite; lo peor es el excesivo metraje que provoca que en ciertos momentos la tensión narrativa decaiga.




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